La gravedad del
cambio climático
como reto
socioeconómico y
ambiental
global resulta cada
día más evidente. En
consecuencia, se
torna más urgente la
necesidad de adoptar
estrategias de
respuesta ante este
desafío,
que consideren
debidamente los
criterios de
equidad, desarrollo
y
sostenibilidad. Los
estudios
especializados más
recientes sobre este
tema
revelan los elevados
costos y las muy
adversas
implicaciones
socioambientales
que se derivarían de
la “no acción”
o lentitud de
los tomadores de
decisiones en este
campo.
Cada vez está más
clara la intención
de los países
desarrollados de
solo aceptar
compromisos de
reducción de
emisiones muy
pequeños en
relación con sus
responsabilidades
históricas (los
EE.UU. no
aceptan siquiera
eso), y esto se
combina con un
interés creciente
por
involucrar a países
subdesarrollados en
dichos compromisos y
por sobredimensionar
el uso de los
“mecanismos de
flexibilidad” del
Protocolo
de Kioto para el
cumplimiento de los
compromisos.
|
 |
En materia de
mitigación del
cambio climático,
lejos de darse
prioridad
a las medidas,
acciones y proyectos
que reducen las
emisiones en su
fuente —por ejemplo,
al fomento de la
energía renovable—,
se apuesta
cada día más a otras
opciones como la
captura biológica
—por ejemplo,
en bosques—, el
almacenamiento
geológico de carbono
y la geoingeniería.
En lo relativo a la
adaptación al cambio
climático, los
grandes
emisores del área
desarrollada tratan
de silenciar o
neutralizar las
posiciones
de los más
vulnerables, como
los pequeños estados
insulares
subdesarrollados.
Los próximos años
serán clave tanto
para la ciencia del
cambio climático,
como para las
negociaciones. En el
plano científico, se
destaca el inicio
del Quinto Informe
de Evaluación (AR5)
del Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre
Cambio Climático (IPCC,
por sus siglas
en inglés), a partir
de la conformación
(en mayo de 2010) de
los equipos
de autores de los
tres grupos de
trabajo de esta
institución.
En cuanto a las
negociaciones
multilaterales,
después del fracaso
de la
Decimoquinta
Conferencia de las
Partes de la
Convención Marco de
Naciones Unidas
sobre el Cambio
Climático (COP 15)
de Copenhague
(Dinamarca,
diciembre de 2009) y
de los discretos
resultados de la
Decimosexta
Conferencia (COP 16)
celebrada en Cancún
(México, diciembre
de 2010), habría que
seguir de cerca lo
que sucederá en la
Decimoséptima
Conferencia de las
Partes (COP 17) que
tendrá lugar en
Durban
(Sudáfrica, a
finales de 2011),
donde se dará
continuidad a lo
acordado en Cancún y
se tratará de
avanzar en la
recomposición del
quebrantado
marco multilateral
de las
negociaciones.
Los movimientos
sociales, por su
parte, se han
mantenido muy
activos
en la lucha frente
al cambio climático
y demandan acciones
de respuesta
justas y
equitativas, lo que
se puso de
manifiesto durante
la Conferencia
de Copenhague con
una presencia muy
activa en las calles
de la capital danesa
—donde fueron
duramente
reprimidos— y en la
sede de
las negociaciones
—donde se limitó
significativamente
su presencia por
parte de los
organizadores—.
Fueron portadores de
importantes mensajes
acerca de la
contribución de los
patrones de
producción y consumo
capitalistas a la
generación de este
problema ambiental,
la gravedad de sus
implicaciones y la
necesidad de
acciones oportunas,
efectivas y
equitativas para
enfrentar este reto
global.
También resultó de
gran trascendencia
la celebración de la
Conferencia Mundial
de los Pueblos sobre
Cambio Climático y
los Derechos de la
Madre Tierra, en
Cochabamba, Bolivia,
del 19 al 22 de
abril de 2010,
convocada por el
presidente boliviano
Evo Morales. Entre
los temas acordados
en esa conferencia
se destacan, además
de la Declaración
Universal de
Derechos de la Madre
Tierra, la propuesta
de un Referéndum
Mundial de los
Pueblos sobre el
cambio climático y
la creación de un
Tribunal de Justicia
Climática; todos de
gran trascendencia
en la agenda de los
movimientos sociales
en el contexto
actual.
La ciencia del
cambio climático
En el plano
científico, se han
difundido
ampliamente nuevos
estudios e
investigaciones
acerca de la ciencia
del clima, los
impactos del cambio
climático en las
distintas regiones y
países, las brechas
tecnológicas y
financieras para
hacer frente a estos
retos, y los
requerimientos en materia
de adaptación y
mitigación.
A continuación se
relacionan algunas
de las principales
conclusiones
del Cuarto Informe
de Evaluación (AR4)
del IPCC (2007), en
lo referido
a las bases
científicas del
cambio climático:
1
Las concentraciones
atmosféricas
globales de gases de
efecto invernadero
(GEI) como dióxido
de carbono (CO2),
metano (CH4)
y óxido nitroso (N2O)
se han incrementado
de forma marcada,
como
resultado de las
actividades humanas
desde 1750 y exceden
significativamente
los niveles
preindustriales.2
En el caso del CO2,
que es el principal
GEI, la
concentración
atmosférica global
se ha incrementado
desde un nivel
preindustrial
de alrededor de 280
partes por millón (ppm)
hasta 379 ppm en
2005.
La tasa de
crecimiento promedio
anual de las
concentraciones de
CO2
durante los años
1995-2005 (1,9 ppm)
fue mayor que
durante todo el
período del que se
tienen registros
sistemáticos, es
decir,
1960-2005 (1,4 ppm).
La fuente
fundamental del
incremento de las
concentraciones
atmosféricas de CO2
desde el período
preindustrial ha
sido el uso
de combustibles
fósiles, con una
contribución menor
derivada del cambio
en el uso de la
Tierra. Las
emisiones anuales de
CO2
a partir de la
utilización de
combustibles fósiles
se incrementaron
de un promedio de
23,5 gigatoneladas3
en la década de los
90 hasta 26,4
gigatoneladas en
2004-2005.
El efecto neto
promedio de las
actividades humanas
a escala global,
desde 1750, ha sido
un calentamiento
global estimado en
1,6 W/m2,
con un nivel muy
alto de certidumbre
en estos cálculos.
El aporte combinado
del aumento del CO2,
el metano y el óxido
nitroso al
calentamiento global
es de +2,3 W/m2,
y su incremento
durante la era
industrial es muy
probable que no haya
tenido
precedentes en más
de diez mil años. En
el caso del CO2,
su
contribución al
calentamiento global
aumentó en 20 %
entre 1995
y 2005, la mayor
tasa de crecimiento
decenal en, al
menos, los
últimos 200 años.
El calentamiento del
sistema climático es
inequívoco, lo cual
resulta
evidente a partir
del incremento
promedio global
observado en las
temperaturas del
aire y los océanos,
el derretimiento
generalizado de los
hielos y el
crecimiento medio
global del nivel del
mar.
Once de los 12 años
del período
1995-2006 se ubican
entre los
12 años más
calurosos desde
1850, y en los cien
años comprendidos
entre 1906 y 2005 se
registró un
incremento de 0,74
ºC.
El océano ha estado
absorbiendo más de
80 % del calor
añadido al sistema
climático, lo que
genera una expansión
de las aguas oceánicas,
con la consecuente
elevación del nivel
del mar.
Entre los factores
que han contribuido
al incremento del
nivel del mar
se encuentran la
disminución de los
glaciares y las
cubiertas de
nieve en ambos
hemisferios, así
como el
derretimiento de las
capas
de hielo de
Groenlandia y la
Antártida
(1993-2003). El
incremento
total del nivel del
mar en el siglo XX
se estima en 0,17 m,
y es muy probable
que la actividad
humana haya
contribuido a este
incremento.
Se han observado
numerosos cambios a
largo plazo en el
clima, en
las escalas
continental,
regional y de
cuencas oceánicas,
entre los que pueden
mencionarse cambios
en las temperaturas
y los hielos
del Ártico, amplios
cambios en la
cantidad de
precipitaciones,
salinidad
oceánica, patrones
de los vientos y
eventos extremos
como
las sequías,
abundantes
precipitaciones,
olas de calor y la
intensidad
de los ciclones
tropicales.
Las temperaturas
promedio en el
Ártico se
incrementaron a una
tasa
que casi duplica la
tasa promedio global
en los pasados cien
años.
En 1900-2005 se
registró un aumento
de las
precipitaciones en
el oriente de
Norteamérica y
Sudamérica, en el
norte de Europa y en
áreas
septentrionales y
centrales de Asia.
La sequía afectó las
zonas
del Sahel, el
Mediterráneo, el sur
de África y Asia
meridional.
Se han observado
sequías más
duraderas e intensas
en amplias áreas
desde 1970,
particularmente en
zonas tropicales y
subtropicales.
Los días y noches
frías, y las heladas
se han tornado menos
frecuentes,
en tanto los días y
noches calurosas, y
las olas de calor
son
más frecuentes.
Existe evidencia,
basada en
observaciones, del
incremento de la
actividad ciclónica
intensa en la zona
norte del océano
Atlántico
desde alrededor de
1970, lo que se ha
relacionado con el
incremento
de las temperaturas
de la superficie
oceánica en las
áreas tropicales.
En otras zonas,
también se estima un
incremento de la
actividad ciclónica
intensa, aunque en
esos casos existe
mayor preocupación
en cuanto a la
calidad de las bases
de datos disponibles
para el análisis. No
existe una tendencia
clara en relación
con el número
anual de ciclones
tropicales.
La información
paleoclimática4
apoya la
interpretación de
que el
calentamiento de la
última mitad del
siglo XX es inusual
en, al menos,
los mil trescientos
años anteriores.
Es muy probable que
la mayor parte del
incremento observado
en las temperaturas
promedio globales
desde mediados del
siglo XX
se explique por el
aumento
experimentado en las
concentraciones
antropogénicas de
GEI. Las influencias
humanas discernibles
se extienden,
además, a otros
aspectos del clima
como el calentamiento
oceánico, las
temperaturas
promedio
continentales, las
temperaturas
extremas y los
patrones de los
vientos.
El calentamiento
promedio global de
la superficie
asociado a una
duplicación de las
concentraciones de
CO2 es
probable que esté en
el rango de 2 ºC a
4,5 ºC, con un mejor
estimado de 3 ºC.
Para las próximas
dos décadas se
proyecta un
calentamiento de
alrededor de 0,2 ºC
por década, para el
conjunto de
escenarios de
emisiones
considerados en este
estudio. Aun cuando
las concentraciones
de todos los GEI y
los aerosoles se
mantuviesen
constantes, respecto
a los niveles del
año 2000, se espera
un calentamiento
adicional de 0,1 ºC
por década.
De continuar el
crecimiento de las
emisiones de GEI a
las tasas
actuales o
superiores, esto
ocasionaría un
calentamiento
adicional
e induciría muchos
cambios en el
sistema climático
global durante el
siglo XXI, que muy
probablemente serían
mayores que en el
siglo XX.
De mantenerse las
tendencias actuales,
el rango del
incremento de la
temperatura global
para la última
década del siglo XXI,
según los escenarios
evaluados por el
Informe del IPCC,
oscilaría
entre 1,1 ºC5
y 6,4 ºC6
—con un rango de
mejores estimados
entre 1,8 ºC y 4 ºC—
tomando como
referencia el
promedio de las
últimas dos
décadas del siglo
XX.7
El rango del
incremento del nivel
del mar para la
última década del
siglo XXI, según los
escenarios evaluados
por el Informe del
IPCC,
oscilaría entre 0,18
m8
y 0,59 m,9
tomando como
referencia el nivel
promedio de las
últimas dos décadas
del siglo XX.10
El incremento de las
concentraciones
atmosféricas de CO2
conduce
a un incremento de
la acidificación de
los océanos.
Las emisiones
antropogénicas
pasadas y futuras de
CO2
continuarán
contribuyendo al
calentamiento global
y a la elevación del
nivel del mar por
más de un milenio,
debido a las escalas
de tiempo
requeridas para
remover ese gas de
la atmósfera.
A finales de octubre
de 2009 fueron
aprobados los temas
a tratar en el
Quinto Informe de
Evaluación del IPCC.
Este informe comenzó
en 2010 y
debe concluir en
2014.
El vínculo entre las
estrategias de
respuesta ante el
cambio climático
(adaptación y
mitigación) y el
desarrollo
sostenible ocupa un
espacio
cada vez mayor en
los debates
académicos y
políticos acerca del
calentamiento
global. Esta
situación ha sido
recogida en el
proceso preparatorio
del Quinto Informe
de Evaluación del
IPCC, donde se
espera
dedicar mayor
atención a temas tan
sensibles como la
ética, la equidad,
la evaluación de
riesgos y el
desarrollo
sostenible, en su
vínculo con la
mitigación y
la adaptación.
En medio de todo el
ajetreo político en
torno a la
Conferencia de
Copenhague, los
sectores políticos
más conservadores
tanto en Norteamérica,
como en el Reino
Unido y en otros
países
desarrollados, junto
a ciertos grupos de
interés afines, que
se oponen a las
estrategias de
respuesta ante el
calentamiento global
por razones
económicas, orquestaron
una gran campaña
dirigida a
desacreditar los
resultados de la
ciencia
del cambio
climático.
Esta campaña busca
obstaculizar, a toda
costa, el logro de
un acuerdo global
efectivo para
enfrentar el cambio
climático y,
consecuentemente,
está dirigida ante
todo a bloquear
cualquier intento de
la actual
administración
norteamericana por
reducir las
emisiones de GEI,
aun
cuando las
propuestas resulten
tímidas o
simbólicas, en
relación con los
requerimientos
identificados por la
ciencia. Se parte de
reconocer que si
no hay una respuesta
convincente al
cambio climático por
parte de los
EE.UU., no podría
avanzarse en un
acuerdo global
efectivo.
Respecto a la
polémica interna
sobre el cambio
climático en los
EE.UU., cabe
recordar que el 7 de
diciembre de 2009,
la Agencia de
Protección Ambiental
de ese país (EPA,
por sus siglas en
inglés) anunció que,
después de examinar
las evidencias
científicas,
considera que los
GEI
constituyen una
amenaza para la
salud pública y el
bienestar de las
generaciones
actuales y futuras.11
A partir de esta
declaración, la EPA
—con apoyo
del poder ejecutivo—
tendría luz verde
para aplicar
regulaciones a
las emisiones de GEI
en determinadas
áreas de actividad
económica y
se sentarían las
bases para acciones
legislativas
posteriores.
En consecuencia, la
decisión de la EPA
ha sido criticada
con severidad
por los sectores más
conservadores de la
oposición
republicana,
máxime teniendo en
cuenta que aún está
pendiente la
discusión en el
Senado acerca del
compromiso temporal
del país de reducir
las emisiones de GEI
en un 17 % para
2020, con relación a
2005, lo que cada
vez
cuenta con más
escollos, a pesar de
ser un objetivo
extremadamente
limitado e
insuficiente.
Los trabajos del
IPCC, en particular
el Cuarto Informe de
Evaluación,
han sido el blanco
principal de los
ataques emprendidos
contra la
ciencia del cambio
climático. Se ha
tratado, a toda
costa, de presentar
los resultados del
IPCC como trabajos
plagados de errores
y poco confiables
para extraer
conclusiones
contundentes acerca
de la contribución
de la actividad
humana al cambio
climático.
A pesar de los
esfuerzos por
desacreditar los
trabajos del IPCC,
invalidar
la ciencia del
cambio climático e
impedir acciones
concretas en el
contexto de las
negociaciones
multilaterales y
dentro de los EE.UU.,
ha quedado claro que
—aun considerando
algunos errores detectados
en los voluminosos
trabajos del IPCC—
las conclusiones
básicas
de este Panel
científico siguen
siendo válidas, en
particular la conclusión
de que “el
calentamiento del
sistema climático es
inequívoco” y que
“la mayor parte del
aumento observado
del promedio mundial
de
temperatura desde
mediados del siglo
XX se debe muy
probablemente al
aumento observado de
las concentraciones
de gases de efecto
invernadero
antropógenos”.12
(IPCC, 2007)
El IPCC es una
institución
intergubernamental e
interdisciplinaria
que involucra a más
de 190 países. Según
su mandato, el IPCC
no realiza
investigaciones,
sino que concentra
sus esfuerzos en la
revisión y
evaluación
científica de la
literatura
especializada. Su
misión es aportar
resultados
científicos que sean
relevantes, pero sin
realizar prescripciones
en materia de
políticas.
Durante el Cuarto
Informe de
Evaluación unos 450
expertos de 130 países
participaron en este
esfuerzo en calidad
de autores
principales, otros
800
fueron colaboradores
y más de 2500
especialistas
actuaron como revisores,
con el aporte de más
de 90 000
comentarios.
El IPCC asume el
compromiso de un
nuevo ciclo de
trabajo (de unos
cinco años) para
elaborar su Quinto
Informe de
Evaluación, con la
fortaleza
que se deriva de su
larga experiencia de
trabajo con la
comunidad
científica
internacional, su
capacidad
organizativa y
mecanismos para
la evaluación de la
literatura
especializada, la
organización de
reuniones
de expertos y
procesos de
revisión, y la
coordinación
simultánea de
diversos productos,
13
entre otras tareas.
Sin embargo, la
actividad del
IPCC, como
institución
científica
intergubernamental,
también enfrenta
grandes desafíos,
derivados
básicamente de su
mandato y de la complejidad
de su objeto de
estudio.
Las negociaciones
multilaterales y
crisis global
En el plano de las
negociaciones
multilaterales, el
fracaso de la COP 15
de
Copenhague en 2009
reveló la falta de
voluntad política de
los países
desarrollados para
adoptar medidas
efectivas de
reducción de
emisiones en
correspondencia con
sus
responsabilidades
históricas en ese
tema. Los
resultados
lamentables de esta
reunión también
pusieron de
manifiesto
el marcado conflicto
entre las posiciones
de los países
desarrollados, de
un lado, y los
subdesarrollados,
del otro.
Consecuentemente, se
disiparon las
posibilidades de
alcanzar en un corto
plazo un acuerdo
justo y
equitativo para
hacer frente al
cambio climático.
Los resultados de la
COP 16 en Cancún,
México, en diciembre
de 2010,
aun considerando las
limitaciones e
insuficiencias de
las decisiones
alcanzadas,
han permitido
mantener el proceso
negociador dentro
del conexto
de las Naciones
Unidas, frente a las
pretensiones de
algunos círculos
políticos y
gobiernos de llevar
ese proceso a
espacios más
cerrados y menos
participativos. La
próxima meta en este
accidentado proceso
sería
la COP 17 de Durban,
Sudáfrica, a finales
de 2011.
El proceso
negociador ha
revelado la
intención de los
países desarrollados
de solo aceptar
compromisos de
reducción de
emisiones muy por
debajo de los
niveles que se
corresponderían con
sus
responsabilidades
históricas. Esto se
combina con un
interés creciente
por involucrar a
países
subdesarrollados en
dichos compromisos y
por sobredimensionar
el uso de fórmulas
de mercado para el
cumplimiento de los
recortes de
emisiones aceptados.
Según las
estadísticas
recientes, las
emisiones de GEI de
los países
altamente
desarrollados se
incrementaron en
12,8 % entre 1990 y
2007,
y en los EE.UU. el
aumento fue de 15,8
% en ese período. El
55 %
del incremento neto
de emisiones
registrado por los
países
industrializados en
estos años
correspondió a los
EE.UU.14
En junio de 2009, la
Cámara de
Representantes de
los EE.UU.
aprobó por estrecho
margen la American
Clean Energy and
Security Act
(ACESA), en
virtud de la cual
ese país reduciría
sus emisiones de GEI
en 17 % para 2020,
42 % para 2030 y 83
% para 2050, todo en
relación
con 2005.
Además, la ACESA
incluye una cláusula
donde se aboga por
imponer
medidas
arancelarias,
después de 2020, a
las importaciones
procedentes de
países que no
cuenten con
mecanismos para
limitar sus emisiones
de GEI. Se trata de
una propuesta
abiertamente
proteccionista,
según
la cual el Gobierno
de los EE.UU. se
erigiría una vez más
en
juez universal, esta
vez para dictaminar
qué país contribuye
o no a las
estrategias de
respuesta ante el
cambio climático,
según sus criterios.
La meta provisional
de los EE.UU. de
reducir las
emisiones de GEI en
17 % para 2020, con
relación a 2005,
apenas representa
una
reducción de
alrededor de 4-5 %
con relación a 1990,15
y esto aún está
pendiente de
aprobación en el
Senado, donde cuenta
con múltiples
obstáculos para
llegar a convertirse
en ley federal. La
falta de un compromiso
de reducción de
emisiones —serio y
significativo— por
parte de los EE.UU.
constituye de hecho
una de las grandes
debilidades
o carencias del
proceso negociador
en la actualidad,
tratándose del país
con mayores
emisiones per cápita
de CO2
del mundo.
Según datos
publicados por el
Programa de las
Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD,
2007), los EE.UU.,
con un 4,6 % de la
población mundial,
generan el 21 % de
las emisiones de CO2,
de manera
que las emisiones
per cápita ascienden
a unas 20 toneladas
métricas de
CO2, es
decir, una huella
climática nueve
veces mayor que la
de un habitante
medio del mundo
subdesarrollado.
Buena parte del
debate internacional
acerca del cambio
climático está
relacionado con las
medidas de
adaptación y
mitigación, como
parte de
las estrategias de
respuesta. En este
debate, sobre todo
en lo relacionado
con la mitigación
del cambio
climático, el sector
energético ocupa
un papel clave ya
que se aboga por el
desarrollo de las
fuentes renovables
de energía y de la
eficiencia
energética, entre
otras opciones, para
reducir las
emisiones netas de
GEI.
Los montos de
financiamiento
prometidos resultan
insuficientes frente
a las necesidades
identificadas en los
países
subdesarrollados en
cuanto a la
adaptación y la
mitigación del
cambio climático,
que han sido
ubicadas
en el rango de 300
000-600 000 millones
anuales.16
Los 30 000 millones
de dólares
prometidos en el
Acuerdo de Cancún
(2010) para
2010-2012
contrastan con las
sumas
multibillonarias
desembolsadas
básicamente
por los gobiernos de
los países
desarrollados para
salvar a las
instituciones
bancarias afectadas
por la crisis
económica global
desde 2008.
El compromiso para
2020 resulta aún más
ambiguo, en tanto
los países
desarrollados apenas
se comprometen a
participar en un
esfuerzo de
movilización
colectiva de unos
100 000 millones de
dólares. Además,
la participación
final de los países
desarrollados en ese
esfuerzo colectivo
ha quedado
expresamente
condicionada a que
se adopten a escala
global “acciones de
mitigación
significativas” (en
otras palabras, que
los
países
subdesarrollados, en
particular los de
mayor desarrollo
relativo, también
asuman compromisos
sustanciales en
cuanto a la
limitación de
las emisiones) y
“bajo condiciones de
transparencia” (es
decir, con monitoreo
y verificación
internacionales).
Los fondos
prometidos también
palidecen ante otros
flujos de recursos
extraídos del mundo
en desarrollo, como
son los pagos por
concepto
de servicio de la
deuda externa17
que ascendieron a
6,5 billones18
de dólares para el
período 2001-2009 y
a 1,1 billones de
dólares en 2009.19
Tampoco queda claro
cuáles serán las
fuentes de los
recursos prometidos,
lo que pone en
serias dudas la
adicionalidad de los
mismos con
relación a los
limitados flujos de
la Ayuda Oficial al
Desarrollo.
Otros temas que
generan preocupación
en el campo
financiero son el
peso que se
concedería al sector
privado y a los
mecanismos de
mercado en
este proceso, y los
arreglos
institucionales para
hacer efectivos
estos flujos, máxime
en un contexto como
el actual, aún
marcado por la
crisis económica
global, donde los
flujos privados de
capital hacia los
países subdesarrollados
han mostrado un
marcado repliegue y
muchas de las
instituciones
insignias de los
mercados financieros
globales se han
desplomado o han
dado claras
evidencias de
impotencia ante la
severidad de la
crisis. Los flujos
de capital privado
—inversiones
extranjeras
directas,
inversiones en
cartera y otros
flujos privados—
hacia países
subdesarrollados
pasaron
de 697 000 millones
de dólares en 2007 a
53 000 millones en
2009.20
El debate más
reciente acerca del
cambio climático y
los esfuerzos
globales para
enfrentarlo han
coincidido con el
agravamiento de la
situación
socioeconómica
mundial debido al
impacto de la crisis
económica
global, que desde el
otoño de 2008 se ha
dejado sentir con
particular
crudeza en sus
múltiples
dimensiones:
financiera,
comercial, energética,
social, alimentaria
y ambiental. El
Producto Interno
Bruto (PIB)
global luego de
crecer en 5,3 % en
2007, solo lo hizo
en 2,8 % en 2008
y cayó en 0,6
% en 2009.21
Si bien el impacto
de la crisis ha sido
particularmente
severo en las
economías
desarrolladas, que
mostraron una caída
productiva de 3,2 %
en 2009, el conjunto
de los países
subdesarrollados ha
registrado una
marcada
desaceleración
económica (8,7 % en
2007, 6 % en 2008 y
2,5 % en 2009), con
su secuela de
desempleo, recorte
de gastos sociales,
contracción de los
flujos de
financiamiento y de
inversiones, caída
del comercio y
creciente pobreza.
La cantidad de
hambrientos en el
mundo superó los mil
millones en 2009.
El análisis conjunto
de los desafíos
derivados de la
crisis económica
global y del cambio
climático como reto
socioeconómico y
ambiental permite
extraer algunas
lecciones:
· Se trata de retos
globales que
requieren soluciones
multilaterales, que
resulten
equitativas.
•
Se requiere una
perspectiva
histórica en el
análisis.
·
Ambos son problemas
generados,
fundamentalmente, en
el mundo
desarrollado, pero
los más afectados se
ubican en el área
subdesarrollada.
·
Los países
subdesarrollados
tienen un alto grado
de vulnerabilidad
ante el cambio
climático (y otros
retos ambientales),
así como frente a
las crisis
económicas globales.
En el presente
confluyen ambos
factores de riesgo y
la capacidad de
respuesta del Tercer
Mundo es sumamente
limitada.
·
Los gobiernos de
países desarrollados
han movilizado, con
gran celeridad,
cuantiosos recursos
financieros para
salvar a las
instituciones del
sistema bancario
internacional, pero
la respuesta no ha
sido igual frente al
cambio climático ni
frente a otros retos
socioeconómicos y
ambientales del
mundo actual.
·
Las acciones para
enfrentar la crisis
global y las
dirigidas a
responder ante el
reto del cambio
climático no son
excluyentes. La
práctica histórica
ha demostrado que
muchas de las
acciones encaminadas
a combatir el cambio
climático y las
medidas anticrisis
pueden resultar
complementarias y
reforzarse
mutuamente.
En sentido general,
la crisis económica
global ha
profundizado la
brecha
socioeconómica entre
los países
desarrollados y los
subdesarrollados, lo
cual ha signado los
debates y
negociaciones sobre
cambio climático.
Los países más
industrializados,
con alrededor del 15
% de la población
mundial, aportan
aproximadamente las
2/3
partes de los
ingresos por
concepto de
exportación, en
tanto los países
subdesarrollados,
donde
reside cerca del 78
% de la población,
apenas aportan el 27
% de los
ingresos de
exportación.
Mientras los países
desarrollados de
altos ingresos
muestran un Índice
de Desarrollo Humano
(IDH)
—según el
PNUD, 2007—
de 0,95 (en escala
de 0 a 1), en los
países de África
subsahariana este
indicador no llega
al 0,5.
En medio de este
complejo contexto
global, las
negociaciones multilaterales
sobre cambio
climático han
servido de foro para
debatir acerca
de los obstáculos
que enfrentan los
países del Tercer
Mundo para acceder
al desarrollo. La
brecha tecnológica,
las restricciones
financieras y el
impacto de la deuda
externa, las
barreras al
comercio, los
límites de la
cooperación
internacional, entre
otros, son temas
recurrentes de las
discusiones
y actúan como telón
de fondo de las
negociaciones.
Notas:
1-
Versión basada en la
selección e
interpretación
realizada por el
autor, tomando como
base
IPCC-WG I: “Summary
for Policy Makers”,
en Climate Change
2007. The Physical
Science Basis.
Contribución del
Grupo de Trabajo I
al Cuarto Informe de
Evaluación del IPCC.
2-
Los niveles
preindustriales son
los anteriores a la
Revolución
Industrial en Gran
Bretaña, es
decir, niveles
anteriores a 1750.
3-
una gigatonelada es
igual a 109
toneladas. 1
4-
Información que
aportan ciertas
fuentes como los
restos fósiles, los
anillos de los
árboles y las
muestras de hielo,
entre otras.
5-
Límite inferior del
“escenario bajo”
evaluado en este
estudio del IPCC.
6-
Límite superior del
“escenario alto”
evaluado en este
estudio del IPCC.
7-
Estas proyecciones
están en
correspondencia con
las expuestas en el
Informe anterior del
IPCC (2001), aunque
no son directamente
comparables, debido
a cambios en la
metodología
empleada. El Informe
del IPCC de 2001
señalaba que para
1990-2100 el
incremento de la
temperatura
global sería de
entre 1,4 ºC y 5,8
ºC.
8-
Límite inferior del
“escenario bajo”
evaluado en este
estudio del IPCC.
9-
Límite superior del
“escenario alto”
evaluado en este
estudio del IPCC.
10-
Estas proyecciones
están en
correspondencia con
las expuestas en el
Informe anterior del
IPCC (2001), pero no
son coincidentes
debido a diferencias
metodológicas entre
ambos
estudios en cuanto
al tratamiento de
las incertidumbres.
El Informe del IPCC
de 2001
señalaba que en el
período 1990-2100
podría alcanzar
entre 0,09 m y 0,88
m.
11-
Ver el sitio web de
la EPA:
www.epa.gov/climatechange/endargerment.html.
12-
Derivados de la
actividad humana.
13-
Además de los
informes de
evaluación
integrados, el IPCC
realiza informes
especiales, documentos
técnicos, documentos
metodológicos, entre
otros. Ver el sitio
web:
www.ipcc.ch.
14- CMNUCC: Datos
de los inventarios
nacionales de gases
de efecto
invernadero
correspondientes al
período 1990-2007.
15-
El compromiso (no
ratificado) de los
EE.UU. ante el
Protocolo de Kioto
es de una reducción
de las emisiones de
GEI de 7 % para
2008-2012, con
relación a 1990.
16-
Rango que se
establece solo como
referencia para el
análisis, pues
existen numerosos
cálculos al
respecto.
Ver: María Athena
Ballesteros:
“Countdown to
Copenhagen: Scaling
Up Climate
Change Finance”; W.
Erdelen: The
World of Science
(October-December
2009); Rob Vos:
World
Economic and Social
Survey 2009.
Promoting
Development Saving
the Planet;
y Pelayo Terry
Cuervo
(ed.): “Mañana será
demasiado tarde para
hacer lo que debimos
haber hecho hace
mucho
tiempo”, en
periódico
Juventud Rebelde,
Tabloide Especial,
No. 1. El
requerimiento de
financiamiento
para hacer frente al
cambio climático
para las próximas
décadas es
considerado como una
“meta móvil”, que
necesita además
tener en cuenta las
tendencias de la
tasa de cambio de
la moneda en que se
exprese.
17-
El monto de la deuda
externa acumulada de
los países
subdesarrollados
asciende a
unos
3 billones de
dólares. Fondo
Monetario
Internacional (FMI):
World Economic
Outlook.
18-
Billón: Usado como
millón de millones
en todo el texto. [N.
de la E.].
19-
FMI: Ob. cit.
20-
Ibídem.