Islarmadillo
Bajo el ojo del
huracán
en la fauce abierta
del Caribe las islas
se anillan como
gusanos
con ojos alargados
de carnero
a la deriva como
carne de cañón
islas balando
desraizadas
islas violetas
isla como el morado
de la zarzamora
isla como la malva
–artificial y
hermafrodita
como la lila
–degollada
islas filosas de
coralina
–que se cortan al
combarse
blandas como el
sargazo
–como el lagarto por
debajo
islas de índigo
–líquidas como
anémonas.
Hay una isla fugando
imitativa
isla girándula
el armadillo calvo,
el armadillo gordo
como un cerdo
que baja
por galerías en la
tierra
su cueva en espiral
como sus huesos
–un hueco redondo,
un huevo–
es su blasón en la
corteza.
El armadillo en la
humedad
y el armadillo en la
sombra de la tarde......
expandido.
La cópula un segundo
ensimismarse, solo
el esfuerzo de un
suave tirón
de carne
trunca.
Bajo la luz
ultravioleta / que
ennegrece la plata
mirándose en las
aguas de lavanda
quién pudiera pescar
la joya blanca de la
primavera.
Cascanueces o salto
mortal de manatí
Una hebra tirando de
un carrete de hilo
un filo
acaso indefenso
solitario
que gira y tensa y
va a enredarse en la
maraña.
Así mi cuerpo-alud
entrando en el amor
así jalándote
con la mano rapaz
que descapulla
con la boca-cuchilla
que haría de Dios
una descabezada
mantis
un rescoldo
un muñón
un deslenguado
eunuco.
En un salón de
espejos y laberintos
reflejados
el llanto locuaz del
manatí
del cuerpo-madeja,
el abatido tiovivo
penden hilos
pegajosos de araña o
de pelele
en la garganta y las
narices —demoradas—
traigo un río de
gusanos
un remolino de
víboras
ensimismado el
cuerpo se revuelca
en sí
una boca espumosa
persiguiendo una
cola.
Cuando grazno
erizada de preguntas
y brinco como el
carnero
como veleta en
pánico
no se descaman los
hilos
no se parte la nuez
que queda dada a tu
saliva
brillante
como una perla al
centro de las valvas
como un ojo
expectante
una nariz que aceza
el corazón de la
col.
El pólipo
se te deshace solo
entre los labios
cuando rozas
para explicarme tu
estrategia:
cae el cuerpo y cae
—sin fuerzas—
la cabeza.
Con las castañas de
los dientes
con el pulso muerto
extirpas
el ramillete de
sangre
¿qué mayor
importancia lleva un
coágulo?
Sé que arrasas
trituras diluyes
deslíes sorbes
los centros blandos
de mí
los lechos de los
ojos
las cuencas de las
rótulas
toda raíz nudo que
mane
encerrado en las
valvas de la col.
Qué torres
levantarás donde se
alzaba el dedo
engarrotado
el eje de la espiral
del caracol
cuando retires las
pinzas:
tus
manos-cascanueces
tu tembloroso cetro.
Qué reinos
levarás en la
explanada
que queda quieta
balbuceante
esperando el embate.
Con qué ríos
repoblarás los
lechos
cuando sorbas lo
seco
y yo dance todavía
enceguecida entre
espejos
creyendo huir o que
entras
en mi ingenio de
hilos.
Qué desierta la
noche del festín:
un armadillo
como una langosta
abierta al medio
descansando en la
mesa.
Tomado de
Alas
Cuba
Jamila
Medina Ríos:
Poeta, narradora y
ensayista. Graduada
de Licenciatura en
Filología,
perteneció al grupo
Vórtice, y cursó el
Taller de Técnicas
Narrativas del
Centro de Formación
Literaria Onelio
Jorge Cardoso en
2002. Fue editora y
codirectora de la
revista Upsalón,
de la Facultad de
Artes y Letras de la
Universidad de La
Habana. En la
actualidad funge
como editora de
Unión.