|
La tengo a unos pasos.
Hoy cumple 80 y sigue
combatiendo. Acude a
esta como a cada
reunión. Su disciplina
es proverbial. No es
algo impuesto sino
consciente, es ya
naturaleza. Sabe que
cada espacio puede ser
útil si sirve. No tiene
cargo aquí ni falta que
le hace. Viene a
escuchar otros tonos
entre los tantos que
integra para dibujar en
la palma de la mano esta
Isla y el mundo. Llega
para vaciar su
prodigiosa memoria donde
cada historia guarda un
significado nítido, como
si el tiempo las hubiera
añejado en síntesis y en
sentido preciso.
Por extraño que parezca,
hoy es un día con un
costado odioso para
ella, en este país donde
todos cazamos, para
tener nuestro efímero
minuto, cualquier
celebración con bombos y
platillos, no importa
qué minucia. Ella
prefiere brindar, a
veces en soledad, en
ocasiones con una sola
frase, lo trascendente.
Sea un libro, un
verdadero éxito teatral,
un premio, el trabajo de
alguien, un positivo
estado de cosas en un
lugar de su interés.
En los múltiples
escenarios de sus
batallas conquista
adeptos. Sus artículos
se leen en todas partes,
y mucha gente valiosa,
preocupadas, con
“nombres” o sin ellos,
la citan como a una
maestra, lo que ES. Yo
soy testigo.
Más cerca ahora,
dialogamos menos. La
culpa es mía porque no
encuentro suficiente
tiempo entre mis deberes
para sentarme a
conversar con ella.
Tengo que lograrlo y no
perderme ese placer.
Aunque Graziella
Pogolotti va siempre
conmigo porque es un
horizonte y un meridiano
al mismo tiempo. |