“La muerte espera al
más valiente, al más
rico, al más bello
(...) iguala al más
cobarde, al más
pobre, al más feo,
no en el simple
hecho de morir, ni
siquiera en la
conciencia de la
muerte, sino en la
ignorancia de la
muerte. Sabemos que
un día vendrá, pero
nunca sabemos lo que
es."
Así lo escribió Carlos
Fuentes, el autor de
novelas memorables de la
lengua española como
Aura y La muerte
de Artemio Cruz, tal
como si estuviera
presintiendo la
incertidumbre aciaga en
que sume la noticia de
su fallecimiento. Este
martes 15 de mayo al
autor mexicano le llegó
la muerte debido a una
"hemorragia derivada de
la ruptura de una
úlcera", según el parte
médico difundido horas
después. Contaba con 83
años de edad, pero se
mantenía activo en su
trabajo. Apenas el
pasado fin de semana
había regresado al D.F.
de la Feria del Libro de
Buenos Aires, ya tenía
lista
su nueva novela
Federico en su balcón
y estaba preparando
El baile del centenario.
“Me levanto por la
mañana y a las siete y
ocho estoy escribiendo.
Ya tengo mis notas y ya
empiezo. Así que entre
mis libros, mi mujer,
mis amigos y mis amores,
ya tengo bastantes
razones para seguir
viviendo", respondió en
una entrevista reciente.
Nacido en Panamá
el 11 de noviembre de
1928, pronto se
convirtió en uno de los
autores más reconocidos
de México, su segunda
patria desde los 16
años. Su primera novela
Los días enmascarados,
salió de imprenta en
1954 a la que siguieron
otras como Las buenas
conciencias, 1959;
Zona sagrada,
1967; Terra Nostra,
1975; Agua quemada,
1983; Los años con
Laura Díaz, 1999,
entre muchas, con una
significativa presencia
del paisaje, la cultura
y la realidad mexicanos.
Como hijo de
diplomáticos, pasó parte
de su infancia viajando
por varias capitales del
continente. Se graduó en
leyes en la Universidad
Nacional Autónoma de
México y en economía en
el Instituto de Altos
Estudios Internacionales
de Ginebra.
Autor de novelas,
cuentos y ensayos, el
mexicano se inscribe
junto con Gabriel García
Márquez, Julio Cortázar
y otros, dentro del
llamado boom de
la literatura
latinoamericana de los
años 60 y 70. Ha sido
traducido a 24 idiomas y
fue ganador del Premio
Rómulo Gallego (1977),
el Nacional de
Literatura en México
(1984), el Cervantes
(1987) y el Príncipe de
Asturias de las Letras
(1994).
Cuando triunfó la
Revolución de 1959,
estuvo entre los
primeros en brindar su
apoyo. Años después,
Fuentes —sin duda uno de
los más talentosos
narradores del
continente— se vinculó a
la revista Mundo
Nuevo, lo cual
lo “aleja
definitivamente del
modelo social del
intelectual”1
que inspiró la
Revolución Cubana.
Algunos de sus títulos
más recientes como En
la silla del águila
(2002) y La frontera
de cristal se ocupan
de asuntos sensibles
para la realidad
mexicana, como la
corrupción política y la
emigración ilegal a
EE.UU.
La muerte de Carlos
Fuentes nos apremia a
adentrarnos en una obra
prolífica y culta.
Revisitar sus páginas
puede ser el mejor
reconocimiento hacia su
quehacer, marcado por
una profunda devoción
hacia las letras.
Nota:
1-
María Eugenia Mudrovcic. Mundo
Nuevo. Cultura y Guerra
Fría en la década del 60.
Rosario, Beatriz Viterbo
Editora, 1997, p 62.
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