La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Carretera 45 Teatro A.C.:
Hablar de nuestro mundo y nuestras cosas
Celia Medina • La Habana
Fotos: Maribel Amador

Como parte de Mayo Teatral 2012 La Habana vio en escena personajes inusitados en esta realidad nuestra. De la mano de Carretera 45 Teatro A.C. el complejo mundo de los maras y algunas de las realidades más terribles de la contemporaneidad mexicana subieron a las tablas desde lo que Rodolfo Guerrero, director de la compañía, llama una fantasía poética, una construcción ficcional que recrea una historia, en este caso basada en hechos reales. Nos referimos, y quizá debimos comenzar por este detalle la introducción a esta entrevista, a Mara o de la noche sin sueño, obra que se propuso dejar a un lado estereotipos, caracteres anquilosados, caminos recorridos, para explorar desde la experimentación y el diálogo directo con el público relaciones humanas que atraviesan las geografías y descubrir en este viaje a tres personas capaces de reír y de hacer reír a los espectadores.

El diálogo con La Jiribilla transcurre durante el taller “Dramaturgia, actuación y dirección de emergencia”, que Guerrero imparte en Casa de las Américas junto con Antonio Zúñiga, autor de la pieza. Las preguntas se suceden rápidas, y es que el tiempo apremia. Pero el actor y director no cree en prisas que dejen una idea a medias: los ejemplos y referencias se multiplican para que no queden dudas o frases sueltas… y lo primero sería indagar por el espectáculo Mara o de la noche sin sueño, que el conjunto ha llevado por varias provincias del país.

“Este proyecto comenzó hace cuatro años, es una obra que me encantó porque tiene que ver con mi mundo de niño, aunque el fenómeno de las maras es mucho más reciente, tiene mucha relación con los recuerdos de infancia de Rodolfo Guerrero. Lo que me era más cercano en aquel entonces eran los cholos, que iban vestidos de una cierta manera, tenían una actitud pandilleril, grafiteaban las paredes, eran temibles… como niño me daba mucho miedo este universo, pero al mismo tiempo me resultaba muy atrayente. Luego mis mayores platicaban acerca de los pachucos, de los tirilones… por eso creo que Mara… es una serie de fotografías en el tiempo de lo que pueden ser el cholo, el pachuco y toda una serie de personajes que, de pronto, se salen fuera del contexto social y se manifiestan de una manera distinta.”

¿Desde qué ideas se propone la obra explorar esta temática?

Quería desmitificar todo esto de los pandilleros malos y construir unos personajes capaces de divertirse, de soñar. Quería verlos como unos jóvenes que defienden su mundo, su territorio. Además, Mara… dice: ¿dónde quedan los sueños, los anhelos, lo que una persona busca y quiere? Queda en nada: Brenda Pérez, la protagonista, termina envuelta en una bolsa de plástico, y ¿a dónde se van sus sueños, su pastel de 15 años, su vestido? Lo que ella quería terminó en la basura. Hablamos de una cuestión que nos toca, en la que de pronto estamos abandonados, lejos de los otros, y terminamos perdidos, muertos.

¿Cómo se concibió la representación del texto de Zúñiga?

Mara… deja una tarea muy fuerte como director para poder recrear las acciones. La música fue un ingrediente especial que nos dio atmósferas, contrastes. El vestuario también funcionó en este sentido para contraponer sentidos. Y además en algún punto de la pieza teníamos la intención de que te dieras cuenta de que estamos jugando, de que no es real la puesta en escena.

¿De qué manera Carretera 45 Teatro A.C. proyecta la construcción de una puesta?

Trabajamos con muchas dinámicas que iban hacia la búsqueda de la cuestión más personal, a encontrarse y relacionarse con el público de una forma particular. No quería que los protagonistas estuvieran lejos de la audiencia, sino muy cercanos, que los espectadores sintieran algo así como: “te estoy hablando a ti”.

Además, experimentamos con un juego de energías, con una dinámica que podía ser muy energética y muy contenida, con transiciones mínimas. De pronto, parecía que aquí no pasa nada, aquí todo es tranquilo, y de pronto se arma una violencia y una fuerza, y de nuevo todo se normalizaba. A partir de esta relación se fueron construyendo todos los elementos de la puesta. En este aspecto, fueron muy importantes las herramientas y revelaciones que los actores aportaron.

¿Cómo se eligieron los actores para Mara…?

Lo que pasó en algún momento es que quería encontrar a actores que hubieran tenido en su vida relación con “la vida loca” —término que se utiliza mucho en la obra—, o sea, con la vida del barrio, del territorio, de estar en pandilla. No quería encontrar a un mara de verdad, pero sí a alguien que hubiera tenido experiencias con pandillas. Hice una serie de entrevistas y encontré casos muy interesantes: uno era pandillero en Los Ángeles, California; otro cholo en los 70; un tercero vivió una historia dura con las drogas; la protagonista, por ejemplo, tiene una cuñada salvadoreña y recuerda mucho el acento y la atmósfera de ese mundo.

En Mayo Teatral 2012 se presentan también con la obra Los asesinos, con la asociación mexicana El milagro…

Como Carretera 45 Teatro A.C. trabajamos durante muchos años independientes, buscando recursos… emigramos al D.F. desde Ciudad Juárez, porque allá no había manera de crecer. Pero no queríamos dejar nuestro contexto, por el contrario, nos interesaba hablar en otras realidades de lo que pasaba en nuestra región. Nos abrimos un espacio en la capital. Luego nos acercamos a David Olguín, a El milagro. Pensamos en asociarnos con este grupo, en plantearles un tema de nuestro mundo que pudiera ser de interés para todos. Y encontramos un terreno bien interesante cuando lo conversamos: la atrocidad que está sucediendo en nuestro país. Verás, por todas las cuestiones relacionadas con el narcotráfico hay miles de muertos, en una etapa aparecían muertos todos los días, como en una guerra. Para nosotros era infame todo lo que estaba sucediendo, era como una degradación de lo humano. En las pláticas con David descubrimos que a ambos nos interesaba este tópico, y empezó a escribir una obra, Los asesinos, que nos encantó, donde habló sobre la estupidez de lo humano.

Hacer teatro en México…

La carrera de los actores, de los teatreros es un mundo que mucha gente no entiende. Es muy difícil lidiar con esas cosas: descubres que todos los que conoces, hasta tu propia familia, en muchos casos no comprende lo que haces. Los actores de la televisión, del espectáculo, son los reconocidos, los que valen en una sociedad como la mía. Los otros, los que intentan reflexionar desde la escena para que podamos comunicarnos sobre nuestro mundo y nuestras cosas, pues esos no son tan interesantes.

Además, es muy difícil. El D.F. es enorme y hay mucha competencia. Pero si es complejo en el D.F. peor es la situación en otros estados. En la capital hay grandes profesionales de la escena, gente que sabe cómo y a quién dirigirse para hacer políticas culturales que los incluyan en muchos proyectos. Lo que sucede también es que tienes que estar al lado de las instituciones, para que puedas tener apoyos, pero tampoco las instituciones reciben a cualquiera, hay que estar años llamando, haciendo relaciones…

En el D.F. existen mundos muy individuales: pasa que haces tus cosas y yo las mías, los actores no tienen tiempo, tienen que llegar a las telenovelas. No se genera una reflexión particular o grupal, donde se acuerde: “queremos decir esto”. El teatro se hace en equipo y cada vez es más difícil hablar y decir al mundo algo desde el teatro. Carretera 45 Teatro A.C. busca hablar de nuestro mundo, nuestra identidad y nuestras cosas, pero casi nadie lo hace, hay pocos grupos en el país que se mantienen en esta línea.

Ustedes definen su estética como de la frontera…

Al referirnos a una estética de la frontera hablamos de lo que hemos vivido en nuestro contexto: recordemos que somos de Ciudad Juárez, Chihuahua, una zona pegada a Texas, EE.UU. Como ciudadanos de esta realidad hemos tenido una serie de experiencias que nos han marcado, que nos han hecho entender la existencia en un contexto influenciado por el sueño americano, queramos o no. De alguna manera esa realidad ha condicionado nuestras vidas. Puede decirse que tenemos un lenguaje particular, de la misma forma tenemos costumbre de comprar cosas del otro lado de la frontera, cosas que determinan un entendimiento de la realidad, de la vida: de repente uno crece, se convierte en artista, en teatrero y ese mundo empieza a reflejarse en lo que uno lleva a escena. La frontera es una línea que nos está haciendo tener una identidad particular.

Sin embargo, creo que no se trata de mi mundo, del interés de una agrupación solamente, es muy importante ser parte de una convivencia, de la fotografía de Latinoamérica.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.