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“Como Lapatún yo
tengo sueños, y a mí
también me gustaría ver
un platillo volador”, me
dice Olo Tamayo, el niño
de 12 años que
interpreta ese personaje
en el largometraje
cubano Y, sin embargo…,
ópera prima del
realizador Rudy Mora,
que por estos días se
exhibe en las carteleras
de los cines de estreno
del país.
El pequeño
sonríe más a menudo que
el Lapatún de la
historia, aunque asegura
que “soy callado igual
que él, y algunas veces
a mí también me da miedo
expresar lo que siento…
solo algunas veces”.
Quizá por eso
entre las primeras
historias que me cuenta
está que, ante toda la
promoción que se ha
desatado alrededor del
estreno, “siento un poco
de pena, sobre todo en
el cine Chaplin donde
hay una foto mía
colgando, pero es muy
grande… Todo el mundo
pasa y me ve, y creo que
la foto es demasiado
grande”.
En un ardid
artístico poco común en
el país, la película que
ahora despierta
expectativas diversas en
el público cubano,
nació ante el
éxito de Y, sin
embargo…, una
adaptación de la pieza
de Alexander Jmélik que
hiciera Carlos Alberto
Cremata para ser
interpretada por los
niños de La Colmenita,
que él lidera.
Al cabo de dos
años del estreno teatral
y de su casi instantánea
adaptación
cinematográfica, Olito
cuenta con prisa y
sencillez cómo llegó
esta aventura a su vida:
“Practicaba wu shu
en el Barrio Chino. No
me gustaba La Colmenita,
pero empecé a ir porque
ahí estaban mis hermanos
y comenzó a gustarme, y
entonces hablé con Tin
para sumarme. Bueno, en
realidad Tin me dijo que
podía participar con
ellos si quería, y yo le
dije que sí. En la obra,
el personaje lo iba a
hacer otro niño, pero un
día Tin me dio el guion
y me dijo que me
aprendiera ese personaje
a ver si podía hacerlo”.
Luego Yeliena,
su mamá, me aclara que
Lucas y Sebastián, los
gemelos de 9 años,
fueron los primeros en
participar en el
proyecto infantil, y que
Tin vio en Olito el
Lapatún que necesitaba
para estrenar la pieza
teatral Y, sin
embargo…, que desde
su puesta en escena en
el Teatro de La Orden
III arrancó las lágrimas
de más de uno. “Mamá,
pero yo no voy a estar
diciendo eso”, casi la
regaña Olito.
En diálogo
desordenado le pido al
pequeño que me hable más
de su experiencia en la
película: “Es muy
diferente al teatro,
porque en teatro estamos
acostumbrados a actuar
en salas grandes, con
mucha gente, y tenemos
que proyectar la voz
para que nos oigan hasta
lo último. Con la cámara
en el cine tenemos que
hablar bajito, porque
nos ponen balita
(micrófono) y nos fue un
poquito difícil hablar
en ese tono”.
Junto a él,
otros integrantes de La
Colmenita dan vida a los
personajes de la fábula.
Sobresalen la pequeña
Liliana Sosa, Carolina
Fernández, Daniel
Ramírez y Ernesto
Escalona, uno de los
protagonistas de la
multipremiada cinta
Habanastation
(2011), de Ian Padrón.
Al evocar las
alegrías que ha traído
para ellos la reciente
exhibición de Y, sin
embargo…, Olito
cuenta que “algunas
personas del barrio que
la han visto dicen que
está muy linda, también
por los avances que han
puesto por la
televisión. Otros dice
que quieren verla porque
luce misteriosa… y la
gente del barrio me dice
‘Lapatún, Lapatún’”. ¿Te
molesta que te cambien
el nombre?”, le
pregunto. “Pst, no”,
contesta enseguida.
“En realidad
casi nada me costó
trabajo en la película”,
me dice el intérprete
del pequeño Lapatún
cuando retomamos el hilo
de la conversación, “una
de las cosas más
difíciles fue cuando me
pusieron la hélice de
avión, en la escena casi
final cuando corro.
Había mucho polvo y
tenía que correr con los
ojos abiertos.
“Rudy es para mí
un buen director,
siempre nos trató muy
bien”. Con mucha
seriedad me aclara que
casi nunca los regañaba,
“y cuando se pone bravo
se pone bravo por
dentro, hace así…”, y
con simpático gesto se
pone Olito la mano en la
cabeza.
¿Se portaban mal
durante el rodaje?, y la
interrogante nace acaso
de la evocación de esa
escena donde una
veintena de niños gritan
a toda voz “Lapa-tún,
Lapa-tún”, mientras arde
en llamas el laboratorio
de la escuela. “No nos
portábamos mal. Lo que
sí teníamos mucho frío
porque nos levantábamos
a las 4 de la mañana
todos los días y cada
vez que ‘cortaban’ nos
tenían que tirar toallas
por arriba”.
Solo el día que
grabaron una de las
escenas finales estuvo
mamá a su lado. “Ellos
iban solos todos los
días al rodaje”, comenta
Yeliena y asegura que
“en La Colmenita están
acostumbrados a esa
disciplina, por eso solo
lo acompañé aquel día en
que se enfermó”. Ella
aprovecha su
intervención y le
recomienda al niño:
“Nene, explícale que tus
hermanitos trabajan
también en la película”.
“Ah, sí. Mis hermanos
trabajan, uno canta y el
otro… canta también”.
A Olito quizá no
le alcanzan las palabras
para decirme algo que
noto: él, como su
Lapatún, es un pequeño
muy sensible. “Lo que
más me gustaría repetir
es la película completa.
Nos llevamos muy bien
con el staff. Nos
enseñaron muchas cosas;
como Velia, la del
sonido, que me enseñó a
grabar, y el camarógrafo
me enseñó a tomar los
planos. También algunas
veces en los descansos
jugamos pelota”.
Precisamente
jugando a la pelota en
las escaleras de su
edificio, estaba Olito
cuando llegué a
entrevistarlo. Después
del beso de bienvenida,
entró corriendo a su
casa y se puso un
pulóver. A su regresó me
disculpé por
interrumpirle la
diversión y, mientras
nos preparábamos para el
diálogo, pensé en las
horas de renuncias a
juegos como estos que
quizá implica para un
niño ser uno de los
protagonistas de Y,
sin embargo…, o de
cualquier otro proyecto
artístico. Pero espantó
de inmediato mis dudas,
el universo lleno de
fantasías y naturalidad
en que Olito me sumerge
constantemente durante
nuestro encuentro, como
cualquier niño de 12
años.
“No me da pena
actuar porque Lapatún es
como si fuera yo mismo,
creo que soy yo y cada
vez que hago la obra o
la película, creo que
soy yo quien llega al
aula y dice que vio un
platillo volador.”
¿Lo has visto
alguna vez?
No, pero
quisiera verlo…
¿No te
molesta lucir pequeño
para la edad que tienes?
Pst, no, no,
no...
La última
pregunta llega entre
sonrisas y con ojitos de
asombro, una expresión
que me recuerda mucho a
cierto rostro
melancólico que adorna,
por estos días, los
cines de estreno del
país. |