Temas como la
emigración y el
viaje vistos
desde otros
puntos de vista,
las diversidades
sexuales, la
violencia
simbólica,
estructural y su
correlato en la
violencia de
género, son
abordajes en los
que las
realizadoras se
han amparado
para articular
sus discursos.
Así, Alina
Rodríguez en el
año 2008
presenta su
ficción El
color de Elisa,
en el que la
protagonista es
mirada por el
novio, siempre a
través de la
cámara que él
posee y que la
filma
obsesivamente.
La propuesta de
Alina
—recordémosla
con el polémico
e intenso
documental
Buscándote
Havana—
pareciera
indagar ahora en
el tema de la
mirada, (punto
sumamente
discutido en la
teoría fílmica
feminista en
tanto las
mujeres han
estado
tradicionalmente
en la pantalla
para ser
miradas, como
objetos y no
sujetos con voz)
y la decisión de
hasta dónde
podemos decidir
si queremos o no
ser observadas.
El patio de mi
casa
(2007), de la realizadora
Patricia Ramos,
es un ejemplo en
el que se
recupera el tema
del erotismo
femenino en los
cuerpos de
mujeres de dos
generaciones
diferentes, pero
aquí, sus deseos
y sueños
eróticos quedan
truncos, pues
solo suceden en
el espacio de
“lo no real”. La
manera de narrar
de Patricia en
este
cortometraje,
inspirado en
La ciénaga,
de Lucrecia
Martel, recuerda
cómo no siempre
los puntos de
giro en la
narración y la
búsqueda y
peripecias del
héroe para
obtener al
objeto deseado,
tal como nos
enseñó la
narratología
tradicional, son
signos que
indican que una
película esté
bien contada,
pues a la
directora
parecen
interesarle más
las atmósferas y
las sensaciones
de estas mujeres
en medio de los
espacios que
recrea: el
doméstico
representado a
través del patio
de la casa y el
de los sueños
evidenciado en
el espacio de lo
irreal.
Una de las
estrategias
discursivas más
interesantes
radica en el uso
de la
representación
como ilusión de
realidad,
ejercicio que
Marilyn Solaya
desarrollaría en
su documental
Hasta que la
muerte nos
separe
(2000) y más
adelante
veríamos en
diferentes
variantes con
las propuestas
de la
realizadora
Milena Almira
con su
cortometraje
Alina, 6 años
(2008) y en
el documental
El mundo de Raúl
(2009), de
Jessica
Rodríguez y Zoe
Miranda.
En las últimas
ediciones de la
Muestra, han
surgido nuevos
nombres que
habría que
seguir en su
desarrollo, sin
embargo, la
directora
Ariagna Fajardo,
recién graduada
de la filial de
audiovisuales
del ISA de
Holguín y una de
las directoras
más prolíficas
de TV Serrana,
viene mostrando
en los últimos
años un proceso
de desarrollo en
sus propuestas
documentales que
me atrevería a
augurar podría
llegar a
identificarla
como uno de los
nombres más
interesantes del
panorama
documentalístico
en Cuba. Después
de conocerla con
propuestas como
La vuelta,
Papalotes,
A dónde vamos,
regresa a esta
11na. edición
con varios
documentales
Al sur… el mar,
El círculo
y La casita.
En El
circulo,
Ariagna
pareciera querer
introducirse en
el tan peliagudo
tema de la
autorrepresentación,
aunque la
historia del
círculo tedioso
de la y el
cuidador que
representan a su
mamá y papá, que
cuidan a sus
madres enfermas,
o sea, las
abuelas de la
directora
—vínculo
afectivo que
solo hasta el
final
identificamos—
nos revela una
mirada en la que
Fajardo,
partícipe/ausente
de la historia,
pareciera no
involucrarse,
más bien tomar
distancia
absoluta de un
fenómeno que ha
marcado por años
la vida de su
familia. Los
personajes de
los documentales
de Ariagna
parecieran no
tener una cámara
que los increpa,
que los observa
y se mete en sus
vidas, una
cámara que los
desnuda pero que
ella logra
“hacer
invisible”. Por
ello sus
historias
escamotean tanta
información,
anulan momentos
que pudiéramos
extrañar, pero
que están en lo
supuesto y en la
decisión ética
de no regodearse
en la pobreza,
la tristeza y la
incertidumbre.
“Estos filmes
forman parte de
ese corpus
dinámico y
variado que es
el cine de los
más jóvenes,
dentro de ese
panorama, hay un
punto de vista
femenino,
incipiente, que
comienza a
mirar, a (re)presentar
la realidad
desde otras
aristas,
develando
estrategias de
significación
amparadas, no
solo desde lo
temático, sino
también desde el
lenguaje
cinematográfico.
Es el punto
donde habría que
preguntarse si
en el proceso de
resignificación
de la realidad
ellas articulan
presupuestos que
desdramatizan
las nociones
clásicas de
narración, para,
no solo hablar
desde otro punto
de vista, sino
desde otras
maneras de
contar
historias.”3
Este fragmento
anotado hace dos
años no ha
variado su
sentido, al
menos desde mi
percepción, sin
embargo, extraño
nuevos
deslizamientos y
miradas, pues lo
que veo como un
momento
climático —años
2008/2009— en la
realización de
propuestas
interesantes y
provocadoras,
con un sentido
indagador en el
tratamiento del
punto de vista,
en la selección
de los temas, en
las búsquedas de
nuevos y
diversos
lenguajes desde
donde las
realizadoras
abundan en
universos
femeninos que
dan cuenta de
percepciones
diferentes de la
realidad,
parecieran ya
diluirse. Quizá
sea hora, muy
tarde, por
cierto, para que
directoras que
han demostrado
su valía detrás
de las cámaras,
puedan contar
sus historias en
el largometraje.
Creo que
pudiéramos
asistir a nuevos
rostros dentro
del cine cubano…
¿por qué se han
demorado tanto
ellas para
llegar a la
dirección del
largometraje de
ficción? ¿Quién
nos da la
respuesta?
Notas:
-
Ver texto:
Hacer visible lo
invisible. Del
audiovisual
femenino en
Cuba,
por Danae C.
Diéguez
en
El Bisiesto
Cinematográfico
Periódico de la
VI Muestra de
jóvenes
realizadores.
Edición No. II
Año IV, 22-23 de
febrero 2007.