La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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El Amigo de las Mujeres, una revista dominical
Cira Romero • La Habana

Los domingos suelen ser días donde la morosidad parece se apodera de nosotros. Si ahora nos sucede, cuando disponemos de la radio, la televisión, el cine y otros múltiples espacios de entretenimiento, ¿cómo sería en el siglo xix? El ocasional teatro para ver compañías españolas, francesas o italianas, el paseo en quitrines por las empolvadas calles, la retreta, las tertulias en los domicilios, la infaltable asistencia a la misa dominical. Eso, para las pudientes. Las pobres, las esclavas, si acaso un baile de cuna, como a los que asistía Cecilia Valdés, donde la contradanza enardecía la pasión de los blancos ricos —ellos sí podían asistir a las fiestas “de negros”— por las mulatas vestidas de fiesta. Pero también para las mujeres que supieran leer y escribir —blancas en su mayoría, con cierta posición económica, por supuesto, pues había que suscribirse— se fundaron revistas, muchas de ellas “dedicadas al bello secso [sic]”, como entonces se escribía. Entre estas, figura El Amigo de las Mujeres, cuyo primer número vio la luz el 23 de octubre de 1864. En el obligado prospecto que debía preceder a cualquier publicación expresaron la intención de “hacer un periódico elegante y moral a la vez, instructivo y de recreo, que pueda entrar lo mismo en el gabinete de la opulenta habanera que en la modesta casa de la obrera...”, propósito que dudo pudiera cumplirse, pues en ese momento las obreras eran bastante pocas, por lo general analfabetas y con tan escasos recursos económicos que les era imposible, supongo, dedicar un real para tal distracción. La revista se extendió hasta 1867, pero en los cuatro años, aproximadamente, de su existencia, hubo momentos en que dejó de publicarse.

Aunque dedicada casi exclusivamente a trabajos de carácter literario, abrió sus páginas a artículos sobre bellas artes, modas, teatros y anuncios. Pero lo singular de esta publicación, tan poco conocida, es su impresionante cuerpo de colaboradores, formado por “la flor y nata” de la literatura cubana del momento y que convierten sus páginas en una verdadera antología en lo referente al género poético. Encontramos las firmas de Luisa Pérez de Zambrana, Rafael María de Mendive, Antonio Sellén, José Fornaris, Juan Clemente Zenea, Tristán de Jesús Medina, Úrsula Céspedes de Escanaverino, Mercedes Valdés Mendoza, Ignacio María de Acosta, el gaditano Antonio López Prieto, que años más tarde, en 1881, publicó una de las antologías más importantes del siglo xix cubano: Parnaso cubano, que comprende autores desde Manuel de Zequeira hasta aquellos contemporáneos al antologador, Antonio Enrique de Zafra y otros autores menos conocidos. Aunque no se sabe exactamente cuándo desapareció, algunos autores afirman que fue en el año 1867, como se expresó antes.

Los números revisados de El Amigo de las Mujeres muestran una verdadera colección antológica de “poesías selectas”, como solía decirse entonces, de modo que Juan Clemente Zenea, el llamado posteriormente “poeta mártir”, uno de los “dioses mayores de la poesía cubana”, “el primer poeta cubano que tiene cultura poética, es decir cultura partiendo de la poesía, de las sutiles progresiones de la metáfora, de las relaciones entre el cuerpo y la imagen”, según apreciaciones del autorizado Lezama Lima, está representado con composiciones de su libro Cantos de la tarde (1860), como la titulada “Sobre el mar”, dedicada a Rafael María de Mendive, de la cual extraemos estas estrofas:

Hinchaba el viento las lonas,

La quilla espumas hollaba,

Y en la popa tremolaba

Orgulloso el pabellón;

Y yo a la borda del buque

Lloroso y meditabundo,

Llevaba en mi mente un mundo

De entusiasmo y de ilusión.

[...]

Entonces ¡ay! como  nunca,

lloré mi tiempo perdido,

Y lamenté arrepentido

Mis ignorancias de ayer,

Y maldije aquellas horas

De perversas amistades,

Y las locas mocedades,

Y el abuso del placer.

Dos voces calificadas apuntalan la figura de Tristán de Jesús Medina,  activo colaborador de El Amigo de las Mujeres: José Lezama Lima lo incluyó en el tomo ii de su Antología de la poesía cubana y Cintio Vitier le dio espacio en su obra La crítica literaria y estética en el siglo xix cubano, apoyándose en la afinidad que tienen sus crónicas de 1881 tituladas “Recuerdos de la patria del poeta Coleridge” y “Cervantes y Calderón”, con la crítica literaria que, en esos mismos años, hacía José Martí. Sin embargo, la obra de Tristán de Jesús Medina aún espera estudios y descubrimientos. En fecha reciente el especialista Jorge Ferrer dio a la luz Tristán de Jesús Medina, retrato de apóstata con fondo canónico (Madrid, Editorial Verbum, 2004), obra que contiene artículos, ensayos y sermones de este controvertido autor.

Nacido en Bayamo en 1833, Tristán estudió en La Habana, Filadelfia, Madrid y Alemania. De nuevo en la isla, a los 18 años contrajo matrimonio con Magdalena de la Junquera, joven que, al decir de Max Henríquez Ureña, lo sedujo “por su belleza angelical”. Enviudó al año siguiente, y quedó al cuidado de una hija. Abrumado por el dolor, que le condujo a escribir su romance “Adiós a Magdalena”, ni siquiera el estudio del violín, su instrumento favorito, le produjo consuelo. Su decisión fue determinante: seguiría la carrera eclesiástica. Se ordenó en el Seminario de San Basilio el Magno, en Santiago de Cuba, donde ejerció también como profesor en las cátedras de Física Experimental e Historia Universal. En los periódicos El Redactor y El Orden, de dicha ciudad, publicó, en el primero, su novela “Una lágrima y una gota de rocío”, y en el segundo otra titulada “Un joven alemán”, que repitió en la revista que comentamos. Ambas se inscriben más bien en la narración extensa, sin llegar a constituir propiamente novelas En 1854 editó los cuadernos No me olvides, redactados casi enteramente por él, donde dio a conocer también los primeros capítulos de otra novela, El doctor In-Fausto, y algunas poesías. En 1856 celebró su primera misa. De nuevo en La Habana, ganó merecido prestigio como orador sagrado y colaboró en revistas y periódicos, momento en que se vincula a esta revista con una de las pocas narraciones suyas que han llegado a nuestros días: “Un joven alemán”, entregada por capítulos en números sucesivos, que en tanto obra de juventud adolece de confusiones y sorpresas relacionadas con el estado civil de los personajes, situaciones violentas y conflictivas, crímenes refinadamente concebidos y, en general, un conjunto de efectismos propios del romanticismo en decadencia. Publicó también en esta revista algunas poesías en composiciones de rasgos nerviosos y algunos destellos de imaginación ferviente.

Prestigió las páginas de El Amigo de las Mujeres Luisa Pérez de Zambrana, ya por entonces reconocida poetisa, cuyas mejores páginas ya por entonces se habían “desespañolizado”, como advierte Cintio Vitier, de nuestra lírica. Allí publicó composiciones de las que aún están ausentes la tristeza que posteriormente acompañaron sus Elegías familiares, preñadas del dolor por los sufrimientos padecidos a lo largo de su extensa vida: pérdida del esposo y, paulatinamente, de sus cinco hijos. Sus composiciones para esta revista estallan en inocencia y delicia de vivir, como en su poema “A mi amigo A. L.”, donde leemos

... Vísteme solo

de muselina blanca, que es el traje

que a la tranquila sencillez de mi alma

ý a la escasez de la fortuna mía

armoniza más bien....

O en este “vaporoso” segmento de “El lirio”:

Porque gracioso en el esbelto tallo

como un vaso riquísimo de esencia

la frente rebosada de inocencia

del Sol alzaba al amoroso rayo;

mas luego que la luz lo fatigaba

al agua temblorosa se inclinaba.

Así transcurren las páginas de El Amigo de las Mujeres, pletóricas de buena poesía, de un decir lírico coronado por las mejores voces del momento, quienes en tiempo no muy distante comenzarían a dar, algunos de ellos, un giro temático a sus inspiraciones, al preñarse de alusiones a la libertad de Cuba, cuando ya en 1868 la guerra había estallado en los campos del oriente cubano.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.