La Habana. Año X.
21 al 27 de ABRIL de 2012

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Palabras de elogio a fina garcía marruz

Hoy el Ángel va volando hacia sus brazos

Roberto Méndez • La Habana

Fotos: Víctor Junco (La Jiribilla)

Fina García Marruz es la figura intelectual escogida para recibir este año la imagen tutelar de nuestra revista: el Ángel de la Jiribilla, esa inquieta criatura que Lezama hizo nacer de la médula misma de lo cubano para danzar, proteger, combatir, todo a la vez, para que nunca olvidemos las razones esenciales de nuestro ser.

Es una labor prácticamente inútil explicar a ustedes las razones de esta distinción, porque en esta sala estamos, sobre todo, aquellos que amamos y admiramos a Fina por su persona y por su obra. Pero no está de más recordar que Fina formó parte esencial de esas revistas, o mejor, auténticos proyectos culturales, que ya son mitos en el siglo XX cubano: Espuela de Plata, Clavileño y Orígenes. Que en su casa de la calle Neptuno, junto al piano de Josefina Badía, animó junto a su hermana Bella, tertulias que reunían a una parte de la juventud intelectual más inquieta del país. Sabemos que la literatura cubana le debe poemarios fundamentales como: Las miradas perdidas, Visitaciones y Habana del Centro. Y que esa poesía le ha valido lauros como el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, sin olvidar nuestro Premio Nacional de Literatura.

Investigadora literaria y ensayista, su quehacer en estos terrenos se caracteriza tanto por el extremo rigor de sus búsquedas en los archivos y bibliotecas, como por la agudeza de sus juicios y su capacidad persuasiva, a partir de una prosa elegante y de gran altura poética. Así se evidencia, por ejemplo, en su conjunto de ensayos Hablar de la poesía, en La familia de Orígenes, así como en los dos volúmenes de Temas martianos, realizados en colaboración con Cintio, sin olvidar sus Estudios delmontinos, un libro dedicado a estudiar la vida y obra de una figura esencial y contradictoria de nuestro siglo XIX, el escritor y animador cultural Domingo del Monte y Aponte, que le valió a su autora el Premio Anual de la Academia Cubana de la Lengua.

Si estas razones no fueran suficiente, habría que decir que se entrega la distinción, sobre todo, a Fina persona: a la trabajadora humilde y constante de la Biblioteca Nacional y del Centro de Estudios Martianos; a la que ha recibido, escuchado y aconsejado a tantas personas, con sabiduría tal —puedo dar fe de ello— que sus palabras han sido decisivas en muchas vidas; a la que no perdió la esperanza ni la fe en Dios, en la humanidad y en Cuba, aun en tiempos muy difíciles; a la que como su amado Martí, ha sabido hacer del amor una auténtica energía revolucionaria.

Confieso que mientras leo estas palabras vuelvo a ser aquel estudiante del Camagüey que quiso ir a la Biblioteca Nacional a conocer, allá por el año 1976, a Cintio y a Fina en su celda laboriosa y les llevó sus poemas inéditos y sus inquietudes intelectuales aún sin cauce, y recibió de ellos lo que nunca podrá pagarles y me vuelven la timidez y el azoro de aquella tarde al subir las escaleras de aquel recinto, que solo se disiparon cuando ellos me abrieron los brazos.

Aún así no me atrevo a dedicarle esta distinción solo, ni siquiera acompañado únicamente por mis compañeros de La Jiribilla, quiero sentir junto a mí a esos que la quisieron y acompañaron en vida y que hoy son rumorosas, pero verificables presencias en torno nuestro. Reciba, pues, Fina, este Ángel, también de las manos de esos otros ángeles que son Josefina Badía y Medardo Vitier, Juan Ramón, Lezama, y Bella y Eliseo, Cintio y Julián Orbón, Cleva y Samuel y Friol. Hasta el cielo de Cuba se ha puesto en pie para abrazarla, Fina, y la tarde tiene otra luz, porque ese Ángel va volando hacia sus brazos.

 

Palabras de elogio a Fina García Marruz en la entrega del Ángel de la Jiribilla

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.