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El Centro Memorial
Martin Luther King
(CMLK) inició el año de
su primer cuarto de vida
entre movimientos y
organizaciones sociales
que tomaron las calles
de la ciudad brasileña
de Porto Alegre contra
la crisis capitalista
actual y en reclamo de
justicia social y
ambiental. El Foro
Social Temático (FST),
del 24 al 29 de enero
pasado, convocó al
debate sobre los
desafíos del proceso de
Río+20. Joel Suárez,
coordinador general del
CMLK, intercambia con
La Jiribilla sobre
los compromisos que
emergieron de este
encuentro global donde
se denunciaron las
falsas soluciones ante
el cambio climático.
¿Cómo se inscribe este
Foro en el proceso
altermundista?
El
Foro Social Mundial
(FSM) ha tenido
sucesivas ediciones
globales, regionales y
temáticas desde su
nacimiento en el 2001 en
Porto Alegre, Brasil. De
ese modo se ha
ratificado como un
espacio de encuentro al
servicio de la
articulación de las
luchas sociales. Uno de
sus momentos más
importantes es la
Asamblea Mundial de los
Movimientos Sociales,
que junta a redes y
organizaciones
regionales e
internacionales. En ella
se aprueba un texto
común que hace un
balance general de la
coyuntura y lo más
significativo de las
regiones, incluye
pronunciamientos de
solidaridad con causas
de los pueblos y se
identifican desafíos
para las luchas
altermundistas.
Después de un proceso de
concertación entre las
agendas sectoriales y
regionales, se convocan
a acciones conjuntas
globales. Entre ellas se
recuerdan la
movilización en marzo de
2003 contra la guerra en
Irak o las jornadas de
movilización
anticapitalista en
octubre pasado. Durante
el 2012 los movimientos
sociales refuerzan la
denuncia a la deuda
ecológica, al impacto
ambiental de los
procesos de acumulación
capitalista que van
contra el desarrollo de
la vida. La frase
“cambiemos el sistema,
no el clima” mantiene su
vigencia ante el modelo
civilizatorio
capitalista.
¿Cuáles son las
principales
contribuciones de este
FST en el camino hacia
Río+20?
Organizaciones diversas
desarrollaron
actividades
autogestionadas, pero
hubo un programa central
que en las mañanas
trabajó el momento
histórico que estamos
viviendo y la crisis del
capitalismo, contra las
falsas soluciones ante
el cambio climático y la
salida de la crisis. Al
mediodía escuchamos
testimonios de los
nuevos movimientos: los
Indignados de Europa,
los representantes de la
Primavera Árabe, los que
ocupan Wall Street y los
estudiantes chilenos. En
las tardes se activaron
17 grupos que trabajaron
por ámbitos temáticos en
la construcción de una
síntesis que presente
las posturas
alternativas al
documento oficial que
está siendo negociado en
el proceso de Río+ 20.
Los espacios de este FST
tenían el propósito de
fortalecer la capacidad
de incidencia y
actuación de los
movimientos sociales en
torno al proceso de
Río+20. Previamente
organizaciones y redes
brasileñas junto a redes
mundiales como la
Vía
Campesina,
Jubileo Sur,
la
Marcha Mundial de
Mujeres2,
Amigos de la Tierra, la
Convergencia de los
movimientos de los
pueblos de las Américas
(COMPA), entre otras,
hicieron un llamamiento
ante Río+20. Se logró
consensuar una
convocatoria alternativa
—que desde su propio
nombre indica el
posicionamiento de los
movimientos sociales—
para una Cumbre de los
Pueblos por la justicia
social y ambiental,
contra la
mercantilización de la
vida y la naturaleza y
en defensa de los bienes
comunes.
A diferencia de las
Conferencias de las
Partes de Naciones
Unidas sobre cambio
climático, en las que ha
habido un proceso de
negociación donde los
movimientos sociales han
tratado de incidir, en
Río+20 la negociación
está prevista para mayo
en la sede de Naciones
Unidas en Nueva York y a
Río, llegarán los jefes
de estados a suscribir
un documento ya
negociado. De ahí la
importancia de que
redes, organizaciones y
movimientos sociales de
Asia, África, Europa y
América se articulan
ante los desafíos que
representan el proceso
previo y las
negociaciones que se
hacen previo al evento
mismo.
El FST permitió
compartir propuestas de
acciones de incidencia
sobre esas negociaciones
oficiales y dejó abierta
la convocatoria a
movilizaciones globales
a partir del 5 de junio,
Día Mundial del Medio
Ambiente. La presencia
en Río implica
actividades
autogestionadas por
quienes lleguen a esta
ciudad brasileña. A su
vez habrá un programa
como parte de la
Asamblea permanente de
los pueblos que pretende
visibilizar un
posicionamiento político
fuerte en relación con
la Cumbre oficial. Este
espacio será una
oportunidad de
organizarnos y compartir
con los movimientos
sociales brasileños,
mientras se realiza una
movilización mundial en
apoyo a lo que suceda en
Brasil el 20 de junio,
en ocasión de la
inauguración de Río+20.
Es un llamado a la
coordinación de luchas a
lo largo y ancho del
planeta para construir
un proceso de
articulación que
desemboque en esa
asamblea permanente de
los pueblos donde se
escuche la voz de
mujeres y hombres de
diferentes sectores
sociales, que están
resistiendo el avance de
un modelo de desarrollo
no sustentable,
depredador de la
naturaleza, excluyente y
que pretende someter
cada ámbito de la vida a
las reglas del mercado.
¿Qué cuestionamientos
hicieron los movimientos
sociales al proceso de
Río+20?
Evidentemente había
mucha gente concentrando
su crítica en la
economía verde, que
pretende legitimar de
una manera más agresiva,
el avance de las
trasnacionales sobre la
naturaleza, la
biodiversidad, la tierra
y el territorio, que son
sustento de vida y de
los pueblos. Los
patrones y ritmos de
acumulación capitalista
de las grandes
trasnacionales están
agotados, por lo que hay
un desplazamiento hacia
la mercantilización de
la naturaleza, o dicho
de otro modo, a que las
funciones de la
naturaleza se conviertan
en objeto de los
mercados financieros
especulativos, a través
de los mercados de
carbono en bosques, los
servicios ambientales,
el uso de tecnologías
como la biología
sintética, la
nanotecnología y los
transgénicos.
Ese discurso está siendo
cuestionado por los
pueblos del mundo tanto
por los indignados de
siempre —los de las
luchas históricas como
los pueblos originarios
y campesinos, por solo
citar un par de
ejemplos—, como por los
indignados de hoy en los
países del norte.
Durante el Foro,
intelectuales
participantes
reflexionaron sobre
estos temas y el
escenario al que hemos
llegado 20 años después
de la Cumbre de Río.
Hay una postura de los
movimientos sociales que
se refleja en la
Declaración final de su
Asamblea,
que señala el principio
de la crítica al
capitalismo y su crisis,
que es multifactorial y
se expresa en diferentes
ámbitos (energético,
alimentario, ambiental,
financiero, etc.). La
economía verde o el
capitalismo verde es el
nuevo rostro de ese
capitalismo salvaje.
Pero a la vez hay que
mantener sobre el tapete
temas angustiosos que
son motivo de la
rebeldía y las luchas
sociales, como la
militarización y
presencia de los EE.UU.
en diferentes regiones
del planeta o el avance
de trasnacionales en la
minería, la
privatización del agua,
entre otros.
¿Quiénes llegaron a este
FST?
Al Foro llegaron
disímiles actores,
algunos, desde mucho
antes vienen trabajando
de conjunto para Río+
20. Es cierto que en
algunas regiones del
mundo estos temas no
están instalados en la
agenda de los
movimientos sociales, ni
siquiera de los nuevos
indignados, que si bien
tienen un
posicionamiento y
reacción ante la crisis
capitalista, parten de
demandas específicas,
sentidas por la
ciudadanía de esos
lugares.
En América Latina —por
la movilidad social y
las articulaciones que
han dejado las campañas
contra el ALCA, la
militarización, la deuda
histórica, ecológica y
social, contra la
presencia agresiva de
las trasnacionales sobre
la naturaleza que tiene
expresiones en los
agronegocios, los
monocultivos para la
producción de
biocombustibles—, hay
una mayor conciencia y
educación popular para
enfrentar estos temas.
Esto nos recuerda el
proceso que se llevó a
nivel popular ante la
campaña contra el ALCA,
que le permitió a la
gente comprender qué
consecuencias concretas
tenía esa propuesta. Así
mismo hay que hacer con
estos temas de cambio
climático, la economía
verde y otras supuestas
"soluciones". Tenemos un
acumulado en aquellos
países con gobiernos
cuyas posiciones están
más cercanas a las
nuestras, como los
pequeños estados
insulares y los que
integran el proyecto
integracionista del
ALBA.
Estamos hablando de
avanzar hacia Río y más
allá. El esfuerzo que
hagamos de lucha hacia
junio próximo no debe
consumir todas nuestras
energías, porque este es
un proceso de largo
alcance, dado que
intenta legitimarse un
nuevo consenso
capitalista de las
trasnacionales y sus
gobiernos cómplices como
sucedió con el Consenso
de Washington.
¿Cómo entra Cuba en este
proceso?
Hay un conjunto de
organizaciones sociales
e instituciones
gubernamentales cubanas
que participan en la
elaboración e
implementación de la
Estrategia Nacional de
Educación Ambiental. A
ella deberían sumarse
estos contenidos
sustantivos de manera
progresiva.
Por otra parte, para los
movimientos sociales el
gobierno cubano es
considerado un aliado
por sus posiciones ante
estos temas. Ahora
tenemos, además, la
ventaja de que el
aldabonazo en Río ´92 lo
dio Fidel con uno de sus
más breves discursos. Me
atrevería a animar a
Fidel para que siga
poniendo su voz
profética y de denuncia
al servicio de esta
causa, que tiene que ser
asumida por todas y
todos porque lo que está
en peligro es la
sobrevivencia de esta
nave planetaria y de la
vida misma.
Ante las
transformaciones que
están teniendo lugar en
el país como parte de la
actualización del modelo
económico hay que estar
vigilante para prevenir
y mitigar los impactos
ambientales de cada
inversión o aplicar el
principio de la
precaución donde los
impactos y sus
consecuencias sobre los
seres humanos y la
naturaleza no se puedan
determinar. Tenemos que
ir hacia un desarrollo
sostenible como se
expresa en los
Lineamientos. De manera
creciente, las
organizaciones de la
sociedad cubana y la
ciudadanía en general,
deben sumarse a un
movimiento que vigile y
logre que nuestro país
mantenga el prestigio
que ha alcanzado por su
política ambiental.
¿Qué rol está
desempeñando el Centro
Martin Luther King al
respecto?
Nuestro Centro tiene un
papel de liderazgo y
representación de
algunas redes regionales
de las que somos
miembros y que son parte
de este proceso de Río+
20, desde donde se hace
una contribución al
proceso internacional.
Uno de estos espacios es
la Articulación de
Movimientos Sociales
hacia el ALBA, que
tendrá su momento
fundacional en noviembre
de este año. Durante los
meses que siguen las
organizaciones
integrantes harán
procesos de
concientización popular
con sus bases sociales
para participar
activamente en la
convocatoria de nuestros
pueblos hacia Río y que
este sea un impulso para
integrar nuestras
posiciones comunes.
Además, integramos el
Comité Cubano del Foro
Social Mundial junto con
otras organizaciones de
acá para tener una
participación decisiva
en el proceso previo a
Río+ 20, en la Cumbre de
los Pueblos y en la
medida de lo posible,
sumarnos a iniciativas
de carácter nacional
relacionadas con la
educación de nuestra
gente sobre estos temas.
Trataremos en los
espacios donde actúan
las redes sociales
ecuménica y de educación
popular que anima el
CMLK, de hacer acciones
pequeñas que conecten a
nuestras educadoras y
educadores populares y
militantes cristianos
con las movilizaciones
globales que tendrán
lugar en junio venidero. |