La Habana. Año X.
24 al 30 de MARZO
de 2012

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La gente que me alegra

Omar Valiño • La Habana

Días atrás estuve en Báguanos. Era sábado pero Rolando Bellido convocó, como una exhalación, a su gente para sostener un encuentro ante los visitantes imprevistos.

Yo le debía la estancia desde siempre, desde que juntamos armas allá por la medianía de los 90. A pesar de tantas visitas a Holguín solo ahora apareció el día adecuado, aunque supongo que tratándose de Báguanos cualquier día lo es. Porque el proyecto cultural comunitario El árbol que silba y canta es una juntura voluntaria de personas de la comunidad que tienen por mandamiento la creencia en la poesía, en el bien y en su terruño.

El árbol puede ser un bello ejemplar de los muchos del parque de la localidad, pero su nombre alude, metafórico, a todos los árboles que hacen música con el ulular del viento entre sus ramas y cobijan la poesía como eje y símbolo de la vida. Integrado por obreros del central, jubilados de esa industria, pedagogos, escritores, jóvenes instructores, combatientes de nuestra última contienda, el grupo promueve la cultura, los valores del territorio, la participación ciudadana, el fomento de las artes y, por supuesto, la poesía.

El proyecto demuestra cómo la siembra de la cultura en la comunidad densifica la pertenencia a un lugar y logra cumplir, además, anhelos individuales. “Lo que hicimos fue soñar”, apunta Bellido y blasona por los siete escritores publicados. La UNEAC, la AHS, el CIERIC, la Sociedad Cultural José Martí, la Brigada de Instructores de Arte y la Asociación de Pedagogos, entre otras organizaciones, más una enorme red de probados amigos, ayudan con sus fuerzas respectivas a hacer posible el sueño. En la medida que sumen a más baguanenses a su utopía, podrán proclamar al territorio como capital de la cultura comunitaria del país.

En tanto, su mayor éxito fue, como legítima conquista de la participación ciudadana revolucionaria, la defensa de la integridad del central López Peña como entidad productiva y, por ende, dadora de vida y cultura al batey que originó y centra el municipio.

Rolando Bellido es el alma de la iniciativa. Con pasión y compromiso se bate día a día en varios frentes en su cruzada por la cultura y el socialismo. Deudor de la filosofía y estrategia de la educación popular, seguidor de Paulo Freire, explica pegado a la tierra lo que la Revolución conquistó allí, donde mejor se ve, y también, sin miedo, las torpezas de cualquier mal gobierno que dejaron sus tristes trazas en el pueblo.

Aunque seguramente su mejor labranza son los 20 años de El árbol que silba y canta como vanguardia del combate por la patria chica y la grande, tampoco ha descuidado su obra más personal. Doctor en Ciencias, vicepresidente de la UNEAC en Holguín y escritor de libros como el muy reciente El humo de Battle Creek, de Ediciones Holguín, un hermoso testimonio histórico contado por su padre, de casi 90 años, y por él sobre la visita del club de béisbol de Báguanos, a principios de los 50 del siglo pasado, a la localidad norteamericana que nombra, donde se disputó entonces un campeonato de clubes amateurs. Gracias a ese viaje, el libro aprovecha la travesía para dejar minucioso tratado en torno a la vida de un pueblo y a la filosofía de un hombre.

Bellido quiere hacerse un líder prescindible para ganar en fortaleza según la lógica metodología de Freire, y lo entiendo de veras, pero todavía le debe años a su empeño.

¡Hay visitas que lo curan a uno de tantas cosas! Yo solo atiné a devolverles el homenaje que le queremos rendir a la industria azucarera cubana en el Complejo Cultural Raquel Revuelta, próximo a inaugurarse en la intersección de Línea y B, en El Vedado capitalino, al nombrar El Tándem al edificio que se suma al antiguo cine Oilimpic, ahora convertido en una sala teatro, como denominación que quiere subrayar la articulación de “partes y piezas” diferentes para lograr un mismo producto final, del cual nace también el lema de este nuevo espacio: “un ingenio de producción teatral”.

El día señalado, un grupo de obreros alistaba el central. Lin y Caridad nos brindaron varios frutos de su pequeño y espléndido patio, capaz de producir numerosos renglones agropecuarios en unos pocos metros aprovechados a la perfección. El 17 de febrero sonó allí el pitazo de arrancada de la zafra. Habrá sido la mayor alegría de los últimos años en Báguanos. Por agradecidos, ellos nos dijeron que ese día se acordarían de nosotros; no saben que el agradecimiento es nuestro y que nosotros los recordaremos el 17 y siempre.

La trovadora Ivette María canta en un verso a la gente que le alegra, que también me alegra. Yo la entendí.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.