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La Jiribilla
celebra un aniversario
más
—11
años—
después de aquel primer
número hecho en una
vieja laptop, y los
ángeles, o al menos uno
de ellos, todavía andan
cerca.
Por eso este miércoles,
en el Patio de Baldovina
de siempre, se le
entregó el
Ángel de la jiribilla a
la pintora Diana Balboa,
quien ha estado muy
cerca de la revista
desde el inicio,
especialmente cuando ha
habido que defender a
Cuba.
Minutos antes de que el
pintor José Luis Fariñas
le entregara el
reconocimiento —una
versión original de su
cuadro “El Ángel de la
jiribilla”—, el
escritor, Premio
Nacional de Literatura,
Reynaldo González
aseguró: “La fidelidad
de Diana es múltiple, es
una fidelidad al arte, a
ese arte que se trabaja.
Porque la inspiración es
un minuto, pero el arte
es la constancia y la
elaboración”.
“Está la fidelidad al
arte, a la constancia,
al amor —añadió poco
después—, y Diana ha
tenido la dicha de haber
sido la compañera de
toda la vida de Sara
González”.
De ahí que este Ángel,
aunque sea uno, se
entregue compartido.
Pues Diana, quien no
pudo ocultar la emoción
y la sorpresa, lo
recibió también a nombre
de Sara: “Hoy es muy
difícil decir cosas
lindas —confesó—, me
saldrán cosas del
corazón, aunque no sé si
me vayan a salir. Hay
rostros muy queridos
aquí, que sabrán
entenderme y que sabrán,
además, sentir que Sara
está con nosotros”.
Un poco antes fue
inaugurada
Once años no es nada,
de Sándor González,
una exposición que
incluye dibujos en
técnica mixta y una
instalación titulada
“Basurero”. En las
palabras de
presentación,
Virginia Alberdi
explicó que, para
aquellos que han seguido
la obra de Sándor,
resulta evidente que en
esta muestra se hallan
no solo algunos de los
puntos de concreción en
obras de una década
atrás, sino que también
encontramos puntos de
extensión y rotación
temática propios de sus
trabajos recientes. Por
lo que estamos ante una
exposición de carácter
antológico.
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“Al ver reunida la
esencia de las tramas
urdidas por Sándor
González, tengo la
certeza de que este
joven artista es todo un
dibujante de raza
—concluyó—, el dibujo
está en la base de sus
decisiones plásticas,
esto sería un auténtica
perogrullada si no fuera
porque ese principio del
dominio técnico en
ocasiones cae en el
olvido entre algunos
creadores. Es hora,
pues, de reivindicar el
oficio del dibujo. En la
obra se aprecia un
desarrollo en espiral
que le conducirá hacia
otra dimensión del
discurso, que en la
actualidad recuerda la
etapa de acumulación de
fuerzas en los procesos
termodinámicos. El gran
salto de su pintura está
allí, delante de sí y de
nosotros”.
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Por último, el
cumpleaños terminó al
más puro estilo del
Patio de Baldovina, con
uno de sus seguidores
más asiduos:
Raúl
Torres, quien dedicó
todas sus canciones a
Sara González. En muchos
conciertos, Raúl vino a
escuchar a sus amigos y
terminó cantando a dúo
sobre el escenario.
Durante este, ocurrió
algo parecido, con la
diferencia de que el
anfitrión fue él, y
Eduardo Sosa el trovador
invitado.
Asistieron, además, el
poeta y presidente de la
Casa de las Américas
Roberto Fernández
Retamar; Rafael Bernal,
ministro de Cultura;
Fernando Rojas,
viceministro; el Premio
Nacional de Artes
Plásticas, Ernesto
Fernández; el ensayista
Aurelio Alonso; la
periodista y Premio
Nacional de Periodismo
José Martí Marta Rojas;
y muchos otros artistas
e intelectuales, en su
mayoría colaboradores de
la revista.
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