|
El término “inmigrante”
está de moda, como
“crisis” e
“indignación”. Hasta una
de las figuras más
reconocidas de la
investigación social en
el mundo, lee la prensa
española y se sorprende
al encontrar argumentos
a favor de limitar el
número de migrantes, del
tipo “la Unión Europea
nos presiona, porque
argentinos,
ecuatorianos,
colombianos y otros
latinoamericanos usan a
España como trampolín
para instalarse luego en
Italia, Francia o
Alemania”. Cuenta que en
las calles se habla de
“amenazas” y que en los
congresos científicos,
los títulos de las
ponencias comienzan con
“desafíos”.
En el continente
americano, no obstante,
el fenómeno se cruza con
una vieja seducción
entre los hemisferios. Y
cuando el 99% de los
habitantes de EE.UU.
ocupa Wall Street, las
fotografías de prensa
muestran también rostros
chicanos, indígenas…
Junto a los “gringos”,
cientos de manifestantes
latinos recorren decenas
de kilómetros y acampan
en el parque Zucotti, en
rechazo a la avaricia
corporativa del 1% que
les ignora desde sus
cojines rellenos con
recortes y presupuestos
de “salvación”.
El ensayista
puertorriqueño Juan
Flores, profesor del
Departamento de Análisis
Social y Cultural de la
Universidad de Nueva
York, no refiere
exactamente estos hechos
cuando intercambiamos
por e-mail; pero
uno de sus juicios
expone un hombre que
observa y analiza cada
uno de estos sucesos,
confiado en que “no
habrá jamás (…)
cualquier paridad o
‘igualdad’ entre la
cultura dominante de
EE.UU. y la de los
latinos, especialmente
en términos de
‘legalidad’, sin grandes
cambios sociales tanto
en EE.UU., como en toda
América Latina y el
Caribe”. Y lo invito a
recorrer algunas
aristas, para entender
por qué.
En esta prolongada
historia de “seducción
continental”, como usted
mismo suele llamarle al
proceso migratorio desde
Latinoamérica hacia
EE.UU., ¿cómo entender
los 50 millones de
latinos en ese país, más
allá de las cifras?
La “seducción
continental” funciona en
las dos direcciones: el
Norte es seducido por el
Sur en virtud de una
larga y exótica-erótica
fascinación por el Otro;
mientras el Sur es
atraído hacia el Norte
por imágenes de las
proverbiales “calles
pavimentadas con oro” y
del “sueño americano”.
Ambos constituyen
estereotipos
fundamentalistas que
funcionan como
camuflajes de las
asimétricas relaciones
de poder entre los
hemisferios. Dicha
asimetría, al mismo
tiempo, es la que da
cuenta de la atracción
gravitatoria de capital
y del continuo flujo de
millones de
latinoamericanos y
caribeños hacia el
Norte, para unirse a los
millones que ya viven
allí. De modo que, más
allá de los datos
numéricos ―abrumadores,
por supuesto― están los
impactos sociales y
culturales de este
movimiento demográfico,
los cambios evidentes en
todos los países y las
profundas implicaciones
continentales. Nuestra
América no es lo que
solía ser.
La euforia mediática
en relación con esa
cifra, ¿en qué aristas
ha centrado su interés y
en qué medida cree que
ha contribuido a la
construcción de un
imaginario en torno a
“lo latino”, en el seno
de la población
estadounidense e incluso
entre los propios
latinos?
La llamada “explosión
latina” y la energética
euforia pública en torno
al aumento de la
población latina en
EE.UU. también tienen
dos caras: por un lado,
está ese coqueteo con
“lo latino” ―como la
salsa que ha aventajado
al ketchup en
popularidad o el nombre
José, convertido ya en
el nombre masculino más
común―; por otro,
permanecen el viejo
desdeño racista y la
subordinación. En
reacción a este
tratamiento ambivalente
y hostil, los latinos en
EE.UU. reconocen sus
puntos en común
obligados por lo que he
llamado “imaginario
latino”, es decir, un
sentido compartido de la
memoria y el deseo. Y
aun cuando la forma
preferida de
identificación sigue
siendo la nacionalidad
(“soy dominicano”, “soy
mexicano”, “soy
puertorriqueño”), esos
impulsos patrióticos
toman nuevos
significados, y el
término pan-étnico se
reconoce también como un
elemento importante en
las luchas por la
justicia y la igualdad
al interior de la
sociedad estadounidense.
En el proceso de
conformación de esas
representaciones, ¿qué
ocurre con el “equipaje
cultural” de los
migrantes?
El equipaje cultural
nace con los latinos, y
como parte de la
migración hacia EE.UU.
es preservado y
transformado al mismo
tiempo como resultado
del proceso de
liquidación. O sea, ese
proceso incluye
continuidades y rupturas
que deben ser tomadas en
cuenta en cualquier
análisis de la
experiencia
sociocultural latina.
Por un lado, las
tradiciones culturales y
las formas de vida se
reafirman, en muchos
casos incluso más
vehementemente que en el
país de origen; por
otro, hay una mezcla
inevitable con las
nuevas culturas de su
entorno, incluyendo la
cultura mainstream.
Como resultado, se
produce un cambio
significativo y
generalizado del fondo
cultural heredado. Esto
no debe ser visto como
una especie de traición
o de acomodamiento; sino
como un proceso
incontrovertible desde
el punto de vista
histórico, que en muchos
casos se expresa en la
dirección más
progresista y creativa
de las respectivas
culturas nacionales de
América Latina.
En relación con la
producción artística y
literaria de los latinos
o descendientes de
latinos en EE.UU. y sus
relaciones con el
mercado, ¿considera se
mantienen las
coordenadas del canon de
los 90 (del que la obra
de Oscar Hijuelos fue
punto de referencia)?
El canon literario se
rige no solo por los
juicios estético y
crítico, ni por las
reglas de la precisión
representacional, sino
también por los
incentivos del mercado y
las agendas ideológicas
que acompaña. Los
premios, como el
Pulitzer (cuyo primer
ganador hispano fue
Oscar Hijuelos, con su
novela Los reyes del
mambo tocan canciones de
amor, en 1990), son
a menudo una expresión
de tales criterios
comerciales y políticos.
Aquella adjudicación
fundó, de alguna manera,
el mercado literario
latino, o al menos
coincidió históricamente
con su aparición. Sin
embargo, si bien se
reconoce la
preponderancia de tales
influencias, debemos
reconocer también el
resurgimiento actual de
una nueva producción
literaria y de alta
calidad de escritores
latinos en EE.UU. Muchos
de esos autores, no
obstante, son pasados
por alto por el
establishment
cultural en ese país
―incluyendo al propio
establishment
literario latino, por no
hablar del literario
latinoamericano― y, con
ellos, gran parte de su
expresión de agendas
políticas y estéticas
alternativas queda
invisibilizada. Esta
escritura es también
constitutiva del canon
en formación, o se
convierte en una especie
de contra-canon.
¿En qué medida esas
producciones simbólicas
dialogan (o no) con la
cultura de masas
estadounidense?
Tal diálogo es
constante, aunque no
siempre se produce de
manera explícita o
consciente. La cultura
de masas estadounidense
es ubicua, sobre todo
―por supuesto― dentro
del territorio nacional
donde esa cultura es
dominante. Incluso el
intento de ignorar o
evadir su alcance es
parte del diálogo como
proceso comunicativo. La
expresión de la cultura
latina es, pues,
entrelazada con la
cultura de masas
estadounidense, aun en
su expresión de
oposición o
excepcionalidad.
Entonces, diferenciar
los aspectos que
funcionan en complicidad
con la cultura de masas
hegemónica de aquellos
que nutren la
perspectiva
contestataria en el
corazón de la presencia
social de los latinos en
ese país, es un gran
desafío que enfrentan
los estudios culturales
sobre este tema en
nuestro tiempo.
En Bugalú y otros
guisos (Premio Casa
2009), usted consideraba
que recién se estaban
comenzando a explotar
las potencialidades
económicas y electorales
del “monstruo
demográfico y cultural”
latino. ¿Qué ha pasado
en estos dos años?
La presencia social de
los latinos es cada vez
más atractiva para los
diversos intereses
económicos y políticos
en EE.UU. Todas las
actuales campañas
electorales (2012)
tienen que desarrollar
tácticas y estrategias
para ganar el “voto
hispano”, con las
apuestas siempre
centradas en cuestiones
de reforma migratoria,
en la religión, en el
idioma, en los “valores
familiares”, etc.
Quienes se encargan de
este mercado tienen que
vender su mercancía a,
para y acerca de
“hispanos”, y es esta
publicidad la encargada
de que los estereotipos
más comunes y dañinos se
generen y perpetúen.
Por otro lado, este
mismo “monstruo”
demográfico también nos
ha bendecido con una
explosión vibrante y
emocionante de
innovación cultural y de
ventaja política sin
paralelo en las
generaciones anteriores.
Los movimientos actuales
para el cambio social y
la liberación creativa
necesariamente contienen
las fuertes corrientes
de la expresión y la
inspiración latinas.
Como parte de esta
avalancha mediática y
académica enfocada,
desde hace al menos dos
décadas, en indagar por
un ethos latino,
¿cuánto se ha obviado el
ethos
estadounidense como
figura que se moldea a
la par que sus
“componentes”? Y si esta
idea fuera correcta,
¿cuán preparada cree que
está esa nación para
asumir ese nuevo punto
de partida colectivo,
por ejemplo, desde la
legalidad?
Creo que hay un
enfrentamiento con el
ethos dominante en
América del Norte, al
tiempo que cualquier
ethos latino se ha
forjado en gran parte
por la interacción y
confluencia con las
culturas que encuentra
compatibles dentro del
paisaje cultural de
EE.UU. No habrá jamás, a
mi juicio, cualquier
paridad o “igualdad”
entre la cultura
dominante de EE.UU. y la
de los latinos,
especialmente en
términos de “legalidad”,
sin grandes cambios
sociales tanto en los
EE.UU., como en toda
América Latina y el
Caribe. Mientras las
luchas sociales se
producen dentro de los
marcos nacionales, el
paisaje cultural de la
contemporaneidad es
transnacional, por lo
que tenemos que buscar
los retos a la
subordinación y la
asimetría hemisféricas
que también son
transnacionales.
Mi trabajo más reciente
se ha centrado en el
impacto transformador de
estas culturas híbridas
latinas no solo dentro
de los EE.UU., sino
también en los profundos
desafíos que representa
la migración para los
países de origen: Puerto
Rico, México, República
Dominicana, Cuba.
En la edición de 2009
del Premio Casa, usted
recibió el Premio
Extraordinario de
Estudios sobre los
Latinos en EE.UU. y
ahora vuelve al certamen
como jurado. ¿Qué
importancia le concede a
un Premio como este y en
qué medida cree que se
articula (o no) con las
iniciativas que desde
las universidades
norteamericanas,
fundamentalmente, se
desarrollan en relación
con el tema?
El Premio Casa de
Estudios sobre los
latinos en EE.UU. y el
establecimiento del
Programa de Estudios en
la Casa son muy
importantes para este
tipo de investigaciones
en EE.UU. y otros
países. Representan una
oportunidad única. Las
dos iniciativas pueden
ayudar a crear un
espacio nuevo y
diferente para llevar
adelante el trabajo
crítico y creativo en
los tiempos que vendrán.
Mi esperanza es que
también se avance en
líneas de análisis y de
solidaridad política
transhemisféricas,
desafiando la división
fuera de fecha entre el
Norte y el Sur y
permitiendo que nos
acerquemos a la idea de
“Nuestra América” según
fue vista por Martí,
adecuada a las nuevas
condiciones sociales e
intelectuales de nuestro
exuberante tiempo.
|