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Como parte de Mayo
Teatral 2012 La Habana
vio en escena personajes
inusitados en esta
realidad nuestra. De la
mano de Carretera 45
Teatro A.C. el complejo
mundo de los maras y
algunas de las
realidades más terribles
de la contemporaneidad
mexicana subieron a las
tablas desde lo que
Rodolfo Guerrero,
director de la compañía,
llama una fantasía
poética, una
construcción ficcional
que recrea una historia,
en este caso basada en
hechos reales. Nos
referimos, y quizá
debimos comenzar por
este detalle la
introducción a esta
entrevista, a Mara o
de la noche sin sueño,
obra que se propuso
dejar a un lado
estereotipos, caracteres
anquilosados, caminos
recorridos, para
explorar desde la
experimentación y el
diálogo directo con el
público relaciones
humanas que atraviesan
las geografías y
descubrir en este viaje
a tres personas capaces
de reír y de hacer reír
a los espectadores.
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El diálogo con La
Jiribilla transcurre
durante el taller
“Dramaturgia, actuación
y dirección de
emergencia”, que
Guerrero imparte en Casa
de las Américas junto
con Antonio Zúñiga,
autor de la pieza. Las
preguntas se suceden
rápidas, y es que el
tiempo apremia. Pero el
actor y director no cree
en prisas que dejen una
idea a medias: los
ejemplos y referencias
se multiplican para que
no queden dudas o frases
sueltas… y lo primero
sería indagar por el
espectáculo Mara o de
la noche sin sueño,
que el conjunto ha
llevado por varias
provincias del país.
“Este proyecto comenzó
hace cuatro años, es una
obra que me encantó
porque tiene que ver con
mi mundo de niño, aunque
el fenómeno de las maras
es mucho más reciente,
tiene mucha relación con
los recuerdos de
infancia de Rodolfo
Guerrero. Lo que me era
más cercano en aquel
entonces eran los
cholos, que iban
vestidos de una cierta
manera, tenían una
actitud pandilleril,
grafiteaban las paredes,
eran temibles… como niño
me daba mucho miedo este
universo, pero al mismo
tiempo me resultaba muy
atrayente. Luego mis
mayores platicaban
acerca de los pachucos,
de los tirilones… por
eso creo que Mara…
es una serie de
fotografías en el tiempo
de lo que pueden ser el
cholo, el pachuco y toda
una serie de personajes
que, de pronto, se salen
fuera del contexto
social y se manifiestan
de una manera distinta.”
¿Desde qué ideas se
propone la obra explorar
esta temática?
Quería desmitificar todo
esto de los pandilleros
malos y construir unos
personajes capaces de
divertirse, de soñar.
Quería verlos como unos
jóvenes que defienden su
mundo, su territorio.
Además, Mara…
dice: ¿dónde quedan los
sueños, los anhelos, lo
que una persona busca y
quiere? Queda en nada:
Brenda Pérez, la
protagonista, termina
envuelta en una bolsa de
plástico, y ¿a dónde se
van sus sueños, su
pastel de 15 años, su
vestido? Lo que ella
quería terminó en la
basura. Hablamos de una
cuestión que nos toca,
en la que de pronto
estamos abandonados,
lejos de los otros, y
terminamos perdidos,
muertos.
¿Cómo se concibió la
representación del texto
de Zúñiga?
Mara…
deja una tarea muy
fuerte como director
para poder recrear las
acciones. La música fue
un ingrediente especial
que nos dio atmósferas,
contrastes. El vestuario
también funcionó en este
sentido para contraponer
sentidos. Y además en
algún punto de la pieza
teníamos la intención de
que te dieras cuenta de
que estamos jugando, de
que no es real la puesta
en escena.
¿De qué manera Carretera
45 Teatro A.C. proyecta
la construcción de una
puesta?
Trabajamos con muchas
dinámicas que iban hacia
la búsqueda de la
cuestión más personal, a
encontrarse y
relacionarse con el
público de una forma
particular. No quería
que los protagonistas
estuvieran lejos de la
audiencia, sino muy
cercanos, que los
espectadores sintieran
algo así como: “te estoy
hablando a ti”.
Además, experimentamos
con un juego de
energías, con una
dinámica que podía ser
muy energética y muy
contenida, con
transiciones mínimas. De
pronto, parecía que aquí
no pasa nada, aquí todo
es tranquilo, y de
pronto se arma una
violencia y una fuerza,
y de nuevo todo se
normalizaba. A partir de
esta relación se fueron
construyendo todos los
elementos de la puesta.
En este aspecto, fueron
muy importantes las
herramientas y
revelaciones que los
actores aportaron.
¿Cómo se eligieron los
actores para Mara…?
Lo que pasó en algún
momento es que quería
encontrar a actores que
hubieran tenido en su
vida relación con “la
vida loca” —término que
se utiliza mucho en la
obra—, o sea, con la
vida del barrio, del
territorio, de estar en
pandilla. No quería
encontrar a un mara de
verdad, pero sí a
alguien que hubiera
tenido experiencias con
pandillas. Hice una
serie de entrevistas y
encontré casos muy
interesantes: uno era
pandillero en Los
Ángeles, California;
otro cholo en los 70; un
tercero vivió una
historia dura con las
drogas; la protagonista,
por ejemplo, tiene una
cuñada salvadoreña y
recuerda mucho el acento
y la atmósfera de ese
mundo.
En Mayo Teatral 2012 se
presentan también con la
obra Los asesinos,
con la asociación
mexicana El milagro…
Como Carretera 45 Teatro
A.C. trabajamos durante
muchos años
independientes, buscando
recursos… emigramos al
D.F. desde Ciudad
Juárez, porque allá no
había manera de crecer.
Pero no queríamos dejar
nuestro contexto, por el
contrario, nos
interesaba hablar en
otras realidades de lo
que pasaba en nuestra
región. Nos abrimos un
espacio en la capital.
Luego nos acercamos a
David Olguín, a El
milagro. Pensamos en
asociarnos con este
grupo, en plantearles un
tema de nuestro mundo
que pudiera ser de
interés para todos. Y
encontramos un terreno
bien interesante cuando
lo conversamos: la
atrocidad que está
sucediendo en nuestro
país. Verás, por todas
las cuestiones
relacionadas con el
narcotráfico hay miles
de muertos, en una etapa
aparecían muertos todos
los días, como en una
guerra. Para nosotros
era infame todo lo que
estaba sucediendo, era
como una degradación de
lo humano. En las
pláticas con David
descubrimos que a ambos
nos interesaba este
tópico, y empezó a
escribir una obra,
Los asesinos, que
nos encantó, donde habló
sobre la estupidez de lo
humano.
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Hacer teatro en México…
La carrera de los
actores, de los
teatreros es un mundo
que mucha gente no
entiende. Es muy difícil
lidiar con esas cosas:
descubres que todos los
que conoces, hasta tu
propia familia, en
muchos casos no
comprende lo que haces.
Los actores de la
televisión, del
espectáculo, son los
reconocidos, los que
valen en una sociedad
como la mía. Los otros,
los que intentan
reflexionar desde la
escena para que podamos
comunicarnos sobre
nuestro mundo y nuestras
cosas, pues esos no son
tan interesantes.
Además, es muy difícil.
El D.F. es enorme y hay
mucha competencia. Pero
si es complejo en el
D.F. peor es la
situación en otros
estados. En la capital
hay grandes
profesionales de la
escena, gente que sabe
cómo y a quién dirigirse
para hacer políticas
culturales que los
incluyan en muchos
proyectos. Lo que sucede
también es que tienes
que estar al lado de las
instituciones, para que
puedas tener apoyos,
pero tampoco las
instituciones reciben a
cualquiera, hay que
estar años llamando,
haciendo relaciones…
En el D.F. existen
mundos muy individuales:
pasa que haces tus cosas
y yo las mías, los
actores no tienen
tiempo, tienen que
llegar a las
telenovelas. No se
genera una reflexión
particular o grupal,
donde se acuerde:
“queremos decir esto”.
El teatro se hace en
equipo y cada vez es más
difícil hablar y decir
al mundo algo desde el
teatro. Carretera 45
Teatro A.C. busca hablar
de nuestro mundo,
nuestra identidad y
nuestras cosas, pero
casi nadie lo hace, hay
pocos grupos en el país
que se mantienen en esta
línea.
Ustedes definen su
estética como de la
frontera…
Al referirnos a una
estética de la frontera
hablamos de lo que hemos
vivido en nuestro
contexto: recordemos que
somos de Ciudad Juárez,
Chihuahua, una zona
pegada a Texas, EE.UU.
Como ciudadanos de esta
realidad hemos tenido
una serie de
experiencias que nos han
marcado, que nos han
hecho entender la
existencia en un
contexto influenciado
por el sueño americano,
queramos o no. De alguna
manera esa realidad ha
condicionado nuestras
vidas. Puede decirse que
tenemos un lenguaje
particular, de la misma
forma tenemos costumbre
de comprar cosas del
otro lado de la
frontera, cosas que
determinan un
entendimiento de la
realidad, de la vida: de
repente uno crece, se
convierte en artista, en
teatrero y ese mundo
empieza a reflejarse en
lo que uno lleva a
escena. La frontera es
una línea que nos está
haciendo tener una
identidad particular.
Sin embargo, creo que no
se trata de mi mundo,
del interés de una
agrupación solamente, es
muy importante ser parte
de una convivencia, de
la fotografía de
Latinoamérica. |