La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

 

María Isabel Bosch:
una viajera llena de historias
Maydelis Gómez • La Habana
Foto: Cristyan González

Treinta años han pasado de aquel primer encuentro. Todo conspiró para que esa niña de ojos azules en aquella Feria de la Cultura quedara enamorada de él. La madera y su olor, la cara de la gente, los gestos, la música… ese mágico ambiente de vivir el teatro y una puesta en escena hechizó a María Isabel Bosch para siempre.  

Esta dominicana, residente desde hace 15 años en Argentina, creó en 2003 su grupo Tibai Teatro, en el que se encarga de la dramaturgia, dirección e interpretación. El nombre de Tibai, cuenta, es algo muy personal. Su esposo fue quien lo eligió, pues así la llamaba una sobrina. “En vez de decirme tía Mary, pronunciaba Tibai. Yo a ella le hacía una especie de teatro con los dedos. Y Diego (Schiavini) me dijo un día: Tibai es el nombre que nos representa porque así es cómo un niño te ve, y el teatro es un juego de niños”. 

Pero María Isabel nunca imaginó crear su grupo. Tibai vino como consecuencia de la primera obra que ella y Diego concibieron: Las viajeras. Este espectáculo fue todo un suceso y aún diez años después sigue estando en el repertorio. “El circuito de presentaciones creció tanto que nos dimos cuenta que necesitábamos un nombre, pues ya éramos un grupo”, explica.

Las viajeras surgió de la necesidad de denunciar un hecho que ella vivió a finales de la década de los 90 en la nación sudamericana. Por esa fecha conoció la historia de muchas mujeres que en busca de un futuro promisorio se iban de República Dominicana hacia Argentina y caían en las redes del tráfico sexual. “Estas mujeres, prostitutas o no, viajaban creyendo que iban a cumplir los sueños de poseer las cosas que su medio les niega. En la embajada tuve contacto con muchas que llegaban con hambre, frío, y todas sus historias calaron en mí. Yo tenía que hacer algo por ellas. Primero escribí unas cartas como si yo fuera una viajera que le cuento a un familiar o amigo de la suerte acaecida en Argentina, pero no me las quisieron publicar. Mi otra herramienta era el teatro, entonces decidí hacer un montaje donde armamos la dramaturgia con este material. Así nació Las viajeras”.  

Esta obra ha llegado al alma y muchas son las historias que María Isabel guarda de los grupos de riesgos donde se han presentado. “Había chicas que ya tenían el pasaporte y al verla decidieron no irse. Hemos hecho la obra en Europa a mujeres víctimas del tráfico y todas han llorado con ella”. Sin embargo, añade, “también ha habido personas que no le ha gustado para nada el espectáculo, sobre todo las que tienen más medios económicos en mi país”.  

Las viajeras se ha ido transformando con el tiempo y eso se debe a las presentaciones que han realizado en tantos lugares donde no es habitual el teatro. “Hemos tenido otros actores en escena, personas muy inocentes que no logran distinguir la realidad de la ficción y me han hablado, me han contestado expresa su directora—, como tengo que estar presente en el presente, no puedo ignorar sus palabras. Al principio existía la cuarta pared, pero la obra al abrirse a esos espacios, derrumbó el muro, y todos esos ojos, esos alientos, risas e intervenciones forman hoy parte del espectáculo”. 

En Tibai apreciamos un deseo constante de compartir con el público, de que conozcan lo que está pasando, pues para ellos el privilegio de ser un canal de comunicación no puede ser solo para el entretenimiento. Sin embargo, este rasgo también se aprecia en otros de sus coterráneos, indica María Isabel. “En mi país ha habido un éxodo de teatristas, la mayoría vive hoy en EE.UU., Puerto Rico, España. Nosotros somos considerados teatristas de la diáspora y desde allá estamos hablando de los problemas de los dominicanos que están en esos lugares. Un ejemplo claro de ello es Nueva York, la segunda ciudad más poblada de dominicanos”. 

El arte de Tibai no tiene fronteras y aunque su directora haya pasado la mayor parte de su vida adulta en Argentina, ella siente que hace un teatro dominicano. Además, apunta, abordan temáticas universales, solo que con otros colores, otros sabores, otros acentos. “Mi teatro tiene el sazón caribeño, pero el público recibe la propuesta y viaja a su manera. Sigo nutriéndome de mis raíces dominicanas, pues voy allá constantemente, no obstante, ya tengo otras raíces en Argentina, pues mi hijo nació allí. Pero no importa el lugar, sino las ganas, y esas las tengo, uno va haciendo teatro con su presente. Soy una dominicana, pero en mi grupo todos son argentinos. Es un grupo mixto: latinoamericano y caribeño”. 

En este Mayo Teatral, María Isabel vino con dos piezas: Las viajeras y Contando a mi abuelo. Juan Bosch, tres relatos, sobre este último comenta que fue una obra más cerebral. “Yo quería hacerle un homenaje a mi abuelo porque se iba a cumplir en 2009 el centenario de su nacimiento. Desde el 2007 venía con las ganas de hacer ‘Dos pesos de agua’, uno de sus cuentos que me gusta muchísimo. Decidí que el mejor homenaje era que en la puesta en escena se usaran sus mismas palabras. Elegí tres cuentos del ámbito rural y empecé a trabajar con ellos. Hice una dramaturgia, porque un hecho escénico no es lo mismo que la literatura, pero respeté sus palabras. Soy la nieta que está narrando los cuentos de su abuelo de una manera particular”. 

María Isabel no se crió con Juan Bosch. Sin embargo, al ser él un hombre de cultura y ella estar influenciada por su madre en las artes plásticas y por su padrastro en la literatura, se encontraba con él dos y tres veces a la semana en actividades culturales. “Hubo mucho contacto en mi niñez, él iba a mis obras de teatro. Mas, ya adulta, cuando podía ser capaz de comprender la dimensión de mi abuelo como ser humano y escritor comenzó a padecer una enfermedad degenerativa de la vejez, por eso no pude compartir sus últimos años”, lamenta. 

En esta pieza, al igual que en todas las obras de Tibai Teatro apreciamos la importancia que se le concede al cuerpo del actor en escena. Es una búsqueda constante por lograr explotar todas las posibilidades expresivas tanto faciales, corporales, de voz, emoción. “El personaje lo encuentro si hallo la voz, después me viene el cuerpo, después veo el vestuario. La parte estética también es importante, el diseño de las luces. Asimismo, los espectáculos los construyo y corrijo de las fotos que mi compañero va haciendo de los ensayos. Otra cosa fundamental es la música, a veces la música llega y digo esta la voy a usar para algo. La música la tomamos como acción en la escena no para ambientación”, expone María Isabel.

Ella reconoce que muchas de estas maneras de concebir su teatro se lo debe a Argentina, pues esta es una nación para aprender constantemente. Y es que Buenos Aires, señala, es una ciudad con 500 funciones por fin de semana, todos los días y a toda hora, donde hay propuestas de los más variados estilos. “Es como una gran academia para poder vislumbrar todo tipo de teatro. Además, hay actores maravillosos, la escuela de actuación es una de las mejores de Latinoamérica”. 

Pero el mayor orgullo de esta mujer es ser parte del renacer de este arte en su país. A partir de 2007 comenzaron a tener Festivales Internacionales de Teatro, lo cual propició que los dominicanos tuvieran mucho contacto con teatristas del exterior. Antes en Santo Domingo solo había tres salas de teatro y ahora vemos más de 20, y algunas independientes lo cual en otra época era algo imposible. Ahora mismo, subraya con orgullo “el teatro dominicano está en su mujer momento, porque está con ganas y eso es lo más importante. Todos están creando: los jóvenes, los de la diáspora, los antiguos y respetados directores”.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

Mayo Teatral

 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.