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Con Carlos Alberto
Cremata tengo una
grandísima deuda:
escribir de su
Colmenita, ese regalo de
belleza y ternura que
nos ha hecho a todos,
menores y adultos, tanto
que con cada puesta una
siempre se pregunta
¿Hasta dónde llegará Tin?,
como le dicen sus
especiales niños. He
tenido con él otro
problema: adjudicarle
alguna de sus obras a
otro Cremata, el
director de cine, porque
con mucha facilidad he
escrito Juan Carlos en
vez de Carlos Alberto.
Pero en este caso me he
cuidado mucho porque si
Rudy Mora es el director
de Y, sin embargo…
Carlos Alberto es el
padre putativo porque se
enamoró de la obra de un
dramaturgo ruso de la
que ha hecho tres
puestas y de esa
obsesión bebió Rudy para
su película. Por eso,
quise hablar con
Cremata, el Tin de las
abejitas.
¿Cómo llegas a la pieza
de Alexander Jmélik?
¿Por qué te impresionó?
La vi primero cuando
estudiaba en Ucrania,
desde la primera vez me
estremeció el texto.
Encontré en la obra las
mismas preguntas que me
atormentaban acerca de
la educación y del
sentido de la existencia
humana; pero siempre
preguntas, jamás
respuestas, y eso fue lo
que me sedujo como
teatrista.
¿Cuándo realizas su
versión? ¿Fue para La
Colmenita o existe un
intento anterior?
La primera puesta que
hice de esta obra fue
para optar por la
carrera de Dirección
Teatral en el ISA en el
año 1988, recuerdo que
en su elenco estaban
Ketty de la Iglesia,
Nara Mansur (las chicas
severas), Ariel Bouza
—fue el primer Shafín—,
Lapatún lo hacía un niño
muy pequeño hijo de un
guerrillero que habían
matado en El Salvador;
asimismo, actuaban otros
excelentes estudiantes
del ISA, sobre todo
artistas plásticos, y el
sonido lo hizo Arturo
Soto (el director de
cine). Luego volví a
hacerla en La Colmena,
donde planteamos la
tesis: Lapatún solo lo
interpretaba un niño,
los otros estudiantes
los interpretaban
adultos. Lapatún lo
hacía en unas funciones
inolvidables y
magistrales mi prima
Susy Pérez Malberti y la
directora era Amarilys
Núñez; pero fue con La
Colmenita en el año
2007, que encuentro la
conexión del texto con
la música de Silvio. En
eso fue vital la ayuda
creadora de mi primo
Amaury Ramírez.
¿Consideras a Y, sin
embargo…
una obra para niños?
No, y he sido muy
criticado por eso, pero
también creo que dimos
respuesta a un viejo
reclamo que se le hace a
La Colmenita de crear
especialmente para los
adolescentes y jóvenes.
Aunque, siempre he
creído que el texto es
fundamentalmente para
los adultos de todas las
edades. Ellos eran los
que siempre, al ver la
puesta, terminaban
llorando, mientras los
más pequeñitos se los
comían a preguntas,
porque no entendían por
qué sus padres y
abuelitos lloraban.
¿Por qué la dirección de
Rudy Mora?
Rudy y yo tuvimos la
posibilidad de soñar un
proyecto de película
para niños que nos
propuso Abel Prieto hace
unos años, ese proyecto
no se pudo materializar,
y cuando surge la opción
de producir una nueva
película a partir de
nuestra puesta en
escena, apareció de
nuevo Rudy, a quien yo
he considerado siempre
uno de los creadores que
ha trabajado mucho y
bien para que la TV sea
un arte, sobre todo por
su Doble juego,
que me inspiró más que
gustarme muchísimo.
¿Qué sentiste cuando
viste la película
terminada?
Que Rudy había hecho su
película y no nuestra
obra de teatro, que era
lo que nosotros
deseábamos. El cine es
otro lenguaje, y Rudy es
un creador joven con
muchísimo talento, por
eso nos pareció idóneo
para traducir el texto
maravilloso de Jmélik a
la gran pantalla.
Existen
diferencias
entre un
guion y
otro, ¿crees
que los
cambios y adiciones
hacen la película más
cercana a los menores?
Eso lo tienen que decir
los menores. Propongo
que La Jiribilla
los entreviste.
¿Es verdad que tienes
otro proyecto con Rudy?
¿Me adelantas algo?
No, el proyecto es de
Rudy y, según ha
anunciado, será una
especie de continuación
de este primer
largometraje. Se llamará
Leontina y
repetirá a Olito Tamayo
(Lapatún) y a Larisa
Vega. |