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Galeano: el hijo de sus días

La Ventana

Fotos: R. A. Hdez. (La Jiribilla)

Dieron las cuatro de la tarde y ante una sala Che Guevara atestada, como podía preverse, Eduardo Galeano desandó para el público cubano ―con voz pausada y mirada cómplice, de esas de quien se siente en casa, en su Casa― fragmentos de sus más recientes libros: Los hijos de los días, volumen próximo a publicarse, y Espejos. Una historia casi universal, distinguido con el Premio de narrativa José María Arguedas 2011.

Según expresó el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar “este es un día muy hermoso para la Casa de las Américas, en el que volvemos a tener a alguien que nunca se fue, el hermano Eduardo Galeano, que ayer nos conmovió a todos con el que, sin dudas, es el elogio más hermoso hecho a su Casa de las Américas”.
 

Durante la presentación, Retamar, quien obsequió al autor de Memorias del fuego una obra del artista cubano Roberto Fabelo, señaló: “no se suele decir que los profesores, los maestros, aprenden mucho de sus alumnos, y tampoco se suele decir que en ocasiones ―y de esto puedo dar testimonio directo― los premiados por la Casa de las Américas, premian a la Casa de las Américas, este es el caso de este libro. Eduardo hizo el más grande elogio de la Casa cuando mereció y recibió entusiasmado este premio honorario”.

Al comenzar, Galeano retribuyó “este calor humano que he vuelto a recibir en Cuba y, muy especialmente, el calor humano que mi Casa, la Casa de las Américas, me ha brindado siempre”.

Igualmente, el narrador agradeció “este premio que lleva el nombre de un hombre por mí admirado y amado, José María Arguedas, que murió, se suicidó, en el Perú, cuando ya no pudo soportar la guerra que en sus adentros liberaban las dos mitades de su país roto: la mitad quechua, la mitad española; la mitad vencida, la mitad vencedora”.

Con este reconocimiento, Galeano recordó la emoción al leer por primera vez al escritor peruano, “porque Arguedas se entregaba en cada página, abría el pecho y se entregaba […] y ese hombre a quien nunca conocí en persona pero de quien me sentí muy, pero muy cercano, me enseñó a penetrar en las profundidades de América, de todas sus tragedias y sus fiestas posibles”.

Arguedas lo condujo a Juan Carlos Onetti, de quien ha confesado ser un discípulo privilegiado, pues el autor de Juntacadáveres ―cuenta Galeano― tenía fama de ser malhumorado. Sin embargo, solo frente a un fragmento de la novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo, del peruano vio por primera vez emocionado a su maestro. El texto decía “Ahora estoy en Santiago de Chile, pero querría estar en Montevideo, encontrarme con Onetti para apretarle la mano con que escribe”.

Inició, entonces, su lectura ―dedicada a Arguedas y a Onetti, en un acto simbólico de “apretarles las manos con que escriben”― echando mano a unas páginas sueltas pertenecientes a Los hijos de los días y compartió con el público ―que también lo escuchaba a través de altavoces ubicados en los exteriores de la Casa― la génesis de este volumen que verá luz en marzo próximo en varios países de América y en España.

 
 
 
 

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Presentación de “Espejos”, de Eduardo Galeano

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.