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A lo largo de ocho meses
que restan de 2012,
deberán concluirse, con
posproducción y todo,
cinco nuevos
largometrajes cubanos de
ficción:
Irremediablemente juntos,
de Jorge Luis Sánchez;
La película de Ana,
de Daniel Díaz Torres;
Esther en alguna
parte, de Gerardo
Chijona; Las jirafas,
de Enrique Álvarez y
Al borde del río, de
Rigoberto Jiménez. Los
primeros tres fueron
realizados a la sombra
del ICAIC, y los otros
dos recibieron el apoyo
de otras instituciones o
estamentos
audiovisuales.
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Si bien entre los nuevos
proyectos que anuncia el
ICAIC abundan las
adaptaciones literarias
(Juan Carlos Cremata
versiona Contigo pan
y cebolla, Belkis
Vega emprende una nueva
adaptación de Bodas
de sangre), debemos
aclarar que el segundo
largometraje de ficción
de Jorge Luis Sánchez,
Irremediablemente
juntos,
adaptó para el cine
la obra de
teatro titulada De La
Habana a Pogolotti,
escrita por Alexis
Vázquez. El centro de la
historia tiene que ver
con Liz, una joven
estudiante que vive en
Miramar, y Alexander, un
deportista de su misma
edad que vive en
Pogolotti. Los
progenitores acudirán a
los proyectos más
disparatados para
impedir la unión de los
amantes. De modo que el
director de El Beny
vuelve a inspirarse en
motivos musicales para
relatar la fuerza del
amor acorralado por
prejuicios raciales o
sociales.
La película de Ana,
el nuevo largometraje de
Daniel Díaz Torres, el
autor de Alicia en el
pueblo de Maravillas,
Kleines Tropicana
y Lisanka, por
solo recordar tres de
sus mejores comedias,
está protagonizado por
Laura de la Uz y Yuliet
Cruz. Resuelta desde los
códigos de la comedia,
que Díaz Torres ha
demostrado conocer a
plenitud, la película
cuenta la historia de
Ana (Laura de la Uz),
una actriz sin empleo
que decide hacerse pasar
por prostituta para
sacarles un dinero a
unos productores
alemanes. Ana se va
metiendo tanto en su
personaje que las cosas
se le van de las manos y
su vida se complica. Con
guion de Eduardo del
Llano, quien también
hace una breve
aparición, La
película de Ana
cuenta con otras
ilustres participaciones
como las del realizador
y actor Jorge Molina, de
brillante y ajustado
desempeño en la reciente
Juan de los Muertos,
el actor alemán Michael
Ostrowski, el austriaco
Tobías Wolfgang y el
chileno Antonio Caro
quien hacía el papel de
asistente de dirección
ruso.
A lo largo del mes de
mayo, hasta los primeros
días de junio,
transcurrió el rodaje de
Esther en alguna
parte, próximo
largometraje de Gerardo
Chijona, experimentado
cineasta que se apoya en
la novela homónima de
Eliseo Alberto Diego
(1951-2011) para
realizar una suerte de
“comedia triste”, como
la denominó su director,
coproducción
cubano-peruana que
también se desmarca de
las primeras comedias
realizadas por Chijona.
A diferencia de su
último filme,
Boleto al paraíso
(2010), cuyos
actores eran en su
mayoría jóvenes
debutantes, el actual
proyecto de Chijona
cuenta con un elenco
extraordinario de
consagrados, varios de
los cuales ya han
figurado en sus
anteriores películas
Adorables mentiras,
Un paraíso bajo las
estrellas y
Perfecto amor equivocado.
En el elenco de primera
destacan los nombres de
Enrique Molina, Daysi
Granados, Luis Alberto
García, Eslinda Núñez,
Elsa Camps, Verónica
Lynn, Laura de la Uz y
Héctor Medina. El
realizador confesó estar
muy ilusionado con esta
producción, homenaje a
Lichi, pues el filme
recrea una historia de
hermandad entre dos
ancianos en busca de la
verdadera identidad de
la esposa de uno de
ellos. El filme también
quiere ser un tributo a
la entrañable amistad
que, por más de 30 años,
unió al cineasta con el
escritor cubano ganador
del Premio Internacional
Alfaguara en 1998, y
autor de títulos como
La fogata roja
(1985), La eternidad
por fin comienza un
lunes (1992) y El
retablo del conde Eros
(2008). Las filmaciones
se extendieron por
varias locaciones de El
Vedado y Centro Habana.
A pesar de dificultades
con el presupuesto para
la posproducción,
Chijona quisiera tenerla
lista para diciembre y
exhibirla en el
Festival.
Si Marina, de
Enrique Álvarez,
estrenada en el mes de
octubre en salas
cubanas, proponía un
cine sencillo, apegado a
la historia de los
personajes, el más
reciente filme de este
realizador pulsa claves
similares; pero se
diferencia en cuanto al
encierro a que reduce a
sus tres principales
personajes, pues el 90
por ciento de la trama,
aproximadamente, ocurre
en interiores. Una
pareja de jóvenes ocupan
una casa deshabitada en
Centro Habana, pero muy
pronto aparece la
sobrina del difunto
dueño reclamando sus
derechos sobre la
vivienda. Los tres se
tienen que resignar a la
difícil convivencia,
mientras son amenazados
con el desalojo.
Las jirafas
se realizó en régimen de
cine independiente o de
cooperativa, como
prefiere llamarle su
realizador, fue rodado
en la casa del director,
todos los actores y los
técnicos que
participaron aportaron
su trabajo gratis
esperando que algún día
alcancen remuneración
con el resultado.
Gracias a las nuevas
tecnologías, trabajaron
con una cámara que en
principio es de fotos,
pero permite rodar en
alta definición. La
dirección de fotografía
estuvo a cargo del
colombiano Nicolás
Ordóñez. Cuenta Enrique
Álvarez que “cuando la
protagonista salía a
caminar por la calle, la
gente prácticamente no
se daba cuenta de que
estábamos filmando una
película, todo el mundo
lo que estaba viendo era
una cámara de fotos, muy
pequeña, manuable, que
puedes llevar adonde
quieras, y así te puedes
acercar mucho a los
actores, trabajar en
espacios muy reducidos y
eso da unas
posibilidades muy
grandes de experimentar
con el lenguaje y
afrontar de forma
distinta la escritura
cinematográfica”.
La película Al borde
del río, ópera prima
del documentalista
cubano Rigoberto
Jiménez, se rodó en las
inmediaciones de San
Pablo de Yao, poblado
del municipio de Buey
Arriba, en la Sierra
Maestra, con apoyo de
Televisión Serrana y la
Escuela Internacional de
Cine y Televisión de San
Antonio de los Baños.
Según indicó la página
digital de Televisión
Serrana se trata de un
largometraje de ficción
inspirado en la vida de
las hermanas Lola,
Gelacia, Pepa y Cira
Garlobo Gil,
protagonistas del
laureado documental
Las cuatro hermanas,
de Jiménez. Con guion de
Arturo Arango y Xenia
Rivery, sobre un
argumento original del
director y Roberto Renán,
el filme está ambientado
en tres etapas de la
historia del país
(décadas de 1950, 1960 y
1990), el filme abarca
parajes del mayor
sistema montañoso de la
Isla, además de
personajes y entornos
poco tratados en la
producción audiovisual
cubana. Las actrices
elegidas fueron Adela
Legrá, Coralita Veloz y
Oneida Hernández. El
elenco incluye a jóvenes
actrices, en su mayoría
de la provincia de
Granma, como Mirelys
Echenique, Yudexi de la
Torre, Ilietis Batista,
Danieyi Venecia y Yunia
Jerez. Las cuatro
últimas encarnan a las
hermanas Garlobo en su
juventud, durante los
años 50 del siglo XX,
etapa en la cual
transcurre la mayor
parte de la historia.
A las cinco películas
antes mencionadas se
añaden nuevos proyectos
del ICAIC entre los
cuales se cuentan la ya
mencionada Contigo
pan y cebolla, de
Juan Carlos Cremata;
Leontina, de Rudy Mora,
el director de la
recientemente exhibida
Y, sin embargo…;
Carmela, segundo
largometraje del
elogiado director de
Los dioses rotos,
Ernesto Daranas; La
emboscada, de
Alejandro Gil; Vuelos
prohibidos, de
Rigoberto López;
Silicona, de Arturo
Santana; Vestido de
novia, de Marilyn
Zolaya, y Omega tres,
de Eduardo del Llano,
que completaban la lista
de películas cubanas
previstas para
realizarse en el 2012,
según una relación dada
a conocer a principios
de este año. |