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Si se contaran por
ediciones, estaríamos
hablando aquí de la
novena Temporada de
Teatro Latinoamericano y
Caribeño. Pero se le
recuerda por años, como
en la vida hacemos con
el nacimiento, la
menarquia, el primer
amor: 2010, el Mayo
Teatral de Matacandelas,
Yuyachkani, Timbre 4;
grupos laboratorio,
grupos taller, grupos
leyenda… 2012, el Mayo
Teatral de las
individualidades, el de
Virgilio, el de las
incógnitas felizmente
resueltas.
Durante diez días, la
Casa de las Américas ha
hecho converger en Cuba
20 espectáculos de siete
países de la región:
Argentina, Brasil,
Chile, República
Dominicana, Costa Rica,
México y Cuba. Solo una
de las obras,
Contando a mi abuelo,
de María Isabel Bosch,
había subido a un
escenario de la Isla. El
resto: apenas conocidas
por sus textos,
publicados en no pocos
casos por la revista
Conjunto, editada
también por Casa.
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Las tres
viejas,
Teatro Pándega,
Brasil |
Diez ciudades del país
constituyeron el pan de
este Mayo. Desde una
punta de la Isla hasta
la otra, los teatristas
se movieron con sus
espectáculos en
unitinerario de puro
riesgo: aunque
acostumbrado a que un
mayo cada dos, desde
cualquier punto de la
América Latina y el
Caribe llega hasta ellos
una puesta teatral, el
público apenas tenía
referencias sobre Abya
Yala,
INTIMOTEATROITINERANTE,
Tibai Teatro o Tryo
Teatro Banda, por solo
mencionar aquellos que
llegaron hasta Santiago
de Cuba, Santa Clara,
Ciego de Ávila, Morón,
Bayamo, Manzanillo, la
comunidad pinareña Las
Terrazas, Cienfuegos y
Matanzas. Y en La
Habana, garante por
excelencia de cuanto
festival internacional
pise suelo cubano, el
panorama no era muy
diferente.
Cada uno desde su
distintivo, no obstante,
presentó sus propias
credenciales: conocimos
a Fernando Rubio y a
Maria Alice Vergueiro,
los nombres más
reconocidos de entre
quienes fueron
convocados esta vez por
la Casa de las Américas,
quienes guiaron a sus
colectivos en propuestas
que nos noquearon con su
pluralidad de voces, la
singular apropiación del
espacio, la convergencia
de géneros, la capacidad
de sus actores de
dinamitar textos
aparentemente planos y
hacerles volar en mil
niveles de lectura; la
interpretación cálida,
casi maternal, de María
Isabel Bosch; la ciencia
de los Vacíos, de
Roxana Ávila y Ailyn
Morera, traducida a una
poesía visual que
deslumbró a los
espectadores; el carisma
y el buen arte de contar
historias,responsables
de la acogida
maravillosa del público
a
Buscando a Kai Kai
y Xeng Xeng Vilu;
la herida por donde
sangra México desde hace
décadas, vista esta vez
desde la psiquis del
asesino… Cada uno desde
su singularidad, se
lució sobre todo en
individualidades:
actores que se
expusieron a situaciones
borde, como un idioma no
compartido en un
espectáculo de fuerte
peso textual, una actriz
de 77 años que se
desnuda e invita luego a
que el público la
abrace, un escenario de
cuatro metros cuadrados
en el que te ahoga la
respiración del otro…
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Mara o de la
noche sin sueño,
Carretera 45
Teatro A.C.,
México |
Y la muestra cubana no
hizo menos: concentrada
casi toda en lo que dio
en llamarse Ciclo
Piñera, como primera
acción masiva en
homenaje al gran
dramaturgo cubano en el
año de su centenario,
los colectivos de Argos
Teatro, Teatro de la
Luna y Teatro El Público
asumieron las puestas de
Aire frío, La
boda y Los
siervos,
El trac y Un
jesuita de la literatura.
Como sellos de
distinción, otra vez, la
belleza y el riesgo de
un actor o actriz solos
sobre la escena; la
exposición física y el
ejercicio del intelecto:
trances que les
acercaron, sin duda, a
las puestas de
Cubalandia, donde
otra vez brilló Mariela
Brito. El Mayo Teatral
2012 será también
recordado como el
contexto en que subió a
escena, para desbordarla
luego en una conga por
las calles aledañas al
teatro Trianón, la
función número cien de
Noche de Reyes;
el regreso a las tablas
de Cuatro menos y
la incorporación de
puestas de Macubá y
Morón Teatro.
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Un jesuita de
la literatura,
Teatro El
Público, Cuba |
Y como clímax, otra
edición del Encuentro de
Teatristas
Latinoamericanos y
Caribeños. Sobre el tema
“Teatro y realidad,
teatro e Historia”, cada
uno de los colectivos
que conformaron la
curaduría de esta
Temporada pudieron
compartir procesos de
creación, maneras de
asumir las complejidades
políticas y sociales de
sus contextos, visiones
sobre la escena
latinoamericana en
conjunto y sobre los
verdaderos aprendizajes
de un festival de
teatro. Más allá de la
memoria escénica que
queda registrada para
siempre en el público,
hablar de la Temporada
de Teatro
Latinoamericano y
Caribeño Mayo Teatral
implica admitir la
consolidación de una red
que también trasciende
la escena: el Mayo
Teatral, como ha sido
este de 2012, es un
conjuro contra el
aldeanismo y las
plétoras vacías. Un
ejercicio de
autenticidad bañado de
suerte, con el primer
aguacero. |