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El trac
(1974) es el último de
los textos terminados de
Piñera, según las notas
al programa de este
espectáculo —el sábado 5
de mayo, en el marco del
Mayo Teatral, tuvimos el
privilegio de disfrutar,
en 5ta. y D, la sede del
Ciervo Encantado (uno de
los grupos líderes de la
experimentación en la
ciudad)— que contó con
un lleno casi total y un
público ávido de
dialogar con Alexis Díaz
de Villegas, quien ha
demostrado ser un actor
excepcional, y va siendo
per se uno de los
paradigmas actorales de
nuestra generación en
cada una de sus
entregas. Ni el espacio
ni Alexis han defraudado
al espectador, sino que
han sobrepasado nuestras
expectativas. Varias
ovaciones dejaron
constancia al final.
El texto de Piñera es
difícil para cualquier
actor y un tanto
incómodo para el
espectador también, pues
no se cuenta una
historia. Alexis
mantiene en vilo todo el
tiempo al público
confrontándolo,
ironizando, acusando y
mucho más. Texto
fragmentario,
desarticulado en
apariencia, donde
Virgilio probablemente
quiso dislocar
ampliamente la
estructura. Dicen las
notas al programa
también que el trac
es la onomatopeya de
atar firmemente una
cuerda, mas en mi
lectura de esta puesta,
Alexis va más allá. Con
una economía de recursos
total, cámara negra,
luces muy atinadas y
descalzo con un simple
vestuario negro, el
actor inunda el texto de
imágenes sobre la
desintegración y
automatismo del
engranaje humano, sobre
el disloque esencial de
esta cultura asentada
sobre bases de delirio
colectivo y también
sobre nuestro propio y
particular
descentramiento y estado
existencial, aquí y
ahora. Una reflexión tal
vez aguda e irónica
sobre eso que llamamos
crisis contemporánea,
que refleja la indudable
actualidad de Virgilio.
Habíamos visto otra
puesta en los años 90 en
la Casa de las Américas;
en aquella, el elemento
lúdicro era más fuerte
con el asesoramiento del
entonces todavía vital
Vicente Revuelta, pero
es esta otra la que
incursiona en el
sarcasmo, el cinismo y
la alienación de los
tiempos recientes.
La historia del actor,
que como personaje
central intenta bordar
sus contradicciones, es
en mi opinión un mero
pretexto, un hilo más en
el trenzado de Villegas,
que abre así el texto
escrito y el
espectacular a una línea
de asociaciones mucho
más amplia. Tal vez
porque una indagación
sobre el destino y la
libertad de un hombre
puede convertirse en una
metáfora sobre el
conocimiento, la
iniciación y la vida
toda. Esto es visible en
la frase recurrente y
tal vez esperanzadora
del final, que queda en
nuestra retina mientras
las luces bajan:
“podemos empezar,
podemos empezar, podemos
empezar”.
Conmueve, sacude y
electriza Alexis en
muchos pasajes, como en
esa imagen recurrente
contra la pared del
fondo con los brazos
abiertos donde parece
hablar con todos y cada
uno de los espectadores.
Exhibe también la garra
de ciertos registros
bien irónicos y sentimos
deseos de subir al
escenario y llorar o
reír con él por el
destino de este hombre.
Nos hace preguntarnos,
¿hasta dónde más llegará
este actor al explorar
las posibilidades de su
cuerpo, su voz y sus
reacciones? ¿Hasta dónde
podrá alcanzar en su
viaje si no se detiene?
¿Qué nuevas metas hay en
su horizonte?
No cabe duda, es mayo,
en esta pequeña sala del
Vedado un actor hizo trac y algo ha
estallado en torno a él
y en nosotros. Algo más
que teatro aquí ha
sucedido. Como director
y dramaturgo, como
colega, así lo siente
quien suscribe estas
líneas. Usted atento
lector, si busca con
avidez a veces ver un
acto auténtico en el
escenario, indague,
pregunte y no se pierda
futuras reposiciones.
Trac. |