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Días atrás estuve en
Báguanos. Era sábado
pero Rolando Bellido
convocó, como una
exhalación, a su gente
para sostener un
encuentro ante los
visitantes imprevistos.
Yo le debía la estancia
desde siempre, desde que
juntamos armas allá por
la medianía de los 90. A
pesar de tantas visitas
a Holguín solo ahora
apareció el día
adecuado, aunque supongo
que tratándose de
Báguanos cualquier día
lo es. Porque el
proyecto cultural
comunitario El árbol que
silba y canta es una
juntura voluntaria de
personas de la comunidad
que tienen por
mandamiento la creencia
en la poesía, en el bien
y en su terruño.
El árbol puede ser un
bello ejemplar de los
muchos del parque de la
localidad, pero su
nombre alude,
metafórico, a todos los
árboles que hacen música
con el ulular del viento
entre sus ramas y
cobijan la poesía como
eje y símbolo de la
vida. Integrado por
obreros del central,
jubilados de esa
industria, pedagogos,
escritores, jóvenes
instructores,
combatientes de nuestra
última contienda, el
grupo promueve la
cultura, los valores del
territorio, la
participación ciudadana,
el fomento de las artes
y, por supuesto, la
poesía.
El proyecto demuestra
cómo la siembra de la
cultura en la comunidad
densifica la pertenencia
a un lugar y logra
cumplir, además, anhelos
individuales. “Lo que
hicimos fue soñar”,
apunta Bellido y blasona
por los siete escritores
publicados. La UNEAC, la
AHS, el CIERIC, la
Sociedad Cultural José
Martí, la Brigada de
Instructores de Arte y
la Asociación de
Pedagogos, entre otras
organizaciones, más una
enorme red de probados
amigos, ayudan con sus
fuerzas respectivas a
hacer posible el sueño.
En la medida que sumen a
más baguanenses a su
utopía, podrán proclamar
al territorio como
capital de la cultura
comunitaria del país.
En tanto, su mayor éxito
fue, como legítima
conquista de la
participación ciudadana
revolucionaria, la
defensa de la integridad
del central López Peña
como entidad productiva
y, por ende, dadora de
vida y cultura al batey
que originó y centra el
municipio.
Rolando Bellido es el
alma de la iniciativa.
Con pasión y compromiso
se bate día a día en
varios frentes en su
cruzada por la cultura y
el socialismo. Deudor de
la filosofía y
estrategia de la
educación popular,
seguidor de Paulo
Freire, explica pegado a
la tierra lo que la
Revolución conquistó
allí, donde mejor se ve,
y también, sin miedo,
las torpezas de
cualquier mal gobierno
que dejaron sus tristes
trazas en el pueblo.
Aunque seguramente su
mejor labranza son los
20 años de El árbol que
silba y canta como
vanguardia del combate
por la patria chica y la
grande, tampoco ha
descuidado su obra más
personal. Doctor en
Ciencias, vicepresidente
de la UNEAC en Holguín y
escritor de libros como
el muy reciente El
humo de Battle Creek,
de Ediciones Holguín, un
hermoso testimonio
histórico contado por su
padre, de casi 90 años,
y por él sobre la visita
del club de béisbol de
Báguanos, a principios
de los 50 del siglo
pasado, a la localidad
norteamericana que
nombra, donde se disputó
entonces un campeonato
de clubes amateurs.
Gracias a ese viaje, el
libro aprovecha la
travesía para dejar
minucioso tratado en
torno a la vida de un
pueblo y a la filosofía
de un hombre.
Bellido quiere hacerse
un líder prescindible
para ganar en fortaleza
según la lógica
metodología de Freire, y
lo entiendo de veras,
pero todavía le debe
años a su empeño.
¡Hay visitas que lo
curan a uno de tantas
cosas! Yo solo atiné a
devolverles el homenaje
que le queremos rendir a
la industria azucarera
cubana en el Complejo
Cultural Raquel
Revuelta, próximo a
inaugurarse en la
intersección de Línea y
B, en El Vedado
capitalino, al nombrar
El Tándem al edificio
que se suma al antiguo
cine Oilimpic, ahora
convertido en una sala
teatro, como
denominación que quiere
subrayar la articulación
de “partes y piezas”
diferentes para lograr
un mismo producto final,
del cual nace también el
lema de este nuevo
espacio: “un ingenio de
producción teatral”.
El día señalado, un
grupo de obreros
alistaba el central. Lin
y Caridad nos brindaron
varios frutos de su
pequeño y espléndido
patio, capaz de producir
numerosos renglones
agropecuarios en unos
pocos metros
aprovechados a la
perfección. El 17 de
febrero sonó allí el
pitazo de arrancada de
la zafra. Habrá sido la
mayor alegría de los
últimos años en Báguanos.
Por agradecidos, ellos
nos dijeron que ese día
se acordarían de
nosotros; no saben que
el agradecimiento es
nuestro y que nosotros
los recordaremos el 17 y
siempre.
La trovadora Ivette
María canta en un verso
a la gente que le
alegra, que también me
alegra. Yo la entendí. |