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Primero fue la Encarta
de Microsoft; ahora la
prestigiosa Enciclopedia
Británica también
reconoce, con su
modificación en el
formato, una realidad
cada vez más palpable y
no por ello menos
preocupante: las
enciclopedias
tradicionales han tenido
que readaptarse para
competir con el modelo
impuesto por Wikipedia.
En 1768, en Edimburgo,
Escocia, apareció la
primera edición de la
Enciclopedia Británica.
En aquel momento fue
vista como una respuesta
a la Encyclopédie
francesa, esa obra tan
revolucionaria de Denis
Diderot, que contó
además con la
colaboración de
escritores reverenciados
como Voltaire y
Montesquieu.
Con el paso de los
siglos, Británica
consolidó su posición
como la enciclopedia más
creíble en idioma
inglés. En sus 244 años
de existencia, no
faltaron las críticas
por diversas posiciones
asumidas ante
determinados temas, como
el sexismo y el racismo;
pero, a pesar de estas
polémicas, los
materiales de Británica
han sido ampliamente
citados y se consideran
sólidas referencias en
las investigaciones
científicas.
En 1902, la edición de
Británica se trasladó
hacia EE.UU. En su nuevo
escenario, los
propietarios
introdujeron
modificaciones en la
amplitud de los
artículos e incluyeron,
por primera vez, la
venta a domicilio de los
volúmenes de la
enciclopedia. De esta
manera, los libros, con
sus distintivas letras
doradas en el lomo,
“abandonaron” las
bibliotecas y entraron,
poco a poco, sobre todo
en los hogares
estadounidenses y
británicos.
Si durante las primeras
décadas del siglo XX los
vendedores ambulantes
las comercializaban, de
puerta en puerta, a
precios módicos; casi
una centuria después,
tener una edición
completa de Británica se
convirtió en un lujo que
costaba la asombrosa
cifra de mil 395
dólares. Sus 32
volúmenes,
40 millones de palabras
y 500 mil temas
eran impresionantes,
pero quizá los editores
de Británica tardaron en
comprender que los
hábitos de sus lectores
habían cambiado, y no
poco, en la primera
década del siglo XXI.
El usuario contemporáneo
está cada vez más
adaptado a acceder a
contenidos digitales que
se actualizan casi en
tiempo real. Esto
constituye una
característica del
modelo impuesto por la
enciclopedia online
Wikipedia. Entonces, en
tiempos donde las
prácticas de consumo y
lectura se han
revolucionado desde el
ciberespacio, Británica,
con impresiones
distantes y muy
costosas, no parecía una
opción capaz de competir
con la popular
“enciclopedia
colaborativa”.
Los números muestran una
tendencia al parecer
irreversible: en 1990
Británica vendió 120 mil
colecciones completas;
sin embargo, en 2010
apenas se
comercializaron ocho mil
500. Para la empresa que
controla Británica, con
sede en Chicago, las
pérdidas monetarias eran
un hecho y optó por
clausurar la edición
impresa de la
Enciclopedia.
De acuerdo con los
directivos de Británica,
apenas el uno por ciento
de los ingresos de la
compañía procedía de la
venta de enciclopedias
impresas; mientras que
el 85 por ciento se
obtenía por la
comercialización de
productos académicos
sobre temas como
matemáticas, ciencias o
inglés. Las
suscripciones a la
página web no llegaban
al 15 por ciento. El
orden de esas cifras
podría cambiar a partir
de la nueva concepción
de la Enciclopedia.
La versión online
de Británica llegó a
Internet en 1994. Su
aparición fue todo un
suceso porque hasta ese
momento ninguna
enciclopedia,
generalista o
especializada, había
apostado por el nuevo
formato. Los usuarios
podían acceder a breves
resúmenes de los
artículos, pero nunca al
texto completo. Luego,
con la ampliación del
número de internautas,
Británica abrió sus
bases de datos a todos
aquellos dispuestos a
pagar una cuota cercana
a los 80 dólares anuales
por sus artículos, los
cuales se actualizan
cada 20 minutos.
¿Estarán dispuestos los
internautas a pagar esa
cantidad por leer los
materiales publicados en
la Enciclopedia
Británica, ahora solo
online? Analicemos,
ellos tendrían al
alcance de un clic, de
forma gratuita, los
contenidos de Wikipedia.
Por otro lado, la
actualización ya no
sería un elemento de
competencia, porque
ambos productos
presentan
características
similares en la
frecuencia.
Los directivos
consideran que Británica
tiene una evidente
ventaja sobre Wikipedia:
la calidad de sus
contenidos. Mientras en
Wikipedia los artículos
provienen de los propios
usuarios y son revisados
por una comunidad de
editores con diferentes
niveles de experiencia;
en Británica, los
autores, en muchas
ocasiones, son
reconocidas
personalidades en sus
campos y, además, los
editores se consideran
profesionales
especializados.
Esa profundidad en los
temas diferencia
notablemente a
Británica. Los enfoques
defendidos por los
autores estarán
mediados, como sucede
siempre, por múltiples
intereses; pero esas
mismas mediaciones
también pueden
apreciarse en la manera
en que presenta
Wikipedia los perfiles
de figuras políticas
polémicas o hechos
controversiales.
La modificación en el
modelo de la
Enciclopedia Británica
complejiza un debate que
no es nuevo y que puede
apreciarse también en la
estructura organizativa
de varios medios
online: información
libre vs.
información de pago.
¿Podremos aspirar los
internautas a acceder a
una información gratuita
que esté contrastada y
sea fiable? La respuesta
a esa interrogante quizá
no aparezca en las
enciclopedias
colaborativas; pero,
entonces ¿dónde? |