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Apenas habían
transcurrido unas horas
desde que el espectáculo
Mara o de la noche
sin sueño hiciera
sonar la campanada de
arranque de Mayo Teatral
2012, cuando comenzamos
a sospechar: los hombres
y las mujeres de la
escena llevan imanes por
poros. El teatro los
cría y la vida los
junta. Quizá porque son
hijos de la
supervivencia, en
cualquier parte del
mundo.
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Mara o de la
noche sin
sueño,
Carretera 45
Teatro A.C.,
México |
Y como en Cuba las
afinidades también
parten de ese principio,
cuando un grupo de
teatristas se reúne ¿por
casualidad? en alguna
esquina cerca de la Casa
de las Américas, nadie
se asombra si de pronto
somos muchos, demasiados
y diversos para que en
una sola conversación
tengamos cabida todos.
Ahí lo supimos: el
Encuentro de Teatristas
Latinoamericanos y
Caribeños, programado
para este lunes en la
Sala Che Guevara, iba a
ser intenso.
Más allá de las aristas
que los organizadores de
esta edición propusieron
para hilar el debate,
una de las infinitas
charlas que se
produjeron aquella noche
garantizaba tal certeza:
¿a qué teatro vamos por
aquí cerca?, preguntaron
los integrantes de El
Milagro y de Carretera
45 Teatro AC, y la
conversación se volvió
pública. Ni ellos ni los
actores chilenos ―quizá
los más jóvenes entre
quienes llegaron hasta
La Habana para esta
Temporada― se irían de
la Isla sin haber
conocido cada uno de los
escenarios de la ciudad.
Hasta bien entrada la
madrugada, quisieron
saberlo todo: los
principales grupos, las
políticas culturales
relacionadas con las
artes escénicas en Cuba,
las tendencias del
público, los autores
para la escena… Les
contestamos hasta donde
pudimos: el lunes, el
lunes les conocerán.
La mañana del encuentro
comenzó un poco más
tarde de lo previsto:
los teatristas son
nocturnos, opinó
alguien. Pero cuando
llegó el primero,
aparecieron todos.
Fernando Rubio, María
Alice Vergueiro,
Francisco Sánchez,
Roxana Ávila, David
Olguín, Antonio Zúñiga,
María Isabel Bosch,
Carlos Celdrán, Nelda
Castillo, Antonia
Fernández, Carlos Díaz,
Raúl Martín, Osvaldo
Doimeadiós, Alexis Díaz
de Villegas, Amado del
Pino y Alejandro
Palomino intervinieron
en representación de los
colectivos teatrales de
Argentina, Brasil,
Chile, Costa Rica,
México, República
Dominicana y Cuba,
invitados al Mayo
Teatral 2012. También
estuvo el puertorriqueño
Lowell Fiet, quien ha
venido a impartir un
taller sobre máscaras y
expresión plástica
corporal.
En sillas dispuestas en
círculo, los teatristas
se vieron las caras
mientras hablaban de sus
procesos de creación, de
las propuestas que han
traído a Cuba y de las
relaciones entre el
teatro y las realidades
sociales, políticas y
culturales de sus
países. Por la forma en
que se miraban, algunos
se conocían. O no: tal
vez solo asentían con la
cabeza o sonreían porque
algo les era familiar.
Las historias que María
Isabel Bosch narra en
Las viajeras, ¿acaso
distancian demasiado de
las cartas que Roxana
Ávila nos revela en
Vacío? Vidas de
mujeres dominicanas y
costarricenses, de ahora
y de hace más de una
centuria; víctimas de
una modernización que
las vomita o las
esconde, que las usa
para su reproducción o
las liquida para que no
estorben. Desde las
poéticas de Tibai Teatro
y de Abya Yala, ambas
propuestas revelan
escrituras comprometidas
con conflictos que
trascienden una época
para instalarse, como el
buen arte, en la
intemporalidad de las
esencias humanas. Y se
conocieron en la Casa,
en el encuentro de este
lunes.
Desde 1981, estos
diálogos constituyen el
principal caldo de
cultivo de las
temporadas de teatro
latinoamericano y
caribeño organizadas por
la institución. El
futuro del teatro
latinoamericano, las
publicaciones
especializadas en
teatro, el teatro de
grupo… han sido algunos
de los temas alrededor
de los cuales se han
estructurado los
encuentros. Y el de esta
vez, acorde con las
propuestas que los
grupos han traído y las
experiencias de cada uno
de ellos, se les invitó
a conversar sobre
“Teatro y realidad,
teatro e historia”.
A los chilenos, por
ejemplo, el tema les
vino como anillo al
dedo. Lo supieron
quienes habían visto el
fin de semana la puesta
de Buscando a Kay Kay
y Xeng Xeng Vilu:
sobre la escena, los dos
actores cuentan los
orígenes de su realidad
mestiza. Con códigos que
les llegan del nuevo
circo, se trata de un
texto que se debate
entre mito y veracidad;
pero que se resuelve
soslayando esa disputa.
Lo importante para estos
teatristas es dinamitar
los estereotipos y las
lagunas que los chilenos
tienen en relación con
su origen mapuche.
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Buscando a Kay Kay
y Xeng Xeng Vilu |
Sin haber visto aún
Las tres viejas,
pudimos percibir que
algo similar sucede con
el teatro de Pândega. La
realidad es para María
Alice Vergueiro un
alimento para la poesía
de la escena, no un
sistema de códigos que
se instala en el
escenario y se va
apropiando de las
acciones, los textos,
los personajes… Una
metáfora hermosa la
ayuda a explicarlo: el
mundo ha vuelto a ser un
feto. Debemos hablarle
sobre cómo será cuando
abra los ojos; pero con
amor, para que no se
espante.
Como había ocurrido en
noches anteriores, no
todo fue coherencia.
Afortunadamente. Las
intervenciones de los
teatristas mexicanos,
sobre todo, pusieron en
el centro del círculo
situaciones que han
desangrado ese país
durante décadas, y que
un grupo de teatro
nacido en Ciudad Juárez,
como Carretera 45, no
puede ignorar. La
“realidad” y la
“Historia” de las que
hablaron ellos son
físicas, lastiman las
carnes de los actores
porque son sus
realidades y sus
historias, las de sus
hijos y sus padres.
El público sintió volar
los decibeles. Aunque
huyan del melodrama, las
puestas en escena de
estos teatristas, como
sus palabras, duelen en
la vista y los oídos. Y
los cubanos nos
acercamos a ellas desde
el extrañamiento que la
lejanía produce; pero
sin pretendernos
salvados: como fiesta de
centenario, Virgilio
Piñera nos ha tomado de
las manos y nos ha
llevado con él al fondo,
a donde más nos duele.
Como los teatristas
mexicanos, en el fondo
también hallamos lo que
nos salva. |