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Del talento
prodigioso de Gonzalito
Rubalcaba se ha sabido
solo a ratos en Cuba
desde que a finales de
los 80 su carrera
musical despegara
internacionalmente.
Ahora es noticia en el
27 Jazz Plaza,
evento más importante
del género en la Isla,
el mismo que hace unos
años lo vio lucirse y
despuntar al lado de Dizzy
Gillespie. De la noche
en el cabaret del Hotel
Nacional en la que el
trompetista leyenda le
gastó una broma con una
partitura llena de
moscas, el joven
pianista ha venido
aceptando retos, entre
los que sobresalen el
haber compartido con
otros de los clásicos,
como Chick Corea, Herbie
Hancock y John Patitucci.
Grabó por primera
vez en casa con la EGREM,
luego con el sello
alemán Messidor y más
tarde con el prestigioso
Blue Note Records.
Además de un Grammy
Latino por el álbum
Supernova, el hijo
de Guillermo Rubalcaba
ha alcanzado 15
nominaciones a los
Grammy y ya tiene su
sello discográfico y
compañía productora. Lo
que podrá escucharse de
Gonzalito en este
Jazz Plaza viene de
un disco que saldrá
físicamente a finales de
este año al mercado con
el título Siglo XXI:
un homenaje a la
herencia musical que
recibe el
presente que incluye
tres composiciones
propias y otras de
autores cubanos y
norteamericanos.
Con una madurez
evidente, la música de
Rubalcaba continúa
siendo compleja y poco
dada a los oídos que
buscan lo más popular y
tradicional cubano
dentro del jazz.
Así pudo verse durante
su actuación en la
apertura del evento. Sin
embargo, el músico
advierte: “Aunque los
códigos no sean
evidentemente cubanos,
no significa que la
memoria musical que
tengo, mi casa, mi
escuela, mi encuentro
con las instituciones
cubanas en las que me
formé, no están ahí.
Están tratadas,
especuladas en una
dirección que no resulta
evidente, pero no hay
forma de escapar de
ello”.
Después de varios
años de estancia en
República Dominicana y
ya más de una década en
EE.UU., el regreso de
Rubalcaba a los
escenarios de la Isla
levanta las expectativas
de los seguidores del
jazz contemporáneo.
Hace aproximadamente
ocho años se presentó en
el Teatro Amadeo Roldán,
pero estos conciertos,
en un momento de nuevos
diálogos de la cultura
cubana con los artistas
que viven en el
exterior, provocan solos
las preguntas sobre su
reencuentro con Cuba:
“No se debe nunca cortar
ningún tipo de
comunicación,
especialmente con los
que han nacido aquí, con
los que hicieron vida o
formaron parte de la
realidad de este país.
Es un derecho natural
que se reestablezca esa
comunicación porque, de
lo contrario, además de
todos los vacíos que se
crean en el orden de la
actualización de lo que
está sucediendo, se crea
también un vacío
espiritual muy grande y
una tristeza muy grande
porque se borra —sin
querer o queriendo—, una
parte de la memoria de
este país.
“En estos años
los que están fuera se
han perdido la realidad
de la música de aquí, y
los que están dentro han
perdido el hilo de la
evolución de los que
están fuera. Puede que
se sepa de algunos
nombres, pero en
realidad no se conoce en
qué medida y con qué
profundidad están
colaborando con la
creación artística a
nivel mundial. Los
cubanos hemos estado
constantemente en
eventos que son de
interés internacional,
Cuba tiene un prestigio,
hay una atención casi
mágica con respecto a lo
que sucede en el país.”
¿Cómo resume estos años
de experiencia
profesional y de vida
fuera de Cuba, en los
que ha compartido con
primeras figuras del
jazz a nivel
mundial?
Hermoso. Ha sido
una escuela constante.
Lo que más he buscado
siempre es la
colaboración con otros
medios, con otras
culturas, con artistas
de otro lenguaje
musical, con tradiciones
diferentes. Ahí está el
mantener la frescura, el
mantener los reflejos
sensibles, abiertos,
despiertos, por lo que
te exige una cultura que
no conoces o que no es
la cultura propia; por
lo que te exige un
artista que viene con
toda una herencia
diferente a la tuya; y
lo que puedes aportar tú
también en ese entorno.
He tenido el
privilegio de estar en
muchísimos proyectos que
no solamente abrazan la
música popular o el
jazz, sino la música
folclórica, el mundo de
la música clásica, y
hemos estado trabajando
en aras de ir borrando
las barreras del orden
de las categorías y la
clasificación artística.
Creo que se empiezan a
ver los resultados. Hoy
día ya no es un hecho
aislado ver que en un
festival de música
clásica intervienen
otros que tienen otra
formación u otra
proyección y viceversa,
en los festivales de
jazz intervienen
rockeros, raperos,
músicos folclóricos,
instituciones clásicas
que manipulan el trabajo
artístico a partir de
los aportes de otras
culturas.
Esa siempre fue
mi inquietud y creo que
estaba presente en la
música que hacía desde
que estaba aquí. He
tenido el privilegio de
poderlo materializar.
A su juicio, ¿por dónde
debería conducirse el
jazz latino para
garantizar su futuro y
su experiencia
renovadora dentro de la
música a nivel
internacional?
En sus propias
raíces. Pero, ¿sabes
qué? Cuando llegué a
EE.UU. hace 15 años tuve
una revelación muy
grande con respecto a
cómo manejar la
tradición jazzística, y
me di cuenta de que no
trabajábamos con ciertos
códigos propios de la
realidad del jazz
norteamericano
contemporáneo, que
estábamos trabajando más
que nada, con lo que
teníamos acceso a través
de los escasos medios
que llegaban a Cuba y no
necesariamente esa
información era la más
actualizada.
En EE.UU., el
roce constante con
aquella sociedad, el
comenzar a insertarme en
lo medios donde se hace
esta música, me hizo
darme cuenta de que
ellos tienen otra manera
de manejarse
musicalmente en el
acento, en la proyección
melódica, el concepto
armónico, la estructura
musical. Noté que
nosotros en Cuba no
estábamos errando en lo
que hacíamos, pero nos
estaba faltando esa
confrontación con lo más
reciente de la realidad
norteamericana, que
estaba haciendo este
tipo de música. La
experiencia allí cambió
muchísimo mi forma de
proyectarme
musicalmente. En ello
fue determinante el
acceso y la
participación directa
dentro de ese contexto.
No es lo mismo viajar e
ir a los festivales
donde en tres o cuatro
días uno trata de
formarse una idea
general de lo que está
pasando, que vivir en
esos contextos.
Por otro lado, el
concepto de jazz
latino me parece
demasiado ambiguo,
porque incluye muchas
cosas. Brasil establece
un orden de historia a
partir de los elementos
con los que trabaja y en
eso tiene mucho en común
con Cuba, pero tiene
también una manera muy
diferente de crear su
música. Cuando ellos
tratan de establecer una
relación entre su música
y el jazz, lo
hacen a partir de la
conciencia que tienen de
su propio arte y no la
que poseen acerca del
lenguaje jazzístico.
Este les llega por
información, pero ellos
forman parte de una
tradición, igual que
sucede en Cuba, en
Argentina, en Colombia o
en Uruguay. Por tanto,
los resultados siempre
van a ser diferentes y
el hecho de
clasificarnos, de
ponernos a todos dentro
del paquete nombrado
como jazz latino
hace que perdamos la
posibilidad de que cada
país sea un poquito más
exclusivo.
¿Cómo concibe su carrera
hoy, con todo lo que
comprende: la
composición y la
interpretación, la
producción, el sello
discográfico? ¿Quién es
Gonzalo Rubalcaba?
Es a mí a quien
más trabajo cuesta
responder esa pregunta.
La música que uno hace
es uno mismo, eres tú en
todos los sentidos, tu
visión de lo que debe
ser la música y de lo
que aspiras con tu
presencia en el mudo.
Creo que he trabajado
muchísimo para borrar la
frontera de las
clasificaciones. Leo
Brouwer ha dicho muchas
veces que lo importante
es la buena música, no
los géneros, ni la
forma, ni el idioma
musical. Ese es el
mensaje más oportuno que
pude escuchar en mis
años de formación y la
premisa, la fe con la
que he vivido todo este
tiempo a la hora de
hacer música.
Esa es la razón
por la cual me confabulo
con todo lo que
considere que me puede
hacer mejor músico, pero
también mejor persona,
con todo lo que contenga
una crítica auténtica,
de constante
revaloración de uno
mismo. Con todo lo que
te dice y te clasifica
la gente, hay un momento
en que uno puede
enamorarse de uno mismo,
pero ese enamoramiento a
veces te detiene. No es
que te dejes de querer,
eso es importante
también, pero lo que no
se puede perder es la
capacidad de querer a
los demás, que es lo que
te mantiene con los pies
en la tierra y te ayuda
para todo: hacer música,
criar tus hijos, a
descifrar la verdad, tan
difícil y necesaria.
Creo entonces que he
archivado ante todo,
sabiduría, además de
conocimientos, porque he
tenido la oportunidad de
trabajar con mucha gente
sabia y noble desde el
punto de vista
intelectual.
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