Discurso del General
de Ejército Raúl
Castro Ruz, Primer
Secretario del
Comité Central del
Partido Comunista de
Cuba y Presidente de
los Consejos de
Estado y de
Ministros, en la
clausura de la
Primera Conferencia
Nacional del
Partido, en el
Palacio de
Convenciones, el 29
de enero de 2012,
“Año 54 de la
Revolución”.
(Versiones
Taquigráficas -
Consejo de Estado)
La Primera
Conferencia Nacional del
Partido que hoy concluye
sus sesiones ha estado
dedicada, en
correspondencia con la
convocatoria librada por
el 6to Congreso, a
evaluar con objetividad
y sentido crítico el
trabajo del Partido, así
como determinar con
voluntad renovadora las
transformaciones
necesarias para situarlo
a la altura que demandan
las actuales
circunstancias.
No olvidemos que solo el
Partido, como
institución que agrupa a
la vanguardia
revolucionaria y
garantía segura de la
unidad de los cubanos en
todos los tiempos, solo
el Partido, repito,
puede ser el digno
heredero de la confianza
depositada por el pueblo
en el único Comandante
en Jefe de la Revolución
Cubana , el compañero
Fidel Castro Ruz
(Aplausos).
No me detendré a exponer
los datos de los
participantes en el
proceso de discusión del
proyecto de Documento
Base ni las numerosas
modificaciones que
resultaron del mismo,
considerando el informe
presentado por el
Segundo Secretario del
Comité Central,
compañero José Ramón
Machado Ventura, en la
inauguración de este
evento, que como todos
conocen no comenzó ayer,
sino casi inmediatamente
después de la clausura
del Congreso del
Partido.
Tras la elaboración del
primer borrador del
Documento y su posterior
análisis en múltiples
reuniones del Buró
Político y del
Secretariado antes de la
discusión en las
organizaciones de base
del Partido y la Unión
de Jóvenes Comunistas (UJC),
durante los meses de
octubre y noviembre del
pasado año, sus
resultados fueron
analizados por el Tercer
Pleno del Comité
Central, celebrado el 21
de diciembre de 2011.
También en las primeras
semanas de este mes, a
nivel de provincia, se
realizó el estudio y
discusión por parte de
los delegados a la
Conferencia y otros
cuadros. En total se
elaboraron nueve
versiones del Documento.
A diferencia del
proyecto de Lineamientos
de la Política Económica
y Social del Partido y
la Revolución , cuyo
debate incluyó, en uno u
otro modo, a toda la
población, el Documento
Base de la Conferencia,
dado su alcance menos
abarcador y su enfoque
más dirigido al
funcionamiento interno
del Partido fue
analizado por toda la
militancia, si bien
nuestro pueblo conoció
íntegramente su
contenido a través de
los medios de prensa.
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Por otra parte, en el
proceso preparatorio de
la Conferencia fue
debatido el papel de los
militantes en interés
del perfeccionamiento de
las relaciones del
Partido con la UJC , la
Central de Trabajadores
de Cuba y demás
organizaciones de masas,
de manera que las mismas
incrementen, en las
actuales condiciones, su
protagonismo e
influencia en la
sociedad.
Como era de esperar,
desde la publicación del
Documento no han faltado
las críticas y
exhortaciones de
quienes, confundiendo
sus más íntimas
aspiraciones con la
realidad, se ilusionaron
con que la Conferencia
consagraría el inicio
del desmontaje del
sistema político y
social conquistado por
la Revolución , a lo
largo de más de medio
siglo, con el apoyo de
la mayoría de los
cubanos.
En este sentido, no fue
nada casual que el
primer objetivo del
mismo exprese: “El
Partido Comunista de
Cuba, fuerza dirigente
superior de la sociedad
y del Estado, es fruto
legítimo de la
Revolución , al propio
tiempo su vanguardia
organizada y quien
garantiza, junto al
pueblo, su continuidad
histórica”. Este
concepto, al que jamás
renunciaremos, se
encuentra en plena
correspondencia con el
artículo cinco de la
Constitución de la
República , aprobada en
referendo por el 97,7
por ciento de los
electores, mediante el
voto libre, directo y
secreto.
Nuestros adversarios y
hasta algunos que
simpatizan con nosotros,
abstrayéndose de la
historia de permanente
agresión, bloqueo
económico, injerencia y
el cerco mediático,
expresado en las
incesantes campañas de
la prensa supuestamente
libre, subordinada en su
mayoría a los intereses
imperiales
predominantes, todo lo
cual ha debido enfrentar
la Revolución Cubana ,
nos exigen, como si se
tratara de un país en
condiciones normales y
no una plaza sitiada, la
reinstauración del
modelo multipartidista
que existió en Cuba bajo
el dominio neocolonial
de los Estados Unidos.
Renunciar al principio
de un solo partido
equivaldría,
sencillamente, a
legalizar al partido o
los partidos del
imperialismo en suelo
patrio y sacrificar el
arma estratégica de la
unidad de los cubanos,
que ha hecho realidad
los sueños de
independencia y justicia
social por los que han
luchado tantas
generaciones de
patriotas, desde Hatuey
hasta Céspedes, Martí y
Fidel.
Con el fin de organizar
la lucha por la
independencia de Cuba y
Puerto Rico concibió
Martí la creación de un
solo partido político,
el Partido
Revolucionario Cubano,
según sus propias
palabras: “Para fomentar
la revolución de modo
que puedan entrar en
ella… todos los cubanos
de buena voluntad:…
Todos los que amen a
Cuba, o la respeten”.
Cuando ya la victoria
sobre España era
inminente, después de
treinta años de guerra,
se produjo la
intervención
norteamericana y una de
las primeras medidas fue
disolver ese partido, al
igual que el glorioso
Ejército Libertador,
para dar paso a lo que
vino después, el
multipartidismo de la
república burguesa y la
creación de un nuevo
ejército con su
represiva guardia rural
incluida, garantía del
dominio absoluto de
todas las riquezas de la
nación, de las que se
apropiaron en los cuatro
años de la primera
ocupación militar.
Ese fue el triste final
de los dos pilares de la
revolución
independentista, el
Partido y su Ejército
Libertador, resurgidos
exactamente al cabo de
60 años bajo la
conducción de Fidel,
inspirado en las
enseñanzas de Martí. No
permitiremos jamás que
esa historia se repita.
No es mi propósito, en
esta intervención, hacer
un recuento de la
evolución histórica del
término Democracia,
desde su
conceptualización en la
antigua Grecia, como el
“poder del pueblo”,
aunque la mayoría
esclava no contaba para
nada. Tampoco pretendo
filosofar sobre la
vigencia y utilidad de
la llamada democracia
representativa, que en
definitiva es harto
conocido que ha devenido
invariablemente en la
concentración del poder
político en la clase que
detenta la hegemonía
económica y financiera
de cada nación, donde
las mayorías tampoco
cuentan y cuando se
manifiestan, como sucede
en estos precisos
momentos en muchos
países, son brutalmente
reprimidas y silenciadas
con la complicidad de la
gran prensa a su
servicio, también
transnacionalizada.
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El mejor argumento es
el que nos ofrece la
democracia
norteamericana, la cual
se pretende imponer como
modelo a todo el mundo,
en la que se alternan el
poder los partidos
Demócrata y Republicano
defendiendo, sin mayores
diferencias, los
intereses del mismo gran
capital, al cual ambos
se subordinan.
Ahí están, por citar
unos pocos ejemplos, la
Base Naval de
Guantánamo, territorio
ocupado por Estados
Unidos ilegalmente,
contra la voluntad del
pueblo cubano y que así
ha permanecido por más
de 100 años, con
independencia del
partido en el poder en
ese país, que tanto
proclama la defensa de
los derechos humanos al
tiempo que, a pesar de
las promesas del actual
presidente, mantiene
allí, hace una década,
una prisión, donde en un
limbo legal en estos
momentos más de 170
ciudadanos extranjeros
son sometidos a torturas
y vejaciones.
El segundo ejemplo, la
invasión por Playa
Girón, concebida y
planificada por un
presidente republicano,
Eisenhower, y llevada a
cabo por el presidente
Kennedy, apenas tres
meses después de tomar
posesión, que era del
Partido Demócrata; y por
último, el bloqueo
económico, que ha
perdurado medio siglo,
sin importar si es
republicano o demócrata
quien ocupa la Casa
Blanca.
Sin el menor menosprecio
a ningún otro país por
tener sistemas
pluripartidistas y en
estricto apego al
principio del respeto a
la libre determinación y
la no injerencia en los
asuntos internos de
otros estados,
consagrado en la carta
de las Naciones Unidas,
en Cuba, partiendo de
sus experiencias en la
larga historia de luchas
por la independencia y
soberanía nacional,
defendemos el sistema
del partido único frente
al juego de la demagogia
y la mercantilización de
la política.
Si hemos escogido
soberanamente, con la
participación y respaldo
del pueblo, la opción
martiana del partido
único, lo que nos
corresponde es promover
la mayor democracia en
nuestra sociedad,
empezando por dar el
ejemplo dentro de las
filas del Partido, lo
que presupone fomentar
un clima de máxima
confianza y la creación
de las condiciones
requeridas en todos los
niveles para el más
amplio y sincero
intercambio de
opiniones, tanto en el
seno de la organización,
como en sus vínculos con
los trabajadores y la
población, favoreciendo
que las discrepancias
sean asumidas con
naturalidad y respeto,
incluyendo a los medios
de comunicación masiva,
mencionados varias veces
en los Objetivos
aprobados en esta
Conferencia, los que
deberán involucrarse con
responsabilidad y la más
estricta veracidad en
este empeño, no al
estilo burgués, lleno de
sensacionalismo y
mentiras, sino con
comprobada objetividad y
sin el secretismo
inútil.
A este fin es necesario
incentivar una mayor
profesionalidad entre
los trabajadores de la
prensa, tarea en la que
estamos seguros
contaremos con el apoyo
de la Unión de
Periodistas de Cuba (UPEC),
los medios de
comunicación y de los
organismos e
instituciones que deben
tributarles información
fidedigna y oportuna
para, entre todos, con
paciencia y unidad de
criterio, perfeccionar y
elevar continuamente la
efectividad de los
mensajes y la
orientación a los
compatriotas.
Al propio tiempo, la
conformación de una
sociedad más democrática
contribuirá también a
superar actitudes
simuladoras y
oportunistas surgidas,
al amparo de la falsa
unanimidad y el
formalismo en el
tratamiento de
diferentes situaciones
de la vida nacional.
Es preciso
acostumbrarnos todos a
decirnos las verdades de
frente, mirándonos a los
ojos, discrepar y
discutir, discrepar
incluso de lo que digan
los jefes, cuando
consideramos que nos
asiste la razón, como es
lógico, en el lugar
adecuado, en el momento
oportuno y de forma
correcta, o sea, en las
reuniones, no en los
pasillos. Hay que estar
dispuestos a buscarnos
problemas defendiendo
nuestras ideas y
enfrentando con firmeza
lo mal hecho.
Ya hemos dicho en otras
ocasiones y así también
se recogió en el Informe
Central al 6to Congreso,
que lo único que puede
conducir a la derrota de
la Revolución y el
Socialismo en Cuba,
sería nuestra
incapacidad para
erradicar los errores
cometidos en los más de
50 años transcurridos
desde el primero de
enero de 1959 y los
nuevos en que pudiéramos
incurrir en el futuro.
No ha existido ni
existirá una revolución
sin errores, porque son
obra de la actuación de
hombres y pueblos que no
son perfectos,
enfrentados además, por
primera vez, a nuevos y
descomunales retos. Por
eso creo que no hay que
avergonzarse de los
errores, lo grave y
bochornoso sería no
contar con el valor de
profundizar en ellos y
analizarlos para
extraerles las
enseñanzas a cada uno y
corregirlos a tiempo.
En este sentido, por su
permanente vigencia, es
oportuno recordar las
palabras del compañero
Fidel el 28 de
septiembre de 1986 al
clausurar el Tercer
Congreso de los CDR,
cuando señaló: “La lucha
contra las tendencias
negativas y la lucha
contra los errores
cometidos continuarán
indefectiblemente,
porque tenemos el deber
sagrado de perfeccionar
todo lo que hacemos,
perfeccionar la
Revolución, tenemos el
deber sagrado de no
estar satisfechos jamás,
ni siquiera cuando
creamos que estamos
haciendo las cosas bien
hechas, mucho menos
vamos a estar
satisfechos cuando
sabemos que no están
haciéndose todas las
cosas lo bien hechas que
tienen que hacerse”.
La generación que hizo
la Revolución ha tenido
el privilegio histórico,
pocas veces visto, de
poder conducir la
rectificación de los
errores cometidos por
ella misma, muestra
elocuente de que no
tuvieron una repercusión
estratégica, de lo
contrario, no estaríamos
hoy aquí. No pensamos, a
pesar de que ya no somos
tan jóvenes,
desaprovechar esta
última oportunidad.
Al referirme a este
asunto, me siento en el
deber de alertar, una
vez más, que no caigamos
en la ilusión de creer
que las decisiones
adoptadas en esta
Conferencia Nacional y
ni tan siquiera los
acuerdos de alcance
estratégico adoptados
por el 6to Congreso,
constituyen la solución
mágica a todos nuestros
problemas.
Para impedir que
nuevamente caigan en
saco roto las
instrucciones del
Partido, el Buró
Político decidió, al
igual que como se indicó
en su momento con
respecto a la marcha de
la actualización del
modelo económico y el
cumplimiento de los
planes anuales y el
presupuesto, que los
plenos del Comité
Central analicen dos
veces al año la
aplicación de los
Objetivos de trabajo del
Partido aprobados por
esta Conferencia. Del
mismo modo procederán
los comités provinciales
y municipales del
Partido, en la forma y
frecuencia que
establezca el Comité
Central.
La experiencia nos ha
enseñado que aquello que
no se controla con
efectividad, no se
cumple o se ejecuta
superficialmente.
Se impone trabajar y
perseverar con Orden,
Disciplina y Exigencia
por hacer realidad los
Lineamientos de la
Política Económica y
Social, igual que los
Objetivos aprobados en
este evento, dejar atrás
el lastre de la vieja
mentalidad y forjar con
intencionalidad
transformadora y mucha
sensibilidad política la
visión hacia el presente
y el futuro de la Patria
, sin abandonar, ni por
un instante, el legado
martiano y la doctrina
del marxismo leninismo
que constituyen el
principal fundamento
ideológico de nuestro
proceso revolucionario.
Para lograr el éxito en
este empeño es
imprescindible, como se
expresa en el objetivo
número 37, “fortalecer
la unidad nacional en
torno al Partido y la
Revolución, estrechar el
vínculo permanente con
las masas y consolidar
la convicción de
preservar la nación
cubana y las conquistas
económico-sociales,
sobre la base de que
Patria, Revolución y
Socialismo, están
fusionados
indisolublemente”.
Ahora bien, el meollo
del asunto no está en
haber formulado
adecuadamente ese
objetivo o cualquier
otro, sino en determinar
las vías y formas en que
lo llevamos a la
práctica, con la máxima
firmeza, de manera que
podamos evaluar con
integralidad cuánto y
cómo avanzamos, detectar
a tiempo las tendencias
negativas y ser capaces
de movilizar a la
militancia y al pueblo
en la consecución del
objetivo en cuestión.
Esto mismo es aplicable
a los enunciados
relacionados con la
Política de Cuadros,
área que como también
expresa el Informe
Central del 6to
Congreso, sufrió los
efectos de la
improvisación y la falta
de previsión y
sistematicidad, trayendo
como secuela que no
contemos todavía con una
reserva de sustitutos
experimentados y
maduros, con preparación
suficiente para asumir
las complejas funciones
de dirección en el
Partido, el Estado y el
Gobierno, tarea que por
razones obvias, como
todos comprenderán,
reviste una importancia
estratégica para la
Revolución y en la cual
trabajamos sin
precipitación, pero sin
pausa, en el
cumplimiento de los
acuerdos del Congreso.
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Aprovecho la ocasión
para ratificar que en la
medida en que avancemos
en la definición de
todos los ajustes que
será necesario
introducir a la
Constitución de la
República y al marco
legislativo
complementario, entre
otros asuntos,
implementaremos la
decisión de limitar a un
máximo de dos períodos
consecutivos de cinco
años, el desempeño de
los cargos políticos y
estatales principales.
Al respecto, considero
que una vez definidas y
acordadas las políticas
por las instancias
pertinentes podemos
iniciar su aplicación
paulatina sin esperar
por la reforma
constitucional, recurso
al que no debemos estar
acudiendo a cada rato, o
sea, ir a modificar algo
de la Constitución,
aunque sea por el propio
Parlamento, sin
necesidad de referendo.
Igualmente deberán
modificarse en ese
sentido los Estatutos y
otros documentos
rectores del Partido.
Al hablar de estos
temas, no puede dejar de
mencionarse la
importancia de asegurar
que la autoridad moral
del Partido, de sus
militantes y en especial
de los dirigentes, en
todos los niveles, se
fundamente en el ejemplo
personal, a partir de
demostradas cualidades
éticas, políticas e
ideológicas y el
permanente contacto con
las masas.
La Revolución de los
humildes, por los
humildes y para los
humildes, que tanta
sangre costó a nuestro
valeroso pueblo, dejaría
de existir sin
efectuarse un solo
disparo por el enemigo,
si su dirección llegara
algún día a caer en
manos de individuos
corruptos y cobardes.
Estos conceptos, que no
son nada nuevos, bien
vale la pena tenerlos
siempre presentes por el
daño real y potencial
que para el presente y
futuro de la nación
significa el fenómeno de
la corrupción.
En las últimas semanas
los diputados de la
Asamblea Nacional y
numerosos cuadros y
funcionarios de todo el
país, han recibido
copiosa información
acerca de algunos
procesos investigativos,
que en esta materia
desarrollan los órganos
especializados del
Ministerio del Interior,
en estrecha armonía con
la Fiscalía y la
Contraloría General de
la República. A su
debido tiempo, luego del
pronunciamiento de los
tribunales
correspondientes, toda
nuestra población
conocerá con amplitud
estos hechos.
No hace mucho, al
intervenir en la
clausura de las sesiones
del Parlamento el pasado
mes de diciembre, me
referí a la convicción
de que la corrupción es,
en la etapa actual, uno
de los principales
enemigos de la
Revolución, mucho más
perjudicial que el
multimillonario programa
subversivo e
injerencista del
gobierno de Estados
Unidos y sus aliados
dentro y fuera del país.
También dije que en lo
adelante no
permitiríamos que las
acciones de
enfrentamiento al delito
fueran efímeras, como
ciertamente nos ha
sucedido en otras
ocasiones.
Afortunadamente, sin el
menor ánimo de restarle
gravedad a este mal
bastante generalizado en
el planeta, considero
que nuestro país puede
ganarle la batalla a la
corrupción, primero
frenarla y luego
liquidarla sin
contemplaciones de
ningún tipo. Ya
advertimos que en el
marco de la ley seremos
implacables con el
fenómeno de la
corrupción.
Con frecuencia, varios
de los implicados en los
casos detectados
ostentaban la militancia
del Partido, demostrando
fehacientemente su doble
moral y el empleo de esa
condición para
agenciarse posiciones en
las estructuras de
dirección, violando de
manera flagrante los
deberes de un militante
comunista, establecidos
en los Estatutos.
Por ello, sin esperar a
la revisión que se
ejecuta en el marco de
la actualización de los
documentos rectores del
Partido, el Tercer Pleno
del Comité Central,
celebrado en diciembre
pasado, precisó que la
sanción a aplicar a
quienes participen en
hechos de corrupción no
puede ser otra que la
expulsión de las filas
del Partido, sin
menoscabo de la
responsabilidad
administrativa o penal
que corresponda, pues
hasta ahora, como
práctica, esta medida
-la de expulsión- era
excepcional y se
reservaba a casos de
traición a la Patria y
delitos graves.
No nos cabe la menor
duda de que la enorme
mayoría de los
ciudadanos y los cuadros
de dirección son
personas honestas, pero
sabemos que eso no es
suficiente, no basta con
ser honrados y
parecerlo, hay que
pelear y enfrentarse,
pasar de las palabras a
la acción.
Es cierto que el Partido
desde hace años venía
librando el combate
contra este flagelo; sin
embargo, este andaba por
un lado y el Gobierno
por otro. Para asegurar
el éxito es preciso que
el Partido asuma
definitivamente la
conducción del proceso,
lo cual no significa en
lo más mínimo que
suplantará las funciones
que a cada institución
le pertenecen.
El Partido, en primer
lugar, exigirá a todos
responsabilidades por el
cumplimiento de sus
obligaciones, sin
intervenir en la
administración, pero sí
llamar la atención,
alertar y luchar allí,
desde el núcleo, el
municipio, hurgar,
pensar y volver a pensar
en cómo movilizar al
conjunto de las fuerzas
en ese empeño. Cada vez
que hagamos eso, vamos a
comprobar que la
correlación de fuerzas
en todos los sentidos
nos favorece en este
empeño de derrotar la
corrupción. La
importancia hay que
dársela a la
organización y
constancia de esa lucha.
Además, esta no es
función exclusiva de los
militantes, es también
un deber de cada
ciudadano y ciudadana,
militante o no, que se
preocupe por su país.
Vale en este contexto
retomar, por su
actualidad, conceptos
definidos desde 1973,
hace casi 40 años, como
parte del proceso
preparatorio del Primer
Congreso.
El Partido debe estar en
capacidad de dirigir al
Estado y al Gobierno,
controlar su
funcionamiento y el
cumplimiento por ellos
de las orientaciones
trazadas, estimular,
impulsar, coadyuvar al
mejor trabajo de los
órganos de gobierno,
pero en ningún caso
sustituirlos. Los dirige
mediante el control, y
este término debe
entenderse en la
acepción de comprobar,
examinar y revisar,
nunca en el sentido de
intervenir o mandar.
Aunque no está en el
texto, está en el
pensamiento de todos, de
toda la masa de
militantes, que en el
Partido debe acabarse
definitivamente el
“mandonismo” su fuerza
es moral, no jurídica,
por eso hay que tener
moral para dirigir el
Partido y llevar a la
masa de militantes ese
espíritu, ¡es la fuerza
moral!
El Partido dirige
controlando que sus
directivas, junto a las
del Estado y el
Gobierno, se ejecuten
apropiadamente por
quienes corresponda.
La organización
partidista controla por
intermedio de sus
estructuras y de todos
sus militantes, de
arriba a abajo y
viceversa, lo cual no
niega el papel de
control que el Gobierno
realiza sobre la
actividad administrativa
a su cargo.
El control es
simultáneo, pero no
presupone
interferencias. En una
empresa de la producción
o los servicios, este se
ejerce por la
administración de la
entidad, por sus niveles
superiores y por
organismos estatales o
gubernamentales, según
competa, ya sea la
Contraloría , la
Fiscalía , los bancos,
las oficinas de la
administración
tributaria, etcétera.
Las organizaciones del
Partido en la base
llevan a cabo el control
mediante el accionar de
sus militantes, ya sean
simples trabajadores o
dirigentes, apremiando
con el ejemplo, del que
emana su autoridad, que
la administración se
atenga estrictamente al
cumplimiento de las
normativas jurídicas
vigentes, sin dejar de
trasmitir a los
organismos políticos
superiores la
información pertinente.
El Partido controla que
los planes económicos y
el presupuesto se
elaboren de manera
correcta y luego de
aprobados por el
Gobierno y el Parlamento
se cumplan con
rigurosidad.
Estos conceptos están
bien claros hace
bastante tiempo, desde
el Primer Congreso, pero
después nos olvidamos de
aquellas resoluciones,
de aquellos acuerdos, de
aquel magnífico congreso
y los engavetamos, y por
eso casi medio siglo
después tenemos que
estarles quitando el
polvo a los papeles de
lo que hicimos hace 40
años, porque nos
dedicamos a otras cosas,
por una razón o por
otra. Por eso defendemos
tanto la
institucionalidad y que
cada cual haga lo que le
corresponda, sin
interferir a los demás,
más bien apoyándonos.
Estos conceptos, además,
han sido actualizados,
por lo que se hace
imprescindible desde la
base, o sea, en el
propio núcleo del
Partido y el Comité de
Base de la Juventud ,
educar a los militantes
en esos principios y en
cómo se hace esa tarea:
cada uno en el marco
donde desenvuelve sus
actividades; cómo se
hace eso que hemos
orientado en los
diferentes congresos o
Conferencia, como en
este caso, o sea, educar
a los militantes en los
mismos para
incorporarlos a su
accionar diario. No hay
que hacerse filósofo,
¡no hay que hacerse
filósofo!
Eso es lo que les
debemos enseñar,
sencillo y poco a poco
irlos educando en las
reuniones
correspondientes, en
cursillos o en lo que
sea, que sepan cuál es
su función, cuál es su
papel; pero para
desempeñar ese papel hay
que tener moral en todos
los sentidos. Y les
decía que ese es, en mi
modesta opinión -y este
fue un tema bastante
discutido en algunas de
las comisiones ayer-, el
aspecto esencial del
llamado trabajo político
ideológico y no las
consignas vacías y las
frases prefabricadas.
|
 |
Antes de concluir
estas palabras considero
necesario denunciar, una
vez más, las brutales
campañas anticubanas
instigadas por el
gobierno de Estados
Unidos y algunos otros
tradicionalmente
comprometidos con la
subversión contra
nuestro país, con el
concurso de la gran
prensa occidental y la
colaboración de sus
asalariados dentro de la
isla en el propósito de
desacreditar a la
Revolución, justificar
la hostilidad y el
bloqueo contra la
población cubana y crear
una quinta columna que
facilite la aspiración
de privarnos de la
independencia y
soberanía nacional.
Como expresa el
editorial del periódico
Granma del pasado
lunes 23, los
hechos hablan más que
las palabras. Las
campañas anticubanas no
harán mella en la
Revolución ni en el
pueblo, que continuará
perfeccionando su
socialismo. Quedará
nuevamente demostrado
que la mentira, por
muchas veces que se
repita, no
necesariamente se
convierte en verdad,
porque “un principio
justo, desde el fondo de
una cueva, puede más que
un ejército”.
Compañeras y compañeros:
En menos de un año hemos
efectuado dos eventos
del Partido, esta
Primera Conferencia
Nacional y sobre todo el
6to Congreso, con
acuerdos trascendentales
para el presente y el
futuro de la Revolución
y el Socialismo en Cuba.
El rumbo ya ha sido
trazado, avancemos pues
con la misma decisión,
la firmeza ideológica,
el valor y la serenidad
demostrada en más de 13
años de injusta prisión
por nuestros Cinco
Héroes, por cuya
libertad nunca dejaremos
de luchar y a quienes
hacemos llegar el saludo
fraternal de los
comunistas y de todo el
pueblo cubano.
Muchas gracias
(Aplausos). |