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Un edificio a medio
construir en la calle
240 de San Agustín, ha
devenido el primer Museo
de Arte Contemporáneo de
Cuba. La estructura del
inmueble, heredera de la
arquitectura soviética y
localizada a más de 20
kilómetros del centro de
La Habana, rompe con los
estándares que presentan
a los museos modernos
como grandes moles de
vidrio y metal del tipo
MoMa y Guggenheim. El
arte reunido por los
fundadores del proyecto
tampoco se exhibe de
manera exclusiva dentro
de la edificación, sino
que puede encontrarse
por toda la extensión de
esta localidad del Oeste
capitalino. El MAC SAN
es un prototipo dedicado
a las prácticas
artísticas en el dominio
público y, a tono con el
eje central de la Oncena
Bienal de La Habana, ha
sido lanzado este 14 de
mayo como uno de los
proyectos colectivos del
evento.
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Vista general
del museo |
Como parte de dos
residencias temporales
en el Laboratorio de las
Artes de San Agustín,
los artistas y curadores
Stefan Shanland
(Francia-Suiza- Gran
Bretaña), Erik Göngrich
(Alemania), Candelario
(Cuba) y Aurélie Sampeur
(Francia-Cuba-Alemania)
proyectaron una
plataforma de acciones
artísticas integradas a
la sociedad y viables a
la vez dentro de un
museo. En su
justificación
conceptual, los
fundadores declaran su
carácter híbrido,
contextual, pluriforme,
catalizador de la
participación y
propiciador del diálogo.
A su vez, los creadores
se interesan por conocer
cómo podría funcionar un
museo de arte
contemporáneo del siglo
XXI, cuál es la función
del arte en los espacios
públicos, cuánto puede
aportar el trabajo
artístico al desarrollo
de una localidad
específica y en qué
medida puede una
plataforma de este tipo
derivar en modelo para
la exhibición y
exploración de las
prácticas artísticas en
un futuro.
La estructura de
concreto intervenida por
artistas que sirve de
núcleo al museo y la
señalización que ocupa
la parte superior del
edificio (una escultura
lumínica), se
complementan con otros
nueve proyectos
independientes que
responden a la necesidad
de trascender el cubo
blanco de la sala
tradicional de
exposición. Para
Göngrich, el MAC SAN,
“además de ser una
provocación, trae la
pregunta de qué es una
escultura en el espacio
público y cómo podemos
trabajar con los
problemas
contemporáneos. En lo
particular, no estoy
interesado por la
decoración y este tipo
de trabajo nos permite
explorar una zona del
arte que prácticamente
no existe, porque se
necesita mucho tiempo
para ser pensado y
desarrollado fuera de
los clichés de la
producción para las
galerías”.
El MAC SAN pretende
demostrar que los
edificios no se hacen
solo para ubicar a la
gente y que la
arquitectura influye
directamente en la forma
de vida y de
comunicación de los
seres humanos. Cubic-OHórgano
HU-rbano, el
proyecto desarrollado
por el artista
colombiano Alex Morales,
se adentra en el
conocimiento de la
relación del hombre con
su entorno inmediato.
“He caminado y
descubierto las formas
de San Agustín. He
podido comprender cómo
la arquitectura propone
una forma de vida
específica, cómo forma
parte de la gente y los
cientos de historias que
no están escritas, cómo
marca el imaginario
colectivo. El espacio
que propongo es un
viaje, una exploración a
los sentidos de cada
sujeto que pone sus
ilusiones, sus
tristezas, su humanidad,
en el lugar que habita,
y desde allí, genera
también los deseos para
su vida. Los actores y
bailarines que
intervienen en este
proyecto itinerante,
trabajaron a partir de
esta línea dentro del
cubo, una estructura
que, al no tener muros o
puertas, permite a la
imaginación ir mucho más
allá de cualquier
barrera objetiva”.
Micro E111: La
micro-construcción del
futuro,
realizado por los
artistas y arquitectos
Florian Zeyfang, Alex
Shomoeger y Lisa Schmidt-Colinet
(Austria-Alemania),
propone también una
aproximación utópica al
entorno de San Agustín,
tomando como referencia
el método constructivo
de microbrigadas y el
prefabricado que
cobraron auge en Cuba a
partir de los años 70.
Para la maqueta que se
proyecta como una
extensión de la
localidad, los artistas
investigaron durante un
año las opiniones de las
personas del lugar y del
barrio de Alamar (al
este de la capital). “La
información recogida de
esos diálogos forma
parte de nuestro
proyecto, ellos pensaron
junto a nosotros cómo
podría ser esa ciudad
ideal”, subraya
Shomoeger.
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Artista
laborando en
E111 |
Con la finalidad de
generar igualmente la
participación de los
pobladores de San
Agustín en el proyecto y
de promover una mayor
horizontalidad para la
divulgación y
comunicación artística,
fue creado el MAC SAN Tv,
un canal de televisión
con transmisiones vía
USB y programación
temática enfocada en los
asuntos del patrimonio,
el arte, el territorio,
el medio ambiente y el
urbanismo. La propuesta
pretende dinamitar el
concepto clásico de la
televisión que tienen
los habitantes de una
comunidad altamente
consumidora del medio, a
partir no solo de las
formas de distribución
de los contenidos, sino
de la inclusión de las
inquietudes y las voces
de los sanagustinenses
en la pantalla.
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Diseño del
estudio de MAC
SAN Tv |
“Hemos concebido la TV
como un gran experimento
—apunta Candelario, su
principal responsable—,
pretendemos hacer
programas temáticos al
estilo de las tan
populares series
televisivas, para que la
gente los comparta de
mano en mano. Por otro
lado, el estudio de MAC
SAN Tv está concebido
como escultura y
plataforma de
interacción al mismo
tiempo, abierta tanto
para la realización de
performances como
para los periodistas y
creadores que necesiten
grabar sus proyectos.”
Para los promotores de
MAC SAN, resulta
prioritaria la línea que
enfoca el arte como
factor que contribuye al
desarrollo sostenible de
la comunidad y estimula
la creatividad y la
conciencia colectiva
sobre el tema. En este
sentido, trabajaron las
artistas Andres Victores
(Cuba) y Carissa Carman
(Canadá-EE.UU) con la
instalación Próximo
nivel (la escalera
que conecta los dos
pisos del MAC SAN) y el
performance Surreal
Estate:Walking Backward
(caminata por el
territorio de San
Agustín durante 20
días). Asimismo, los
norteamericanos Lauren
Elder, Oscar Melara y
Kate Conell se dedicaron
a explorar las formas de
agricultura urbana
presentes en el
territorio para la
creación del SAN Café,
un proyecto culinario
que ha dado como
resultado la elaboración
de diversos platos
hechos de manera
conjunta entre chefs
internacionales y
talentos no
profesionales de la
localidad.
“Como artistas —explica
Lauren— tenemos interés
en vecindarios
periféricos de la ciudad
y nos dedicamos a buscar
lugares de este tipo
para introducir o
estimular la agricultura
urbana. San Agustín es
uno de esos sitios en
los que se pueden lograr
resultados muy
interesantes integrando
la agricultura a la
arquitectura. San Café
ofrece lo que llamamos
slowfood. Los
chefs preparan alimentos
con productos frescos,
tomados de su medio
ambiente inmediato.
Queremos estimular el
apetito por vegetales y
frutas, cuyo consumo en
Cuba es mucho menor al
de otros alimentos.”
Los creadores implicados
en el SAN Café
identificaron y sumaron
al proyecto a
productores individuales
y estatales de la
comunidad. Finalmente
confeccionaron un mapa
para los visitantes de
San Agustín, donde se
encuentran localizados
estos productores, con
el fin de estimular
también el comercio. El
mapa, con información
complementaria sobre los
productos, puede ser
utilizado como libro y
destinarse a la
biblioteca del lugar.
Tanto en el libro como
en computadoras
portátiles ubicadas en
el MAC SAN, está
disponible información
digital sobre
agricultura y
alimentación,
descargable vía USB.
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BIOCUB
(comida para
artistas) |
Sobre el tema de la
dieta cotidiana y las
posibilidades de
optimización de los
recursos que pueden
obtenerse en el
territorio, fue puesta
en marcha el BIOCUB
(comida para artistas),
una iniciativa de
carácter escultural y
social coordinada por
Göngrich. Combinando la
pintura y la fotografía
con la instalación, los
artistas han construido
artefactos para secar
frutas. “Hemos
seleccionado 20 familias
para que participen con
nosotros. Han aprendido
a utilizar las cajas e
interactuar con ellas,
al punto de que les
pusieron nombres en
correspondencia con los
productos que cosechan
en sus patios. Este
artefacto cambia el
valor de los alimentos,
pues permite que sean
usados fuera de
temporada, de tal modo
que la gente pueda comer
a la vez, por ejemplo,
mangos y naranjas”,
aclara Göngrich.
“Por otro lado
—continúa—, el proyecto
ha sido una manera de
entrar en la vida
privada de las personas
y de estar al mismo
nivel que ellos sin que
medien las
condicionantes de que
somos extranjeros y
artistas. Lo más
importante es que, como
creadores, no hemos
penetrado en ese espacio
como si lo hiciéramos en
un jardín zoológico,
sino desde el
conocimiento y la
implicación”.
Una experiencia similar
refiere el equipo
creador de Botellas
curadas, una
etnobotánica visual,
que relaciona el arte
con la etnobotánica. El
grupo multidisciplinar
ha realizado un
inventario de los
elementos utilizados por
la medicina tradicional
en Colombia y Cuba,
buscando identificar sus
características
socioeconómicas y su
impacto en la
agricultura local. Como
resultado, han salido a
la luz leyendas,
historias y fotografías
que quedaron compiladas
en un álbum y
registradas en un mapa
de San Agustín y sus
alrededores.
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BIOCUB
(comida para
artistas) |
MAC SAN: complejidades y
desafíos
Sobre lo complejo que
puede ser insertarse en
espacios públicos y las
dificultades que genera
proponer un proyecto tan
revolucionario en San
Agustín, y en Cuba,
donde las miradas al
arte contemporáneo
internacional se
producen en momentos muy
puntuales, Candelario
comenta: “Ninguna
práctica que se realiza
en el dominio público
escapa a las
complejidades. En
nuestro espacio
específico, San Agustín,
lo más difícil para
nosotros es hacer
entender a la gente que
lo que hacemos es arte
contemporáneo. Porque
los sanagustinenses
están habituados al
consumo de un arte más
decorativo, es decir, la
pintura colgada en la
pared y algún eventual
grupo de niñas
aprendiendo a bailar
flamenco. Que nosotros
vengamos a hacer esto
representa un choque
cultural, intelectual y
cognoscitivo con ellos.
Estamos preparados para
enfrentarlo y poco a
poco nos hemos ido
abriendo camino entre
todas esas dificultades.
“Ahora bien —prosigue—,
la mayor de todas las
dificultades es que, de
manera general, en el
país se confunde a veces
este tipo de prácticas
con el arte comunitario.
Nos parece que no tiene
ningún sentido hacer
eso. Somos un proyecto
artístico en un espacio
público determinado.
Afortunadamente existe
el de San Agustín, pero
ojalá existieran otros
que tuvieran las
condiciones de este
lugar: una población
bastante abierta —aunque
a veces cuestiona, lo
cual es muy bueno—, un
gobierno que nos apoya y
que valora nuestra
presencia en el barrio,
y una trayectoria de
trabajos de alta calidad
con artistas invitados
del mundo entero que
siempre se revierten en
beneficio de la
sociedad. Esta población
no recibe acciones
culturales como la
población de La Habana
Vieja y otras zonas
céntricas, por lo cual,
lo que hacemos goza
siempre de gran
aceptación.”
De otro lado, resulta
también muy interesante
cómo confluyen en el
proyecto diferentes
visiones (artistas que
tienen formaciones
diversas y proceden de
culturas y puntos
geográficos distintos)
para construir una idea
de lo que es el arte
contemporáneo desde LASA
y desde MAC SAN. Para
Candelario es muy fácil,
pues el arte
contemporáneo tiene un
punto en común en todos
los países: “los
artistas muestran deseos
de trabajar siempre a
partir del intercambio
con la gente. LASA es
eso primero que todo, es
un espacio donde se
tiene de manera
inmediata, un contacto
con la sociedad. Ese
vínculo es lo que el
arte contemporáneo y los
creadores necesitan. Por
tanto, no es difícil
para LASA conquistar a
gente que quiera venir,
incluyendo no solo a
artistas, sino también a
científicos,
constructores,
escritores, etc.”.
LASA se autofinancia a
través de las ganancias
derivadas de la
vinculación de los
creadores en espacios al
margen de las galerías y
las instituciones
culturales: “El dinero
que obtenemos en otros
trabajos lo empleamos en
desarrollar las
prácticas artísticas que
la vorágine de la
sociedad de hoy nos
impone. Las prácticas
artísticas del siglo XXI
irán cada vez más hacia
el exterior. ¿Qué pasó
con los museos de arte
contemporáneo del siglo
XX? Una fortuna
construirlos, otra
fortuna acumular las
colecciones, y ahora
está costando mucho más
hacer que estén vivos,
traer el público
adentro. Creemos que el
museo del siglo XXI no
tendrá ese problema
porque está diseñado
desde afuera. Nada
sucede adentro de la
institución, aunque
debería haber un bloque
—y no digo cubo blanco—
que reuniera a todos,
porque sería el punto de
partida de la
diseminación del arte.
Eso es MAC SAN hoy, por
eso no tiene paredes, ni
un piso de tierra, por
eso quizá mañana se
convierta en un edificio
multifamiliar; pero si
ocurriera así, al menos
para mí sería sumamente
interesante saber que
estoy viviendo en un
lugar que antes fue un
museo”.
Las posibilidades de que
MAC SAN perdure más allá
del tiempo de la Bienal
o que se extienda a
otros espacios, es
todavía incierta. Al
respecto, Aurélie
Sampeur concluye: “En el
contexto de la Bienal,
el proyecto MAC SAN ha
trabajado a partir de
dos preguntas
fundamentales: ¿Cómo se
define este ámbito?
¿Cómo se manifiesta el
arte fuera de la
galería? No obstante,
todavía hay mucho que
reflexionar. Por ello
consideramos que el
Museo debe permanecer
primero en el plano del
debate”. |