La Habana. Año X.
24 al 30 de MARZO
de 2012

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Piñera traductor
David Leyva • La Habana
Ilustración: Amílkar

Virgilio Piñera fue un incesante traductor. De los oficios del intelecto fue, sin duda, su preferido, luego de la propia labor de hacer literatura.  

Sería complicado reunir o cuantificar todas las traducciones de Piñera, sobre todo, las realizadas en Argentina. Se conoce que ejerció como traductor de francés para la Editorial Argos, y en su correspondencia con José Rodríguez Feo desde Buenos Aires se mencionan varios proyectos de traducciones en compañía del también cubano Humberto Rodríguez Tomeu, que no sabemos con exactitud si fueron terminadas o publicadas.  

En este sentido sería muy útil revisar en su totalidad la correspondencia de Piñera con Rodríguez Tomeu que se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Princeton, en EE.UU. Sin embargo, de esta dupla de escritores cubanos que ejercieron el oficio de traducción en Sudamérica, sí conocemos con certeza la culminación en 1947 del libro de Edmond Jaloux: Edgar Poe y las mujeres, un ensayo biográfico hilvanado a través de las amistades femeninas del escritor, en las que —según Jaloux— buscó siempre el refugio y la protección de que careció en su temprana infancia, a causa del fallecimiento prematuro de su madre.  

La participación protagónica de Piñera en el comité de traducción de la novela Ferdydurke, del escritor polaco Witold Gombrowicz, realizada en el Café Rex de Buenos Aires, parece ser uno de los ejercicios intelectuales más legendarios de su vida1. El escritor Ricardo Piglia nos comenta del carácter sui generis de aquella labor:

Gombrowicz y Piñera estaban rodeados por una serie móvil de ayudantes, entre los que se contaban, por supuesto, los parroquianos y los jugadores de ajedrez y de codillo que frecuentaban la confitería Rex y que aportaban sus opiniones lingüísticas cuando las discusiones subían demasiado de tono. Este equipo no conocía el polaco y los debates se trasladaban a menudo al francés, lengua a la que Gombrowicz y Piñera se cruzaban cuando el español ya no admitía nuevas torsiones (...) Hay que comparar esta versión argentina con las traducciones en inglés o en francés para notar enseguida que se trata de un texto único. Conocemos hasta dónde fue capaz de llegar Joyce cuando tradujo al italiano el fragmento de "Anna Livia Plurabelle", de Finnegan; conocemos las versiones al inglés de sus novelas que nos ha dejado Beckett, pero es difícil imaginar una experiencia parecida a la de Gombrowicz con Ferdydurke, en Buenos Aires, en los altos del café Rex de la calle Corrientes, a mediados de los años 40 (...) El Ferdydurke "argentino" de Gombrowicz es uno de los textos más singulares de nuestra literatura (...); el español está forzado casi hasta la ruptura: crispado y artificial, parece una lengua futura. Suena en realidad como una combinación (una cruza) de los estilos de Roberto Arlt y de Macedonio Fernández." (Ricardo Piglia, "La traducción de Ferdydurke", en revista Espacios No.6, Buenos Aires, 1987) 

También de legendaria resulta la traducción de Piñera de las Flores del mal, de Charles Baudelaire, obsequiada a Lezama Lima en la última y definitiva reconciliación de la amistad entre ambos escritores. Lamentablemente el manuscrito desapareció de la papelería de Lezama y se desconoce su paradero. Sin embargo, algo se conservó de aquella empresa pues en la revista Albur, del Instituto Superior de Arte de mayo de 1990, aparece su versión del poema “El balcón”, perteneciente al famoso libro de Baudelaire.

En los proyectos de revista o publicación periódica donde Piñera estuvo más involucrado no faltó el ejercicio de traducir. Dentro de su revista Poeta, de apenas dos números de vida entre finales de 1942 y principios de 1943, tradujo el ensayo de Paul Valery “El amateur de poemas”, así como el poema de Aimé Cesaire “Conquista del alba”.  

Tuvo Piñera el mérito, junto con Lydia Cabrera, de haber volcado al español por vez primera en Cuba la poesía de Cesaire, aunque, paradójicamente, eso le valió que en 1943 cuando publicara su insuperable poema “La isla en peso” algunos intelectuales cubanos como Gastón Baquero llegaran a insinuar que Piñera estaba falseando la realidad cubana por la del caribe francés a causa de su contaminación con la poesía de Cesaire. Idea esta que fue totalmente refutada, muchos años después, por Enrique Saínz en su libro La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación. 

Igualmente en la revista Ciclón, existen importantes traducciones suyas como la del ensayo “Encuentro con Salvador Dalí”, del escritor Armand Lanoux; mientras que en el magazine Lunes de Revolución aparece un grupo amplio y disímil de traducciones piñerianas que van desde el cuento “La visitación”, de Bruno Schulz hasta la historia del teatro vietnamita. 

Desde finales de la década de 1960 y en todo el decenio gris hasta su muerte, sí se estableció Piñera como traductor de francés del Instituto Cubano del Libro. En este período, a pesar del volumen de trabajo por encargo, no siempre de su agrado, realizó traducciones interesantes como Tintorero el secuestrado de Venecia, de Jean Paul Sartre o La tragedia del hombre, de Imre Mádach a partir de la versión en francés de Russelot. En el libro Virgilio Piñera en persona, de Carlos Espinosa, encontramos un excelente complemento de lo que significó esta traducción para Piñera en voz de la filóloga húngara Eva Toth.  

En los años finales de su vida como traductor del Instituto del Libro, Piñera trabajó en textos totalmente diversos y complejos. Tradujo novelas y cuentos de escritores africanos y vietnamitas totalmente ajenos a su personalidad de escritor, pero a su vez, se enfrentó a libros extensos y teóricos como: Los primeros tiempos de Grecia: la edad del bronce y la época arcaica, de Moses I Finley; Sociología de la literatura, de Robert Escarpit y La personalidad del escritor y la evolución de la literatura, de Mijaíl Jrapchenko, de más de 500 páginas y capítulos finales dedicados a la obra de Turguéniev y Máximo Gorki.  

Una de sus postreras traducciones más memorables fue la poesía de Arthur Rimbaud, específicamente los poemas “Ofelias” y “El barco ebrio” que se publicarían diez años después de su muerte en el libro Poesía de Rimbaud con prólogo de Cintio Vitier.  

La labor de traductor de Virgilio Piñera es vasta y apenas imaginable en un simple trabajo aproximativo. Una faceta más donde mostró su entereza y dedicación literaria, unido a sus méritos como dramaturgo, poeta y narrador. Su labor como traductor es reflejo de inteligencia, capacidad de trabajo, frescura de palabra y sacrificio cuasi religioso en pos de la obra terminada. 
 

Nota:

1- De su amigo polaco Witold Gombrowicz también tradujo Piñera posteriormente el cuento “El banquete” y el texto dramático “Opereta” publicado en Albur 3 (Número especial): 45-83; mayo 1990: Reproducción facsimilar del mecanuscrito original.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.