Soy colaborador de La
Jiribilla con mucha
alegría. Es un lugar
donde se respira
juventud, que siempre
ayuda mucho.
El pintor Mariano
Rodríguez, quien además
de ser un gran pintor
era un sabio y un
pícaro, me enseñó que
era bueno encontrar una
pareja muy joven,
chuparle la alegría, la
sangre vital, porque eso
mejora. Él no tenía
muchas palabras bonitas,
pero detrás había algo
vampírico que cultivó.
Siempre he estado
rodeado de amigos.
Amigos lindos —jóvenes y
mayores. A decir verdad,
he estado más al lado de
amigos mayores, a los
cuales les he robado la
savia para enriquecer
una cultura más o menos
chapisteada.
Entonces, no sé si
saludar el cumpleaños de
La Jiribilla o en
particular a una persona
que hoy me acompaña. En
el último caso, vamos a
hablar de la juventud,
la amistad, el amor y la
fidelidad. Fidelidad en
todos los aspectos:
ideológico, sentimental,
familiar, de
convivencia, de vivir la
vida viviéndola. Es
decir, una vida vivida y
viviéndose diariamente y
conociendo el mundo a
través de los ojos del
ser amado y también
dándole la savia propia.
Estoy hablando de una
amiga entrañable —o de
dos amigas entrañables—.
Pero hay una que hoy
está con nosotros: Diana
Balboa.
Algunos no la conocen,
otros están al tanto de
su obra. Pero la
fidelidad de Diana es
múltiple, es una
fidelidad al arte, a ese
arte que se trabaja.
Porque la inspiración es
un minuto, pero el arte
es la constancia y la
elaboración. Diana se
formó en el grabado, no
conozco un arte más
maniático que este. Ya
sea el trabajo en piedra
o metal hay que tener
mucho cuidado y después
volcarlo. No sabes cómo
va a quedar hasta el
final, la sorpresa la da
la obra. Viví eso cerca
de ella, cerca de
Umberto Peña y de tantos
grabadores cubanos que
hicieron del grabado en
Cuba un arte nativo.
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Pero hoy quiero hablar
de Diana, pues además de
su fidelidad al arte,
hay que hablar de la
constancia y del amor, y
Diana ha tenido la dicha
de haber sido la
compañera de la vida de
Sara González. En estos
días que hablamos tanto
contra la homofobia, que
estamos revirtiendo la
contrariedad,
reconozcámonos en el
recuerdo de Sara, en su
constancia. Hablo de una
pareja, en cuya casa
siempre me sentí como en
la mía, donde sentí la
alegría de estar juntos,
de tenerlas como siempre
he querido: abrazadas.
Todavía las tengo así.
A Diana Balboa vaya
entonces este Ángel de
la jiribilla, que es un
ángel de la fidelidad.
Versión de las palabras
pronunciadas en la
entrega del Ángel de la
jiribilla, el 16 de mayo
de 2012, en la sede de
la revista de cultura
La Jiribilla. |