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Si nos atenemos a la definición de críticos como Woody
Woodward y Marshall
Stearns: “El jazz es una
forma de música… que se
originó en EE.UU.
mediante la
confrontación de la
europea con la de los
negros procedentes de
África”.
Por tanto, en esos orígenes se encuentra la llamada música
clásica que fue traída
al nuevo continente por
los colonizadores.
Para llegar a Leo Brouwer, uno de nuestros grandes exponentes
cubanos de lo clásico
contemporáneo, debe
ubicarse la materia de
la que hablamos hace más
de dos décadas, cuando
por primera vez me
aproximé a esa mágica
combinación entre la
también llamada “música
culta” y el jazz a
través de un profundo
creador.
Nelly Bianchini, una francesa amiga común, me ofreció la
oportunidad de
entrevistar al Maestro y
conocer, de primera
mano, criterios que se
convirtieron en
enseñanzas aún válidas,
como prácticamente son
todos los pasajes de
aquel diálogo.
Ya por entonces yo era admirador de Rhapsody in blue, del
pianista George
Gershwin, que recreaba
un día en el Manhattan
de los años 30, época
esplendorosa del jazz.
Compuesta para piano y
big band en 1924, es una
de las mejores mezclas,
a mi juicio, de
elementos de la música
clásica con los del
jazz.
Luego supe que el compositor francés Darius Milhaud descubrió
el jazz en Londres, en
1920. Dos años después
visitó Harlem y se
enamoró definitivamente
de esa música: y compuso
La création du Monde, de
la cual dijo “Sobre el
batir de los tambores,
las líneas melódicas se
entrecruzaban en un
patrón impresionante de
ritmos quebrados y
retorcidos”. A pesar de
la gran novedad de la
influencia del jazz, esa
música para ballet está
firmemente enraizada en
la tradición europea.
Siendo —como soy— un aficionado impenitente a conocer,
encontré en Internet un
muy documentado trabajo
del musicólogo y
trompetista español
Gustavo Samuel Rodríguez
López titulado "La
relación entre el
jazz y
la música culta
occidental", que
recomiendo a los
interesados en
profundizar en esta
materia.
Significa el autor que “generalmente el jazz y la música culta
han sido considerados
como dos polos opuestos
dentro de la esfera
musical, basándose para
ello en parámetros tales
como su origen popular,
la improvisación y sus
estructuras armónico
rítmicas.
"Sin embargo desde los inicios del jazz, aceptando el
significado más usado
del término, que incluye
algunos de sus
precedentes como el ragtime, ha existido
entre este estilo y los
compositores de música
“seria” un intercambio
de procedimientos que ha
enriquecido ambos
lenguajes. En este
sentido habría que
hablar en primer lugar
del cakewalk”.
Debussy en “Children´s Corner suite” (1906-1908), Stravinsky y
su “Ebony Concerto”, “Satie”,
“Honegger” y Hindemith
han sido mencionados
entre los que utilizaron
los primeros destellos
del jazz en sus obras.
Mucho más actual, Wynton Marsalis ha sido expresión de alta
categoría en la
interpretación de ambas
formas de asumir la
música, con momento
cimero en 1984, cuando
se convirtió en el
primer músico en ganar,
el mismo año, Premios
Grammy en música clásica
y jazz.
En Cuba, una tarea para musicólogos y otros especialistas, he
encontrado intérpretes
que combinaron las dos
clases de música como
fue el caso de Rodrigo
Pratts, quien fue
violinista con 13
años de la Cuban Jazz
Band, dirigida por su
padre, pionera de las
orquestas de su tipo en
la Isla.
La lista sería interminable, sobre todo si la llevamos a
nuestros días, cuando
hay muchos músicos con
gran formación académica
que se desplazan
libremente entre ambas,
como el saxofonista
Javier Zalba, entre
otros.
Leo Brouwer, un maestro
también del jazz
En el VII Coloquio Internacional convocado este diciembre,
como parte del XVII
Festival Jazz Plaza,
abordé este tema a
partir de lo que me
expresara el ya
reconocido músico cubano
a finales de los años
80.
Ya entonces, ese cubano de pensamiento y corazón, no solo era
uno de los cuatro
músicos vivos más
sobresalientes en los
últimos dos siglos,
según una publicación
británica de la época,
sino también se
manifestaba como un
apasionado al jazz.
Compositor, maestro, inspirador y entusiasta del hecho sonoro,
en sus múltiples
variantes, reflejé sus
ideas en un texto que
resumo ahora pero que
conserva la fidelidad de
sus expresiones:
“Yo practico el jazz como composición; primero, por gusto, por
afinidades con algunas
de estas formas;
después, por una
relación con algunas de
las figuras
experimentales de los
años 50 y 60, como
Charlie Mingus, Cecil
Taylor… algunos de los
ultravanguardistas del
jazz, como Bill Russo.
Esto fue antecedido por
una serie de arreglos
jazzísticos que hice en
los años 1960 y 1961
para el Teatro Musical
de La Habana.
“Allí junté a varias promesas, muchos siguieron juntos e
integraron, en 1968, la
Orquesta Cubana de
Música Moderna. Fue la
etapa desgraciada en que
no se hacía jazz.
“El jazz tiene afinidades conmigo y con Cuba, en particular
por la estructura
musical, escalística; la
estructura interna. Los
módulos composicionales
de que está conformado
el jazz son enteramente
afines a las formas
cubanas o afrocubanas…
Tienen el mismo sistema escalístico, con
pequeñas variantes, el
mismo sistema de
montaje; incluso se
proyectan en las mismas
funciones, hasta que
pasó, después de un
primer estadio de música
funcional, de
acompañamiento, a ser
música para escuchar,
música intelectualmente
mas elaborada, en los
primeros años del siglo
XX.
“La estructura es importante porque es como el lenguaje.
Nosotros estamos más
cerca de Cervantes y
Lorca que de Baudelaire.
Estoy estableciendo
afinidades culturales
trascendentes, que son
mucho más profundas que
las electivas, como
diría Göthe.
“Esas motivaciones y esas figuras me acercaron a hacerle un
homenaje a Mingus
(grabado en vivo, en
1983, con la Orquesta
Sinfónica Nacional e
Irakere, en un concierto
efectuado en el Teatro
Mella, de la capital
cubana)…
“(Él) era un hombre bastante conectado con las luchas
antisegregacionistas,
casi un izquierdista
nato y un hombre de
vanguardia en su
momento, aparte de gran
creador y bajista.
Insertó elementos de
innovación en el jazz.
“Estos hombres que experimentaron dieron un paso antes del free
jazz. Mingus generó un
paso de desarrollo hacía
el free jazz y, al mismo
tiempo, hacia la fusión,
que es lo que hoy en día
a mi me interesa
particularmente, además
de los grandes clásicos
como Oscar Peterson,
gente que nunca pasan de
moda y siempre estarán
de moda, no
peyorativamente.
“Cuba se inserta en el jazz ahora, porque nunca en los 50 hubo
apoyo al jazz cubano; lo
único que se impuso con
sangre y sudor fue el
quinteto de Frank Emilio
y Guillermo Barreto…”
Visiones vigentes
De aquel diálogo con Leo Brouwer rescaté consideraciones que
van más allá del tema
central al que está
dedicado el XXVII Jazz
Plaza (El jazz y la
música clásica), por la
vigencia de muchas de
sus consideraciones.
Entre ellas: “Si esta hornada de músicos jóvenes cubanos no
estudian jazz, que lo
hacen porque les brota,
porque les da libertad
de expresión musical, no
encuentran cauce a sus
inquietudes, pueden ser
dominados por una gran
frustración.
“…¿qué cosa es un músico de jazz?: es un músico popular con
alta sensibilidad y
mayor nivel
técnico-profesional que
el promedio.
“El músico que tiene nivel, que quiere tocar la llamada salsa,
cuando se desarrolla un
poco, se pasa para el
jazz. Y cuando en el
jazz se desarrolla al
máximo se pasa a la
fusión, que es el punto
más cercano al clásico;
y no porque el clásico
sea la meta, sino porque
el nivel de riqueza del
lenguaje del clásico es
superior.
“De ahí que Chick Corea, Keith Jarret, Jack De Johnette, Jan
Garbarek, Egberto
Gismonti… los 20 más
grandes del mundo están
ahí, incluyendo a Oscar
Peterson, que toca
Mozart todos los días
para descargar”.
Leo Brower también abordó, entre otros asuntos, las formas de
comunicación que tiene
el género:
“El jazz se comunica a través de las formas de concierto.
Salvo excepciones, la
comunicación con el
público se da
históricamente de forma
convencional. Tiene que
ser un Weather Report,
cuando tenía a mi amigo
personal Jaco Pastorius,
que utilizaban recursos
escenográficos para
enriquecer aún más la
complejidad que ellos
tenían.
“Pero generalmente es un escenario limpio, con gente que está
soplando, rascando,
tocando teclas.
“En Cuba los grupos se preocupan solamente por tocar… pero
cuando tu tocas bien
tienes que recurrir a
los elementos
secundarios que te
ayuden a dar esa
información y apoyarla,
no disfrazarla.
“La música comercial necesita de un gran aparato escenográfico
porque es pobre… el
mundo del jazz tiene que
tener un análisis
conceptual, de mercado,
para quién se trabaja,
lo popular…
“En el capitalismo, el artista popular es manipulado por los
grandes consorcios
porque tienen unas
figuras llamadas
“managers” que conocen
el negocio desde adentro
y el gusto. Aparte de la
obra de arte, la
promueven con una mirada
comercial”.
Y en ese contexto ofreció un consejo a los Festivales Jazz
Plaza: “No es que se
llenen de recursos y
tengan que poner hielo
seco para que haya
humito. No, no, hay un
fenómeno conceptual en
la presentación del
espectáculo. Las luces
son las mismas, lo único
que con gelatinas de
diferentes colores. Usar
temas de fondos y
recursos no sofisticados
para darle realce”.
En estas, como en otras materias, Leo Brouwer es desde hace
mucho tiempo un maestro
al que siempre habrá que
recurrir para ampliar y
profundizar horizontes.
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