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Cambio climático y desarrollo:
gran dilema de nuestros días
Ramón Pichs Madruga • La Habana
Ilustración: Zardoyas

La gravedad del cambio climático como reto socioeconómico y ambiental global resulta cada día más evidente. En consecuencia, se torna más urgente la necesidad de adoptar estrategias de respuesta ante este desafío, que consideren debidamente los criterios de equidad, desarrollo y sostenibilidad. Los estudios especializados más recientes sobre este tema revelan los elevados costos y las muy adversas implicaciones socioambientales que se derivarían de la “no acción” o lentitud de los tomadores de decisiones en este campo.

Cada vez está más clara la intención de los países desarrollados de solo aceptar compromisos de reducción de emisiones muy pequeños en relación con sus responsabilidades históricas (los EE.UU. no aceptan siquiera eso), y esto se combina con un interés creciente por involucrar a países subdesarrollados en dichos compromisos y por sobredimensionar el uso de los “mecanismos de flexibilidad” del Protocolo de Kioto para el cumplimiento de los compromisos.

En materia de mitigación del cambio climático, lejos de darse prioridad a las medidas, acciones y proyectos que reducen las emisiones en su fuente —por ejemplo, al fomento de la energía renovable—, se apuesta cada día más a otras opciones como la captura biológica —por ejemplo, en bosques—, el almacenamiento geológico de carbono y la geoingeniería. En lo relativo a la adaptación al cambio climático, los grandes emisores del área desarrollada tratan de silenciar o neutralizar las posiciones de los más vulnerables, como los pequeños estados insulares subdesarrollados.

Los próximos años serán clave tanto para la ciencia del cambio climático, como para las negociaciones. En el plano científico, se destaca el inicio del Quinto Informe de Evaluación (AR5) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), a partir de la conformación (en mayo de 2010) de los equipos de autores de los tres grupos de trabajo de esta institución.

En cuanto a las negociaciones multilaterales, después del fracaso de la Decimoquinta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 15) de Copenhague (Dinamarca, diciembre de 2009) y de los discretos resultados de la Decimosexta Conferencia (COP 16) celebrada en Cancún (México, diciembre de 2010), habría que seguir de cerca lo que sucederá en la Decimoséptima Conferencia de las Partes (COP 17) que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica, a finales de 2011), donde se dará continuidad a lo acordado en Cancún y se tratará de avanzar en la recomposición del quebrantado marco multilateral de las negociaciones.

Los movimientos sociales, por su parte, se han mantenido muy activos en la lucha frente al cambio climático y demandan acciones de respuesta justas y equitativas, lo que se puso de manifiesto durante la Conferencia de Copenhague con una presencia muy activa en las calles de la capital danesa —donde fueron duramente reprimidos— y en la sede de las negociaciones —donde se limitó significativamente su presencia por parte de los organizadores—. Fueron portadores de importantes mensajes acerca de la contribución de los patrones de producción y consumo capitalistas a la generación de este problema ambiental, la gravedad de sus implicaciones y la necesidad de acciones oportunas, efectivas y equitativas para enfrentar este reto global.

También resultó de gran trascendencia la celebración de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, en Cochabamba, Bolivia, del 19 al 22 de abril de 2010, convocada por el presidente boliviano Evo Morales. Entre los temas acordados en esa conferencia se destacan, además de la Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, la propuesta de un Referéndum Mundial de los Pueblos sobre el cambio climático y la creación de un Tribunal de Justicia Climática; todos de gran trascendencia en la agenda de los movimientos sociales en el contexto actual.

La ciencia del cambio climático

En el plano científico, se han difundido ampliamente nuevos estudios e investigaciones acerca de la ciencia del clima, los impactos del cambio climático en las distintas regiones y países, las brechas tecnológicas y financieras para hacer frente a estos retos, y los requerimientos en materia de adaptación y mitigación.

A continuación se relacionan algunas de las principales conclusiones del Cuarto Informe de Evaluación (AR4) del IPCC (2007), en lo referi­do a las bases científicas del cambio climático: 1

Las concentraciones atmosféricas globales de gases de efecto in­vernadero (GEI) como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O) se han incrementado de forma marcada, como resultado de las actividades humanas desde 1750 y exceden significativamente los niveles preindustriales.2

En el caso del CO2, que es el principal GEI, la concentración atmosférica global se ha incrementado desde un nivel preindustrial de alrededor de 280 partes por millón (ppm) hasta 379 ppm en 2005.

La tasa de crecimiento promedio anual de las concentraciones de CO2 durante los años 1995-2005 (1,9 ppm) fue mayor que durante todo el período del que se tienen registros sistemáticos, es decir, 1960-2005 (1,4 ppm).

La fuente fundamental del incremento de las concentraciones atmosféricas de CO2 desde el período preindustrial ha sido el uso de combustibles fósiles, con una contribución menor derivada del cambio en el uso de la Tierra. Las emisiones anuales de CO2 a partir de la utilización de combustibles fósiles se incrementaron de un promedio de 23,5 gigatoneladas3 en la década de los 90 hasta 26,4 gigatoneladas en 2004-2005. 

El efecto neto promedio de las actividades humanas a escala global, desde 1750, ha sido un calentamiento global estimado en 1,6 W/m2, con un nivel muy alto de certidumbre en estos cálculos.

El aporte combinado del aumento del CO2, el metano y el óxido nitroso al calentamiento global es de +2,3 W/m2, y su incre­mento durante la era industrial es muy probable que no haya tenido precedentes en más de diez mil años. En el caso del CO2, su contribución al calentamiento global aumentó en 20 % entre 1995 y 2005, la mayor tasa de crecimiento decenal en, al menos, los últimos 200 años.

El calentamiento del sistema climático es inequívoco, lo cual resulta evidente a partir del incremento promedio global observado en las temperaturas del aire y los océanos, el derretimiento generalizado de los hielos y el crecimiento medio global del nivel del mar.

Once de los 12 años del período 1995-2006 se ubican entre los 12 años más calurosos desde 1850, y en los cien años comprendidos entre 1906 y 2005 se registró un incremento de 0,74 ºC.

El océano ha estado absorbiendo más de 80 % del calor añadido al sistema climático, lo que genera una expansión de las aguas oceá­nicas, con la consecuente elevación del nivel del mar.

Entre los factores que han contribuido al incremento del nivel del mar se encuentran la disminución de los glaciares y las cubiertas de nieve en ambos hemisferios, así como el derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida (1993-2003). El incremento total del nivel del mar en el siglo XX se estima en 0,17 m, y es muy probable que la actividad humana haya contribuido a este incremento.

Se han observado numerosos cambios a largo plazo en el clima, en las escalas continental, regional y de cuencas oceánicas, entre los que pueden mencionarse cambios en las temperaturas y los hielos del Ártico, amplios cambios en la cantidad de precipitaciones, salinidad oceánica, patrones de los vientos y eventos extremos como las sequías, abundantes precipitaciones, olas de calor y la intensidad de los ciclones tropicales.

Las temperaturas promedio en el Ártico se incrementaron a una tasa que casi duplica la tasa promedio global en los pasados cien años.

En 1900-2005 se registró un aumento de las precipitaciones en el oriente de Norteamérica y Sudamérica, en el norte de Europa y en áreas septentrionales y centrales de Asia. La sequía afectó las zonas del Sahel, el Mediterráneo, el sur de África y Asia meridional.

Se han observado sequías más duraderas e intensas en amplias áreas desde 1970, particularmente en zonas tropicales y subtropicales.

Los días y noches frías, y las heladas se han tornado menos frecuentes, en tanto los días y noches calurosas, y las olas de calor son más frecuentes.

Existe evidencia, basada en observaciones, del incremento de la actividad ciclónica intensa en la zona norte del océano Atlántico desde alrededor de 1970, lo que se ha relacionado con el incremento de las temperaturas de la superficie oceánica en las áreas tropicales. En otras zonas, también se estima un incremento de la actividad ciclónica intensa, aunque en esos casos existe mayor preo­cupación en cuanto a la calidad de las bases de datos disponibles para el análisis. No existe una tendencia clara en relación con el núme­ro anual de ciclones tropicales.

La información paleoclimática4 apoya la interpretación de que el calentamiento de la última mitad del siglo XX es inusual en, al me­nos, los mil trescientos años anteriores.

Es muy probable que la mayor parte del incremento observado en las temperaturas promedio globales desde mediados del siglo XX se explique por el aumento experimentado en las concentraciones antropogénicas de GEI. Las influencias humanas discernibles se extienden, además, a otros aspectos del clima como el calentamiento oceánico, las temperaturas promedio continentales, las temperaturas extremas y los patrones de los vientos.

El calentamiento promedio global de la superficie asociado a una duplicación de las concentraciones de CO2 es probable que esté en el rango de 2 ºC a 4,5 ºC, con un mejor estimado de 3 ºC.

Para las próximas dos décadas se proyecta un calentamiento de alrededor de 0,2 ºC por década, para el conjunto de escenarios de emisiones considerados en este estudio. Aun cuando las concentraciones de todos los GEI y los aerosoles se mantuviesen constantes, respecto a los niveles del año 2000, se espera un calentamiento adicional de 0,1 ºC por década.

De continuar el crecimiento de las emisiones de GEI a las tasas actuales o superiores, esto ocasionaría un calentamiento adicional e induciría muchos cambios en el sistema climático global durante el siglo XXI, que muy probablemente serían mayores que en el siglo XX.

De mantenerse las tendencias actuales, el rango del incremento de la temperatura global para la última década del siglo XXI, según los escenarios evaluados por el Informe del IPCC, oscilaría entre 1,1 ºC5 y 6,4 ºC6 —con un rango de mejores estimados entre 1,8 ºC y 4 ºC— tomando como referencia el promedio de las últimas dos décadas del siglo XX.7

El rango del incremento del nivel del mar para la última década del siglo XXI, según los escenarios evaluados por el Informe del IPCC, oscilaría entre 0,18 m8 y 0,59 m,9 tomando como referencia el nivel promedio de las últimas dos décadas del siglo XX.10

El incremento de las concentraciones atmosféricas de CO2 conduce a un incremento de la acidificación de los océanos.

Las emisiones antropogénicas pasadas y futuras de CO2 continuarán contribuyendo al calentamiento global y a la elevación del ni­vel del mar por más de un milenio, debido a las escalas de tiempo requeridas para remover ese gas de la atmósfera.

A finales de octubre de 2009 fueron aprobados los temas a tratar en el Quinto Informe de Evaluación del IPCC. Este informe comenzó en 2010 y debe concluir en 2014.

El vínculo entre las estrategias de respuesta ante el cambio climático (adaptación y mitigación) y el desarrollo sostenible ocupa un espacio cada vez mayor en los debates académicos y políticos acerca del calentamiento global. Esta situación ha sido recogida en el proceso preparatorio del Quinto Informe de Evaluación del IPCC, donde se espera dedicar mayor atención a temas tan sensibles como la ética, la equidad, la evaluación de riesgos y el desarrollo sostenible, en su vínculo con la mitigación y la adaptación.

En medio de todo el ajetreo político en torno a la Conferencia de Copenhague, los sectores políticos más conservadores tanto en Norteamérica, como en el Reino Unido y en otros países desarrollados, junto a ciertos grupos de interés afines, que se oponen a las estrategias de respuesta ante el calentamiento global por razones económicas, orquestaron una gran campaña dirigida a desacreditar los resultados de la cien­cia del cambio climático.

Esta campaña busca obstaculizar, a toda costa, el logro de un acuerdo global efectivo para enfrentar el cambio climático y, consecuentemente, está dirigida ante todo a bloquear cualquier intento de la actual administración norteamericana por reducir las emisiones de GEI, aun cuando las propuestas resulten tímidas o simbólicas, en relación con los requerimientos identificados por la ciencia. Se parte de reconocer que si no hay una respuesta convincente al cambio climático por parte de los EE.UU., no podría avanzarse en un acuerdo global efectivo.

Respecto a la polémica interna sobre el cambio climático en los EE.UU., cabe recordar que el 7 de diciembre de 2009, la Agencia de Protección Ambiental de ese país (EPA, por sus siglas en inglés) anunció que, después de examinar las evidencias científicas, considera que los GEI constituyen una amenaza para la salud pública y el bienestar de las genera­ciones actuales y futuras.11 A partir de esta declaración, la EPA —con apoyo del poder ejecutivo— tendría luz verde para aplicar regulaciones a las emisiones de GEI en determinadas áreas de actividad económica y se sentarían las bases para acciones legislativas posteriores.

En consecuencia, la decisión de la EPA ha sido criticada con severidad por los sectores más conservadores de la oposición republicana, máxime teniendo en cuenta que aún está pendiente la discusión en el Senado acerca del compromiso temporal del país de reducir las emisiones de GEI en un 17 % para 2020, con relación a 2005, lo que cada vez cuenta con más escollos, a pesar de ser un objetivo extremadamente limitado e insuficiente.

Los trabajos del IPCC, en particular el Cuarto Informe de Evaluación, han sido el blanco principal de los ataques emprendidos contra la ciencia del cambio climático. Se ha tratado, a toda costa, de presentar los resultados del IPCC como trabajos plagados de errores y poco confiables para extraer conclusiones contundentes acerca de la contribución de la actividad humana al cambio climático.

A pesar de los esfuerzos por desacreditar los trabajos del IPCC, invalidar la ciencia del cambio climático e impedir acciones concretas en el contexto de las negociaciones multilaterales y dentro de los EE.UU., ha quedado claro que —aun considerando algunos errores detectados en los voluminosos trabajos del IPCC— las conclusiones básicas de este Panel científico siguen siendo válidas, en particular la conclusión de que “el calentamiento del sistema climático es inequívoco” y que “la mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente al aumento observado de las concentraciones de gases de efecto inverna­dero antropógenos”.12 (IPCC, 2007)

El IPCC es una institución intergubernamental e interdisciplinaria que involucra a más de 190 países. Según su mandato, el IPCC no realiza investigaciones, sino que concentra sus esfuerzos en la revisión y evaluación científica de la literatura especializada. Su misión es aportar resultados científicos que sean relevantes, pero sin realizar prescripciones en materia de políticas.

Durante el Cuarto Informe de Evaluación unos 450 expertos de 130 países participaron en este esfuerzo en calidad de autores principales, otros 800 fueron colaboradores y más de 2500 especialistas actuaron como revisores, con el aporte de más de 90 000 comentarios.

El IPCC asume el compromiso de un nuevo ciclo de trabajo (de unos cinco años) para elaborar su Quinto Informe de Evaluación, con la fortaleza que se deriva de su larga experiencia de trabajo con la comunidad científica internacional, su capacidad organizativa y mecanismos para la evaluación de la literatura especializada, la organización de reuniones de expertos y procesos de revisión, y la coordinación simultánea de diversos productos, 13 entre otras tareas.

Sin embargo, la actividad del IPCC, como institución científica intergubernamental, también enfren­ta grandes desafíos, derivados básicamente de su mandato y de la complejidad de su objeto de estudio.

Las negociaciones multilaterales y crisis global

En el plano de las negociaciones multilaterales, el fracaso de la COP 15 de Copenhague en 2009 reveló la falta de voluntad política de los países desarrollados para adoptar medidas efectivas de reducción de emisiones en correspondencia con sus responsabilidades históricas en ese tema. Los resultados lamentables de esta reunión también pusieron de manifiesto el marcado conflicto entre las posiciones de los países desarrollados, de un lado, y los subdesarrollados, del otro. Consecuentemente, se disiparon las posibilidades de alcanzar en un corto plazo un acuerdo justo y equitativo para hacer frente al cambio climático.

Los resultados de la COP 16 en Cancún, México, en diciembre de 2010, aun considerando las limitaciones e insuficiencias de las decisiones alcanzadas, han permitido mantener el proceso negociador dentro del con­exto de las Naciones Unidas, frente a las pretensiones de algunos círculos políticos y gobiernos de llevar ese proceso a espacios más cerrados y menos participativos. La próxima meta en este accidentado proceso sería la COP 17 de Durban, Sudáfrica, a finales de 2011.

El proceso negociador ha revelado la intención de los países desarrollados de solo aceptar compromisos de reducción de emisiones muy por debajo de los niveles que se corresponderían con sus responsabilidades históricas. Esto se combina con un interés creciente por involucrar a países subdesarrollados en dichos compromisos y por sobredimensionar el uso de fórmulas de mercado para el cumplimiento de los recortes de emisiones aceptados.

Según las estadísticas recientes, las emisiones de GEI de los países altamente desarrollados se incrementaron en 12,8 % entre 1990 y 2007, y en los EE.UU. el aumento fue de 15,8 % en ese período. El 55 % del incremento neto de emisiones registrado por los países industrializados en estos años correspondió a los EE.UU.14

En junio de 2009, la Cámara de Representantes de los EE.UU. aprobó por estrecho margen la American Clean Energy and Security Act (ACESA), en virtud de la cual ese país reduciría sus emisiones de GEI en 17 % para 2020, 42 % para 2030 y 83 % para 2050, todo en relación con 2005.

Además, la ACESA incluye una cláusula donde se aboga por imponer medidas arancelarias, después de 2020, a las importaciones proceden­tes de países que no cuenten con mecanismos para limitar sus emisiones de GEI. Se trata de una propuesta abiertamente proteccionista, según la cual el Gobierno de los EE.UU. se erigiría una vez más en juez universal, esta vez para dictaminar qué país contribuye o no a las estrategias de respuesta ante el cambio climático, según sus criterios.

La meta provisional de los EE.UU. de reducir las emisiones de GEI en 17 % para 2020, con relación a 2005, apenas representa una reducción de alrededor de 4-5 % con relación a 1990,15 y esto aún está pendiente de aprobación en el Senado, donde cuenta con múltiples obstáculos para llegar a convertirse en ley federal. La falta de un compro­miso de reducción de emisiones —serio y significativo— por parte de los EE.UU. constituye de hecho una de las grandes debilidades o carencias del proceso negociador en la actualidad, tratándose del país con mayores emisiones per cápita de CO2 del mundo.

Según datos publicados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2007), los EE.UU., con un 4,6 % de la población mundial, generan el 21 % de las emisiones de CO2, de manera que las emisiones per cápita ascienden a unas 20 toneladas métricas de CO2, es decir, una huella climática nueve veces mayor que la de un habi­tante medio del mundo subdesarrollado.

Buena parte del debate internacional acerca del cambio climático está relacionado con las medidas de adaptación y mitigación, como parte de las estrategias de respuesta. En este debate, sobre todo en lo relacionado con la mitigación del cambio climático, el sector energético ocupa un papel clave ya que se aboga por el desarrollo de las fuentes renovables de energía y de la eficiencia energética, entre otras opciones, para reducir las emisiones netas de GEI.

Los montos de financiamiento prometidos resultan insuficientes frente a las necesidades identificadas en los países subdesarrollados en cuanto a la adaptación y la mitigación del cambio climático, que han sido ubicadas en el rango de 300 000-600 000 millones anuales.16 Los 30 000 millones de dólares prometidos en el Acuerdo de Cancún (2010) para 2010-2012 contrastan con las sumas multibillonarias desembolsadas básicamente por los gobiernos de los países desarrollados para salvar a las institucio­nes bancarias afectadas por la crisis económica global desde 2008.

El compromiso para 2020 resulta aún más ambiguo, en tanto los paí­ses desarrollados apenas se comprometen a participar en un esfuerzo de movilización colectiva de unos 100 000 millones de dólares. Además, la participación final de los países desarrollados en ese esfuerzo colectivo ha quedado expresamente condicionada a que se adopten a escala global “acciones de mitigación significativas” (en otras palabras, que los países subdesarrollados, en particular los de mayor desarrollo relativo, también asuman compromisos sustanciales en cuanto a la limitación de las emisiones) y “bajo condiciones de transparencia” (es decir, con monitoreo y verificación internacionales).

Los fondos prometidos también palidecen ante otros flujos de recursos extraídos del mundo en desarrollo, como son los pagos por concepto de servicio de la deuda externa17 que ascendieron a 6,5 billones18 de dólares para el período 2001-2009 y a 1,1 billones de dólares en 2009.19 Tampoco queda claro cuáles serán las fuentes de los recursos prometidos, lo que pone en serias dudas la adicionalidad de los mismos con relación a los limitados flujos de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Otros temas que generan preocupación en el campo financiero son el peso que se concedería al sector privado y a los mecanismos de mercado en este proceso, y los arreglos institucionales para hacer efectivos estos flujos, máxime en un contexto como el actual, aún marcado por la crisis económica global, donde los flujos privados de capital hacia los países subdesarrollados han mostrado un marcado repliegue y muchas de las instituciones insignias de los mercados financieros globales se han desplomado o han dado claras evidencias de impotencia ante la severidad de la crisis. Los flujos de capital privado —inversiones extranjeras directas, inversiones en cartera y otros flujos privados— hacia países subdesarrollados pasa­ron de 697 000 millones de dólares en 2007 a 53 000 millones en 2009.20

El debate más reciente acerca del cambio climático y los esfuerzos globales para enfrentarlo han coincidido con el agravamiento de la si­tuación socioeconómica mundial debido al impacto de la crisis económica global, que desde el otoño de 2008 se ha dejado sentir con particular crudeza en sus múltiples dimensiones: financiera, comercial, energética, social, alimentaria y ambiental. El Producto Interno Bruto (PIB) global luego de crecer en 5,3 % en 2007, solo lo hizo en 2,8 % en 2008 y cayó en 0,6 % en 2009.21

Si bien el impacto de la crisis ha sido particularmente severo en las economías desarrolladas, que mostraron una caída productiva de 3,2 % en 2009, el conjunto de los países subdesarrollados ha registrado una marcada desaceleración económica (8,7 % en 2007, 6 % en 2008 y 2,5 % en 2009), con su secuela de desempleo, recorte de gastos sociales, contracción de los flujos de financiamiento y de inversiones, caída del co­mercio y creciente pobreza. La cantidad de hambrientos en el mundo superó los mil millones en 2009.

El análisis conjunto de los desafíos derivados de la crisis económica global y del cambio climático como reto socioeconómico y ambiental permite extraer algunas lecciones:

·      Se trata de retos globales que requieren soluciones multilaterales, que resulten equitativas.

        Se requiere una perspectiva histórica en el análisis.

·         Ambos son problemas generados, fundamentalmente, en el mundo desarrollado, pero los más afectados se ubican en el área subdesarrollada.

·         Los países subdesarrollados tienen un alto grado de vulnerabilidad ante el cambio climático (y otros retos ambientales), así como frente a las crisis económicas globales. En el presente confluyen ambos factores de riesgo y la capacidad de respuesta del Tercer Mundo es sumamente limitada.

·         Los gobiernos de países desarrollados han movilizado, con gran celeridad, cuantiosos recursos financieros para salvar a las institu­ciones del sistema bancario internacional, pero la respuesta no ha sido igual frente al cambio climático ni frente a otros retos socioeconómicos y ambientales del mundo actual.

·         Las acciones para enfrentar la crisis global y las dirigidas a responder ante el reto del cambio climático no son excluyentes. La práctica histórica ha demostrado que muchas de las acciones encaminadas a combatir el cambio climático y las medidas anticrisis pueden re­sultar complementarias y reforzarse mutuamente.

En sentido general, la crisis económica global ha profundizado la brecha socioeconómica entre los países desarrollados y los subdesarrollados, lo cual ha signado los debates y negociaciones sobre cambio climático. Los países más industrializados, con alrededor del 15 % de la población mundial, aportan aproximadamente las 2/3 partes de los ingresos por concepto de exportación, en tanto los países subdesarrollados, donde reside cerca del 78 % de la población, apenas aportan el 27 % de los ingresos de exportación. Mientras los países desarrollados de altos in­gresos muestran un Índice de Desarrollo Humano (IDH) —según el PNUD, 2007— de 0,95 (en escala de 0 a 1), en los países de África subsahariana este indicador no llega al 0,5.

En medio de este complejo contexto global, las negociaciones multilaterales sobre cambio climático han servido de foro para debatir acerca de los obstáculos que enfrentan los países del Tercer Mundo para acceder al desarrollo. La brecha tecnológica, las restricciones financieras y el impacto de la deuda externa, las barreras al comercio, los límites de la cooperación internacional, entre otros, son temas recurrentes de las discusiones y actúan como telón de fondo de las negociaciones.
 

Notas:

1- Versión basada en la selección e interpretación realizada por el autor, tomando como base IPCC-WG I: “Summary for Policy Makers”, en Climate Change 2007. The Physical Science Basis.
Contribución del Grupo de Trabajo I al Cuarto Informe de Evaluación del IPCC.

2- Los niveles preindustriales son los anteriores a la Revolución Industrial en Gran Bretaña, es decir, niveles anteriores a 1750.

3- una gigatonelada es igual a 109 toneladas. 1

4- Información que aportan ciertas fuentes como los restos fósiles, los anillos de los árboles y las muestras de hielo, entre otras.

5- Límite inferior del “escenario bajo” evaluado en este estudio del IPCC.

6- Límite superior del “escenario alto” evaluado en este estudio del IPCC.

7- Estas proyecciones están en correspondencia con las expuestas en el Informe anterior del IPCC (2001), aunque no son directamente comparables, debido a cambios en la metodología empleada. El Informe del IPCC de 2001 señalaba que para 1990-2100 el incremento de la temperatura global sería de entre 1,4 ºC y 5,8 ºC.

8- Límite inferior del “escenario bajo” evaluado en este estudio del IPCC.

9- Límite superior del “escenario alto” evaluado en este estudio del IPCC.

10- Estas proyecciones están en correspondencia con las expuestas en el Informe anterior del IPCC (2001), pero no son coincidentes debido a diferencias metodológicas entre ambos estudios en cuanto al tratamiento de las incertidumbres. El Informe del IPCC de 2001 señalaba que en el período 1990-2100 podría alcanzar entre 0,09 m y 0,88 m.

11- Ver el sitio web de la EPA: www.epa.gov/climatechange/endargerment.html.

12- Derivados de la actividad humana.

13- Además de los informes de evaluación integrados, el IPCC realiza informes especiales, documentos técnicos, documentos metodológicos, entre otros. Ver el sitio web: www.ipcc.ch.

14- CMNUCC: Datos de los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero correspondientes al período 1990-2007.

15- El compromiso (no ratificado) de los EE.UU. ante el Protocolo de Kioto es de una reducción de las emisiones de GEI de 7 % para 2008-2012, con relación a 1990.

16- Rango que se establece solo como referencia para el análisis, pues existen numerosos cálculos al respecto. Ver: María Athena Ballesteros: “Countdown to Copenhagen: Scaling Up Climate Change Finance”; W. Erdelen: The World of Science (October-December 2009); Rob Vos: World Economic and Social Survey 2009. Promoting Development Saving the Planet; y Pelayo Terry Cuervo (ed.): “Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”, en periódico Juventud Rebelde, Tabloide Especial, No. 1. El requerimiento de financiamiento para hacer frente al cambio climático para las próximas décadas es considerado como una “meta móvil”, que necesita además tener en cuenta las tendencias de la tasa de cambio de la moneda en que se exprese.

17- El monto de la deuda externa acumulada de los países subdesarrollados asciende a

unos 3 billones de dólares. Fondo Monetario Internacional (FMI): World Economic Outlook.

18- Billón: Usado como millón de millones en todo el texto. [N. de la E.].

19- FMI: Ob. cit.

20- Ibídem.

21- Ibídem.

 

Bibliografía:

Ballesteros, María Athena: “Countdown to Copenhagen: Scaling Up Climate Change Finance», World Resource Institute International Finan­cial Flows and Environment Project, Washington D. C., 4 de junio de 2009:

http://www.wri.org/stories/2009/06/countdown-copenha-gen-scaling-climate-change-finance.

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——: Datos de los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero corres­pondientes al período 1990-2007, Órgano Subsidiario de Ejecución 31º período de sesiones, Copenhague, 7 a 18 de diciembre de 2009. FCCC/SBI/2009/12, del 21 de octubre de 2009. Tomado del sitio web de la CMNUCC: www.unfccc.int.

——: Information provided by Annex I Parties relating to Appendix I of the Copenhagen Accord (quantified economy-wide emissions targets for 2020), 2010. Tomado del sitio web de la CMNUCC: www.unfccc.int.

——: Information provided by non-Annex I Parties relating to Appendix II of the Copenhagen Accord (nationally appropriate mitigation actions of develo-ping country Parties), 2010. Tomado del sitio web de la CMNUCC: www.unfccc.int.

——: Outcome of the work of the Ad Hoc Working Group on long term Coope-rative Action under the Convention. CP.16, Cancún, México, 2010d. Ver­sión preliminar no editada, tomada del sitio web de la CMNUCC: www.unfccc.int

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Erdelen, W.: The World of Science (October-December 2009), UNESCO, París, 1 de octubre de 2009: http://portal.unesco.org/science/en/v.php-URL_ID=7937&URL_DO=DO_PRINTPAGE&URL_ SECTION=201.html.

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.