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La pionera y
controversial artista
del performance,
Marina Abramović,
recibió el título de
Doctor Honoris Causa del Instituto
Superior de Arte (ISA),
el sábado 12 de mayo, en
el Hemiciclo de Arte
Universal del Museo
Nacional de Bellas
Artes.
El Dr. Rolando González
Patricio, rector del
ISA, destacó que como
hija de partisanos, la
artista lleva la energía
y la valentía en su
sangre, y eso lo ha
mostrado en su obra, que
incorpora a su proceso
creativo la labor
pedagógica.
El docente dijo que
disentía de algo que
Abramović había afirmado
en una entrevista, donde
señaló que de volver a
nacer sería artista,
porque era lo único que
podía hacer. “No estamos
de acuerdo —subrayó
González Patricio— la
Universidad de las Artes
también reconoce en
usted, junto a la gran
artista, a la maestra de
nuevas generaciones de
creadores y a la
formadora de públicos”.
Igualmente, el centro de
altos estudios celebra
en la vida y obra de
Abramović su compromiso
real con el arte y su
decisión de explorar
todos los límites en
servicio de la creación.
En tanto, el Dr. Ramón
Cabrera Salort resaltó
en sus palabras de
elogio que los artistas
excepcionales son
maestros, porque
aleccionan con su arte,
enseñan con su quehacer,
nos hacen aprender. Y
Marina Abramović es una
artista excepcional.
La serbia nunca ha
dejado de experimentar
sobre los códigos
artísticos a través del
empleo de los nuevos
soportes: video, cine,
instalación, donde ha
mostrado una coherente
madurez en los registros
expresivos empleados,
asumidos desde la
compleja urdimbre que
teje entre historia
personal e historia
colectiva, que no es más
que la historia de
nuestro tiempo, señaló
el profesor.
Además, continuó Cabrera
Salort, la creadora
desde hace décadas forma
parte del magisterio
que, como patrimonio
simbólico contemporáneo,
ejerce el sortilegio de
su influjo en
generaciones de jóvenes
artistas egresados de la
Facultad de Artes
Plásticas del ISA y de
otras, y del cual mucho
nos falta por
aprovechar.
Nos sentimos honrados
con este reconocimiento
a Abramović, expresó el
docente, por todo lo que
esta artista nos
compromete a aprender
con su arte: los límites
de lo humano y del ser
humano, de sus fuerzas y
debilidades, de sus
pequeñeces y grandezas;
por lo que nos compele a
imitar sobre la
coherencia del discurso
de la artista con su
vida, sobre la
responsabilidad y la
ética de los artistas en
tiempos en que estos son
conceptos trasnochados.
Emocionada, la
protagonista de obras
como Transitory
Objetcs manifestó
que este título
“significa mucho para
mí, lo agradezco y sé
que es un compromiso
para regresar y enseñar
más”. En otros lugares
me han dado
distinciones, pero “no
ponen el alma y el
corazón como en Cuba,
los cubanos tienen
corazón, y eso es
irremplazable”,
sentenció la artista.
La creadora indicó que
cuando se llega a una
cierta etapa, los
artistas deben compartir
sus experiencias con los
más jóvenes, que pueden
dar un sentido del
tiempo a la obra; en
esta cuerda su contacto
con estudiantes y
profesores del ISA fue
revelador, por lo mucho
que conocían y admiraban
su quehacer y por los
contenidos de la
instalación, “el lugar
más hermoso que he
visto, no solo por la
arquitectura, sino por
los artistas que están
trabajando allí”,
puntualizó.
Sobre su obra, Abramović
relató: “recientemente
fui a visitar la casa de
mi padre que estaba en
ruinas, y un árbol verde
con muchas hojas crecía
entre las piedras, me
senté a reflexionar
sobre mi vida, sobre por
qué hago lo que hago,
por qué tengo que ser
tan extrema, tan
radical, por qué no creo
en compromisos, por qué
no puedo vender mi alma
al mercado arte. Y
estuve pensando que si
este árbol puede crecer
en esta roca, debe haber
encontrado vitalidad
debajo de ella. Mis
padres son héroes
nacionales, me enseñaron
que mi vida es menos
importante que la causa
a la que uno se dedica,
creo realmente en el
sacrificio y que las
buenas ideas trascienden
la vida: soy un soldado
del arte”. |