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Desde hace algunos años,
varios ya, me he vuelto
un lector muy selectivo,
básicamente de la
narrativa contemporánea.
Solo abordo textos que
alguien, buen conocedor,
me recomienda; o lo que
es más sistemático: voy
a los clásicos, a su
relectura después de que
han pasado 20 o 30 años.
Así me pasó con Los
miserables, de
Víctor Hugo y más
recientemente con El
Quijote, del cual
hice una lectura
completamente nueva y
enriquecedora, a la cual
le debo un ensayo para
mi columna en
Cubaliteraria.
Pero por esos azares de
la vida cayó en mis
manos un ejemplar que
solo de verlo me llamó
la atención. Es una
novela publicada en
España, más preciso, por
La Página Ediciones en
lo que sería su sección
Sýnoros/Narrativa, que,
por cierto, es tan joven
que solo tiene publicado
cuatro títulos
incluyendo este, que se
titula Llueve sobre
La Habana.
Pero es que Llueve
sobre La Habana es
el título de una novela
del escritor cubano
Julio Travieso Serrano,
cuya primera edición se
hizo en La Habana, en el
2004, por la Editorial
Letras Cubanas, luego
tuvo otra edición cubana
y, posteriormente, fue
traducida al portugués y
al ruso y publicada, en
el 2008, en São Paulo y
Moscú. En el 2009 la
publicó la Editorial
Renacimiento, de
Sevilla, España, y en el
2011 se tradujo al
inglés por la Editorial
José Martí, de La
Habana.
Pero, además, hay otro
hecho curioso, los dos
textos tienen en su
portada una foto
similar: un auto viejo
parqueado en una calle
de Centro Habana.
La novela española es
del autor José Luis
Muñoz, que según la
ficha que aparece en la
solapa, nació en
Salamanca en 1951, y “es
uno de los más
prolíficos y
consolidados
cultivadores de la
literatura
‘negrocriminal’ (?)
española y uno de sus
miembros fundacionales
por su vinculación a la
Semana Negra de Gijón
desde su primera
edición. Veintisiete
novelas, de géneros tan
diversos como el
fantástico, erótico,
histórico y policial,
cuatro libros de
relatos…”
Realmente prolífico es,
y en demasía, para mi
gusto; una novela
requiere tiempo de
investigación,
meditación y trabajo, y
las novelas no se hacen
como chorizos, una
detrás de la otra. Este
autor, según noticias,
publicó en el año 2010
TRES novelas.
Y en el 2011 presentó
Llueve… en la Feria
del Libro en Miami.
Bueno, pues la
curiosidad me picó y
empecé a leer Llueve
sobre La Habana
española, junto con
Llueve sobre La Habana
del cubano Travieso
Serrano y se ven cosas
demasiado raras.
Ya en la nota de
contracubierta de la
edición de Muñoz se
empieza diciendo: “En
una Cuba sumida en uno
de sus ‘habituales
períodos especiales’…”
y, que sepamos, los
cubanos que vivimos en
la Isla, en Cuba ha
habido un solo período
especial, y fue en el
momento en que cayó el
campo socialista y nos
quedamos solos
defendiendo lo que
considerábamos necesario
defender. Primera pifia
de esa edición.
En la novela de Travieso
Serrano hay dos
personajes principales,
jineteras, y en la de
Muñoz coincide también
que hay dos jineteras
protagonizando la
acción. En la novela de
Travieso Serrano, La
Habana de los años 90,
La Habana del período
especial, es el telón de
fondo de la obra, en
la de Muñoz también.
Pero es que el señor
Muñoz no es cubano.
Claro que cualquiera
puede tomar un tema para
escribir una novela
sobre otro país que no
es el suyo, pero para
eso necesita tener un
conocimiento profundo
del lugar y del momento
en que se desarrolla la
acción, debe dominar las
costumbres, las formas
verbales de comunicación
de los distintos
sectores de la sociedad,
el ambiente en que se
desarrolla la vida,
etc. Y ese conocimiento
no lo tiene el Sr. Muñoz
y eso lo demostraré más
adelante.
Pero veamos tres o
cuatro ejemplos de
escrituras compartiendo
los mismos asuntos y
modos, aunque hay muchos
más.
En el texto de Muñoz, en
la página 25 se lee:
Las nubes ocultaban la
luna y el rumor sordo de
las olas estrellándose
contra el muro tapaba el
ruido del tráfico
rodado. El ritmo del mar
era como el segundero de
un reloj.
En el texto de Julio
Travieso Serrano, en la
página 11, leemos:
Casi siempre mi
recorrido concluía en el
Malecón, frente al mar
[…] me gusta el mar, me
gusta observar el
movimiento de la marea
que va y viene
eternamente, sin
descanso, indiferente a
todo lo que no sea su
eterna tarea de lamer
las rocas.
Texto de Muñoz en la
página 28:
Jineteaba y trabajaba
honradamente, y hacía lo
primero porque con lo
segundo no podía
comprarse los trapitos
que le apetecían.
Y en la página 30
también se lee:
Entrar en los
supermercados y tener de
todo. Estanterías llenas
de pollo y no ese mojón
de la cartilla de
racionamiento.
En el texto de Travieso
dice en la página 35:
Dólares que le permiten
a Malú comprar más
comida. No la que me
entregan por una tarjeta
sino la otra, la
proteica. Nada de arroz
y granos. Carnes sí, de
todos los tipos, y
quesos, leche, cerveza,
pastas italianas, y
también ropas, perfumes,
zapatos.
Texto de Muñoz en la
página 30:
Pues porque no
tengo valor, me da
pánico el mar y los
tiburones…
Texto de Julio Travieso
Serrano en la página 60:
A ella le aterra la
posibilidad de verse en
alta mar sobre una
cámara de camión. Es
cobarde para las cosas
del mar y le teme a la
muerte.
Texto de Muñoz en la
página 34:
Por mar, aunque esa fosa
de tiburones que les
separaba del paraíso
americano les daba
pánico. En el próximo
bote. Quisiera poder
convencer a Bemba. Y las
dos abrirían una tienda
en Miami.
Texto de Julio Travieso
Serrano en la página 60:
Un amigo mío está
preparando una balsa
para irse y está
dispuesto a llevarnos
[…]. Aquí vamos a vivir
siempre así y
terminaremos arrugadas,
si antes no nos matan
para robarnos o meternos
presas. Allá fuera
viviremos como reinas.
Me parece que la muestra
es suficiente.
Anteriormente les
comenté que luego de
leer su ¿novela?, me
percaté que el señor
Muñoz no tiene la menor
idea de qué cosa es
Cuba, qué es La Habana y
qué es lo cubano. Si
acaso habrá dado algún
viajecito de turismo a
la capital cubana, se
habrá relacionado con
alguna prostituta de
baja estofa, que también
las hay, no todas son
universitarias, y a
partir de esa ligera y
superficial experiencia
se metió en un tema que
es complejo para
nosotros, los escritores
cubanos, por lo que debe
ser mucho más escabroso
para un extranjero que
solo nos visita por una
semana.
Vamos allá:
El señor Muñoz comete
innumerables errores en
cuanto a expresiones que
se las asigna a
personajes cubanos y
habaneros, se equivoca
en direcciones y lo más
importante, desconoce
nuestra historia y
nuestras luchas. Y vamos
a pensar que solo las
desconoce y no las
tergiversa con mala
intención y para agradar
a nuestros enemigos.
Por ejemplo:
Muñoz utiliza
frecuentemente la
palabra “templar”, que,
en Cuba, es una manera
popular y hasta soez de
hablar de relaciones
sexuales, pero no tiene
idea de que templar (en
su acepción de fornicar)
funciona como verbo
irregular en Cuba en las
tres primeras personas,
en la quinta y la sexta,
del presente del
indicativo. Por eso es
un disparate y un
desconocimiento del
lenguaje marginal de
habanero, decir, como se
hace en la página 87:
“Se la templa Ud.
si quiere”. Y en la
página 82: “Ud. quiere
ver como su marido se la
templa”.
En la página 176:
“Cuando templo,
amiga”.
La forma correcta de
decirlo es: “Se la
tiempla Ud. si
quiere”, “…su marido se
la tiempla”,
“Cuando tiemplo,
amiga”.
En los diálogos, los
personajes emplean de
manera sistemática la
palabra “compay”, la
cual no forma parte de
la jerga habanera. La
palabra “compay”
procede de zonas del
oriente del país, y en
La Habana no es de uso
frecuente en la
conversación.
En la página 22 Muñoz
dice: “he cogido
tremendo metió”,
realmente se dice: “he
cogido tremendo metío”.
En la página 79 dice:
“que se ha cogido
tremendo metío de mí”,
cuando la manera
correcta de decirlo es:
“que ha cogido tremendo
metío conmigo”.
En la página 19 Muñoz
narra: “El prostíbulo
clandestino que no
cerraba gracias a los
sobornos y prebendas que
obtenían de las
autoridades: singada
gratuita para policías,
políticos y
sindicalistas, todos
comecandelas”.
Esta manera de decir
está absolutamente
permeada por la manera
de hablar de los
españoles. Por ejemplo,
en Cuba a los dirigentes
del Poder Popular
(Gobierno) o a los
dirigentes del PCC no se
les llama “políticos”,
esa acepción dejó de
usarse en el 59, y el
vocablo “sindicalista”,
muy común en la Madre
Patria, aquí tampoco se
usa, pues quien más se
le acercaría son los
dirigentes de los
sindicatos y no se
nombran así. El término
“comecandela” fue voz
popular en los primeros
años de la Revolución
para aquellos
revolucionarios que
exageraban su fidelidad
con la causa y adoptaban
posiciones extremistas,
por lo cual fueron
repudiados y hasta
burlados por el pueblo.
Nada que ver con la
circunstancia habanera
de hoy.
En la página 113 dice:
“hacían que su
nombre sonora como
ministrable de cultura”.
En Cuba esa frase nadie
la entendería, es de
España.
En la página 81 hay una
gran falta de ortografía
cuando se escribe: “hecharse
al pico”, todos sabemos
que “echarse” se escribe
sin h porque es
de “echar”; eso es
material de estudio de
los niños cubanos en
cuarto grado.
En la página 14 se dice:
“vaya pena de
sujetador que
tienes, niña”. Y
“sujetador” es nombre
que se usa en España, en
Cuba se le llama
“ajustador”.
En las páginas 14 y 66
se escribe: “pero
déjate las braguitas”,
en Cuba se les llama “blumers”,
usando el apellido
de la francesa que los
inventó.
En la página 14 se habla
de la “cartilla
de racionamiento”,
cuando en realidad es la
“libreta de
abastecimiento”.
En las páginas 17 y la
104, 146 y 126 se usan
las frases
“Chingadas madres”,
“Chinga madre”,
“platicar”, “zopilote”,
que son palabras que se
utilizan en México, no
en Cuba.
Otra arista de este
asunto es el tratamiento
que el señor Muñoz le da
al pueblo cubano.
En la página 33 el señor
Muñoz dice
festinadamente:
El socialismo los había
igualado a todos, bien
cierto, pero en la
miseria.
La gente no se
encabronaba porque el
clima era pestoso y
húmedo, pero bueno para
aplacar la furia, y por
las playas y el vaivén
del Caribe que
apaciguaba.
Aquí persigue la
reaccionaria y pasada de
moda teoría de que el
clima es determinante
para el desarrollo
social de los pueblos,
por ello los que vivimos
en países tropicales
somos haraganes e
irresponsables. Las tres
guerras que le peleamos
a España demuestran lo
contrario.
Hay que decir de soslayo
que escribir “pestoso”
es de una enorme
ignorancia. Hasta un
niño sabe que se dice
“apestoso”.
La última barbaridad del
señor Muñoz es insultar
suciamente a Fidel
Castro. Sobre este
particular no les pondré
el ejemplo; el señor
Muñoz lo hace de una
manera tan grotesca,
soez, y tan falta de
ética que no vale la
pena reproducirlo.
Desde ya esta obra puede
estar considerada dentro
de esos libros
lamentables que nadie
sabe por qué se publican
y a quién le sirve.
Realmente Llueve
sobre La Habana,
“de” José Luis Muñoz es,
evidentemente, un
bodrio.
*Emilio
Comas Paret es un
escritor cubano. Su
libro Desconfiemos de
los amaneceres apacibles
acaba de recibir el
Premio UNEAC 2011 de
literatura testimonial.
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