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El arte no precisa
descripciones,
racionalismos. Basta con
presenciar la acción
para calarla desde todos
los sentidos,
absorberla, beberla,
construirla y devolverla
luego desde el cuerpo
propio. Si no logra
remover las esencias,
llegar al otro para
conmover su inconsciente
profundo, entonces puede
ser que la obra carezca
de sentido.
Sin pretender asentarse
como verdad absoluta,
esta es la perspectiva
desde la que ha creado
su propuesta el
austriaco Hermann Nitsch,
un icono de las artes
visuales contemporáneas,
quien a finales de la
década de 1950
revolucionó el panorama
creativo de su tiempo
como parte del
accionismo vienés. En su
Teatro de Orgías y
Misterios, Nitsch
combina la música, la
pintura, las artes
dramáticas y se inspira
en la simbología de
distintas religiones
para fundar su propio
rito, en el cual conduce
a los actores a
experiencias extremas.
Casi seis décadas
después de sus primeras
acciones, el creador
llegó a Cuba invitado a
la Oncena Bienal de La
Habana, en lo que se
convirtió en una de las
páginas históricas del
evento. La Universidad
de las Artes fue el
escenario que acogió
varias de sus
intervenciones públicas
y donde tuvo lugar su
Aktion 135 con el
título
“Jesús contra el
Universo”, realizada
en su mayoría por
jóvenes estudiantes de
diversas especialidades
escénicas.
“El arte es una
institución
fundamentalmente
altruista, una ética
metafísica”, reveló el
creador en breve diálogo
con La Jiribilla.
Para Nitsch, la idea del
accionismo vienés logró
ampliar las nociones del
teatro en dirección a
una obra de arte total,
en la que aparezcan
elementos de todas las
manifestaciones.
Su
Teatro de Orgías y
Misterios ha seguido
este concepto
integrador, ostensible
en sus múltiples
acciones inspiradas en
los ritos religiosos. La
utilización de la sangre
como principal elemento
plástico, el hecho de
subvertir las barreras
de lo moral y lo
escatológico, su juego
con antiguos signos de
la religión cristiana y
el sacrificio de
animales como parte de
sus acciones le han
ganado por igual
fanáticos, polemistas y
perseguidores. En varias
ocasiones, debió ir a la
cárcel a causa de sus
performances, en los
que el cuerpo humano se
lleva hasta los límites
de su propia
resistencia. Se ha
enfrentado además a
múltiples demandas por
parte de organizaciones
ecologistas y grupos
católicos conservadores.
Por ello, en 1971 compró
un castillo barroco al
noroeste de Austria
donde se dedicó a
cultivar su teatro y es
allí donde realiza la
mayoría de las acciones,
algunas de las cuales
llegaron a durar varios
días. Una de las más
importantes fue la
número cien, realizada
en 1998 durante seis
días y seis noches
ininterrumpidas, en la
que, según el creador,
se vino a sintetizar
toda su propuesta
creativa.
Este proyecto, con más
de 500 accionistas, lo
tuvo en mente desde los
18 años y fue poniéndolo
en práctica, primero
desde su cuerpo, hasta
que fue enseñando a
otros que le prestaron
los suyos. “Existe mi
gran proyecto de teatro
y mis pequeñas acciones,
dirigidas hacia mi gran
obra en progreso de los
seis días”, comentó a
los asistentes al
Instituto Superior de
Arte (ISA) luego de
proyectar un video de
una hora con los
principales momentos del
acto.
Aunque pudieran
elucubrarse múltiples
interpretaciones estos
seis días donde
confluyen sacrificios,
grandes juegos, danza,
procesiones, banquetes,
entre otras muchas
acciones, según el
artista simbolizan los
mismos de la creación.
El séptimo significaría
entonces la salida a la
realidad. “De mí no se
puede esperar nada
nuevo, sino lo que desde
un inicio estuvo dentro
de nosotros”, refirió.
Inspirado en la
psicología de Freud y
Jung y en la filosofía
de Nietzsche, el artista
intenta liberar zonas
reprimidas de la
espiritualidad humana.
“Mi teatro está marcado
por una psicología
profunda, es un teatro
hacia fuera porque
quiero concientizarlo.
Nuestras sociedades
tienen mucha energía y
hay que distribuirla. En
todas partes se habla de
tristezas, en todas
partes del mundo hay
guerra, accidentes, las
personas continuamente
están preocupadas por lo
que va a suceder.
Estamos rodeados de
violencia y sería muy
bueno hacer catarsis. La
situación que vivimos no
exige un análisis
verbal, sino a través de
nuestros sentidos. Mi
trabajo está muy ligado
a esta dinámica, todos
los sentidos participan
y el misterio juega un
papel fundamental”.
Los elementos de lo
ritual y religioso han
sido definitorios en su
obra, especialmente
aquellos que tienen que
ver con el cristianismo
por ser la religión en
la cual se educó. “En
realidad me dedico,
junto con mi teatro, a
la arqueología de las
religiones. Quiero
contar la historia de la
conciencia y de la toma
de conciencia. No estoy
atado a ninguna
religión, pero me
fascinan sus símbolos”.
De ello pudieron
percatarse quienes
asistieron el 14 de mayo
a la acción 135 que
Nitsch realizó en el
ISA. El campo de golf
del antiguo Country Club
se convirtió en
escenario para un tipo
de representación
intensa y cuestionadora,
capaz de poner en el
límite de la
racionalidad, tanto a
los participantes como a
los espectadores.
Un enorme cerdo
sacrificado abrió la
escena totalmente
blanca, a la que, poco a
poco, fueron llegando
cuerpos humanos inertes
o activos hasta
convertir el espacio en
una mezcla de olores,
fluidos, frutas, restos
de órganos de animales,
sangre y fiesta. La
música interpretada por
la Orquesta Sinfónica
del ISA, el Septeto
Ignacio Piñeiro e
instrumentistas del
grupo Síntesis, resultó
un elemento difinitorio
para lograr la atmósfera
que impregnó el
performance.
Para los estudiantes y
artistas involucrados
voluntariamente en la
acción significó una
oportunidad única, pues
se trata de un tipo de
teatro que exige el
máximo de la liberación
mental y física de sus
implicados. Alrededor de
cinco días estuvieron
ensayando con el equipo
de asesores de Nitsch y
el propio artista y
fueron ellos mismos los
encargados de
confeccionar los
elementos que
aparecieron en escena
como la mesa, la pared
de madera, el vestuario,
etc. Según las
declaraciones de varios
participantes, cada
momento fue seriamente
preparado, si bien nunca
se ensayó con sangre o
con animales.
Lilian Santiesteban
Monges, estudiante de
tercer año de Actuación
en el ISA, confirma
haber experimentado
sensaciones
inexplicables a partir
de la interacción con
todos los elementos que
formaron parte del
acting.
“Participar en un ritual
de este tipo es un acto
de liberación”, confesó
por su parte Leonardo
Salgado, joven artista
de la plástica. “En los
entrenamientos se nos
repetía que hay que
plantearse la situación
sin ningún background,
ser como un niño recién
nacido dispuesto a
participar
abiertamente”.
Jóvenes desnudos sobre
una cruz, encima de sus
cuerpos se esparcía
sangre animal, frutas
maceradas, vísceras en
interacción con las
pieles humanas hasta
crear una imagen
plástica que resignifica
los espacios y elementos
implicados en el juego
escénico, fueron algunas
de las acciones del
performance que duró
casi tres horas.
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El retorno al componente
ritual del teatro
primigenio en la obra
del austriaco fue para
Michel Cruz, estudiante
de tercer año de
Teatrología, una de las
principales motivaciones
que lo llevaron a
implicarse en el
proyecto. “Este tipo de arte está
expresando un componente
ritual que es interno,
esotérico, para alcanzar
una especie de catarsis
en los que participaban
y luego ver cómo el
público reaccionaba ante
esto. Todo el tiempo nos
repetían que la acción
solo puede realizarse si
uno tiene confianza en
lo que está haciendo el
otro, sobre todo para
los modelos pasivos que
están a ciegas. Se
utilizaron elementos que
uno puede tomar como
desechos, pero yo los
asumí como parte de la
vida. Cada uno estaba en
su momento de
asimilación, sobre todo
en el juego final que
significa una
liberación”.
Para el público cubano,
por lo general no
acostumbrado a este tipo
de acciones con un alto
nivel de compromiso en
quienes se involucran en
el ritual, resulta muy
favorable poder contar
con una referencia
directa de lo que fue un
hito en la historia del
arte universal. Estar
ante Nitsch y su obra
nos abre una página de
los libros de arte. Hoy
la creación puede leerse
como un gran pastiche de
estéticas y
motivaciones, pero el
contacto directo con los
grandes maestros sigue
siendo un privilegio
para adentrarse en la
cognición del misterio.
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