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Llegaron hace tres años
con el proyecto de
Abdala bajo el brazo
a conversar con el
Ministro de Cultura. Sin
duda, es seductora la
idea de adaptar al cine
la obra de teatro que
José Martí escribió
cuando era casi un niño.
Y más seductor aún es
que sea cine de
animación; y mucho más
que la historia no se
desarrolle en Nubia como
en el original sino en
Mesoamérica, en el mundo
maya.
Quizá gracias a
Abdala los Estudios
Anima pudieron
trascender las fronteras
de una utopía y
convertirse en todo un
espacio para hacer
animados más allá de los
límites de La Habana, al
oriente, en Holguín.
Pero este filme era un
proyecto tan ambicioso
que los muchachos de
Anima debieron calentar
máquinas antes de
empezar a desarrollarlo.
En un reportaje que
explica la elaboración
de Abdala, uno
descubre que la mayoría
de las manos
involucradas en el
animado pertenecen a
rostros muy jóvenes.
Todos ellos, nucleados
alrededor de Adrián
López Morín, el director
y guionista del filme,
cumplieron con
exigencias de menor
envergadura hasta que se
decidiera que estaban
listos. Realizaron 12
videoclips con los ojos
puestos en la tragedia
de Martí, hasta que un
día, atendiendo a la
calidad de lo que habían
realizado, les
permitieron comenzar su
gran obra.
Abdala, El reino de los
señores de Xibalba
—esperemos— cierra una
etapa de producciones
ingenuas dentro del cine
de animación cubano
posterior a los 2000.
Aunque el guion sigue
siendo uno de los
factores endebles del
filme, se percibe la
preocupación por dibujar
personajes únicos, sin
calcar cánones de Disney
o cualquier otra
industria cultural.
Todavía existe un largo
camino por recorrer, y
quizá directores de los
70 y 80 cubanos como
Juan Padrón y Tulio
Raggi continúan siendo
hoy los más altos
exponentes en este
sentido; pero al
pensarse una estética
propia para Abdala,
el estudio Anima ha dado
el primer paso hacia
esta meta.
Las tecnologías
digitales que comenzaron
a aplicarse al cine de
animación cubano desde
comienzos de siglo hasta
el presente no
significaron un salto de
calidad. De hecho fueron
en detrimento de sagas
como las de Elpidio
Valdés o El
negrito cimarrón,
porque los cuadros
carecían de la textura
de los animados
“manufacturados”, el
movimiento de los
personajes y sobre todo
su relación con el fondo
era enrarecido; y hasta
la grabación de las
voces de los actores
carecía del eco al que
ya nos tenían habituados
los Estudios de
Animación del ICAIC.
Después de esta etapa de
experimentación donde
—suponemos— directores
veteranos confiaron sus
obras a las nuevas
generaciones, más
diestras en el uso de
recientes tecnologías;
vivimos otra en la que
jóvenes realizadores
acometen proyectos
modestísimos y por
lógica superfluos con un
uso tímido de las
posibilidades que
ofrecen las
computadoras. De hecho,
no parece que la
tecnología esté en
función de las obras,
sino al revés.
La llegada de Abdala,
El reino de los señores
de Xibalba a este
escenario invita a un
considerable salto. Pues
la representación visual
de la cultura maya no es
asunto sencillo y exigió
una preparación de
varios meses a los
muchachos de Anima.
Luego los especialistas
tendrán la palabra, pero
más allá de si la
reconstrucción en clave
futurista de esta
civilización se ajusta o
no al hecho histórico;
la arquitectura, los
interiores, el
vestuario, el
maquillaje, ¡la
dirección de arte!
permiten que la historia
y su emplazamiento se
nos hagan creíbles.
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El director y guionista
del filme, Adrián López
Morín, no evadió escenas
de batalla, que debieron
ser de las más complejas
de elaborar. La edición,
en estos momentos, se
convierte en un factor
clave para mantener la
agilidad de la lucha.
Fue así como superaron
el inconveniente de no
poder animar movimientos
complejos entre varios
guerreros durante una
contienda, que dada la
tecnología y el personal
con que se cuenta hoy
habría sido engorroso,
por no decir imposible.
Sin embargo, las figuras
en primer plano (los
personajes generalmente)
aparecen diseñadas en
dos dimensiones y con
técnicas diferentes a
las que quedan en un
segundo plano
(edificaciones, naves)
que son
tridimensionales. Esta
solución afecta la
uniformidad del cuadro,
implica desbalances de
texturas y una
enrarecida relación
figura-fondo. Los
personajes parecen como
pegados en aquella
escena.
Por encima de detalles,
sin embargo, Abdala,
El reino de los señores
de Xibalba promete
cumplir su propósito,
llegar a los jóvenes
espectadores cubanos,
con un lenguaje
cinematográfico acorde
con sus gustos y, sobre
todo, motivarlos a
descubrir el patrimonio
cultural de nuestro
continente. |