La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Esta vez el Mayo Teatral hizo trac y estalló
Rubén Sicilia • La Habana

El trac (1974) es el último de los textos terminados de Piñera, según las notas al programa de este espectáculo —el sábado 5 de mayo, en el marco del Mayo Teatral, tuvimos el privilegio de disfrutar, en 5ta. y D, la sede del Ciervo Encantado (uno de los grupos líderes de la experimentación en la ciudad)— que contó con un lleno casi total y un público ávido de dialogar con Alexis Díaz de Villegas, quien ha demostrado ser un actor excepcional, y va siendo per se uno de los paradigmas actorales de nuestra generación en cada una de sus entregas. Ni el espacio ni Alexis han defraudado al espectador, sino que han sobrepasado nuestras expectativas. Varias ovaciones dejaron constancia al final.

El texto de Piñera es difícil para cualquier actor y un tanto incómodo para el espectador también, pues no se cuenta una historia. Alexis mantiene en vilo todo el tiempo al público confrontándolo, ironizando, acusando y mucho más. Texto fragmentario, desarticulado en apariencia, donde Virgilio probablemente quiso dislocar ampliamente la estructura. Dicen las notas al programa también que el trac es la onomatopeya de atar firmemente una cuerda, mas en mi lectura de esta puesta, Alexis va más allá. Con una economía de recursos total, cámara negra, luces muy atinadas y descalzo con un simple vestuario negro, el actor inunda el texto de imágenes sobre la desintegración y automatismo del engranaje humano, sobre el disloque esencial de esta cultura asentada sobre bases de delirio colectivo y también sobre nuestro propio y particular descentramiento y estado existencial, aquí y ahora. Una reflexión tal vez aguda e irónica sobre eso que llamamos crisis contemporánea, que refleja la indudable actualidad de Virgilio.

Habíamos visto otra puesta en los años 90 en la Casa de las Américas; en aquella, el elemento lúdicro era más fuerte con el asesoramiento del entonces todavía vital Vicente Revuelta, pero es esta otra la que incursiona en el sarcasmo, el cinismo y la alienación de los tiempos recientes.

La historia del actor, que como personaje central intenta bordar sus contradicciones, es en mi opinión un mero pretexto, un hilo más en el trenzado de Villegas, que abre así el texto escrito y el espectacular a una línea de asociaciones mucho más amplia. Tal vez porque una indagación sobre el destino y la libertad de un hombre puede convertirse en una metáfora sobre el conocimiento, la iniciación y la vida toda. Esto es visible en la frase recurrente y tal vez esperanzadora del final, que queda en nuestra retina mientras las luces bajan: “podemos empezar, podemos empezar, podemos empezar”.

Conmueve, sacude y electriza Alexis en muchos pasajes, como en esa imagen recurrente contra la pared del fondo con los brazos abiertos donde parece hablar con todos y cada uno de los espectadores. Exhibe también la garra de ciertos registros bien irónicos y sentimos deseos de subir al escenario y llorar o reír con él por el destino de este hombre.

Nos hace preguntarnos, ¿hasta dónde más llegará este actor al explorar las posibilidades de su cuerpo, su voz y sus reacciones? ¿Hasta dónde podrá alcanzar en su viaje si no se detiene? ¿Qué nuevas metas hay en su horizonte?

No cabe duda, es mayo, en esta pequeña sala del Vedado un actor hizo trac y algo ha estallado en torno a él y en nosotros. Algo más que teatro aquí ha sucedido. Como director y dramaturgo, como colega, así lo siente quien suscribe estas líneas. Usted atento lector, si busca con avidez a veces ver un acto auténtico en el escenario, indague, pregunte y no se pierda futuras reposiciones. Trac.

 
 
 
 


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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.