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“¡Atención!, para todos
los bailadores del mundo
/ La Maquinaria ya salió
/ Ahí na má / ¡Oh, Oh!
Te figuraste que ya yo
no (estribillo) / Somos
una maquinaria / que si
nos cambian los aros /
nos rectifican el
cigüeñal / nunca se va a
parar / La maquinaria es
un tren / una guagua /
una rastra / un
aeroplano / un camión /
una lancha / a
propulsión / Te
figuraste / te lo
creíste / pero, yo creo
que te confundiste varón
/ Tú te creías / que ya
taba cansao / que taba
achantao / pero yo sigo
plantao / Anda ven y
súbete / a mi maquinaria
/ pa que vea / cómo las
mujeres se menean / lo
digo yo / y tú te
figuraste/ que no taba
en talla / y con mi
maquinaria / sigo en la
batalla / ¡Atrévete!
¡Atrévete! / Súbete en
mi maquinaria / pa que
baile con cadencia / pa
que nunca te arrepientas
/ de bailar con los Van
Van / ¡de Cuba! / Somos
la más perfecta /
maquinaria universal /
imagínate si es un Van
Van / que lleva más de
40 años / andando /
creando / inventando…”
Lo anterior es el texto
de una de las melodías
que, a tono con las
recientes fechas de
jolgorio, más ha sonado
en mi populoso barrio de
San Leopoldo, Centro
Habana. Nuevamente Los
Van Van, la agrupación
encabezada por Juan
Formell desde su
aparición en los
escenarios cubanos el 4
de diciembre de 1969,
coloca un tema musical
en la banda sonora de
Cuba, para hacer bailar
de lo lindo a buena
parte de los moradores
de este país.
Contentivo de diez
cortes, el álbum
titulado La
Maquinaria y que
viese la luz en el 2011
a través del sello
EGREM, es un fonograma
en el que Los Van Van
entregan una suerte de
revival de la
sonoridad que
caracterizase a la
agrupación durante el
decenio de los 70. De
acuerdo con esa
intención retro, en los
diez cortes recogidos en
la producción
fonográfica se respira
un relativo alejamiento
de los aires timberos
que habían acompañado al
ensamble en sus más
recientes discos y en
contraste, una mayor
presencia de elementos
procedentes del son y de
las formaciones
charangueras.
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Así, en el repertorio
incluido en el CD,
encontramos predominio
del songo (esa
contagiosa creación de
Juan Formell, César
Pedroso y Changuito),
son, tumba-songo y
merengue-songo. Inmersos
en tal espíritu de
tributo a códigos
sonoros de una época
pasada, en La
Maquinaria Los Van
Van retoman dos antiguas
composiciones de Juanito
y que fueran harto
exitosas en su momento
de aparición. “Recíbeme”
y “Eso que anda”
aparecen ahora con
nuevas orquestaciones,
pero que en esencia no
cambian los signos
distintivos que las
tipificaron al darse a
conocer allá por los
80.
En cuanto a las
composiciones de estreno
en el álbum, Juan
Formell aporta tres
piezas, las tituladas
“Qué tiene ese guajiro
que”, “Final” y la que
da nombre a la
producción discográfica,
o sea, “La Maquinaria”.
Completan el CD
los cortes “La bobería”,
original del vocalista
Abdel (“Lele”) Rasalps y
el pianista Roberto
Carlos, “Mis santos son
ustedes”, perteneciente
a la autoría del
cantante Mayito Rivera
(en la actualidad, fuera
de la agrupación), “Yo
no le temo a la vida”,
acreditada al
percusionista Samuel
Formell, “Un año
después”, bajo la
rúbrica del flautista
Jorge Leliebre, y
“Control”, firmada por
el guitarrista y
cantautor Juan Carlos
Formell, hijo mayor del
líder de Los Van Van y
músico con una vida muy
activa en la escena
latina de New York desde
hace años.
Entre los mejores
instantes del fonograma,
en mi opinión figuran
“La bobería”, con
particular destaque para
el Lele en las
improvisaciones vocales,
la cautivante
hibridación entre
merengue y songo que
encontramos en “Un año
después”, interpretada
con mucha picardía por
Yenisel, “Control”, a
cargo de Mayito Rivera y
donde el vocalista
sobresale por la
impronta guaguancosera,
y “Yo no le temo a la
vida”, en virtud del
armonioso trabajo de
toda la agrupación en
aras de exponer el
clásico sonido Van Van.
Importante en el
resultado final de la
producción discográfica
es también la
participación de
artistas invitados. Son
ellos el Coro Solfa, de
la Schola Cantorum
Coralina, Ángel Bonne,
quien interviene en los
coros y ejecuta saxofón,
así como el trompetista
Alexander Abreu, que en
“Final” hace un solo
sencillamente memorable.
Con una tímbrica en la
que los sintetizadores
tienen un rol de mayor
preponderancia que en
fonogramas anteriores,
La Maquinaria es
un trabajo que —sin
proponerse demasiadas
complejidades en las
orquestaciones ni piezas
muy elaboradas en sus
estructuras— ensancha
los terrenos del songo,
además de ratificar a
Juan Formell y Los Van
Van como el tren de la
música popular bailable
cubana. |