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Casi en la escalerilla
del avión que lo
conduciría de regreso a
su natal Ecuador,
sostuve este encuentro
con Enrique Estuardo.
Joven artista que al
decir del Excelentísimo
Señor Edgar Ponce,
Embajador de Ecuador en
Cuba, “aprendió a pintar
antes que a hablar”. Y
aquellas no fueron meras
palabras dichas el
pasado 6 de enero con
motivo de la
inauguración de la
exposición El sur,
Cartografías
desde dentro en la
Casa Oswaldo Guayasamín,
porque el propio
Estuardo asegura que, en
efecto, empezó a hablar
tardíamente “casi a los
tres años, dice. Mis
padres estaban muy
preocupados por ese
problema. Yo en cambio
me sentía muy bien, pues
había aprendido a
comunicarme con ellos
mediante dibujos. Con
esos dibujos expresaba
qué quería, qué sentía,
en fin, todo cuanto
necesitaba. No conservo
ni recuerdo ninguno de
aquellos que imagino
serían garabatos, pero
lo cierto es que fueron
un excelente medio de
comunicación en mis
primeros años de vida”.
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"Unusmundus", de
la serie
Encuentros y
desencuentros,
2000 |
Creador multilaureado y
protagonista de más de
una docena de
exposiciones
individuales y
colectivas exhibidas en
México, EE.UU., Chile,
Argentina, Cuba y en su
propio país, para
Enrique Estuardo “el
acto de pintar viene a
constituirse en el fluir
de la vida misma”. Por
ello es “el ser humano
como tal en diferentes
circunstancias y en los
más disímiles
laberintos”, el común
denominador en todas sus
obras. Confiesa asimismo
este creador nacido en
las serranías del
Ecuador que siempre
buscó retratar en sus
piezas “lo que estaba
cerca, la crisis de
identidad que me
cercaba”. Mientras su
intención ha sido
siempre “remover
arquetipos y así generar
reflexiones sobre las
escalas de valores”.
Si a los dos o tres años
expresabas ya
sentimientos y emociones
con la utilización de
dibujos, ¿puede tomarse
esa época como punto de
partida de la carrera
como pintor de Enrique
Estuardo?
No, realmente no.
Aquellos eran garabatos.
Sin embargo, a los seis
años cuando empecé a ir
a la escuela di riendas
sueltas a mi pasión por
la pintura. Allí sí
pinté y mucho. De esos
dibujos conservo algunos
y considero que tienen
buen nivel si se tiene
en cuenta la edad que
tenía entonces. En ellos
se ve cierta habilidad.
Mi madre me estimulaba
mucho. Ella era maestra
y siempre me traía
pinturas, lápices de
colores, papel, para que
yo realizara mis
dibujos. En ese primer
año escolar no atendía a
la maestra porque casi
todo el tiempo lo
dedicaba a pintar.
Mientras ella explicaba
las clases yo dibujaba a
mis compañeros, lo que
veía por la ventana, o
cualquier cosa que se me
ocurría. Por esa razón
la maestra consideró que
todavía no estaba en
condiciones de asistir a
la escuela.
Mi madre, directora en
aquel momento de una
escuela rural cercana a
una ciudad al sur de
Quito, comenzó a
llevarme a su trabajo.
Como era en el campo,
allí estaba totalmente
libre y dedicaba casi
todo el día a dibujar en
la Plaza del pueblo.
Este sitio era muy
grande con piso de
tierra y hacía mis
dibujos de un extremo a
otro. Llenaba la Plaza
de dibujos. Ese era mi
pasatiempo mientras mi
madre realizaba su
trabajo. Esa pasión por
pintar nunca se ha
separado de mí.
A pesar de ello fue la
Arquitectura y no
precisamente las Artes
Plásticas la
especialidad escogida en
los estudios superiores.
¿Por qué?
Estudié Arquitectura y
me gradué. Era la
posibilidad en aquel
momento, pero seguía
aferrado a la pintura.
Como arquitecto trabajé
en zonas rurales
dirigiendo
construcciones y
ayudando a los
campesinos a construir
sus propias viviendas.
En esas labores me
desempeñé por un tiempo
hasta que tuve la
oportunidad de ganarme
una beca para estudiar
Artes Visuales en México
y dentro de ellas
dediqué especial
atención a la pintura
porque la traía dentro
de mí desde que era
infante. No obstante,
realicé estudios mucho
más amplios que incluían
fotografía, video,
serigrafía, es decir,
todo lo que hoy se
concibe en el Arte
Contemporáneo. Pero
tratando siempre de que
fuera la pintura el
punto de partida para
realizar otro tipo de
cosa. Entonces, a pesar
de que sea un lenguaje
contemporáneo el
utilizado en una
instalación, en un video
o igual en una
fotografía, siempre será
la pintura el punto de
partida.
Uno de mis mayores retos
cuando me gradué en esa
Maestría, fue
reivindicar un poco el
tema pictórico, porque
considero que todavía se
puede conmover, se
pueden decir cosas con
esta modalidad
artística.
¿Cuáles son las técnicas
empleadas en la vasta
obra de Enrique
Estuardo?
La propuesta inicial fue
conjugar algunas
técnicas, porque incluso
en muchas de mis obras
está presente el
grabado, las
serigrafías. Es decir,
ha sido una fusión de
formas expresivas,
aunque es el acrílico lo
que básicamente he
desarrollado. También
tengo obras que han sido
hechas en óleo, mientras
otras son dibujos como
tal, y de la misma
manera existen algunas
que son grabados sobre
papel.
Se asegura que más allá
de ser observadores, de
percibir algún mensaje,
los espectadores son
observados por cada
pieza salida de la
creación de Estuardo.
¿Consideras acertada esa
opinión de algunos
especialistas?
En las pinturas, la
gente siempre busca un
mensaje, pero en mis
obras no muestro ningún
lenguaje verbal, lineal,
literal. Lo que trato de
buscar es lo que siente
el espectador ante la
pieza. Trato de
transmitir emociones,
que se produzca más bien
un diálogo interno,
emocional entre la obra
y quien se enfrenta a
ella antes que un
mensaje que pueda ser
leído. Que el espectador
sienta al artista en
cada pincelada, en los
emplastos. Eso es, a mi
juicio, la principal
riqueza de la pintura.
La exposición El sur,
Cartografías
desde dentro, fue
inaugurada a propósito
del XIX aniversario de
la fundación de la Casa
que lleva el nombre del
entrañable Maestro,
también ecuatoriano,
Oswaldo Guayasamín.
¿Cuál es la temática
principal abordada en
esta muestra?
Cartografías desde
dentro
es una compilación de
obras realizadas a lo
largo de mi carrera
artística. Es la
síntesis de una
trayectoria recorrida.
Está conformada por 14
obras hechas entre 1994
y 1996 y otras mucho más
recientes que
corresponden al último
período. Fueron creadas
en el año 2005 para una
instalación de arte
público. La integran
además seis fotografías
y un video arte.
Felizmente esta es una
responsabilidad de
Carina Pino Santos quien
fue la gestora de esta
exposición. A ella
también pertenece el
título de la muestr
Aunque las obras
pertenecen a diferentes
etapas de mi carrera,
todas tienen un hilo
conductor: el ser
humano, el ser como tal
inmerso en los más
disímiles laberintos y
enlazado incluso con el
contexto social. La
búsqueda del ser, del
ser como tal.
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"Evocación del
medio día", De
la serie
México, 1996 |
¿Cuáles exposiciones
recuerdas con más
agrado?
Creo que todas, porque
en todas he puesto todo
mi empeño como creador,
como artista. En Quito,
por ejemplo, he
realizado alrededor de
12 exposiciones. Igual
tengo una en México,
otra en Costa Rica, en
Argentina, una muestra
antológica en EE.UU. y
ahora en La Habana, con
diferentes obras.
La última exposición en
Quito fue en 2009, que
más bien fueron obras
destinadas a una serie
de instalaciones. Y lo
más reciente, aunque no
lo tomo como exposición,
fue una intervención de
arte público que se hizo
en Quito. Consistió en
un gran mural mediante
el cual se rescató la
memoria de mujeres
próceres de la historia
del Ecuador que no han
sido reconocidas como
realmente merecen.
Ese mural fue ubicado en
una parte en que
confluyen tres vías
importantes de la
ciudad. Mide 20 metros
de alto por 50 de ancho,
es inmenso. En su parte
central está Manuela
Sáenz, quien fue hecha
en mosaicos de 14 metros
de alto por 10 de ancho.
Esta intervención es en
realidad monumental.
Tanto como los 32
rostros en vallas
expuestos a lo largo de
ocho kilómetros de
carretera de la
autopista General
Rumiñahui, también en
Quito, entre 2007 y
2008.
¿Proyectos futuros?
Cuando llegue a Quito
prepararé una muestra
que justamente da
continuidad al trabajo
iniciado con las mujeres
próceres de nuestra
historia, porque lo que
se exhibe en el mural
son reproducciones, pero
estas imágenes tienen
originales. Estos
originales serán
exhibidos en la galería
de una institución muy
importante en mi país,
especialmente en Quito,
es el Centro Cultural
Metropolitano. Allí
serán expuestas estas
obras junto a una serie
de registros
fotográficos de lo que
fue el trabajo del
mural.
La confección del mural
fue un trabajo
verdaderamente
complicado que se
extendió por más de dos
años, durante los cuales
hubo que vencer serios
obstáculos. La
exposición será
inaugurada en la galería
del Centro Cultural el
18 de marzo. Para esa
misma fecha y abordando
el mismo tema de las
mujeres próceres será
publicado un libro. Se
trata de una antología
de todas ellas.
Para llegar a la
creación de estas 11
personalidades del siglo
XIX fue necesario un
duro trabajo de
investigación de
vestuario, joyería,
peinados, porque en los
archivos apenas
encontramos información
y fue necesario entonces
recurrir a la
imaginación. De
cualquier manera
resultará un trabajo muy
interesante.
¿Qué impresión te llevas
de La Habana en esta tu
primera visita?
A mi juicio, La Habana
es un centro de cultura
que está en movimiento,
que está surgiendo, que
está saliendo de la
crisis. La gente es
alegre y considero que
eso es importantísimo
para poder llevar
adelante el proceso que
se han propuesto. Como
también es importante el
hecho de que la gente
cree, confía en lo que
hace. Es una ciudad
magnífica, monumental,
es ciertamente un
Patrimonio de la
Humanidad. Sin embargo,
me produce nostalgia,
mucho dolor, que debido
a un uso inadecuado
lleguen a destruirse
algunas instalaciones,
que puedan perderse
muchos elementos
arquitectónicos de gran
valor.
Medalla de Oro, Premio
por Excelencia
Artística, Medalla
Doctor Vicente
Rocafuerte al Mérito
Artístico otorgada por
el Congreso Nacional de
Ecuador, Primer Premio
en la Segunda Exposición
Iberoamericana de Arte
Religioso en Nueva Cork,
en esta propia ciudad
Premio Grant conferido
por la Fundación Pollock
the Krasner…, figuran
entre otros muchos en la
larga lista de lauros
conquistados por Enrique
Estuardo a lo largo de
su carrera artística. Y
aunque en su opinión los
galardones son en
realidad un
reconocimiento a la
labor realizada por un
artista, considera
igualmente que existen
otras maneras de
reconocer el quehacer de
un creador. “Cuando se
me pidió, por ejemplo,
que hiciera el mural en
aquella céntrica zona de
Quito, fue un
reconocimiento, un
premio muy importante
porque en esa como en
otras obras, se me ha
dado la libertad de
crear, de interpretar”.
Asimismo confiesa, no
sin tristeza, no contar
todavía con el Premio
más ansiado por
cualquier artista: el
reconocimiento popular,
porque, afirma, “entrar
en el imaginario popular
es muy difícil”. Ello
obedece según su
criterio a que
“penosamente en buena
parte del mundo el arte
serio está dirigido
todavía a cierto
público. Por desgracia,
en Latinoamérica la
educación no es lo
suficientemente
abarcadora como para
permitirle a la
población tener acceso a
disfrutar de una obra de
arte, de un concierto de
música clásica, de una
función de ballet,
porque no lo entienden,
no cuentan con las
herramientas para
entenderlo”.
Y con la certeza de que
ya en su Ecuador se dan
pasos seguros que
coadyuvarán a la
obtención del galardón
más anhelado, a Enrique
Estuardo le resulta muy
gratificante el hecho de
“que la gente se
sintoniza cuando se
inaugura una muestra,
siente algo, se emociona
con lo que ve. Eso es
para mí muy alentador”.
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