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Un amigo me contó esta
historia que viene bien
porque en el recién
pasado 31 de diciembre
debió haberse repetido
en el 99,9 por ciento de
los hogares cubanos, en
Cuba y en unas cuantas
partes de este mundo.
Es difícil que el último
día del año al clásico
puerco asado no se le
acompañe con el no menos
clásico arroz congrí a
la cubana. Pero con el
puerco asado ocurren
pocas controversias; con
el congrí, en cambio,
ocurren muchas.
Y según mi amigo un
domingo de almuerzo
familiar los demonios se
desataron cuando
colocaron la fuente de
congrí humeante sobre la
mesa.
—“Mi madre los hubiera
hecho con frijoles
negros” —dijo socarrón,
pero ella no le hizo
caso.
Él insistió.
—“Claro, el color
hubiera sido bien
oscuro, como es un
congrí que se respete, y
no este carapálida que
nos vamos a comer.”
—“Pues mira, carapálida,
en mi casa siempre los
hemos hecho con frijoles
colorados y hasta con
bayos; y el congrí
siempre quedó buenísimo.
Así que, come y calla”,
respondió ella con la
risa en los ojos.
—“No, si yo lo digo, a
ese paso también lo
harán por ahí hasta con
garbanzos, pero congrí,
lo que se dice congrí,
no es.”
—“¿Qué más da? Piensa,
piensa… frijol por
frijol, es lo mismo
negro que colorado. Así
que congrí, moros y
cristianos, o bomberos y
voluntarios, es solo un
plato de arroz cocinado
con frijoles, es decir
dos proteínas de origen
vegetal,
que se come en todo el
Caribe, lo mismo en
Cuba, Haití, República
Dominicana, Puerto Rico
que en Bahamas.”
—“¿Quién dijo?, Moros y
cristianos es arroz
blanco y potaje de
frijoles negros; ni
juntos ni revueltos.
Nada que ver… o sí… pero
congrí es otra cosa.
A propósito, ¿de dónde
sacaste eso de que al
congrí se le decía
también ‘bomberos y
voluntarios’?”
—“Leí
una vez, que en tiempos
de la guerra de los diez
años los ‘voluntarios’
eran blancos y los
bomberos todos eran
negros y usaban cuellos
y bocamangas rojos. Los
jodedores decían ‘vamos
a comer un poco de
voluntarios y bomberos’,
para referirse al
congrí.”
—“Así que a partir del
presente si lo quieres
como te gusta tendrás
que hacértelo tú mismo,
porque mi receta es
esta. He dicho.”
—“¿Cuál receta?, ¿Tú
llamas receta a ese
revolcón detodu´npoco?
No voy a hablar de mi
madre, pero tú no debías
meterte en el tema de la
cocina; en los años que
llevamos juntos lo tuyo
no fue más lejos que el
huevo frito y los
buñuelos.”
“Es más, no hay nada
como el puerco asado en
púa al estilo oriental;
ajo, bastante; comino,
suficiente; y sal, a
gusto. Y nada más.
Quizá pimienta, tal vez
hasta un toque de
tomillo, pero mejor no,
que ya eso es un
pedantería. Si quieres
tirar unos tronquitos de
guayaba entre el carbón
encendido, mejor.”
“El puerco criado con
palmiche, a las dos
horas de estar dando
vuelta sobre las brasa
huele a gloria a tres
leguas.”
Y mi amigo me cuenta que
su mujer se quedó
pensando unos instantes,
y luego levantando el
tenedor con una buena
carga de aquel congrí,
dijo— “…Ssstá bien, para
la próxima veremos esa
receta”.
Para algunos
investigadores “Congrí”
es vocablo venido de
Haití; pues allí le dice
congó a los frijoles
colorados. Al arroz en
cambio le llama “riz”,
como en francés. Congrí
es pues puro creole
haitiano que vendría a
ser “congos con arroz”.
Daniel Chavarría en uno
de sus libros cuenta que
después que salió del
Uruguay pocas comidas lo
habían impresionado
tanto como el congrí,
antes de convertirse en
escritor cubano. Pero se
decepcionó al comerlos
en Cuba en época de
estrecheces. Y es que al
plato posiblemente
haitiano y ya cubano por
los cuatro costados, las
variantes pudieran ser
muchas y algunas hasta
divertidamente
grotescas.
La historia del congrí
algunos la buscan en el
imaginario popular y se
dice por ejemplo que una
vez un negro de nación
quiso condimentar una
comida muy de carrera y
sin condimentos; echó a
hervir el arroz y los
frijoles juntos y casi
se cocinaron al mismo
tiempo porque los
frijoles eran frescos.
Otros aseguran que hoy
la mejor manera es
sofreír primero el arroz
crudo en un poco de la
grasa antes de mezclarlo
con los frijoles y el
caldo para que el arroz
quede más desgranado.
Una receta —de miles
posibles— pudiera ser
como las hacía la madre
del amigo que me contó
la historia que encabeza
esta Memoria.
Sencillo:
Por cada taza de arroz
crudo, media taza de
frijoles
—preferiblemente
negros—, ya cocinados y
una taza del agua oscura
en que se cocinaron los
frijoles. Poner a
cocinar el arroz con los
frijoles y el “caldo”,
según la forma habitual
de cada quien y usando
la grasa y la cantidad
que considere —si es de
puerco mejor—, pero
antes agregue comino,
sal y pimienta al gusto.
Sume trocitos de jamón,
bacón, chicharrones y
tiras de pimientos
verdes y rojos, ya
previamente cocinados.
Algunos las ponen sobre
el congrí ya servido
para adornar.
Si quiere personalizar
su congrí ponga
aceitunas y trocitos de
zanahorias o lo que le
venga en gana mientras
no desvirtúe el sabor de
la mezcla.
Pero, recuerde, esa
sería “SU receta de
congrí”.
Ahora para no entrar en
contradicciones, el
congrí, según buena
parte de los maestros de
cocina, se hace con
frijoles colorados;
mientras los moros y
cristianos llevan
frijoles negros. Por
cierto, para muchos, lo
de moros y cristianos,
alude simplemente a la
etapa de la dominación
árabe en España, es
decir, a los moros
(negros o árabes) y los
cristianos (blancos y
rubios).
En fin… como este es un
asunto que mucho dará
que hablar todavía, le
dejo con una de las
recetas del congrí más
comúnmente aceptada.
(Las proporciones han
sido pensadas para
cuatro personas.)
CONGRÍ
2 libras de arroz
1 libra de frijol
colorado
1 ají
1 cebolla
3 dientes de ajo
1 cucharadita de sal
1 cucharadita de azúcar
¼ cucharadita de comino
¼ cucharadita de orégano
½ libra de recortería de
cerdo
½ libra de empella o
similar
2 cucharaditas de grasa
6 tazas de agua
Lavar los frijoles y
remojarlos en agua con
un ají y un diente de
ajo machacado desde la
noche anterior o por lo
menos algunas horas
antes. Cocinar en la
misma agua del remojo
hasta que se ablanden.
Separar el agua de los
frijoles y medir un
litro de agua o
completar hasta esa
medida. Sofreír la
recortería para
chicharrones hasta que
suelte la grasa y en
esta, el comino y el
orégano; así como la
cebolla, el ají y el
ajo, todo bien picadito.
Añadir los frijoles, el
agua de los frijoles, la
sal y el azúcar. Cuando
comience a hervir añadir
el arroz ya lavado y
dejarlo a fuego mediano
bien tapado hasta que se
ablande. Al momento de
servir, sofreír la
empella en trocitos
pequeñitos en dos
cucharadas de grasa
hasta que se doren,
incorporar los ajos
machacados hasta que
también se doren un
poquito y verterlo todo
sobre el congrí. Remover
bien con un tenedor. |