La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Obama en la Cumbre de Cartagena
o “el pico del aura”
Esteban Morales • La Habana

Creo que nunca a un presidente norteamericano le ha resultado tan sufrida y desagradable una reunión internacional, como lo fue para Obama la que, seguramente, puede ser la última Cumbre de la Américas.

Mucho menos si recordamos que apenas diez años atrás, todos los mandatarios que ocupaban asientos en esas Cumbres, apenas se atrevían a levantarle la voz al jefe del imperio, dueño y señor del hemisferio, látigo y castigo para el que se atreviera siquiera a reclamar un pedacito de  independencia y soberanía.

Con el fracaso del golpe de Estado en Venezuela, hace diez años, comenzaron sus desgracias. Quién iba a imaginar semejante fracaso, si poco después aplastaron a Manuel Zelaya en Honduras. Aún el golpe de Estado se encontraba entre sus variantes estratégicas; no creo que hayan abandonado todavía la idea, pero cada día se les hace menos posible llevarla adelante. El tono de los gobiernos del hemisferio ha cambiado mucho y los pueblos están más despiertos y organizados que nunca. Centroamérica se les ha ido de las manos. Chile, el experimento neoliberal y golpista más exitoso, ya no les sirve. La variante aplicada en Haití, de enviar armas y soldados para hacer solidaridad, no procede. La posibilidad de hacer el papel de “tío rico” se les agotó.

Por suerte para Obama, el Presidente de Colombia, anfitrión de la Cumbre, aceptó la opción de tirar una espesa cortina de humo que cubriera a la prensa y a los pueblos latinoamericanos y caribeños, la posibilidad de ver en directo la paliza que recibiría Obama. Sin duda, al Presidente estadounidense no le quedó más remedio que tragarse el espíritu contestatario que primó dentro del cónclave. Como si fuera poco, Cuba, el nunca convidado ni siquiera de piedra, se dio el lujo de fijar el ambiente que primó dentro del cónclave sin siquiera tener que gastarse el pasaje para viajar a Cartagena de Indias. Nadie aceptó la ausencia de la Isla y llovieron las amenazas de que sin Cuba no podría volver a celebrarse otra Cumbre. Las Malvinas y el reclamo de Argentina estuvieron presentes, así como la traición del propio EE.UU. a su Doctrina Monroe, cuando apoyó a Inglaterra en la aventura hemisférica.

En realidad, yo era partidario de que todos asumiesen la digna actitud del presidente Correa; pero, pasado el aguacero —que solo a Obama y a Canadá los agarró sin paraguas— me percaté de que ocurrió lo mejor. Los ausentes les enviaron las bofetadas a Obama por correo, y los presentes se las dieron allí mismo.

Para más lucimiento, el cónclave tuvo lugar en los días en que celebrábamos todos los pueblos latinoamericanos y caribeños la Victoria de Playa Girón, como para recordarle al mandatario norteamericano, que la historia puede repetirse como tragedia, no solo como comedia. Con posterioridad a las derrotas en Corea y a la vergonzosa estampida de las tropas norteamericanas en Vietnam, a ningún presidente norteamericano le había tocado soportar una vergüenza mayor. Lo cual nos dice que los días del hegemonismo norteamericano están contados.

No ha logrado aún EE.UU. solventar la crisis económica que le aqueja, su moneda ya es mirada al menos con desconfianza y aparecen variantes para sustituirla. Ya no tiene el apoyo de Japón y Europa para salir de la crisis; como si fuera poco, no es a las 11 mil vírgenes a las que más les debe sino a China. No consigue repetir la victoria de Libia, no logra arreglar Egipto, Irak o Afganistán; no concreta sus planes contra Irán, en Naciones Unidas han emergido fuerzas que lo contrarrestan (China y Rusia), por lo que la trampa a Siria se les está desmoronando; su fiel aliado hemisférico, Colombia, ha decidido portarse mejor, porque las cosas a su alrededor no están para hacerle abiertamente el juego a su antiguo patrón. Cuba lo aplasta moralmente, coincidiendo con su derrota militar en Girón. Como si fuera poco, en el hemisferio ya casi nadie les hace caso y prima un ambiente de paliza colectiva contra el antiguo mayoral. América Latina en particular y el Caribe, paso a paso, escapan del control de los EE.UU. y cada día las posibilidades de recuperar posiciones en el hemisferio se alejan más.

Son tantas las desgracias que acumulan los EE.UU. en esta etapa de su vida imperial, sumado al desprestigio de sus instituciones internas y sus fuerzas armadas, que ya debieran estar pensando en tratar de arreglarse el mundo de una manera más pacífica, menos prepotente y más negociadora, si es que no desean que el piso se les siga aflojando. Y un buen día los buitres, ahora aliados, se lo repartan a pedacitos; porque el capital no cree en lágrimas y mucho menos de cocodrilo. Y ya murió la realidad que permitía decir,  hace algunos años,  que los aliados imperiales no guerrean entre sí. Es tal la estampida provocada por la crisis, no solo económica, que se está desatando paulatinamente un verdadero “sálvese quien pueda”. Paralelamente a un espíritu de solidaridad y cooperación que corre entre los pueblos, se añade un ambiente de rapiña que emerge entre los poderosos. Por lo que un ánimo de arreglar el mundo debiera abrirse paso; pues el único mundo que hoy compartimos, está en peligro.

Obama sabe cómo hacerlo. En sus múltiples discursos ha diseñado políticas inteligentes, coherentes y bien pensadas; pero no sabemos si por cinismo, si porque realmente no es el Obama que quiere aparentar ser, o porque la cobardía no le permite ejecutar lo que piensa, ha seleccionado siempre el camino más sórdido, criminal y peligroso. En verdad,  nunca ha sido posible encontrar la coherencia entre lo que Obama dice y lo que realmente hace. Tal vez su verdadera coherencia está entre lo que oculta y lo que después hace. Pero como decían mis abuelos, “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, y ni el mundo ni la sociedad norteamericana parecen estar dispuestos a seguir soportando las incoherencias de “la política de Obama”, que tal vez no es la suya, sino la de los que le permitieron llegar a la presidencia.

Pienso, no obstante, que va a tener una segunda oportunidad, vamos a ver qué hace entonces. Ojalá, pues, en medio de la situación en que vivimos todos, “vale más malo conocido, que bueno por conocer”.

Abril 19 del 2012.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.