El estreno de La dama
de las camelias del
grupo Teatro Océano fue
uno de los momentos más
gratificantes de esta
fiesta del títere para
adultos. Abelardo
Estorino sube a la
escena titiritera de
manos de Luis Emilio
Martínez y Juan
González. Basada en la
obra homónima de
Alejandro Dumas hijo,
esta comedia musical
para títeres y actores
se nos revela como el
hermoso testimonio de
una Margarita que es
hermana de Cecilia, la
que parece blanca. Como
otros seres creados por
Estorino, los personajes
de La dama de las
camelias tienen esa
especie de visión
premonitoria que les
permite conocer su
destino y burlarse de su
suerte.
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Así como el autor se
burla de la moral y sus
designios, los
titiriteros deciden
subvertir el artificio y
nos muestran a los
títeres como figuras
inanimadas que luego
cobrarán vida frente a
nosotros. Los directores
conciben una puesta en
escena compleja y
sorpresivamente vamos
descubriendo un gran
espectáculo donde las
ingeniosas soluciones
escénicas se integran al
tono alegre, licencioso
y satírico que va
contagiando al
espectador desde el
comienzo.
Los hermosos y prácticos
diseños de Francisco
Javier Arteaga tienen
como mayor virtud hacer
valer eso de que nada es
imposible para el
títere. Sin embargo, en
ocasiones la visualidad
se torna confusa y los
elementos escenográficos
enturbian la mirada del
espectador, quien
encuentra el mayor
placer en los cuerpos de
los desenfrenados
parisinos. La Margarita
Gautier imaginada por
Javier Arteaga tiene el
don de hipnotizar con la
mirada y sus ademanes de
cortesana enamorada,
pero también puede
reflejar la enfermedad y
la muerte en una
asombrosa transformación
pocas veces vista en la
figura animada.
El extenso elenco de
La dama de las camelias
trabaja al unísono en un
solo empeño, el de
conformar un universo
delirante y alegre que
supere la enfermedad de
Margarita y obligue al
espectador a quitarse el
nasobuco para inhalar su
fragancia. A pesar de la
armonía lograda en
cuanto a la
interpretación, es
necesario afianzar las
pautas de la relación
actor-títere y
redefinir, tal vez, la
decisión de que varios
actores manipulen y
presten sus voces a los
protagonistas. El hecho
de que Margarita y
Armando sean animados
por tres intérpretes
continúa con ese empeño
que nace desde el texto
de fragmentar las voces
de los personajes y
hacerlos partícipes de
una ilusión infringida
por la dinámica teatral.
Sin embargo, algunos
preferimos esa
complicidad que se crea
entre el títere y su
titiritero, que es a fin
de cuentas, su único
ángel de la guarda.
Los directores logran
instantes deliciosos en
los que se unen el
ingenio del diseñador y
la facilidad de los
actores para la
manipulación y la
comedia. Los mejores
momentos del espectáculo
dan fe de la breve, pero
auténtica vocación
titiritera de Estorino,
tal es el caso de la
chispeante y divertida
escena de los animales,
el descuartizamiento de
Margarita y la letra de
los temas esta vez
brillantemente
musicalizados por Pepe
Ordás.
Luis Emilio Martínez y
Juan González junto con
Teatro Océano logran
contar una historia de
amor que seduce al
público adulto y
contiene, desde el
texto, todos los
ingredientes para
conquistar, sin
necesidad del chiste
fácil o las rústicas
alusiones a la realidad
actual.
Aunque se deben limar
las asperezas que,
naturalmente, afloran
tras un estreno, La
dama de las camelias
es un espectáculo que
irá sumando aplausos y
hará inmensamente
felices a los que amamos
el teatro, pues nos hace
confiar una vez más, en
la verdad del titiritero
y sus manos.
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