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Creo que nunca a un
presidente
norteamericano le ha
resultado tan sufrida y
desagradable una reunión
internacional, como lo
fue para Obama la que,
seguramente, puede ser
la última Cumbre de la
Américas.
Mucho menos si
recordamos que apenas
diez años atrás, todos
los mandatarios que
ocupaban asientos en
esas Cumbres, apenas se
atrevían a levantarle la
voz al jefe del imperio,
dueño y señor del
hemisferio, látigo y
castigo para el que se
atreviera siquiera a
reclamar un pedacito de
independencia y
soberanía.
Con el fracaso del golpe
de Estado en Venezuela,
hace diez años,
comenzaron sus
desgracias. Quién iba a
imaginar semejante
fracaso, si poco después
aplastaron a Manuel
Zelaya en Honduras. Aún
el golpe de Estado se
encontraba entre sus
variantes estratégicas;
no creo que hayan
abandonado todavía la
idea, pero cada día se
les hace menos posible
llevarla adelante. El
tono de los gobiernos
del hemisferio ha
cambiado mucho y los
pueblos están más
despiertos y organizados
que nunca. Centroamérica
se les ha ido de las
manos. Chile, el
experimento neoliberal y
golpista más exitoso, ya
no les sirve. La
variante aplicada en
Haití, de enviar armas y
soldados para hacer
solidaridad, no procede.
La posibilidad de hacer
el papel de “tío rico”
se les agotó.
Por suerte para Obama,
el Presidente de
Colombia, anfitrión de
la Cumbre, aceptó la
opción de tirar una
espesa cortina de humo
que cubriera a la prensa
y a los pueblos
latinoamericanos y
caribeños, la
posibilidad de ver en
directo la paliza que
recibiría Obama. Sin
duda, al Presidente
estadounidense no le
quedó más remedio que
tragarse el espíritu
contestatario que primó
dentro del cónclave.
Como si fuera poco,
Cuba, el nunca convidado
ni siquiera de piedra,
se dio el lujo de fijar
el ambiente que primó
dentro del cónclave sin
siquiera tener que
gastarse el pasaje para
viajar a Cartagena de
Indias. Nadie aceptó la
ausencia de la Isla y
llovieron las amenazas
de que sin Cuba no
podría volver a
celebrarse otra Cumbre.
Las Malvinas y el
reclamo de Argentina
estuvieron presentes,
así como la traición del
propio EE.UU. a su
Doctrina Monroe,
cuando apoyó a
Inglaterra en la
aventura hemisférica.
En realidad, yo era
partidario de que todos
asumiesen la digna
actitud del presidente
Correa; pero, pasado el
aguacero —que solo a
Obama y a Canadá los
agarró sin paraguas— me
percaté de que ocurrió
lo mejor. Los ausentes
les enviaron las
bofetadas a Obama por
correo, y los presentes
se las dieron allí
mismo.
Para más lucimiento, el
cónclave tuvo lugar en
los días en que
celebrábamos todos los
pueblos latinoamericanos
y caribeños la Victoria
de Playa Girón, como
para recordarle al
mandatario
norteamericano, que la
historia puede repetirse
como tragedia, no solo
como comedia. Con
posterioridad a las
derrotas en Corea y a la
vergonzosa estampida de
las tropas
norteamericanas en
Vietnam, a ningún
presidente
norteamericano le había
tocado soportar una
vergüenza mayor. Lo cual
nos dice que los días
del hegemonismo
norteamericano están
contados.
No ha logrado aún EE.UU.
solventar la crisis
económica que le aqueja,
su moneda ya es mirada
al menos con
desconfianza y aparecen
variantes para
sustituirla. Ya no tiene
el apoyo de Japón y
Europa para salir de la
crisis; como si fuera
poco, no es a las 11 mil
vírgenes a las que más
les debe sino a China.
No consigue repetir la
victoria de Libia, no
logra arreglar Egipto,
Irak o Afganistán; no
concreta sus planes
contra Irán, en Naciones
Unidas han emergido
fuerzas que lo
contrarrestan (China y
Rusia), por lo que la
trampa a Siria se les
está desmoronando; su
fiel aliado hemisférico,
Colombia, ha decidido
portarse mejor, porque
las cosas a su alrededor
no están para hacerle
abiertamente el juego a
su antiguo patrón. Cuba
lo aplasta moralmente,
coincidiendo con su
derrota militar en
Girón. Como si fuera
poco, en el hemisferio
ya casi nadie les hace
caso y prima un ambiente
de paliza colectiva
contra el antiguo
mayoral. América Latina
en particular y el
Caribe, paso a paso,
escapan del control de
los EE.UU. y cada día
las posibilidades de
recuperar posiciones en
el hemisferio se alejan
más.
Son tantas las
desgracias que acumulan
los EE.UU. en esta etapa
de su vida imperial,
sumado al desprestigio
de sus instituciones
internas y sus fuerzas
armadas, que ya debieran
estar pensando en tratar
de arreglarse el mundo
de una manera más
pacífica, menos
prepotente y más
negociadora, si es que
no desean que el piso se
les siga aflojando. Y un
buen día los buitres,
ahora aliados, se lo
repartan a pedacitos;
porque el capital no
cree en lágrimas y mucho
menos de cocodrilo. Y ya
murió la realidad que
permitía decir, hace
algunos años, que los
aliados imperiales no
guerrean entre sí. Es
tal la estampida
provocada por la crisis,
no solo económica, que
se está desatando
paulatinamente un
verdadero “sálvese quien
pueda”. Paralelamente a
un espíritu de
solidaridad y
cooperación que corre
entre los pueblos, se
añade un ambiente de
rapiña que emerge entre
los poderosos. Por lo
que un ánimo de arreglar
el mundo debiera abrirse
paso; pues el único
mundo que hoy
compartimos, está en
peligro.
Obama sabe cómo hacerlo.
En sus múltiples
discursos ha diseñado
políticas inteligentes,
coherentes y bien
pensadas; pero no
sabemos si por cinismo,
si porque realmente no
es el Obama que quiere
aparentar ser, o porque
la cobardía no le
permite ejecutar lo que
piensa, ha seleccionado
siempre el camino más
sórdido, criminal y
peligroso. En verdad,
nunca ha sido posible
encontrar la coherencia
entre lo que Obama dice
y lo que realmente hace.
Tal vez su verdadera
coherencia está entre lo
que oculta y lo que
después hace. Pero como
decían mis abuelos, “no
hay mal que dure cien
años, ni cuerpo que lo
resista”, y ni el mundo
ni la sociedad
norteamericana parecen
estar dispuestos a
seguir soportando las
incoherencias de “la
política de Obama”, que
tal vez no es la suya,
sino la de los que le
permitieron llegar a la
presidencia.
Pienso, no obstante, que
va a tener una segunda
oportunidad, vamos a ver
qué hace entonces.
Ojalá, pues, en medio de
la situación en que
vivimos todos, “vale más
malo conocido, que bueno
por conocer”.
Abril 19 del 2012. |