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Desde el sur de América
llega Tryo Teatro Banda
a este Mayo Teatral con
una puesta en escena que
cuenta, digo, canta los
orígenes del pueblo
Mapuche. La agrupación
chilena fundada en el
2000 representó en la
sala Raquel Revuelta el
espectáculo para niños
Buscando a Kay Kay y
Xeng Xeng Vilu con
la dirección de
Francisco Sánchez. Con
una dramaturgia a seis
manos, las de César
Ancaf, Claudio Espinoza
y el propio director, la
puesta en escena relata
la leyenda de las
culebras Kay Kay y Xeng
Xeng.
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Cuando los hombres
olvidaron vivir en
armonía y desdeñaron las
bondades de la
naturaleza, Kay Kay,
serpiente
gigantesca que habitaba
en el mar,
inundó la tierra con sus
feroces aguas y los
hombres treparon a lo
alto de los cerros. Xeng
Xeng, quien vivía en las
montañas, quiso salvar a
los humanos y se
enfrentó a Kay Kay en
una interminable batalla
de agua y tierra. La
victoria de Xeng Xeng
dio lugar al nacimiento
del pueblo Mapuche,
cuyos habitantes aún
toman chicha de papa en
diversas zonas de la
parte central y
meridional de Chile y
del occidente de
Argentina.
En el espectáculo, esta
leyenda es recreada
desde nuestros días, así
la historia de la “gente
de la tierra” es también
una especie de reflexión
sobre el desamor y el
egoísmo de estos
tiempos, un llamado para
que no tengamos que
huir, otra vez, a lo
alto de los cerros. Los
actores músicos, Pablo y
Pancho salvan al
espectáculo del
didactismo gracias al
uso singular de la
música y a un sentido
del humor que bien
pudiera ser gris con
pespuntes negros, pues
son capaces de despeñar
a los hombres montaña
abajo o de hundirlos en
lo profundo de los ríos
de la manera más
divertida que se pueda
imaginar.
Pablo y Pancho son los
protagonistas de la
puesta aunque todos
buscamos a Kay Kay y
Xeng Xeng. La
figura del actor es
quien puebla la escena y
sobre ella se dibujan
los personajes que
atraviesan de prisa
nuestra mirada sin que
podamos siquiera retener
su imagen. Lo importante
es que dos hombres nos
hablan de sus orígenes y
eso es algo que el
espectador retiene desde
el comienzo del
espectáculo. Tal vez por
ello los únicos
títeres de la obra son
Kay Kay
y Xeng Xeng.
La visualidad de la obra
se complementa con los
cuerpos de los actores y
las figuras de lana
confeccionadas por una
artesana mapuche que
representan a las dos
culebras. Sin embargo,
es imprescindible
distinguir otros
elementos que conforman
visualmente esta puesta,
se trata de los
instrumentos musicales
que aún sin ser tocados,
llenan la escena de
armonía y belleza. Los
instrumentos típicos
mapuches y tradicionales
de Chile como el rabel y
el guitarrón chileno
acompañados de las
palmas del público,
componen una sonoridad
exclusiva.
Buscando a Kay Kay y
Xeng Xeng Vilu
es un espectáculo
bilingüe, los
intérpretes hablan el
castellano y el
mapudungun. Sin
embargo, en el escenario
se entrecruza toda
especie de sonidos que,
en asombrosa mezcla,
forman un tercer
dialecto mucho más
asequible que nuestra
lengua o la mapuche,
pero no menos
extraordinaria. Se trata
del sonido que produce
un árbol al caer o un
pez en el agua o el
kull kull cuando
emite su llamado, o la
kadkawilla
cuando se agitan sus
cascabeles.
Los dos actores nos
enseñan a descifrar este
extraño idioma desde el
instante mismo en que
nos revelan los
significados de los
nombres de las culebras:
Kay Kay por el sonido
del agua al caer y Xeng
Xeng por el sonido de la
tierra al temblar.
Nuestro descubrimiento
de este maravilloso modo
de hablar sin palabras
continúa cuando nos
explican como el
ñolkin se
toca aspirando y nos
demuestran cómo sacamos
música del pawpaweñ
si pulsamos la
cuerda con un dedo y
usamos la boca como caja
de resonancia.
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El sentido melódico del
espectáculo, logrado a
través de la música en
vivo y las múltiples
voces de Pablo y Pancho,
es el mayor atractivo de
la obra. Francisco
Sánchez como director,
encuentra en Buscando
a Kay Kay y Xeng Xeng
Vilu, una manera
especial de contar y
cantar la historia. Ese
canto no tiene barreras
idiomáticas y hace
posible que realmente
toda la familia disfrute
de la puesta y conozca
los orígenes del pueblo
Mapuche. La más inmensa
historia puede ser
también una extraña
melodía. Tal es así que
mi pequeño hijo de solo
un año quedó fascinado
con el tintinear del
kultrung sin
sospechar que tras ese
sonido se esconde la
explicación del
universo. |