La Habana. Año X.
21 al 27 de ABRIL de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Entrevista con la chelista cubana Amparo del Riego

Academia Cubana de Violonchelo: ¿se puede?

Estrella Díaz • La Habana

El violonchelo o violoncelo está catalogado como un “instrumento grande, de tesitura grave, perteneciente a la familia del violín, que se sostiene entre las piernas del intérprete” y hasta finales del siglo XVIII fue considerado “de apoyo” que interpretaba la parte de bajo y rellenaba la textura musical.

En Cuba el estudio del instrumento “está garantizado”, según aseguró en entrevista exclusiva concedida a La Jiribilla, la destacada chelista Amparo del Riego, egresada de las academias cubanas y solista de la Filarmónica Nacional.

Amparo, quien por muchos años ha ejercido la docencia en Cuba y fuera de la Isla, está a la expectativa por la próxima salida al mercado de un disco con música de cámara de la autoría del gran pianista y compositor José María Vitier. Ese CD, según dijo, se grabó en 2009 y actualmente se encuentra “en fábrica”, al tiempo que reiteró que tuvo “el honor, el placer y el lujo” de ser acompañada por Vitier en los temas “Intimidad”, “Balada para el amor adolescente” y “Sofía”, que compuso para la película El siglo de las luces.

La músico afirma —categóricamente— que se siente fruto de la política cultural de Cuba: “provengo, dice, de una familia que escuchaba abundante música clásica de manera natural, aunque no había ningún miembro que se dedicara, profesionalmente, a ella. En el año 1969, llego a la escuela de música Alejandro García Caturla y me dicen que escoja entre el violín o el violonchelo —sinceramente, no los conocía porque siempre me incliné por el piano— y dije sin tener la menor conciencia de lo que hacía: ¡chelo!, aunque jamás lo había visto”.

Durante unos 12 años vivió en México…

Allí, fui la solista invitada de la Sinfónica Nacional de México para interpretar el “Concierto para violonchelo y orquesta”, del compositor mexicano Manuel de Elías, obra que me dedicara y dirigiera en Bellas Artes; fui dirigida, también, por el gran director mexicano Herrera de la Fuente con la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Fui invitada (como solista) de las Orquestas Sinfónicas de Guanajuato y Michoacán; fundé el Trío de Cámara Tempori junto a Monique Rassetti (pianista suiza) y Carlos Egry (violinista mexicano), con los cuales me presenté en múltiples ocasiones en diferentes salas del país, grabando un disco dedicado a mujeres compositoras del siglo XIX. Fui invitada como solista con la Orquesta de Música de Cámara Helvética (Suiza), la Orquesta Sinfónica del Festival de Música Contemporánea de Puerto Rico, la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador, entre otras. Fue una etapa profesional muy fructífera, hice música de cámara con colegas de Suiza, Rusia, Alaska, Argentina, EE.UU., México. Colaboré como profesora de violonchelo del Conservatorio las Rosas (México) en todos los niveles,

Desde la pedagogía ¿qué labor desarrolla en estos momentos?

De conjunto con el Instituto Cubano de la Música, en los últimos cuatro años estoy inmersa en una labor hermosísima: a lo largo de todo el país atiendo a los niños que estudian chelo e intento reanimar el instrumento en Cuba. Hace unos años hablar de 30 o 40 alumnos era dar por sentado que había muchos chelistas, pero en este momento tenemos más de ¡200 alumnos en todo el país! Esto es muy importante porque constituye la base para la cuerda de las orquestas sinfónicas del futuro. Estamos hablando de alumnos de entre ocho y 16 años, que es el período de nivel elemental y medio. Es una labor muy agradecida que me llena de energía. También estoy trabajando con mi profesor Roussi Dragnev, de origen búlgaro, Doctor de la Academia de Ciencias de Bulgaria en Pedagogía y Metodología, con quien desarrollamos un trabajo a nivel nacional para lograr altos niveles técnicos que nos permitan trascender nuestras fronteras.

¿Cuál o cuáles son las características que tiene que poseer un niño que se incline por chelo?

Ningún instrumento es fácil, pero tampoco difícil. Uno de los elementos decisivos es contar con un profesor dotado con todas las herramientas pedagógicas, armado con la técnica del instrumento y, también, contar con niños con una capacidad de trabajo extra.

Los alumnos de música llegan a su casa y tienen que continuar estudiando y dejar el juego —que es tan importante a esas edades— a un lado. Es complicado. También deben contar con una familia que los apoye e impulse y que tenga claro que su hijo va a ser artista y que el instrumento no es simplemente eso sino que forma parte de un concepto más general que tiene que ver con la actitud que se tenga hacia el arte. Igualmente, debe poseer una pasión desmedida por lo que se está haciendo. Eso hay que inculcarlo también.

Creo en un buen profesor y un excelente sistema —como el que tenemos implementado en nuestro país— que funciona a nivel nacional. A pesar de que tenemos que mejorar muchos aspectos, es realmente un privilegio en este momento, en esta época, en este mundo en que vivimos —que sabemos está al revés— tener un país entero en función de las escuelas de arte, con instrumentos, con capacidad y con programas pensados e instituidos.

Cuba cuenta hoy con todas las condiciones aunque debemos trabajar en elevar el nivel de nuestros profesores, cubrir algunas expectativas que existen en determinadas zonas en las que, quizá, exista la posibilidad de crear una orquesta sinfónica y que la música clásica —a la que llamo así— rescate sus lugares. Todo esto hay que lograrlo con eficiencia y con alto grado de nivel técnico.

¿Cuáles son los caminos para llegar a un buen repertorio?

Esto se puede ir cultivando y orientando desde que el estudiante es pequeño. Recuerdo que cuando era niña me preguntaban ¿a qué aspiras tú? y respondía: quiero ser solista. Existen niños que desde edades tempranas sueñan con ser maestros, otros con pertenecer a una orquesta… y todo es válido. Esta es una carrera muy larga, que para empezar, dura ¡11 años! —lo digo porque después son cuatro o cinco años para hacer la licenciatura en nivel superior—. Durante todo ese tiempo el repertorio se tiene que ir dosificando y se debe ir construyendo desde que somos chicos. Por ejemplo, cuando somos niños no podemos tocar, quizá, a Johann Sebastian Bach, pero sí se puede entrar en el barroco italiano y asumir algunas obras de Antonio Vivaldi. Hay que ir como probando, tanteando y también teniendo en cuenta los intereses y el gusto del alumno.

Lógicamente, eso está en manos del profesor… 

Absolutamente. En nuestro país todas las escuelas y todos los profesores tenemos a disposición el material para poder trabajar correctamente; pero el secreto está en que hay que preparar las clases. Un alumno talentoso recorre rápidamente el repertorio del instrumento y cubre todas las necesidades técnicas y expresivas.

A la hora de seleccionar un repertorio para un alumno que ha recibido siete años de instrucción en el instrumento, y tiene 15 años, debe ser capaz de enfrentar obras diferentes que van desde el barroco hasta la música contemporánea, pasando por lo clásico y lo romántico, incluyendo música de nuestros compositores latinoamericanos: el secreto es no violentar el repertorio, o sea, escoger lo que el alumno puede tocar.

En el nivel medio, el estudiante debe asumir obras de mayor complejidad técnica, ampliando el repertorio y definiendo sus aptitudes y posibilidades para desempeñar su rol dentro de la música. Cuando finaliza el nivel superior, debe contar con una completa formación técnica, expresiva, con un repertorio general, en resumen, una cultura musical e integral. A partir de este momento, el joven chelista, se integrará, de acuerdo a sus posibilidades y a sus resultados al mundo de la música.

¿Cómo se da el desdoblamiento entre lo más clásico y lo más contemporáneo?

¡Eso es todo un tema! y te pongo un ejemplo: en estos momentos tengo un alumno, excelente, talentosísimo —que acaba de hacer su pase del nivel elemental al medio—llamado César Eduardo Ramos (alumno de la Escuela Paulita Concepción). Él está tocando una obra contemporánea y estoy fascinada porque el lenguaje que manejó durante siete años fue el de los clásicos y los tradicionales del violonchelo, sin embargo, cuando se tienen las herramientas técnicas con una sólida formación, se puede entrar a la música contemporánea con toda comodidad y seguridad.

La música contemporánea debería ser —como lo indica el término— la que se hace en nuestra época. Sin embargo, a veces estamos tocando a Shostakóvich o a Villalobos y seguimos diciendo ‘contemporáneo’ y son obras que datan de hace cien años. Es otro lenguaje y estamos trabajando escalas diferentes y abordamos el instrumento de una manera distinta. Debemos entrar, también, en la música contemporánea  porque la tenemos escrita para nuestro instrumento, de compositores contemporáneos que son fantásticos. Se puede.

¿Y el futuro del chelo cubano?

¡Magnífico! Me considero una persona muy optimista —en eso el impulsor mayor es mi compañero Víctor Pellegrini— y pienso que los sueños tienen que tener una dosis de optimismo muy grande. Estoy convencida de que en Cuba tenemos un material humano fantástico; contamos con jóvenes muy inteligentes, con niños muy vivos y todo ello conforma una cantera rica, variada, incalculable e invaluable para crecer. Estos elementos, conforman una plataforma para proyectar e insertar a los jóvenes violonchelistas cubanos en el universo de la música clásica en todo el mundo.

La salud del violonchelo —instrumento que amo apasionadamente— va por buen camino, pero hay que cuidarlo y, sobre todo, hay que estudiar mucho, diariamente, porque no se logra nada si no hay una entrega individual rigurosa.

¿Academia Cubana de Violonchelo?

¡Mi gran aspiración, mi gran sueño!: contar en nuestro país con una Academia Cubana de Violonchelo con calidad de excelencia. Sí se puede.

 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.