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Treinta años han pasado
de aquel primer
encuentro. Todo conspiró
para que esa niña de
ojos azules en aquella
Feria de la Cultura
quedara enamorada de él.
La madera y su olor, la
cara de la gente, los
gestos, la música… ese
mágico ambiente de vivir
el teatro y una puesta
en escena hechizó a
María Isabel Bosch para
siempre.
Esta dominicana,
residente desde hace 15
años en Argentina, creó
en 2003 su grupo Tibai
Teatro, en el que se
encarga de la
dramaturgia, dirección e
interpretación. El
nombre de Tibai, cuenta,
es algo muy personal. Su
esposo fue quien lo
eligió, pues así la
llamaba una sobrina. “En
vez de decirme tía Mary,
pronunciaba Tibai. Yo a
ella le hacía una
especie de teatro con
los dedos. Y Diego (Schiavini)
me dijo un día: Tibai es
el nombre que nos
representa porque así es
cómo un niño te ve, y el
teatro es un juego de
niños”.
Pero María Isabel nunca
imaginó crear su grupo.
Tibai vino como
consecuencia de la
primera obra que ella y
Diego concibieron:
Las viajeras. Este
espectáculo fue todo un
suceso y aún diez años
después sigue estando en
el repertorio. “El
circuito de
presentaciones creció
tanto que nos dimos
cuenta que necesitábamos
un nombre, pues ya
éramos un grupo”,
explica.
Las viajeras
surgió de la necesidad
de denunciar un hecho
que ella vivió a finales
de la década de los 90
en la nación
sudamericana. Por esa
fecha conoció la
historia de muchas
mujeres que en busca de
un futuro promisorio se
iban de República
Dominicana hacia
Argentina y caían en las
redes del tráfico
sexual. “Estas mujeres,
prostitutas o no,
viajaban creyendo que
iban a cumplir los
sueños de poseer las
cosas que su medio les
niega. En la embajada
tuve contacto con muchas
que llegaban con hambre,
frío, y todas sus
historias calaron en mí.
Yo tenía que hacer algo
por ellas. Primero
escribí unas cartas como
si yo fuera una viajera
que le cuento a un
familiar o amigo de la
suerte acaecida en
Argentina, pero no me
las quisieron publicar.
Mi otra herramienta era
el teatro, entonces
decidí hacer un montaje
donde armamos la
dramaturgia con este
material. Así nació
Las viajeras”.
Esta obra ha llegado al
alma y muchas son las
historias que María
Isabel guarda de los
grupos de riesgos donde
se han presentado.
“Había chicas que ya
tenían el pasaporte y al
verla decidieron no
irse. Hemos hecho la
obra en Europa a mujeres
víctimas del tráfico y
todas han llorado con
ella”. Sin embargo,
añade, “también ha
habido personas que no
le ha gustado para nada
el espectáculo, sobre
todo las que tienen más
medios económicos en mi
país”.
Las viajeras
se ha ido transformando
con el tiempo y eso se
debe a las
presentaciones que han
realizado en tantos
lugares donde no es
habitual el teatro.
“Hemos tenido otros
actores en escena,
personas muy inocentes
que no logran distinguir
la realidad de la
ficción y me han
hablado, me han
contestado
—expresa
su directora—,
como tengo que estar
presente en el presente,
no puedo ignorar sus
palabras. Al principio
existía la cuarta pared,
pero la obra al abrirse
a esos espacios,
derrumbó el muro, y
todos esos ojos, esos
alientos, risas e
intervenciones forman
hoy parte del
espectáculo”.
En Tibai
apreciamos un deseo
constante de compartir
con el público, de que
conozcan lo que está
pasando, pues para ellos
el privilegio de ser un
canal de comunicación no
puede ser solo para el
entretenimiento. Sin
embargo, este rasgo
también se aprecia en
otros de sus
coterráneos, indica
María Isabel. “En mi
país ha habido un éxodo
de teatristas, la
mayoría vive hoy en
EE.UU., Puerto Rico,
España. Nosotros somos
considerados teatristas
de la diáspora y desde
allá estamos hablando de
los problemas de los
dominicanos que están en
esos lugares. Un ejemplo
claro de ello es Nueva
York, la segunda ciudad
más poblada de
dominicanos”.
El arte de Tibai
no tiene fronteras y
aunque su directora haya
pasado la mayor parte de
su vida adulta en
Argentina, ella siente
que hace un teatro
dominicano. Además,
apunta, abordan
temáticas universales,
solo que con otros
colores, otros sabores,
otros acentos. “Mi
teatro tiene el sazón
caribeño, pero el
público recibe la
propuesta y viaja a su
manera. Sigo nutriéndome
de mis raíces
dominicanas, pues voy
allá constantemente, no
obstante, ya tengo otras
raíces en Argentina,
pues mi hijo nació allí.
Pero no importa el
lugar, sino las ganas, y
esas las tengo, uno va
haciendo teatro con su
presente. Soy una
dominicana, pero en mi
grupo todos son
argentinos. Es un grupo
mixto: latinoamericano y
caribeño”.
En este Mayo Teatral,
María Isabel vino con
dos piezas: Las
viajeras y
Contando a mi abuelo.
Juan Bosch, tres
relatos, sobre este
último comenta que fue
una obra más cerebral.
“Yo quería hacerle un
homenaje a mi abuelo
porque se iba a cumplir
en 2009 el centenario de
su nacimiento. Desde el
2007 venía con las ganas
de hacer ‘Dos pesos de
agua’, uno de sus
cuentos que me gusta
muchísimo. Decidí que el
mejor homenaje era que
en la puesta en escena
se usaran sus mismas
palabras. Elegí tres
cuentos del ámbito rural
y empecé a trabajar con
ellos. Hice una
dramaturgia, porque un
hecho escénico no es lo
mismo que la literatura,
pero respeté sus
palabras. Soy la nieta
que está narrando los
cuentos de su abuelo de
una manera particular”.
María Isabel no se crió
con Juan Bosch. Sin
embargo, al ser él un
hombre de cultura y ella
estar influenciada por
su madre en las artes
plásticas y por su
padrastro en la
literatura, se
encontraba con él dos y
tres veces a la semana
en actividades
culturales. “Hubo mucho
contacto en mi niñez, él
iba a mis obras de
teatro. Mas, ya adulta,
cuando podía ser capaz
de comprender la
dimensión de mi abuelo
como ser humano y
escritor comenzó a
padecer una enfermedad
degenerativa de la
vejez, por eso no pude
compartir sus últimos
años”, lamenta.
En esta pieza, al igual
que en todas las obras
de Tibai Teatro
apreciamos la
importancia que se le
concede al cuerpo del
actor en escena. Es una
búsqueda constante por
lograr explotar todas
las posibilidades
expresivas tanto
faciales, corporales, de
voz, emoción. “El
personaje lo encuentro
si hallo la voz, después
me viene el cuerpo,
después veo el
vestuario. La parte
estética también es
importante, el diseño de
las luces. Asimismo, los
espectáculos los
construyo y corrijo de
las fotos que mi
compañero va haciendo de
los ensayos. Otra cosa
fundamental es la
música, a veces la
música llega y digo esta
la voy a usar para algo.
La música la tomamos
como acción en la escena
no para ambientación”,
expone María Isabel.
Ella reconoce que muchas
de estas maneras de
concebir su teatro se lo
debe a Argentina, pues
esta es una nación para
aprender constantemente.
Y es que Buenos Aires,
señala, es una ciudad
con 500 funciones por
fin de semana, todos los
días y a toda hora,
donde hay propuestas de
los más variados
estilos. “Es como una
gran academia para poder
vislumbrar todo tipo de
teatro. Además, hay
actores maravillosos, la
escuela de actuación es
una de las mejores de
Latinoamérica”.
Pero el mayor orgullo de
esta mujer es ser parte
del renacer de este arte
en su país. A partir de
2007 comenzaron a tener
Festivales
Internacionales de
Teatro, lo cual propició
que los dominicanos
tuvieran mucho contacto
con teatristas del
exterior. Antes en Santo
Domingo solo había tres
salas de teatro y ahora
vemos más de 20, y
algunas independientes
lo cual en otra época
era algo imposible.
Ahora mismo, subraya con
orgullo “el teatro
dominicano está en su
mujer momento, porque
está con ganas y eso es
lo más importante. Todos
están creando: los
jóvenes, los de la
diáspora, los antiguos y
respetados directores”. |