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La Primera Bacanal
del Teatro de Títeres
para Adultos surge como
un conjuro ante la
ausencia —ya por
demasiado tiempo—
en nuestro paisaje
artístico del teatro de
figuras en diálogo
estricto
con el público
adulto.
En los tempranos 60, la
información cultural y
la preparación técnica
de Carucha y Pepe Camejo
(los hermanos Camejo) y
Pepe Carril, junto con
el talento desbordante
y la intuición sensible,
los condujeron a
inaugurar la vertiente
del teatro de títeres
para los adultos dentro
del Teatro Nacional de
Guiñol que lideraban.
La calidad de los
espectáculos, su
originalidad y audacia
estética, la fiesta de
los sentidos que
experimentaba el
espectador en cada una
de sus puestas,
conquistaron finalmente
a ese público que en los
inicios se había
mostrado remiso y
suspicaz y la sala del
Edificio Focsa se
incluyó por derecho
propio entre los
referentes escénicos de
la época al lado del
Teatro García
Lorca, la sala Hubert de
Blanck, el teatro Amadeo
Roldán.
Lorca, Giradoux, Tagore,
Brene, Valle Inclán,
Lydia Cabrera, Jarry,
Aristófanes, Zorrilla,
De Rojas, Maiacosvki
subieron a escena de la
mano de Pepe, Carucha y
Carril, recreados por
los músicos Antonio
Balboa, Juan Márquez,
Héctor Angulo; los
coreógrafos Iván Tenorio
y Julio Medina; los
artistas plásticos José
Luis Posada, Rafael
Mirabal, Raúl Martínez,
junto con el propio
Camejo, Armando Morales
y Carlos Pérez Peña,
miembros estos últimos
de la compañía, y ya
para 1966 el Don Juan
Tenorio compartía
honores con La noche
de los asesinos en
la sexta edición del
Festival de Teatro
Latinoamericano
convocado en La Habana
por la Casa de las
Américas.
En breve, el tratamiento
coherente y magnífico
del mundo farsesco de
Aristófanes, del
Perlimplín de Lorca, el
amor comerciado de Rojas
fue calificado de
inmoral,
mientras no faltaba
quien tildara de
elitista a la trouppe
que bajo la supervisión
exigente de sus mentores
hacía de su arte un coto
vedado a la mediocridad
espiritual y la falta de
rigor artístico.
A inicios de los 70, el
Teatro Nacional de
Guiñol fue devastado por
el leviatán que
significó el llamado
quinquenio gris. Las
fantásticas figuras de
sus espectáculos
desaparecieron —hay
quien afirma haberlas
visto arder entre las
llamas—, fueron
dispersadas, tal y como
se hace en los predios
políticos públicos con
una manifestación
indeseada; distribuidas
sin orden ni concierto
por diversos grupos
teatrales. La
institución dejó de ser
un auténtico proyecto
artístico para tornarse,
como buena parte de las
agrupaciones teatrales
del país durante las
décadas de los 70 y los
80, en una entidad
empleadora donde
concomitaban muy
diversas tendencias y
credos estéticos, sin
que en ello interviniese
propósito o visión
sistémica.
Son los años 90 el
ámbito en que se anuncia
la recuperación del arte
titiritero en la Isla
sobre la base de la
acción sostenida y el
magisterio cotidiano y
discreto, sin pompas ni
vanagloria, de algunos
de sus principales
cultores y a partir del
aliento que les brindan
artistas de nuevas
generaciones. Es también
el momento del
descubrimiento y la
revaloración del legado
de los Camejo y Carril
por estos jóvenes
creadores. Sin embargo,
el títere queda reducido
al intercambio con el
público infantil y
cuando toma en cuenta al
espectador adulto lo
hace en tanto individuo
que acompaña a los
infantes y que media en
el consumo de esta
oferta artística. No
obstante, determinadas
agrupaciones cuentan en
sus repertorios (a veces
en su repertorio
histórico, no en el
activo) algunas
producciones memorables
destinadas al espectador
adulto, tal es el caso
del Guiñol de Camagüey,
el Guiñol de Santiago de
Cuba, de Los Cuenteros, Teatro
Papalote, Teatro de Las
Estaciones, Hilos
Mágicos, El Trujamán a
las que se añaden
algunas propuestas
unipersonales o de muy
pequeño formato (dos
actores), de Armando
Morales, uno de los
fundadores del Teatro
Nacional de Guiñol y su
director general desde
el año 2000, quien ha
permanecido en sus filas
durante todas estas
décadas.
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Por el monte
Carulé,
Teatro de Las
Estaciones |
De este modo, la escena
titiritera para adultos
se anuncia, pero no
logra establecerse; no
consigue dar continuidad
a esa imprescindible
expresión teatral que en
su momento constituyó
parte fundamental del
teatro cubano y acerca
de la cual recibimos la
memoria que desgranan
nuestros mayores y que
transmuta el hecho
artístico de antaño en
sustancia mítica, la
experiencia en leyenda y
los dota de una extraña
cualidad de fijeza cual
si se tratara de algo
inalcanzable; un
acontecimiento, un
pathos irrepetibles.
Para romper el hechizo,
para poder apropiarnos
en realidad del
patrimonio indiscutible
y tornarlo memoria
activa, fluyente,
fecunda; para entrar en
verdadero diálogo con
los maestros primigenios
y con los actuales
surgió la idea de
celebrar una fiesta
titiritera para el
público adulto. Solo así
sería posible
restablecer en su real
espacio —su espacio
total— a tal modalidad
de la escena.
Le llamamos Bacanal en
alusión a los festejos
que se realizaban en
honor del dios Baco,
referente indispensable
para el estudio de los
orígenes del arte
teatral y la comprensión
de su esencia, y nos
regocijamos en la
connotación del término,
que funciona como
provocación, activa la
curiosidad y se abre a
las asociaciones y nos
permite, además,
subrayar ciertas
características del
teatro de figuras como
la absoluta libertad
creadora que lo acompaña
—que
no reconoce límites ni
siquiera materiales,
físicos—,
su vocación
transdisciplinaria, a la
par que posibilita
anunciar el tono de esta
celebración que deseamos
reafirme el carácter
festivo y espectacular
del teatro y consiga la
participación activa,
gozosa del público.
La presencia de las
agrupaciones titiriteras
de todas las regiones de
la Isla era el primer
requisito para lograr la
continuidad de esta
imprescindible expresión
escénica. El festejo en
sí serviría como
estímulo a dramaturgos,
diseñadores y
realizadores de figuras,
músicos, intérpretes
titiriteros, directores
artísticos, críticos y
estudiosos, docentes y
estudiantes de las
especialidades teatrales
y funcionaría como acto
cohesivo de intereses y
voluntades.
Para precisar su
completo diseño y
llevarla a cabo se
conformó un equipo
gestor de unos pocos
integrantes, todos
artistas, que hizo su
trabajo a partir de una
estructura horizontal y
un espíritu de
cooperación, compromiso
y armonía, en lugar de
asumir la verticalidad
jerárquica al uso y al
cual cada quien brindó
sus particulares
talentos, capacidades,
saberes, relaciones y
posibilidades,
prefigurando el pathos
del evento, que en su
carácter abierto,
inclusivo tuvo a bien
convocar a todos los
colectivos artísticos
interesados en esta
modalidad teatral,
contasen o no con una
trayectoria previa
dentro de la
especialidad, y en
asumir propuestas de
cualquier tipo de
formato mientras
reconocía como sus
objetivos centrales la
promoción y el
intercambio y dejaba
fuera cualquier afán de
competencia.
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Elsa la
lista.
Paquelé |
La respuesta de los
colegas no se hizo
esperar. De inmediato
entidades artísticas de
La Habana, Matanzas,
Guantánamo y Sancti
Spíritus inscribieron
sus espectáculos
mientras otros tantos
creadores mostraban su
respaldo. Y para
sorpresa de todos,
comenzaron a llegar
solicitudes de admisión
de diversas zonas del
mundo, a pesar de haber
sido pensada esta
edición del cónclave con
un alcance nacional dada
su naturaleza
fundacional.
Finalmente la
programación de
espectáculos contó con
diez producciones a
cargo de ocho
instituciones
procedentes de las
cuatro provincias antes
referidas y de una
compañía extranjera:
Siesta Teatro, del
director, actor y
diseñador Luis Z. Boy,
artista que goza de un
prestigio internacional
en el teatro de figuras.
En dicho programa,
destacaban tres
estrenos: El mal paso,
por el Teatro Nacional
de Guiñol; Punch en
Guantánamo,
coproducción del Guiñol
Guantánamo y el Teatro
de Títeres Nueva Línea,
y La dama de las
camelias, de la
Compañía Teatro Océano.
Este último revestido de
particular significación
al tratarse de la
versión que para el
Teatro Nacional de
Guiñol había realizado
en 1971 el maestro
Abelardo Estorino sobre
la conocida novela de
Alexandre Dumas (hijo) y
que no pudo en aquella
ocasión arribar a la
escena ante la
desarticulación de la
compañía titiritera con
el inicio del quinquenio
gris.
Otros títulos de
particular relevancia
eran Por el monte
carulé (2009), la
exitosa y original
creación escénica de
Teatro de Las
Estaciones;
Andariegos (2010),
del Teatro Papalote, que
conduce el Maestro René
Fernández Santana,
Premio Nacional de
Teatro, y El traje
del emperador, de
Siesta Teatro, un
espectáculo de 2011 con
respaldo de crítica y
público en diversos
festivales
internacionales que
muestra un diálogo
exquisito entre
lenguajes audiovisuales
de diversas épocas y
diferente índole. A los
que se sumó La
república del caballo
muerto (1992), un
clásico en el repertorio
del Maestro Armando
Morales y en la historia
más reciente de la
escena de figuras para
el espectador adulto.
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La
República del caballo
muerto, 1992. Foto:
Cortesía de
Armando Morales |
La cartelera teatral que
se desarrollaba en la
sala Llauradó en horario
vespertino y en la sala
del Teatro Nacional de
Guiñol en la noche
estuvo acompañada por
otras actividades y
otros ámbitos.
El Museo-Biblioteca
Servando Cabrera acogió
una muestra de piezas
titiriteras y
fotografías de algunos
de los títulos más
sobresalientes en el
repertorio para adultos
del Teatro Nacional de
Guiñol durante los 60.
Los antológicos títeres
integran la colección
que con esmero y celo ha
integrado y preserva la
Galería El Retablo, de
Matanzas. Las fotos
forman parte del
extraordinario
patrimonio fotográfico
que durante años han
protegido y conservado
con fervor los
especialistas del
Archivo Fotográfico del
Ministerio de Cultura.
La curaduría de los
exponentes estuvo a
cargo de Armando Morales
y Geanny García y su
exhibición contó con el
exquisito diseño de este
último.
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Las salas del museo
también fueron escenario
de las jornadas de
intercambio y desarrollo
profesional tituladas
“Ejercitando el cerebelo
y el hipocampo” (a tono
con el espíritu
desenfadado de la
Bacanal), que organizó
la crítica y dramaturga
Blanca Felipe,
presidenta de la Cátedra
Freddy Artiles, adscrita
a la Facultad de Arte
Teatral del Instituto
Superior de Arte (ISA),
durante las cuales
tuvieron lugar una
variedad de acciones: un
foro especializado que
contó con una peculiar
dinámica y un inusual
sujeto moderador;
lecturas dramatizadas de
obras titiriteras
nacionales y foráneas y
presentaciones de
productos audiovisuales
que registran el
quehacer titiritero en
otras zonas del planeta.
Estos audiovisuales
junto con textos de la
especialidad fueron
puestos a disposición de
los asistentes quienes
pudieron integrarlos a
sus archivos personales
y a los de sus
instituciones mediante
portadores extraíbles.
Por su parte, en el Café
Teatro Brecht, el
Cabaret Titiritero
desplegó su magia
durante las tres noches
finales bajo la
dirección artística del
actor Erduyn Maza,
director general de
Teatro La Proa,
principal gestor del
acontecimiento.
El cabaret resultó el
espacio de encuentro de
las artes de la escena.
Allí concurrieron
música, danza, circo,
teatro. Notables
artífices de estas
expresiones brindaron
generosa y
solidariamente su arte
en medio del júbilo
creciente
—que
el día del cierre llegó
al delirio— de la
concurrencia.
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Show
de estrellas,
Teatro La Proa |
Tal contexto posibilitó
la presentación de
números breves, de
variedades titiriteras
que contribuyen a
dilatar las fronteras de
la especialidad toda vez
que resulta una zona
menos formalizada y de
alta flexibilidad que
estimula búsquedas y
acciones experimentales.
La experiencia sirvió,
además, para reafirmar
la necesidad de disponer
de un espacio de
encuentro, de vida
social como este y para
mostrar al Centro
Cultural Bertolt Brecht
otra variante posible de
programación y
funcionamiento. Cuánto
talento y energía
reunidos en tan breve
espacio, qué orgullo de
ser y estar, cuánta
dignidad restablecida,
qué intensidad alcanzó
el diálogo entre los
creadores, cuánto más es
posible avizorar.
Desde el inicio, la
Bacanal desarrolló una
peculiar empatía que se
tradujo en acciones
concretas de
colaboración
desinteresada y
solidaria. La
elaboración de toda su
gráfica por el talentoso
diseñador Yorlán
Cabezas, la creación del
tema musical y del
spot televisivo que
la identifican a cargo
de ese músico de
excelencia que es José
Aquiles Virelles y del
joven realizador Carlos
Sarmiento Barlet,
respectivamente; el
diseño y montaje de la
exposición de fotos y
piezas por ese
profesional riguroso y
sensible que es Geanny
García, la animación
diaria del Maestro
Adalett Pérez y su
cotorra vedette
Alegría de las jornadas
nocturnas en el Teatro
Nacional de Guiñol.
Contó con el apoyo
entusiasta de los
medios, los cuales
llevaron a cabo con
creces la labor que el
hecho teatral requiere
de ellos: la
amplificación de lo que
sucede en el espacio
siempre reducido
—en
comparación con el
alcance mediático— de
nuestras instalaciones.
También tuvo la
cooperación del Consejo
Nacional de las Artes
Escénicas y del Centro
de Teatro de La Habana.
Decisiva resultó la
ayuda de los técnicos y
el personal de
administración y de
contacto de las dos
salas involucradas, así
como del Centro Cultural
Bertolt Brecht y del
Museo-Biblioteca
Servando Cabrera Moreno.
Todos juntos, como una
gran familia, hemos
gestado un suceso
fundacional y, por
supuesto, perfectible.
De modo oficial el
teatro de títeres para
adultos ha regresado a
los escenarios. Se
restaura en la
superficie el tejido que
en la profundidad ha
permanecido siempre bien
trenzado. Una vez más la
figura animada nos ha
seducido con su encanto,
ha ejercido sobre todos
su benéfico influjo
reafirmando las frases
finales del texto que
nos convocara al
encuentro: la Bacanal
del Teatro de Títeres
celebra esa maravilla
que es la vida. Apuesta
con osadía por un mundo
mejor donde la
estulticia, la
indiferencia, la
iniquidad no tengan
cabida. Legitima la
armonía de la naturaleza
y la felicidad como
deberes de la especie
humana
Ahora, a mantener los
espectáculos sobre los
escenarios mientras
soñamos la próxima cita.
¡Hasta el 2013!
1- La noche de los
asesinos obtuvo el
Gallo de La Habana,
premio del certamen,
pero
el jurado —integrado
por prestigiosas
personalidades del arte
teatral a nivel
internacional— decidió
conferirle un
reconocimiento especial
a Don Juan Tenorio,
no obstante de
participar en este
espectáculo en calidad
de invitado y no
concursar (se trataba de
una reposición y no de
un estreno y solamente
concursaban los
últimos).
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