La Habana. Año X.
21 al 27 de ABRIL de 2012

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Algunos desafíos y avatares del cine contados por los “invisibles”
Mabel Machado • La Habana
Foto: Cortesía Oficina de la Muestra Joven

Los invisibles

La película termina y cada cual agarra por su lado sin mirar a la pantalla. El proyector sigue andando, pero el acomodador ha encendido las luces para que los espectadores salgan como si se hubiera disparado la señal de arrancada en una carrera de pista. Sobre el fondo negro corren los créditos, el único momento en que se menciona a cada uno de los nombres del equipo de realización del filme. Nadie los lee. Son tipos invisibles.

El cine es un trabajo de equipo. Un escritor puede pasarse diez años sumergido entre papeles para escribir su novela, un músico necesita la soledad para garabatear el pentagrama, a un pintor le bastan los pinceles para cubrir el lienzo. A un director de cine, no. Aunque haya tenido la idea de rodar la película. Aunque sea el único que aparezca en las noticias si la película tiene algún éxito. Aunque sepa hacer de todo como el hombre orquesta…

A veces algún fotógrafo corre con la suerte de que un cinéfilo lo identifique por el manejo de la luz y los encuadres en un filme. Pero eso ocurre a veces, generalmente porque el fotógrafo acumula décadas en el oficio. Los editores, los guionistas, los productores, los sonidistas y hasta los actores, pasan a menudo a un segundo plano después de que la película se termina. Si son jóvenes y han logrado un desempeño extraordinario, tal vez consigan la atención de la crítica y alguna llamada de un director consagrado en busca de talentos. Tal vez…

Los avatares

Ante las escasas posibilidades de inserción en la industria cinematográfica cubana (teniendo en consideración que esta cuenta con capacidad para asumir muy pocas producciones al año), los jóvenes de las especialidades “invisibles” encuentran trabajo en los proyectos de otros jóvenes realizadores. Para egresar de la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA) del Instituto Superior de Arte, por ejemplo, los estudiantes presentan una obra y son evaluados por ella, de acuerdo con sus diferentes disciplinas. Algunos de estos ejercicios logran quedar después entre los seleccionados para concursar en la Muestra Joven ICAIC, y a partir de la Muestra se amplían las relaciones con otros jóvenes del medio, más allá del aula de clases.

La mayoría de las productoras independientes que operan en Cuba aún sin pleno reconocimiento legal, se nutren de esas alianzas entre jóvenes egresados de las escuelas y los talleres de formación cinematográfica, e incluso, de muchos autodidactas con la capacidad de manejar los recursos y el lenguaje del cine a través de la democratización que supone el avance de las tecnologías digitales.

Alejandro Brugués, uno de los gestores del proyecto independiente Quinta Avenida y director de los largometrajes de ficción Personal Belongins y Juan de los Muertos, explica que su generación está aprendiendo a ajustarse a una realidad global en la cual el cine se muestra distinto: “Mi generación ha sabido adaptarse a una serie de circunstancias complejas: un país en el que apenas se produce cine, donde faltan presupuestos. Creo que estamos haciendo un buen trabajo. El año pasado por primera vez vi una diversidad temática en nuestros títulos, completamente diferente de lo que había visto en años anteriores”.

No obstante, Abel Arcos, guionista de La piscina, señala que es muy difícil para un escritor de guiones —sobre todo cuando se está empezando— establecerse y hacer carrera en un país que no pasa de las diez películas al año: “Conozco a más de 15 (por solo poner un número) guionistas cubanos, que están en la misma situación: un estado que consiste en escribir y escribir y volver a escribir y no ver ni un guion filmado”.


La piscina

En el plano de los clichés entra también la experiencia de la actriz Claudia Muñiz, quien protagonizara recientemente el filme Marina, de Kiki Álvarez: “Resulta muy difícil desmontar los estereotipos. Para una mulata o una jabá, como yo, es muy complejo encontrar un personaje que no sea el de la jinetera o la muchacha sexualmente extrovertida. Muchos de los personajes que he hecho van por ahí. Creo que en la medida en que empecemos a amueblarnos el cerebro de otra manera, las cosas van a ir cambiando. Ya eso se está viendo, algunos personajes de películas tan distintas entre sí como La piscina o Boleto al paraíso están ahí con esos rostros nuevos que espero cada vez más pueblen las pantallas de nuestro cine”.

Para Claudia, sin embargo, los jóvenes actores deben sobreponerse, además, a algunas fisuras en el orden de la formación, derivadas del deterioro de la calidad de la enseñanza artística en los últimos años con respecto a lo que ocurría en los tiempos fundacionales de la Escuela Nacional de Arte y el ISA: “Con suerte tienes un buen profesor de actuación durante tus cinco años, y digo con suerte porque funciona así. Pero nada te garantiza que así será. A veces quedan lagunas que luego es muy difícil superar. Las oportunidades de formación y superación dependen en buena medida de lo que puedas hacer por ti mismo en muchos casos. Así han sido las cosas para mí. Tampoco quiero decir que todo sea en blanco y negro, ni que mi experiencia sea la única”.

Jazz Vilá, otro actor joven que ha incursionado en el cine a través de las películas de Brugués (Personal belongings, 2007 y Juan de los Muertos, 2011), opina que “la falta de recursos y un estancado programa de estudios limitan la formación integral del actor, lo mismo que el escaso intercambio con técnicas más efectivas y vanguardistas”. Con este criterio coincide el sonidista Ariel Novo (Melaza, junto con Rubén Valdés): “Las oportunidades de formación son insuficientes para nosotros. La FAMCA tiene muy pocos talleres por especialidad, mientras que la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños ofrece muchísimos, pero la matrícula para los cubanos es muy reducida. Ninguna de las dos permite la entrada de alumnos a estos talleres en cursos que no sean de la modalidad regular. Las posibilidades de superación, son casi nulas: no existen cursos o conferencias, y si existen, no se les da la suficiente promoción. Lo otro es el tema de Internet, donde sí encuentras muchísima información, talleres, clases magistrales, mesas redondas, etc., pero en Cuba es muy restringido el acceso”.

Según Ariel, los escollos que encuentran los especialistas de sonido, fotografía o edición, se extienden a la carencia de equipos: “Aunque muchos de estos se hayan abaratado, no significa que estén al alcance de la mayoría y los pocos que pueden acceder a ellos pasan muchísimo trabajo para conseguirlos, porque en Cuba no existen tiendas especializadas para la compra de estos”.

Por su parte, el productor y realizador Jesús Miguel Hernández (Ella trabaja, 2007), expresa su preocupación por la mayoría de los cineastas jóvenes desconocen también las vías para “mover” sus obras: “Aunque hay gente haciendo audiovisuales, es complicado insertarlos en espacios si no tienes el conocimiento de hacia dónde ir. En la FAMCA nunca durante los cinco años de formación se aborda qué hacer con tu obra cuando la realizaste, y la gente, si no sabe, se queda sin hacer nada. Es importante empezar dando pasos pequeños, pero no se puede obviar que hay profesionales especializados en la promoción de películas”.

Los roles

Un caso típico de invisibilización. El rol del productor frecuentemente se confunde con el de un asistente encargado de resolver las cuestiones del transporte y la alimentación del equipo. Jesús Miguel apunta que el ICAIC, al privilegiar el cine de autor, fortaleció el binomio realizador-director de producción y que muchos jóvenes reproducen este modelo sin reconocer la importancia de figuras como la del productor ejecutivo, por ejemplo. “Existen pocos productores ejecutivos con la capacidad de tener una visión ideoestética de la obra, de trazar una estrategia desde el momento en que comienza el trabajo de mesa hasta que la cinta, ya terminada, comience a transitar por espacios de exhibición. Algunos se están dando cuenta de que existe esta necesidad, pero no hay patrón de comparación dentro del país. Comprender esto pudiera ayudar a que se valore más el trabajo del productor; porque, aunque no es así en el resto del mundo, acá el único trabajo que se destaca es el del director. El productor tiene que ser tan creativo como el director y esa película tiene que tener un público, un espacio en el que sea vista”.

En lo que concierne a su especialidad, Arcos sugiere: “quizá para el cine cubano lo ideal sería que a veces fueran guionistas los que escribieran y no directores con ansias de autores”. De manera general, comenta Ariel, los directores prestan mucha atención a la fotografía, por ejemplo; pero se olvidan de otros pilares como la dirección de arte, el sonido y la dirección de actores, que es una asignatura pendiente para la nueva generación de realizadores.

Lo pendiente

“Cuando hice La edad de la peseta —decía el realizador Pavel Giroud en una entrevista publicada en el libro Entrevistas a contraluz (Sed de Belleza, 2011)— me sentí parte de una generación, porque quienes me estaban acompañando eran Luis Najmías, un fotógrafo de mi edad que hacía su primera película, y Lester Hamlet, el editor. Estaba llena de actores que debutaban en el cine y mucha gente joven que se incorporaba en áreas como asistentes de dirección y producción”.

Seis años después de La edad de la peseta, los jóvenes siguen haciendo cine con la intención de renovarlo. Sin embargo, tanto entre los directores como entre los que se dedican a las especialidades “invisibles” falta la voluntad de unirse nuevamente como generación, con mucha mayor intención participativa (en los debates y la realidad artístico-social) que la de fundar proyectos independientes: “Somos gente haciendo películas —destaca Brugués—, pero no nos apoyamos como grupo, por lo menos de manera que yo conozca. Esto es una lástima. He visto más apoyo y solidaridad en grupos de cineastas de otros lugares del mundo. Hace años, cuando comenzó el proyecto que terminó convirtiéndose en Tres veces dos, nos metimos todos a trabajar en un cuarto, pero eso no ha vuelto a suceder. Igual no es obligatorio hacerlo, pero seguro ayudaría”.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.