La Habana. Año X.
24 al 30 de MARZO
de 2012

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la traducción en cuba:
Breve repaso de una tradición
Jesús David Curbelo • La Habana
Ilustración: Zardoyas

Me alegra poder decir que, en el tema de la traducción literaria, Cuba ha sido una verdadera potencia. Me arriesgaría incluso con la hipótesis de que la fuerza fundacional de la literatura cubana durante el xix y la primera mitad del xx dentro de la literatura hispanoamericana, mucho le debe a la sagacidad y pericia de sus traductores, enfrascados en la dura lucha de traer a nuestra lengua lo mejor y más novedoso de la literatura clásica y contemporánea, y al efecto que esta savia ejerció en el árbol de las letras cubanas.  


Si añadimos el rasgo de que nuestros mayores traductores han coincidido de modo general con los autores notables, constataremos que no hubo casualidad, sino la voluntad de formación e información imprescindible para el cultivo espiritual de un pueblo. Es importante no perder de vista la relevancia de las tertulias literarias encabezadas por Domingo del Monte y José de la Luz y Caballero (traductores ellos mismos), dos figuras cuyo conocimiento, afán divulgativo y vocación de servicio al enriquecimiento intelectual del país, les llevó a nuclear alrededor suyo a lo mejor del panorama nacional y vincularse con pensadores y artistas de Europa y EE.UU. A esta labor quizá fortuita, mas ininterrumpida, se sumaron los principales diarios y revistas literarias, en su papel de vehículos para la expresión de la inteligencia literaria nacional1,asentando una tradición que, con altibajos y deslindes necesarios, se ha mantenido hasta la fecha.  

Baste recordar, de manera muy breve, que nuestro primer gran poeta, José María Heredia, fue también nuestro primer traductor sobresaliente. Por esa línea continuaron muchos otros escritores del siglo (la Avellaneda, Zenea, los hermanos Sellén, Diego Vicente Tejera, Fornaris, Mendive y Mercedes Matamoros), hasta que casi en las postrimerías del XIX, se destacan las versiones hechas por Julián del Casal y, por supuesto, la figura mayor de nuestra literatura, José Martí, quien fuera un curioso y primordial traductor.

Durante el siglo xx continuó el vínculo de los poetas con la traducción. Poveda, Zéndegui, Varona, Ballagas, Florit, Brull y otros, asumieron la traslación y difusión de autores extranjeros, destacándose en esto revistas como Cuba contemporánea, Avance y el suplemento literario del Diario de la Marina, sobre todo en la etapa en que fue dirigido por José Antonio Fernández de Castro, cuando difundió a los escritores del incipiente estado soviético (Blok, Babel, Fedin, Maiakovski, Pilniak), si bien es cierto que no directamente del ruso, pero sí entre los primeros países de habla española.

Luego vino el grupo Orígenes, y las traducciones libérrimas de Lezama, o las cuidadosas de Diego, Rodríguez Feo y Vitier. La revista Orígenes propagó en Cuba lo mejor del pensamiento y la cultura contemporáneos, pasando la antorcha a Ciclón, el proyecto disidente que terminaría convirtiéndose en otra importante publicación difusora de elevada literatura, por lo general, en la cuerda absurdo-violento-escandaloso-revolucionaria que fascinaba a Virgilio Piñera.

Después de 1959, Lunes de Revolución mantuvo esta línea de traducir y extender el conocimiento de escritores no hispanohablantes. Y la prosiguió Unión, al dedicar a las literaturas soviética, búlgara, polaca y rumana números especiales que luego se erigieron en libros, traducidos (ya fuera de modo directo o “poetizando” traslaciones literales), entre otros, por Ángel Augier, Pedro y Francisco de Oraá, David Chericián, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Nancy Morejón, Luis Marré y Desiderio Navarro2. En esta etapa, no obstante, sobresalen dos poetas-traductores: Heberto Padilla y Samuel Feijóo, con múltiples acercamientos a grandes voces de la literatura mundial, algunas por vez primera puestas a disposición del lector cubano. 

La usanza de traducir, por fortuna, no se ha extinguido entre los escritores nacionales. Ahí están para probarlo las versiones de Rogelio Martínez Furé, Víctor Casaus, Viera Piñón, Víctor Rodríguez Núñez, Alberto Acosta Pérez, Alex Fleites, Omar Pérez, Juan Luis Hernández Milián, Sonia Bravo, Felipe Cunill, Teresa Ortega, Jorge Yglesias, Orestes Sandoval, Francisco Díaz Solar, Olga Sánchez Guevara, Ramiro Fuentes, Víctor Fowler, Jorge Miralles, Ricardo Alberto Pérez, Osmany Oduardo, Noemí Díaz, Marcia Gazca, Aida Bahr, Manuel García Verdecia, Edelmis Anoceto, Susana Haug, José Adrián Vitier, Lourdes Arencibia y Rodolfo Alpízar, entre muchos otros que han vertido a nuestra lengua las más disímiles culturas y estéticas de los cinco continentes.  

Insuficiente siempre, pero sin duda meritoria, ha sido la acogida que ha tenido el arte de traducir en las más antiguas publicaciones periódicas como La Gaceta de Cuba, Revolución y Cultura, Casa de las Américas y Unión, lo mismo que en las más recientes La Isla Infinita, La Letra del Escriba, La Jiribilla, Cubaliteraria, Amnios, Antenas, Matanzas, La Noria y otras, que junto a la Editorial Arte y Literatura, al Fondo Editorial Casa de las Américas, a las editoriales Nuevo Milenio y José Martí, y a varios sellos de carácter territorial (Matanzas, Ácana, Vigía, Sed de Belleza, Holguín y Santiago, fundamentalmente), han intentado conservar y enriquecer el diálogo del lector y del autor cubanos con el resto del mundo para que puedan creadores y receptores sentir que de veras ayudan a reunir los fragmentos de ese imán que se quebrara en la lejana Sinar cuando Jehová se disgustó por la soberbia del hombre y quiso negarle el cielo condenándolo a hablar lenguas distintas. Hasta hoy, ha sido un imposible: los escritores, los traductores y los lectores de todo el mundo se confabulan para seguir subiendo hasta el infinito con sus eternas preguntas. 


Notas:

1- Por supuesto, me refiero también a las publicaciones que, fuera de Cuba, crearon, dirigieron y animaron muchos de nuestros próceres intelectuales (Heredia, Varela, Martí). 

2- No puedo dejar de señalar la excelente empresa cultural desempeñada por Desiderio Navarro, al poner en español, y publicarlo en la revista Criterios, buena parte del más avanzado pensamiento culturológico universal. Es esta una labor de servicio que los intelectuales cubanos (e hispanoparlantes) debemos aplaudir, pues entraña tal vez el ejemplo cimero en Cuba de la tradición aquí analizada.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.