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Cintio Vitier solía
llamarla su musa
martiana, pero este
jueves Fina García
Marruz estuvo más cerca
de los ángeles que del
panteón griego. Y no de
uno cualquiera, sino del
mismísimo Ángel de la
jiribilla, aquel
invocado por José Lezama
Lima y que, según el
autor de Paradiso,
muestra
“la
mayor cantidad de luz
que puede, hoy por hoy,
mostrar un pueblo en la
tierra”.
Se trata de una
distinción que confiere
cada año la Revista de
Cultura Cubana La
Jiribilla a aquellas
personas que han
defendido con su obra la
cultura del país. En el
caso de Fina, el lugar
no podía ser otro: el
Centro de Estudios
Martianos.
Fina García Marruz formó
parte de las revistas
Espuela de Plata,
Clavileño y
Orígenes. Ha
publicado numerosos
poemarios y libros de
ensayos. Y ha recibido
distinciones como el
Premio Nacional de
Literatura, la Orden
Alejo Carpentier, la
Distinción por la
Cultura Nacional, el
Premio Iberoamericano
Pablo Neruda, El Premio
Internacional de Poesía
Ciudad de Granada
Federico García Lorca y
el Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana. Méritos
más que suficientes para
ser visitada por los
ángeles.
Sin embargo, al
entregarle el
reconocimiento —una
recreación original del
cuadro
“Ángel de la jiribilla” hecha
por
José Luis Fariñas—,
Roberto Méndez, editor
de la revista, aclaró
que la distinción se
otorgó, sobre todo, a
Fina persona. O sea, a
la trabajadora humilde y
constante de la
Biblioteca Nacional y
del Centro de Estudios
Martianos; la misma que
ha aconsejado a tantas
personas con tal
sabiduría, que sus
palabras han sido
decisivas en muchas
vidas; a la que no
perdió la esperanza ni
la fe en Dios, en la
humanidad y en Cuba, aun
en tiempos muy
difíciles; esa, que como
Martí, ha sabido hacer
del amor una auténtica
energía revolucionaria.
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“No
me atrevo a dedicarle
esta distinción solo, ni
siquiera acompañado
únicamente por mis
compañeros de La
Jiribilla, quiero
sentir junto a mí a esos
que la quisieron y
acompañaron en vida y
que hoy son rumorosas,
pero verificables
presencias en torno
nuestro. Reciba, pues,
Fina, este Ángel,
también de las manos de
esos otros ángeles que
son Josefina Badía y
Medardo Vitier, Juan
Ramón, Lezama, y Bella y
Eliseo, Cintio y Julián
Orbón, Cleva y Samuel y
Friol. Hasta el cielo de
Cuba se ha puesto en pie
para abrazarla, Fina, y
la tarde tiene otra luz,
porque ese Ángel va
volando hacia sus brazos”.
Durante la tarde, y
también a modo de
homenaje, se presentó la
segunda edición del
libro Resistencia y
libertad, de Cintio
Vitier, una compilación
de ensayos escritos
entre 1991 y 1994. A
decir del investigador
Enrique Saínz, se trata
de un libro vigoroso,
cuya fuerza emana tanto
de la recia prosa de su
autor, como del propio
tema de sus páginas: la
defensa de nuestra
identidad y nuestro
destino.
Además, señaló que se
integra con coherencia a
una tesis que sostuvo
Vitier desde que
iniciara su carrera
ensayística a los 19
años y que define su
pensamiento: la
preocupación de
encontrar sentido, ese
elemento que incorpora
las cosas al idioma
espiritual del hombre, y
que sirve para superar,
exorcizar y abrirse
paso. Ya que, según el
propio Cintio, lo
sinsentido es
insuperable, una pura
resistencia irreductible
al orden, a la jerarquía
implícita en el
conocimiento y el amor.
A la velada también
asistieron los
intelectuales
Roberto Fernández
Retamar,
Presidente de la Casa de
las Américas;
Armando Hart Dávalos,
director de la Oficina
del Programa Martiano, monseñor
Carlos Manuel de
Céspedes, y
Fernando Martínez
Heredia, Director del
Instituto de
Investigación Cultural
Juan Marinello. |