La Habana. Año XI.
19 al 25 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Once años, en familia

Guille Vilar • La Habana

Fotos: La Jiribilla

Algunos afirman que no se puede ser juez y parte; pero realmente disfruto romper las convenciones sociales —siempre con buena intención. En tal sentido, cómo no voy a ser juez en esta historia, si La Jiribilla —revista que cumple ya 11 años— se ha ganado todo mi cariño; y a la vez, cómo no voy a ser parte, si soy portavoz de primera mano de la obra de Sándor González, pues, como ningún crítico, lo he podido apreciar en toda su evolución creativa.
 

No voy a negar que sus primeras obras no me gustaron —quizá porque no las entendía y las encontraba demasiado inclinadas hacia la estética de los cómics; pero, poco a poco, este artista, que casi perdemos por su inclinación a estudiar la carrera de Química, logró que sus pinturas evolucionaran hacia una perspectiva donde los trazos proponen esencias que no se pueden mirar con indiferencia.

No hablaré de sus obras inspiradas en el escudo nacional o la bandera cubana, (que considero fundamentales para quien sienta la necesidad de permanecer conectado a esta tierra que llamamos Patria) porque no forman parte de esta muestra. Los invito a descubrir otra de las múltiples facetas en su proyección pictórica: los edificios y habitantes que lo rodean.


S/T, carboncillo y lienzo, 2007

El nombre de esta exposición, Once años no son nada, es un homenaje del artista a la edad de La Jiribilla, pero a la vez nos indica el momento en que comenzó a desarrollar esta línea temática.

En cada obra de Sándor, captamos la franqueza de sus sentimientos. Como artista de raíz, tiene el don de inspirar emociones que trascienden su valor como hecho gráfico. Para disfrutar de esta exposición, aconsejo que no vayan con el paso de marcha de una revista militar, con la cabeza volteada hacia un lado, porque no entenderán nada.

Esos edificios están vivos y nos narran sus conflictos existenciales, en su mayoría desde entornos dramáticos propios de tonos grises —casi negros—; aunque, no escapa a la vista la alegría que el color les otorga. Sin embargo, el impacto visual de estos inmuebles se complementa con la presencia de diminutos individuos —que se me antojan monjes laicos— acompañados de pequeñas escaleras que, indiscutiblemente, funcionan como instrumento para alcanzar lo más alto de nuestro interior como seres humanos. Incluso, el enigma de los ahorcados no solo recuerda que la muerte es tan natural como la vida sino que, además, es el juicio al que estamos convocados cada uno de nosotros a partir de nuestra propia conducta.

Impresiona, además, la inquietante atmósfera de “Hornos”, mundo que desciframos como resultado de la imaginación del pintor, cuando en realidad nuestro subconsciente sabe que puede tratarse de un futuro próximo para la vida del planeta; tampoco echemos a correr al sentir los gritos mudos pero desgarradores de “Caníbales”. Sin embargo, tanto dolor se aplaca en la obra “La pedidora”.

Como para el final siempre se deja lo mejor, en esta exposición de Sándor González conformada, en su mayoría, por obras inéditas, no puede dejar de mencionarse “El guerrero”, concepto aglutinador de nuestro coraje como nación, símbolo de un Martí que vive en cada uno de nosotros, cuadro imprescindible para grabar en nuestros corazones.


"El guerrero", pastel seco y cartulina. 2008

No puedo terminar, sin felicitar de nuevo a La Jiribilla por sus 11 años y agradecerle la oportunidad de realizar esta exposición en el contexto de ese magno evento de la cultura cubana que es la Bienal de La Habana. Gracias a Sándor González Vilar por poder expresarme como un sincero admirador de su obra.

Y ahora, al final, una vez vuelto en mí, recuerdo con orgullo que se trata de mi sobrino, de mi hermano, de mi hijo...

Muchas gracias.
 

Palabras incluidas en el catálogo de la exposición Once años no son nada, de Sándor González Vilar. 5ta. y D., Mayo de 2012.

 
 
 
 
Inauguración de
la exposición
Concierto de
Raúl Torres

La Jiribilla 11 años después
Aurelio Alonso

La Jiribilla es un rincón de la cultura donde nos satisface estar, una comunidad en la cual nos gusta vernos, una familia de la que nos enorgullece sentirnos parte.

Aquellos que siempre están
 

Ángel de la jiribilla para Diana Balboa
Elogio de la fidelidad
Reynaldo Gónzalez

• galería de IMÁGENES:
ENTREGA DEL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA A DIANA BALBOA
 
Una muestra de carácter antológico 
por Virginia Alberdi
sándor González: las esencias de la habana
galería de obras: once años no son nada
 

 

• galería de IMÁGENES:
raúl torres en el patio de baldovina
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.