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Nacida casi con el
siglo, La Jiribilla
cumple años el 5 de
mayo, junto a Carlos Marx, con casi dos
siglos de diferencia.
La Jiribilla es hija
de Marx y existe, aunque
puede que ella misma no
se haya percatado, para
que Marx siga vivo, no
solo en los estantes de
las bibliotecas, sino en
los proyectos y las
acciones de las
generaciones de hoy.
Nada parecía tan
importante para el
fundador del socialismo
científico y para
cualquiera que buscara
una propuesta de cambio
radical en la sociedad
de su tiempo, como
contar con una prensa de
pensamiento en la
arrancada de aquellas
luchas. Recordemos la
Gaceta Renana y las
demás aventuras
periodísticas que Marx
inició junto con Engels
y otros jóvenes de la
llamada izquierda
hegeliana en la Alemania
de su tiempo. La
política tenía que
hacerse cultura y la
cultura tenía que
hacerse política. Lo
quiero destacar ahora
porque La Jiribilla
se inscribe de cierta
manera en aquella
tradición. Una
publicación periodística
revolucionaria —no solo
periodismo de la
Revolución sino que
revoluciona— sin espacio
para dudas y concesiones
antisocialistas, y
tampoco para dogmas ni
veleidades doctrinales.
Periódico cultural, en
un sentido que podríamos
calificar de amplio, de
total, de integral, y
que yo llamaría, sobre
todo, auténtico.
Entender la cultura en
términos más
restrictivos sería
restarle sentido. La
Jiribilla es una
revista literaria, de
las artes, de música, de
cine, de poesía, de
pensamiento. Todo ello a
la vez. Una revista que
se ha revelado de
actualidad no solo en
términos de coyuntura,
sino en tanto su
sintonía con el presente
actualiza todo su
contenido.
Posiblemente ninguna de
las revistas cubanas que
iniciaron su vida a
comienzos de este siglo
lo hizo con tanta
coherencia. Sus páginas
se abrieron y siguen
abiertas a escritores,
poetas, académicos,
intelectuales de todas
las edades, y su
requisito se cifra en la
calidad de los aportes.
No es revista de grupo
cerrado, ni sector, ni
elite, ni nada que pueda
sospecharse ligado a
motivaciones
sectoriales.
Es, eso sí, revista de
los jóvenes, compuesta
por jóvenes con el
aporte de todos y
dirigidas al más amplio
arco de intereses. No de
los jóvenes en
abstracto, sino de los
jóvenes cubanos de este
siglo, del
cincuentenario, de los
que se saben capaces de
retener el legado y
aportar la frescura de
su generación. Por eso,
no es solo una revista
de los jóvenes sino una
revista joven, ella
misma.
Podían ser reconocidos
antecedentes en la
tradición de las
publicaciones culturales
de la república y, sobre
todo, en la primera
década de construcción
socialista. Pero ninguna
se podría equiparar al
estilo ágil y directo
que logra transmitirnos
La Jiribilla, y a
la coherencia conque se
asocian en ella la
profundidad de la
crítica y el rigor de la
militancia en el ideal
socialista.
La Jiribilla
es un rincón de la
cultura donde nos
satisface estar, una
comunidad en la cual nos
gusta vernos, una
familia de la que nos
enorgullece sentirnos
parte.
Felices se realicen en
éxitos y en satisfacción
los años que sigan a los
11 vividos ya con
tanto fruto.
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