Una y otra vez, con una
vocación prometeica,
Sándor González lleva a
su creación los sueños y
las pesadillas del
hombre común abocado a
una experiencia crucial.
Diríase que su gran tema
es el hombre y sus
circunstancias, pero he
aquí cómo rehúye de toda
visión trascendentalista
desde una composición
generalmente sobria y un
discurso alejado de la
tentación de la
retórica.
Quienes hemos seguido, a
lo largo del tiempo, la
trayectoria de este
joven artista entendemos
muy pronto que las obras
que ahora nos ofrece en
La Jiribilla, son
y no variaciones sobre
el mismo tema. Aquí se
hallan algunos de sus
puntos de concreción en
obras que datan de una
década atrás, pero
también puntos de
extensión y rotación
temática en sus trabajos
recientes. Estamos ante
una muestra de carácter
antológico que abarca
ese tránsito por
diferentes etapas en la
creación.
En sus obras, Sándor
plantea soluciones
visuales como el juego
con las dimensiones
entre los sujetos y los
objetos; la arquitectura
imposible; el
pensamiento surrealista
y la realización
expresionista; la
verticalidad oblicua; la
intersección azarosa de
los planos.
Incluso es posible
divisar algunos
aparentes cabos sueltos
en su evolución, como es
esa pieza de 2005 en la
que texturiza el mapa de
Cuba, el referente a la
insularidad se halla
implícito en la
visualidad del artista,
aun cuando ello se haga
realidad de un modo
subterráneo, o del Martí
en respuesta a una
convocatoria en el 2008.
Algunos giros recientes
en su trabajo creativo
tienen relación con las
experiencias acumuladas
y las urgencias que han
rodeado sus avatares.
Ese es el sello del
grafismo movilizador que
se advierte en la serie
Haití o las
paradojas entre ciudad y
naturaleza que se
despliegan en la hermosa
serie Árboles, a
veces con mínimo empleo
del color.
Al ver reunida la
esencia de las tramas
urdidas por Sándor
González, tengo la
certeza de que este
joven artista es todo un
dibujante de raza, el
dibujo está en la base
de sus decisiones
plásticas, esto sería un
auténtica perogrullada
si no fuera por que ese
principio del dominio
técnico en ocasiones cae
en el olvido entre
algunos creadores, es
hora pues de reivindicar
el oficio del dibujo. En
la obra se aprecia un
desarrollo en espiral
que le conducirá hacia
otra dimensión del
discurso, que en la
actualidad recuerda la
etapa de acumulación de
fuerzas en los procesos
termodinámicos. El gran
salto de su pintura está
allí, delante de sí y de
nosotros.
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