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A partir del jueves 17
de mayo está de estreno
en los mejores cines de
la capital, Juan de
los Muertos, comedia
satírica de Alejandro
Brugués que llega a
nuestras pantallas luego
de largo periplo por
numerosas pantallas del
mundo. Y entre el 23 y
el 31 de mayo tendrá
lugar en la Cinemateca,
el ciclo Cine español
del nuevo milenio.
Parodia descacharrante
al cine de horror y
suspenso, Juan de los
Muertos ha
conseguido aureolarse
con un prestigio de
película bizarra y
popular. En muchos
festivales del mundo los
premios del público
fueron arrasados por
este segundo
largometraje de ficción
dirigido por Alejandro
Brugués (el primero,
Personal Belongings)
y las risas y ovaciones
la acompañaron en su
largo recorrido
internacional. Elogiada
en virtud de su gracia e
irreverencia a la hora
de manejar, de conjunto,
el humor negro, la farsa
y el cubanísimo choteo,
el filme arrasó con los
premios del público en
diversos eventos de
Europa y Norteamérica, y
todas las exhibiciones
públicas terminaban
abarrotadas por un
público ansioso de
disfrutar esta
aproximación quizá
novedosa al cine de
género.
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Además de convertirse en
un acontecimiento en el
circuito festivalero,
entre ciertos medios de
prensa especializados, y
al nivel del público
amante de la comedia,
Juan de los Muertos
ha devenido sorprendente
triunfo del cine joven
cubano, pues una parte
importante de su
colectivo realizador
proviene de las aulas de
la Escuela Internacional
de Cine y Televisión, en
San Antonio de los
Baños, o de la Facultad
de los Medios de
Comunicación
Audiovisuales del
Instituto Superior de
Arte. Hecha por jóvenes,
y también pensada para
un auditorio
principalmente juvenil,
la película se apoya
sobre todo en la
irreverencia, en la
novedad temática y
genérica que representa
esta rareza en tanto
película cubana de
zombis, extraña mezcla
de horror, comedia y
muertos vivientes
contemplados desde una
visión entre sardónica y
picaresca.
Coproducción entre la
firma española, La
Zanfoña Producciones
―interesada en contar
historias peculiares y
arriesgadas―, y la
cubana, Producciones de
la 5ta. Avenida, con la
participación del
Instituto Cubano del
Arte e Industria
Cinematográficos
(ICAIC); Canal Sur y
Televisión Española; y
la colaboración de la
Junta de Andalucía,
Ibermedia y Cinergia,
Juan de los Muertos
carece de referencias
anteriores dentro de la
producción audiovisual
cubana, que apenas ha
rozado las tinieblas,
los terrores y los
crímenes propios del
terror, y por lo tanto
tampoco ha producido
sátiras o parodias de
géneros como el horror o
el cine de acción y
suspenso. El formulismo
repetitivo de este tipo
de películas terminó
originando comedias de
terror, que se burlan de
las situaciones sin
salida, de la estolidez
de los muertos vivientes
y de la increíble
torpeza del grupo de
seres humanos colocados
en el filme solo como
alimento de los zombis.
Precisamente, de los
guiños paródicos y
posmodernos que
caracterizan a las
llamadas comedias de
terror se apropia Brugués y su equipo en
la concepción de Juan
de los Muertos.
En Juan de los
Muertos, como en
toda sátira de terrores
zombis, el pánico se
apodera de la gente;
pero entonces llega un
héroe salvador, un
hombre de 40 años que se
ha dedicado a vivir en
Cuba sin hacer
absolutamente nada, y
que descubre una forma
de hacer dinero con
relativa facilidad. El
papel principal fue
encomendado a Alexis
Díaz de Villegas, un
“héroe” que va siempre
acompañado por su amigo
Lázaro, interpretado con
notable control de los
recursos farsescos por
el también realizador
Jorge Molina. A Díaz de
Villegas y Molina se
suman Jazz Vila como La
China y Andros
Perugorría, como Vladi
California, integrantes
también de la pandilla
encargada de matar
zombis, muertos
vivientes, torpes y
hambrientos caníbales…
ahora de estreno en las
salas de la capital.
Si bien Juan de los
Muertos está
coproducida por España,
en la Cinemateca, cine
Charles Chaplin, del 23
al 31 de mayo
habrá un ciclo sobre
cine español del nuevo
milenio.
Hay ciclos de Cinemateca
que se repiten una y
otra vez, y siempre
consiguen atraer la
atención de un público
atento. El Festival de
Cine Francés, o las
jornadas que se
consagran a ciertos
clásicos redivivos son
un buen ejemplo. Dentro
del Festival de
diciembre, o fuera de
sus marcos, el cine
español también atrae la
atención de muchos,
sobre todo si se trata
de una muestra, como
esta cuarta edición de
las películas destacadas
en la primera porción
del siglo XXI. Están las
películas ganadoras de
Premios Goya (Pan
negro ganó nueve en
2010 en los renglones de
mejor película, director
y actriz; Blackthorn,
sin destino recibió
los de mejor fotografía,
diseño de vestuario y
dirección artística);
aparecen en la nómina
algunos de los mejores
documentales (30 años
de oscuridad, El maestro
sarahui);
cortometrajes y dibujos
animados de los últimos
tiempos (7:35 de la
mañana, El tren
de la bruja, La
dama y la muerte,
Chico y Rita) y
además sorprenden
títulos tributarios de
géneros tan singulares
en la producción
española como el oeste o
la ciencia ficción.
El conocido actor
germano-español Daniel
Brühl (Good Bye
Lenin!) es el
protagonista de Eva,
una película que
transcurre en el año
2041 y cuenta una
historia de amor y
robótica ambientada en
el marco de una familia
en crisis, como también
lo está el núcleo filial
que aparece en Primos,
comedia romántica de
Daniel Sánchez Arévalo
sobre la complicidad de
un grupo de primos, para
que el protagonista
recupere al amor de su
vida. En el género más
humorístico incursiona
también No lo llames
amor… llámalo X (El
alzamiento nacional),
largo título que alude a
la entronización de
historias de amor dentro
del ambiente del cine
porno.
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Después de impresionar
con Tras el cristal
(1987), El mar
(2000) y En la mente
del asesino (2002)
Agustí Villaronga vuelve
al pasado de la
posguerra y al
intérprete infantil con
Pan negro cuya
protagonista, Nora
Navas, ganó el Goya por
mejor desempeño femenino
y el premio a la mejor
actriz en el Festival de
San Sebastián. Y,
hablando de actrices
estelares, también está
en esta muestra la bella
Pilar López de Ayala (Juana
La Loca,
Alatriste, Lope)
gracias a Intruders,
otra historia
capitalizada por un
niño, que ocurre a
medias entre Londres y
Madrid (por eso aparece
en el reparto Clive
Owen) pero más inclinada
al terror pesadillesco
sobre monstruos
especializados en atacar
criaturas. Es como el
animado norteamericano
Monster S. A., pero
hecho en serio, con el
propósito de espeluznar
al espectador y no de
bromear con lo que un
clóset puede ocultar.
Respecto a los
directores
representados, Mateo Gil
se apunta un doble, con
el corto de ficción
Dime que yo y el
largometraje
Blackthorn, sin destino,
secuela de la antológica
Butch Cassidy and
Sundance Kid, que
consagró en el género
del oeste paródico a
Robert Redford y Paul
Newman. La muestra es
ocasión de ver
nuevamente, para quien
se la perdió cuando se
exhibió antes,
También la lluvia,
de Iciar Bollaín, con
Luis Tosar y Gael García
Bernal en los papeles de
un productor y un
cineasta que intentan
filmar en Bolivia la
llegada de Cristóbal
Colón y descubren la
necesidad de apuntar su
cámara hacia el
movimiento de protesta
indígena que se está
registrando en ese
lugar.
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Se incluye también un
homenaje a Carlos Saura,
uno de los importantes
autores del cine
europeo, sobre todo en
los años 70 y 80, cuando
desarrolló un lenguaje
alusivo y simbólico para
burlar la censura
franquista (La prima
Angélica); celebró
el destape con la
excelente Mamá cumple
cien años, y se
aprestó a una serie de
musicales bailables y
folclóricos entre los
cuales se exhiben ahora
Carmen, Tango
y Fados. Saura
también incursionó en el
cine histórico sobre la
Guerra Civil (¡Ay,
Carmela!) y en la
biografía pictórica (Goya
en Burdeos) así como
en el cine sobre
marginalidad y violencia
social (Taxi).
Ahora que repasamos lo
más nuevo y mejor del
cine ibérico, importa
recordar algunos de sus
más sólidos baluartes. |