|
Antes de leer
las palabras de
despedida del
duelo de Vicente
Revuelta, una
mano imprecisa
llevó hasta
Helmo Hernández
el epitafio que
el teatrista
escribió, de su
puño y letra:
Salí pero vuelvo
pronto.
Mi Alma.
PD: Fui a “parar
al mundo”.
|
Amigos:
Vicente ha muerto. Le
corresponden los honores
de los héroes. Hay
muchos modos para el
heroísmo, y en todos
están presentes la
rebeldía, el
inconformismo, la
capacidad de arriesgarlo
todo, de volver siempre
a partir de cero. Y
también la fidelidad
incondicional, para con
aquellos principios con
lo que se comprometió
desde la más temprana
juventud.
Pero solo en casos muy
excepcionales estará,
además,
la condición de
Fundador.
No hubo momento ni hecho
trascendente para la
cultura cubana de
los
últimos 60 años en que
no haya estado presente.
No habrá futuro para el
Teatro entre nosotros si
no está recorrido por su
aliento rebelde,
constructivo e
innovador; inteligente y
profundamente sensible.
Casi adolescente era ya
un actor de
posibilidades
extraordinarias.
Apareció junto a los
nombres consagrados por
entonces.
Fue un
activo protagonista de
la renovación
escénica que de manera
muy
tímida comenzó a
producirse entre
nosotros desde finales
de la
década
de los años 40. Entre
otras referencias, oí
siempre, desde
niño, hablar de su
aparición deslumbrante
junto a Adela Escartín,
en aquella mítica puesta
de Yerma, que de
un golpe los colocó en
el primer plano de
atención para nuestros
teatristas.
Sin que sea este el
momento de ajustarnos a
rigores cronológicos,
resulta imprescindible
la referencia a aquella
Juana de Lorena,
que desde las filas de
Nuestro Tiempo, fue para
el teatro un equivalente
de la experiencia
fílmica de El Mégano,
por lo que ambas
tuvieron de precursoras
para futuros
agrupamientos
institucionales.
Viajó a Europa, y desde
allí cultivó una
relación muy duradera
con
Titón y
Julio García Espinosa,
entre otros entrañables
compañeros.
Desde joven,
comenzó una
militancia política
que de manera
intransigente le
acompañó hasta la
muerte.
Junto a un brillante e
incansable grupo de
colaboradores fundó
Teatro Estudio.
En la segunda mitad de
1958 aparecieron en
escena con aquella
puesta memorable del
Largo viaje de un día
hacia la noche.
El público cubano
asistió, por entonces, a
uno de esos milagros que
ocurren en el Teatro muy
pocas veces.
Fue un espectáculo que,
además de estar muy a
tono con la escena
internacional, era el
resultado de un proceso,
inusitadamente largo de
aprendizaje y
experimentación, y en el
que veíamos a nuestros
mejores actores y
actrices usar, por
primera vez,
conscientemente, las
ideas de Stalisnavsky
para representar sus
personajes. Hace muy
poco tiempo acaba de
ponerse de nuevo la obra
en un teatro de
Broadway. Verla sirvió,
sobre todo, para
recordarme las
conmociones entrañables
que me produjo, de niño,
la de Vicente en el
Hubert de Blanck.
Allí en la calle
Neptuno, en los altos de
la dulcería Lucerna,
estaba por entonces la
Academia. Allí estuve
con muchos de los que
siempre he considerado
mi familia verdadera.
Allí oí,
por primera vez, hablar
del Berliner, de
Madre
coraje
y de su creador Bertolt
Brecht. Por aquellas
aulas, como alumnos o
maestros, pasó lo más
significativo de la
escena cubana
contemporánea.
Desde allí surgió la
puesta en escena del
Alma
buena
de Sechuán
con que el Grupo saludó
la Revolución en el
Teatro de Bellas Artes.
Recuerdo el olor del
aire de La Habana de
noche por entonces, como
se recuerdan todos los
comienzos.
Vicente, soñó, dirigió e
hizo posible aquello. De
su magisterio nacía el
teatro, de su
inconformidad las
constantes
transformaciones, de su
acicate el mejoramiento
técnico de los actores,
de su militancia la
entrega del Grupo a la
Revolución.
Vendrían después los
días de Marianao, y
aquel otro empeño
utópico que buscaba la
raigambre popular del
Movimiento que Teatro
Estudio quería producir.
Por entonces Vicente no
solo desarrollaba
actores, sino otros
directores más jóvenes
que,
junto a él e incluso a
veces dirigiéndolo a él
mismo —como en su
recordada intrepretación
de Willie Loman—,
compartían la
responsabilidad del
Grupo-Escuela.
De regreso en el Hubert
de Blanck, ya Teatro
Estudio estaba
consolidado como uno de
los grupos profesionales
más importantes de la
Nación.
Tenía todo lo necesario,
no solo para producir un
teatro de calidad, sino,
además, para poder
dirigir su capacidad
creativa en varias
direcciones
simultáneamente. Y vino
una larga lista de
puestas en escena con
las que
él mismo y otros
directores fueron
contribuyendo de manera
sustancial, para dar
cuerpo a lo mejor y más
representativo del
teatro cubano de
entonces.
Fuenteovejuna
(en el Mella), nos dejó
literalmente sin aliento.
¡Tal
fue el encandilamiento!
O sus actuaciones en
El
círculo
de
tiza
caucasiano,
o en aquella extraña
congregación de
estrellas que fue
Vassa yellesnova; y
sus puestas del Perro
del
hortelano,
Madre
coraje
y otra vez del Alma
buena,
o
El
cuento
del
zoológico,
entre otros muchos
recuerdos de juventud
que atesoramos,
mientras dirigía un
proyecto que daba cabida
al
trabajo de otros
directores muy
talentosos, fueron un
proceso que tuvo
su clímax en La
noche
de los
asesinos.
Otro de esos milagros a
que nos hizo asistir
durante su vida. Junto a
Lalo,
todos, de algún
modo gritamos con
espanto, desconsuelo y
alguna
esperanza, por ahí
escondida:
¡Ay!
Hermanas mías, si el
amor pudiera, solo el
amor... porque, a pesar
de todo,
¡YO
LOS AMO!
De algún
modo, ese grito parecía
cerrar un camino. Así lo
sintieron
muchos por entonces.
Algunos se fueron al
Escambray, mientras
Vicente convocó a la
experiencia de los DOCE.
Nuevamente emprendió,
desnudo, un camino
desconocido. Le
acompañaban algunos de
los grandes que aún
están entre nosotros.
Aquellas experiencias
del Peer Guynt, fueron
el resultado parcial que
todos pudimos apreciar
en el tabloncillo del
Lyceum. Duró poco la
experiencia y Vicente
regresó al Hubert de
Blanck, para darnos aún
muchas renovaciones
necesarias y a menudo
inesperadas. Primero fue
la experiencia terrible
de la “parametración” de
sus compañeros. Raquel,
imbatible, mantuvo el
Grupo y el Teatro para
la Revolución y el
futuro de Cuba. La
creación del Ministerio
de Cultura trajo más
posibilidades para el
grupo, y Vicente siguió
respondiendo con ímpetu
irrefrenable. Las
hermanas
de Chejov, había sido
una aventura dolorosa,
después la Duodécima
noche,
un suceso teatral
innegable. A saltos
recordamos otro momento
de intensa
experimentación y
jugosos resultados con
su Galileo Galilei,
en que de vuelta a
Brecht, y con mucha
mayor madurez,
atrajo muchos jóvenes
estudiantes y su
experiencia le dio el
coraje
para volver a partir de
cero, e integrar jóvenes
artistas plásticos que,
como Leandro Soto,
estaban de lleno
inmersos en una
renovación de la
visualidad que resultaba
muy envidiable para la
escena de entonces.
La experiencia del
Precio, en la Casona
de Línea, adquirida por
Raquel en medio de la
Parametración, recuerda
otros proyectos que aún
sin alcanzar resultados
definitivos, ponen en
claro su
pasión
por la experimentación,
el riesgo, y aquella
búsqueda de lo
esencial Martiano, en la
que creo que estuvo
enfrascado toda su
vida. Pienso en el
proceso de la
Dolorosa
historia
de José
Jacinto
Milanés.
Esas búsquedas, como las
más recientes de aquella
extraña Zapatera
prodigiosa
(también en la casona),
ese espíritu imbatible
del que había quedado
desterrada toda
certidumbre, y daba solo
cabida a la aparición de
nuevos problemas y
nuevas preguntas cada
vez... Esa voluntad
empeñada en una belleza
que jamás se dio por
alcanzada, ni conoció de
satisfacciones ni
vanaglorias estériles...
Son la mejor
caracterización de su
vida. Su mejor legado.
Porque quién, sino un
artista verdadero, puede
siempre mirar hacia
adelante. Enseñar con
humildad lo que ha
descubierto o aprendido,
actuar la ambivalencia
emocional de la verdad,
mostrarnos lo invisible,
y las posibilidades de
todo aquello que creemos
inalcanzable. Quién sino
ese artista podría
hacernos reír ante lo
pretencioso, amar lo que
odiamos y abrazar lo que
nos espanta, quién
podría ponernos,
finalmente, ante
nosotros mismos, y
contagiarnos de la
valentía necesaria para
seguir en el camino...
ESE, que nos
corresponde.
Demos a nuestro HÉROE, a
Vicente, lo que podemos,
este, nuestro
aplauso final.
Palabras en la despedida
de duelo de Vicente
Revuelta. La Habana,
enero 11 de 2012.
|