La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Cantando a Kay Kay y Xeng Xeng Vilu
Isabel Cristina Hamzer • La Habana
Fotos: Yaima Amador

Desde el sur de América llega Tryo Teatro Banda a este Mayo Teatral con una puesta en escena que cuenta, digo, canta los orígenes del pueblo Mapuche. La agrupación chilena fundada en el 2000 representó en la sala Raquel Revuelta el espectáculo para niños Buscando a Kay Kay y Xeng Xeng Vilu con la dirección de Francisco Sánchez. Con una dramaturgia a seis manos, las de César Ancaf, Claudio Espinoza y el propio director, la puesta en escena relata la leyenda de las culebras Kay Kay y Xeng Xeng.

Cuando los hombres olvidaron vivir en armonía y desdeñaron las bondades de la naturaleza, Kay Kay, serpiente gigantesca que habitaba en el mar, inundó la tierra con sus feroces aguas y los hombres treparon a lo alto de los cerros. Xeng Xeng, quien vivía en las montañas, quiso salvar a los humanos y se enfrentó a Kay Kay en una interminable batalla de agua y tierra. La victoria de Xeng Xeng dio lugar al nacimiento del pueblo Mapuche, cuyos habitantes aún toman chicha de papa en diversas zonas de la parte central y meridional de Chile y del occidente de Argentina.

En el espectáculo, esta leyenda es recreada desde nuestros días, así la historia de la “gente de la tierra” es también una especie de reflexión sobre el desamor y el egoísmo  de estos tiempos, un llamado para que no tengamos que huir, otra vez, a lo alto de los cerros. Los actores músicos, Pablo y Pancho salvan al espectáculo del didactismo gracias al uso singular de la música y a un sentido del humor que bien pudiera ser gris con pespuntes negros, pues son capaces de despeñar a los hombres montaña abajo o de hundirlos en lo profundo de los ríos de la manera más divertida que se pueda imaginar.

Pablo y Pancho son los protagonistas de la puesta aunque todos buscamos a Kay Kay y Xeng Xeng. La figura del actor es quien puebla la escena y sobre ella se dibujan los personajes que atraviesan de prisa nuestra mirada sin que podamos siquiera retener su imagen. Lo importante es que dos hombres nos hablan de sus orígenes y eso es algo que el espectador retiene desde el comienzo del espectáculo. Tal vez por ello los únicos títeres de la obra son Kay Kay y Xeng Xeng.

La visualidad de la obra se complementa con los cuerpos de los actores y las figuras de lana confeccionadas por una artesana mapuche que representan a las dos culebras. Sin embargo, es imprescindible distinguir otros elementos que conforman visualmente esta puesta, se trata de los instrumentos musicales que aún sin ser tocados, llenan la escena de armonía y belleza. Los instrumentos típicos mapuches y tradicionales de Chile como el rabel y el guitarrón chileno acompañados de las palmas del público, componen una sonoridad exclusiva.

Buscando a Kay Kay y Xeng Xeng Vilu es un espectáculo bilingüe, los intérpretes hablan el castellano y el mapudungun. Sin embargo, en el escenario se entrecruza toda especie de sonidos que, en asombrosa mezcla, forman un tercer dialecto mucho más asequible que nuestra lengua o la mapuche, pero no menos extraordinaria. Se trata del sonido que produce un árbol al caer o un pez en el agua o el kull kull cuando emite su llamado, o la kadkawilla cuando se agitan sus cascabeles.

Los dos actores nos enseñan a descifrar este extraño idioma desde el instante mismo en que nos revelan los significados de los nombres de las culebras: Kay Kay por el sonido del agua al caer y Xeng Xeng por el sonido de la tierra al temblar. Nuestro descubrimiento de este maravilloso modo de hablar sin palabras continúa cuando nos explican como el ñolkin se toca aspirando y nos demuestran cómo sacamos música del pawpaweñ si pulsamos la cuerda con un dedo y usamos la boca como caja de resonancia.

El sentido melódico del espectáculo, logrado a través de la  música en vivo y las múltiples voces de Pablo y Pancho, es el mayor atractivo de la obra. Francisco Sánchez como director, encuentra en Buscando a Kay Kay y Xeng Xeng Vilu, una manera especial de contar y cantar la historia. Ese canto no tiene barreras idiomáticas y hace posible que realmente toda la familia disfrute de la puesta y conozca los orígenes del pueblo Mapuche. La más inmensa historia puede ser también una extraña melodía. Tal es así que mi pequeño hijo de solo un año quedó fascinado con el tintinear del kultrung sin sospechar que tras ese sonido se esconde la explicación del universo.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.