A lo largo de todo el
jueves 10 de este mayo
caluroso, volvió a
llenarse la sala Villena
de la sede de la UNEAC
con un grupo de
artistas, creadores,
especialistas,
intelectuales y
escritores convocados
para dar fe de nuestro
saludo al Día Mundial de
Lucha contra la Homofobia.
La fecha, que se celebra
cada 17 de este mes,
tiene ahora su adelanto
en el diálogo febril que
desde las primeras horas
de la mañana nos mantuvo
en dicho sitio, hasta la
clausura que a las cinco
de la tarde puso fin a
la secuencia de poemas,
presentaciones de
libros, debates y
proyecciones en los
cuales lo erótico, y la
defensa al derecho de
una libre orientación
sexual, respetado por
todos y cada uno de los
que hoy en este país
anhelan un futuro donde
la palabra cambio sea
también el derecho a
tantas otras cosas, era
solo una parte de lo que
en verdad allí se
manifestó.
Luchar más allá de la
homofobia, con la
perspectiva de señalar
desde este
enfrentamiento
particular el rechazo a
otras actitudes no menos
regresivas en pos de una
imagen que nos integre
cabalmente como Nación y
alcance a hacer entender
que la diversidad no
basta como simple
consigna o aspiración
inmediata, es lo que
sucedió verdaderamente
en esta sala, en este
día que combinó voces y
pareceres, criterios y
polémicas, desde la
intensidad con la cual
los cubanos debiéramos
discutir y abrazar
ciertas cuestiones,
desde la pasión que
pareciera exclusiva del
último juego de béisbol,
y que ya, sin embargo,
pueden entenderse como
demandas mucho más
importantes.
Desde las paredes de la
sala Villena, nos
miraban los rostros
nocturnos fotografiados
por Eduardo Hernández
para su serie The
wall, en la que se
enlazan fragmentos de
esas noches habaneras
con líneas de “La isla
en peso”, el fundamental
poema de Virgilio
Piñera. A esa figura
mayor, incómoda y
progresiva, cuyo
centenario el país ahora
alcanza mediante
ediciones de sus obras,
un próximo evento
internacional alrededor
de su legado y
permanencia, y puestas
teatrales, se dedicó
toda la jornada. Un
panel acerca de su
relación con las claves
de la sexualidad y lo
cubano tuvo entre sus
miembros a Antón
Arrufat, esencial en la
recuperación de lo
piñeriano, y a los
investigadores David
Leyva y Abel Sierra
Madero. Este último
habló de la isla, en los
conceptos de Virgilio,
como un closet del cual
el poeta, narrador y
dramaturgo no exigía
salir para encontrar un
país verdadero, libre de
atavismos y convenciones
relacionadas no solo con
lo erótico. Desde esa
voluntad se produjeron
la mayoría de los gestos
y las conversaciones que
tuvieron lugar en la
Villena, mediante la
proyección de
cortometrajes de ficción
o documentalísticos,
como AM y El
evangelio según Ramiro
o Camionero, que
presentara su director
Sebastián Miló.
Enrique Pineda Barnet,
Nancy Morejón, Miguel
Barnet estuvieron en la
mesa central durante
distintos momentos,
junto a creadores y
especialistas más
jóvenes, que con su
pujanza, irreverencia y
ánimos demostraron la
variedad de juicios y
pensamientos que esta
batalla contra la
homofobia y otros males
semejantes puede activar
entre nosotros aún de
modo más contundente.
Un instante de
particular interés lo
fue la presencia del
escritor cubano,
radicado hace algunos
años en Madrid, Julián
Martínez; acompañado por
la poeta, investigadora
y activista española
María Castrejón. Amén de
presentar sus libros (Erótica
de los nombres y
Volveré mucho más tarde
de las doce,
respectivamente),
ofrecieron un vistazo a
cómo se debaten las
cuestiones de política y
estudios de género en la
nación ibérica,
movilizando ideas y
conceptos a manera de
provechoso intercambio
sin dejar de ser
personas que, desde la
creación artística y
literaria, pueden
discutir con ese mismo
proceder.
Es la primera vez que en
estos encuentros
organizados en la UNEAC
desde hace ya cinco
años, podemos contar con
voces que, desde otras
latitudes, nos aportan
otra clase de caudal
informativo, en un acto
que no solo nos
relacionó con lo que
ellos aportaron, sino
que además nos permitió
cruzar palabras que
sirvieron a todos de
retroalimentación. Como
responsable de estas
acciones, confieso la
alegría que tal coloquio
me produjo, pues creo
que el reflujo de datos,
volúmenes, textos,
anécdotas incluso, debe
multiplicarse para
dejarnos saber de qué
manera este batallar se
produce en otros sitios,
culturas y realidades, a
fin de darnos recursos
para entender de manera
más amplia y activa algo
en lo que vamos dando
los primeros pasos.
Con la presencia de
Mariela Castro y otros
representantes del
CENSEX y el Centro
Nacional de Prevención,
se lanzaron las
publicaciones de estas
entidades. Desde la
cultura, el juego reside
en lanzar interrogantes
más complejas y agudas
al ámbito de la salud y
la legalidad, para que
se entienda que no se
trata solo de una lidia
por cuestiones de
sanidad o logros
civiles, sino que,
partiendo de ello, logre
dilatar el mapa de
concepciones y retos en
procesos que no deben
darse por cerrados
jamás. El ser humano, el
cuerpo humano, es una
metáfora que devora
mitos, que los produce y
segrega desde una
dinámica veloz con todo
lo que interactúa. Las
libertades de ese
cuerpo, los símbolos que
emanan de él y lo
convierten en un
concepto político,
moral, erótico,
cultural, ético, son el
motor de otras tantas
libertades en términos
de grupo, comunidad,
sociedad, nación.
Los debates alrededor de
lo que una voluntad
personal y específica
anima en relación con
todo ello, deben rebasar
las convenciones que el
machismo, la homofobia y
otros obstáculos
semejantes aún imponen
entre nosotros. Apostar
por ello desde la
cultura, polemizando con
todo ello desde la
dignidad y la veracidad
del talento, es la labor
primordial de
escritores, artistas,
gente de pensamiento en
nuestro país. No para
provocar la aparición
una tolerancia
oficializada, sino para
dar visibilidad al
rostro cada vez más
auténtico de un país
que, en su inmediata
agenda de cambios y
progreso, no debe
olvidar que ello implica
la asunción de rostros y
cuestiones que, desde lo
sexual y el deseo,
también “son” el país.
Lo definen en muchas
otras dimensiones.
Cada vez que culmino un
día como este, el único
estado de ánimo que me
embarga es el
agotamiento. Agradezco
desde aquí a todos y
cada uno de los nombres
que aparecieron en el
programa de acciones que
ocupó la sala Villena de
la UNEAC en este 10 de
mayo. La calidad y
sinceridad de sus
palabras son el mejor
alivio para el cansancio
que aún me embarga y
contra el cual lucho
ahora mismo para
redactar estas palabras.
Y del que tendré que
sacar fuerzas secretas
para no dejar de estar
en la noche del viernes
durante la gala de
transformistas que
inundará el escenario
del Karl Marx, a fin de
corroborar o ampliar lo
que sobre ese arte del
disfraz y la seducción
discutimos en uno de los
paneles organizado aquí
por el proyecto Mirar
desde la sospecha. E
irme el sábado en la
mañana con la conga que
subirá Rampa arriba
hasta el Pabellón Cuba,
para presenciar allí
durante buena parte del
día cómo gays y
lesbianas, heteros- y
trans-, gente de
cualquier raza, edad,
noción política, etc.,
comparten un mismo
espacio sin que por
ello, a pesar de lo que
otros temen, se caiga el
país o se reblandezcan
ciertos muros.
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Estar y participar es
otra manera de luchar y
discutir, no para seguir
ciegamente el ritmo de
la música que nos lleva
de un punto a otro, sino
para querer organizar
desde esa sintonía
nuevas maneras de
repensarlo todo,
debatiendo el proyecto,
sacudiéndolo de vez en
vez para no creernos
cercanos a un triunfo
engañoso. Habría que
luchar mejor para evitar
esa sensación a ratos
doliente de que solo
hablamos de estas
cuestiones con la
intensidad necesaria al
acercarse el mes de
mayo, o conseguir que la
prensa y sobre todo la
televisión fuesen más
consecuentes con estas
demandas, dejándonos ver
lo que se hace a favor
de una concepción más
plena no solo a través
de las advertencias que,
como dictadas por una
voz superior en tono
admonitorio, nos
advierten del peligro de
una u otra enfermedad de
transmisión sexual.
Lo que digo y repito: se
avanza y no es aún
bastante. Falta mucho
por hacer, muchas manos
y mentes por atraer a
este proyecto. Porque no
se trata, insisto, de
luchar solo contra la
homofobia. La batalla es
aún mayor, en pos de
cambios mucho más
grandes. Por eso no me
dejo arrastrar por el
cansancio, y sigo
levantándome para
continuar. A mi manera,
tal y como lo son muchos
de los que compartieron
ese día en la sala
Villena, todos somos
soldados de una causa
que cada día se nos
vuelve más necesaria.
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