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“Mi poesía es un
registro de una
experiencia en un
contexto histórico”,
refiere el escritor
barbadense
Kamau
Brathwaite
en entrevista, al
responder a la pregunta
de si sus poemas están
creando una nueva
historia. El ante todo
poeta, aunque también
ensayista, crítico,
editor, activista
cultural, historiador,
maestro, se muestra
humilde en su respuesta,
pues su poesía viaja más
allá del esencial
“registro de una
experiencia”. Es
reflejo, pero también
revalorización de
símbolos, mitos y ritmos
caribeños.
El estudio de la
historia oficial y
alternativa nutre toda
su poesía.
Como parte de sus
estudios académicos
exploró a fondo el
concepto de negritud
presentado ya desde 1939
por Aimé Césaire en su
Regreso a la tierra
natal. La necesidad
vital del hallazgo de
sus raíces orienta su
obra creativa hacia la
incorporación de estos
saberes que se hallaban
aún en proceso de
emersión. Dispone que la
teoría no debe preceder
la expresión de su
experiencia y en la
práctica misma de la
escritura poética
irradia sus señas de
identidad.
“Un
artista caribeño no
puede comenzar con una
teoría, con un modelo;
siempre debe empezar a
partir de su relación
con lo que ‘está ahí’”
—dice. Esta certeza es
la que trae ante
nosotros la antología
Los danzantes del tiempo,
Premio de Poesía José
Lezama Lima, que se
erige en prontuario de
las tradiciones, el
pensamiento, el arte, en
fin, la cultura del
espacio antillano.
La antología
entrega una
densa y variada
producción poética,
presentada no de manera
cronológica, sino
siguiendo una gradación
temática.
En ella se funden poemas
de The Arrivants,
su famosa
trilogía integrada por
los poemarios Rights
of Passage (1967),
Masks (1968) e
Islands (1969),
pasando por Other
Exiles (1975),
Black & Blues,
(Premio Casa 1976),
Jah Music (1986),
Mother Poem (1977),
Third World Poems
(1983), X/Self
(1987),
Middle Passages
(1992),
y
Words Need Love Too
(2000).
Su poesía refiere la
experiencia del negro:
son una constante los
sentimientos de
angustia, frustración,
alienación, denuncia,
pero también están
presentes la celebración
de la cultura africana,
el hallazgo feliz de las
raíces, la vivencia de
la memoria perdida y
recobrada.
Cada palabra es
portadora de poderes
secretos,
está cargada de
significados
trascendentes que evocan
los espíritus del lugar,
la flora, la fauna, la
topografía, los dioses.
Por eso en ocasiones la
sola mención del objeto
es suficiente para
recrear realidades.
Algunas
figuras-signo frecuentan
su poesía de manera
continuada, como el
tambor, quien
manifiesta una presencia
sagrada al punto de que
“Dios es mudo hasta que
el tambor habla”, o
Ananse, espíritu
arácnido que “destella
en lo oscuro y atrapa
nuestros subterráneos
miedos”, a veces Ananse
misma toca las fibras
del tambor para hacer
surgir la lengua propia,
así: “se acuclilla en
las
puntas / de nuestro
lenguaje / negro zumbido
de enigmas / arrinconado
ojo de fantasmas,
antiguas historias /
teje redobles / de
tambor, plateadas
madejas / redes de
sonido por las aldeas”,
o la libertad, el
grillete, la muerte, el
huracán, el limbo, la
danza, los registros del
saxofón, el espacio
azul, “el mar por fin
reconocido”.
Junto a estas señas de
identidad, claramente
entroncadas con el
remoto pasado africano,
Brathwaite
evidencia un
rico bagaje de
referencias históricas,
artísticas y bíblicas de
origen europeo, que
convierte su obra
poética en una de las
muestras más acabadas
del sincretismo
cultural.
Particularmente notable
es la importancia que
cobra la música en su
estilo de escritura
poética, al punto de
imitar en ella un ritmo
irregular que recuerda
la improvisación
característica del
jazz o los sonidos
típicos de la música
folclórica africana, y
que funciona igualmente
como reflejo de este
espacio fracturado, de
este “fragmento-todo”,
apropiándome
ajustando el concepto de
Glissant, que es las
Antillas.
La traducción ha logrado
en gran medida
reproducir estos juegos
sonoros y espaciales
ajustándose fielmente a
la métrica original y al
contenido de los poemas.
La labor de los
traductores
Adriana González Mateos
y Christopher Winks
evidencia dominio de los
recursos retóricos y
gramaticales.
Sabemos que la poesía es
un lenguaje complejo
debido a su poder de
condensación. Si a esta
premisa añadimos la
concepción del nation-language
de Kamau Brathwaite
—que posibilita al poeta
la comprensión y
expresión de la realidad
cultural del Caribe,
pero que responde a una
estructura de lenguaje
otra donde perviven
voces ancestrales,
fuentes orales, que
transforman la sintaxis
para sugerir nuevos
significados—,
entenderemos la labor
titánica de los
traductores al
enfrentarse en ocasiones
a versos cuasi
intraducibles.
Kamau lleva una y otra
vez a la práctica
poética la teoría de que
“Fue en la lengua donde
quizá el amo aprisionó
más exitosamente al
esclavo, y fue en el (mal)uso
de esta donde quizá el
esclavo se rebeló más
efectivamente”, una idea
que elaboró a partir de
la lectura de ese ensayo
fundamental de George
Lamming que es Los
placeres del exilio.
El hecho de que esta
edición sea bilingüe
ayuda al lector a
introducirse a fondo en
el texto original,
disfrutando a la vez de
los aciertos de la
traducción.
Hasta el momento los
acercamientos más
importantes a la obra de
Brathwaite realizados en
Cuba han estado
asociados, directa o
indirectamente, a la
labor realizada por la
Casa de las Américas: me
refiero a la edición de
su poemario Black and
Blues, Premio Casa
1976 en la modalidad de
Literatura caribeña en
inglés y creole,
publicado
simultáneamente en dos
ediciones distintas: una
en el idioma
originariamente escrito
(inglés), y otra en una
traducción al
castellano; su libro de
ensayos Roots,
también Premio Casa en
1986; el estudio que
realiza el poeta y
ensayista Roberto
Fernández Retamar del
poema “Caliban”,
perteneciente al
poemario Islands,
de 1969, donde Retamar
aborda cuestiones
fundamentales que
contextualizan la obra
de Brathwaite, al
legitimar no solo la
asunción de la figura
del esclavo de
Shakespeare como sujeto
revolucionario, sino
también el papel de la
Revolución Cubana como
modelo de emancipación
política, económica y
cultural en la región; y
por último, la
presentación que realiza
el investigador Félix
Valdés García, en
ocasión del aniversario
80 de Kamau Brathwaite y
como parte del curso que
busca las insondables
texturas del Caribe, esa
vez dedicado a Caliban y
Barbados.
En cada uno de estos
abordajes, Bratwaite se
visualiza dejando las
mismas huellas de
Césaire, Fanon, Glissant,
George Lamming, Eric
Williams, Derek Walcott,
Keith Ellis y tantos
otros protagonistas de
esta recreación, queda
demostrado que sin
límites ya, de las islas
caribeñas.
De modo que solo resta
conminarlos a que
disfruten de este nuevo
regalo de la Casa el
cual, como apunta su
título, nos invita a
danzar en el tiempo para
juntos fundar un ritmo
mayor.
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