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Este 26 de enero —y
hasta igual día del mes
de febrero— estará
abierta al público en la
Casa natal de José
Martí, en la emblemática
Calle de Paula, hoy
Leonor Pérez, de La
Habana colonial, la
exposición El
misterio que nos
acompaña, del
artista de la plástica
Kamyl Bullaudy,
considerado por la
crítica especializada
uno de los creadores
nacionales que en estos
momentos trabaja con
mayor asiduidad,
recurrencia y
profundidad la figura
del Maestro.
La exposición se realiza
a propósito del
aniversario 159 del
natalicio del Héroe
Nacional cubano e
incluye ocho telas y
cinco esculturas.
También la muestra es
una manera de festejar
su 50 cumpleaños y esta
sería, igualmente, su
exposición personal
número 50.
Con estos antecedentes
conversamos en
entrevista exclusiva
para La Jiribilla.
“El misterio que nos
acompaña
está asentada en un
trabajo que estoy
desarrollando en los
últimos años y tiene que
ver con el recicle de
materiales. Con ellos
voy armando estas
estructuras con la
imagen y la forma
iconográfica de Martí,
pero, a veces, voy un
poco más allá. Por
ejemplo, en las obras
escultóricas no está la
figura expedita de
Martí, pero cuando te
enfrentas a ellas
encuentras —en lo más
íntimo— que es una obra
totalmente inspirada en
él.
¿Reciclar con una visión
martiana?
Son elementos que voy
reciclando de cualquier
parte de la ciudad
—sacados de la basura,
básicamente—, pero en el
caso específico de la
pieza que da título a la
exposición es a partir
de pedazos de
maquinarias de
industrias —ruedas
dentadas, piñones, etc.
—. Hay una pieza (“Martí
en tiempos modernos”)
que, creo, resultará muy
interesante; está
confeccionada con
engranes e incluye parte
de un motor de un
automóvil. Todas las
piezas están patinadas
con negro mate, de modo
que queda atrás el
anterior discurso de las
piezas oxidadas. Es otro
enfoque y otro
tratamiento que le estoy
dando al hierro.
Experimento.
Su forma de trabajar
continúa siendo la de ir
ensamblando las
esculturas sin
intervenir el soporte…
Exacto. Tal y como
llegan a mí estos
aparentes desechos los
voy ensamblando, es
decir, no los
intervengo, no les varío
su forma originaria.
Siento que es como armar
un gran rompecabezas y
creo que es un ejercicio
de composición
formidable porque te
tienes que entregar al
máximo para lograr un
discurso. Al final,
siento que cada pieza
encaja perfectamente en
el lugar: es algo
prodigioso, pero
requiere de mucho
trabajo.
Hábleme sobre el formato
de las esculturas…
Son de mediano formato
porque como pesan tanto
no es conveniente
hacerlas demasiado
grandes. Hay una
escultura que es para
colgar de la pared —que
está integrada por el
bigote y los ojos de
Martí, en hierro—. Esos
tres elementos de modo
muy minimalista dan la
iconografía del Maestro.
¿Y las telas?
Gran formato y mediano
formato. Desde que me
planteé esta exposición,
quise hacerla muy
matérica y las telas no
escapan de esto — ¡por
supuesto no tienen
hierro!—, pero sí otros
elementos muy matéricos
como sacos de yute,
telas pegadas y
superpuestas en las que
se ve el oficio de la
textura.
En una ocasión me
aseguró que a pesar de
emplear la figuración,
se consideraba un
abstracto, ¿cómo se da
en esta muestra tal
dicotomía?
Aquí también me realizo
como abstracto a la hora
de ir armando las telas
que las pienso como
esculturas, o sea, las
asumo a partir de la
tridimensión. En el
momento en que estoy
pegando todos estos
elementos y ando inmerso
en el proceso de
iniciación del cuadro,
es la parte mágica
porque después empiezas
a sufrir cuando al
cuadro le falta esto, o
aquel color no encaja o
la línea no complace o
me sobra este elemento….
Entonces uno se
desgarra. Por eso,
repito, en la fase
inicial es que siento
que funciono como un
abstracto, con total
libertad.
¿Cuál es el
hilo conductor
o tal vez
el antecedente
más directo
de El misterio que
nos acompaña?
En enero de 2011 hice en
la galería Carmen
Montilla una exposición
personal que se tituló
Paisaje cubano a
propósito del cumpleaños
de la emisora Habana
Radio, de la Oficina del
Historiador. En
Paisaje cubano
aposté por el Martí
raigalmente cubano, por
los símbolos patrios,
por la cubanía, por la
identidad, pero esta
muestra va mucho más
allá.
Con El misterio que
nos acompaña me
apego al Martí
universal, poético, por
esa fibra que se desase…
por eso en esta muestra
hay mujeres, como
estuvieron presentes en
la vida del Apóstol;
está el Martí cercano a
la naturaleza, el hombre
apegado al desarrollo, a
la industrialización, a
su interés permanente
por la ciencia y la
técnica en la época que
le tocó vivir. En una
visión hacia el Martí
más universal y
abarcador. Pero por
encima de todo, esta
exposición está
concebida a partir de la
más absoluta y pura
sinceridad. Amo a Martí.
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